Las potencias del Eje construyeron una red de organizaciones militares, policiales y de inteligencia que sustentó tanto su maquinaria bélica como su sistema de represión. Desde las SS y la Gestapo hasta la Abwehr y la Kempeitai japonesa, estos aparatos ejecutaron la guerra, la ocupación y la persecución con una eficacia burocrática que amplificó exponencialmente la destrucción del conflicto.
En el corazón del régimen nazi se encontraba la Wehrmacht, las fuerzas armadas regulares de Alemania, que combatieron en todos los frentes con una combinación de doctrina táctica innovadora y recursos industriales crecientes. Sin embargo, la Wehrmacht no fue la única fuerza militar del Tercer Reich. Las SS, originalmente la guardia personal de Hitler, evolucionaron hasta convertirse en un estado dentro del estado, con sus propias divisiones de combate (las Waffen-SS), su aparato de inteligencia y su sistema de campos de concentración. Comprender las diferencias entre las SS y la Wehrmacht es esencial para entender la estructura de poder nazi.
La Gestapo, la policía secreta del estado, se encargaba de perseguir a los enemigos internos del régimen: opositores políticos, judíos, homosexuales, testigos de Jehová y cualquier persona considerada una amenaza. Su red de delatores y sus métodos de interrogatorio brutales sembraron el terror en la Alemania nazi y en los territorios ocupados. La Abwehr, el servicio de inteligencia militar dirigido por el almirante Canaris, operó en paralelo hasta que las intrigas internas del régimen la desmantelaron en 1944.
La Luftwaffe de Göring y la Kriegsmarine completaban el trípode militar alemán. Las Juventudes Hitlerianas adoctrinaban a los jóvenes desde la infancia, preparando la siguiente generación de soldados y fanáticos. La Organización Todt construyó las grandes infraestructuras del Reich, desde las autopistas hasta el Muro Atlántico, utilizando masivamente mano de obra esclava. El Volkssturm, la milicia popular creada en los últimos meses de la guerra, lanzó a ancianos y adolescentes al combate en un acto de desesperación final.
Más allá de Alemania, las potencias del Eje contaron con organizaciones propias y colaboracionistas. La Kempeitai japonesa actuaba como policía militar y servicio de inteligencia con métodos de represión despiadados en los territorios ocupados de Asia. El Afrika Korps de Rommel, aunque técnicamente parte de la Wehrmacht, alcanzó una identidad propia como fuerza de élite en el norte de África. En la Francia ocupada, la Milice française colaboró activamente con los nazis en la persecución de la resistencia y los judíos.