En las playas volcánicas de Iwo Jima, en los atolones de coral de Tarawa, en las selvas de Guadalcanal y en los acantilados de Okinawa, los Marines estadounidenses forjaron una leyenda que sigue viva en la memoria militar. El United States Marine Corps (USMC) fue la punta de lanza de la contraofensiva aliada en el Pacífico, la fuerza que asaltó las playas más defendidas del mundo y arrancó isla tras isla al Imperio japonés. Desde una fuerza relativamente pequeña al inicio de la guerra, los Marines crecieron hasta convertirse en un ejército de casi medio millón de hombres que combinaba ferocidad en combate con una doctrina anfibia revolucionaria.

Marines estadounidenses en combate en el Pacífico
Los Marines libraron las batallas más duras de la guerra del Pacífico, isla por isla. U.S. Marine Corps · Dominio público

Los Marines antes de la guerra

El Cuerpo de Marines tenía una larga tradición como fuerza expedicionaria, desde las guerras bananeras en América Central y el Caribe hasta la intervención en la Primera Guerra Mundial. Pero fue en el período de entreguerras cuando los Marines desarrollaron la doctrina que los haría decisivos en la SGM: la guerra anfibia.

En la década de 1930, oficiales visionarios como el general Holland M. Smith y el teniente coronel Earl «Pete» Ellis comprendieron que un futuro conflicto con Japón requeriría la captura de islas fortificadas en el Pacífico. La doctrina convencional sostenía que los asaltos anfibios contra posiciones defendidas eran prácticamente imposibles: el desastre de Galípoli en 1915 parecía confirmarlo. Pero los Marines creían que, con la planificación adecuada, el equipo correcto y el entrenamiento intensivo, las playas podían ser tomadas.

El Tentative Manual for Landing Operations de 1934, elaborado por el Marine Corps Schools, fue el documento fundacional de la guerra anfibia moderna. Cubría todos los aspectos del asalto desde el mar: el apoyo de fuego naval, el desembarco en oleadas, la organización logística en la playa, la comunicación entre las fuerzas navales y terrestres, y la consolidación de la cabeza de playa. Este manual, refinado durante años de ejercicios y maniobras, se convirtió en la base doctrinal no solo de los Marines sino de todas las operaciones anfibias aliadas durante la SGM.

Guadalcanal: el bautismo de fuego

La batalla de Guadalcanal , entre agosto de 1942 y febrero de 1943, fue la primera ofensiva terrestre estadounidense en el Pacífico y el bautismo de fuego de los Marines en la SGM. La 1.ª División de Marines desembarcó en la isla el 7 de agosto de 1942 para capturar un aeródromo japonés en construcción, pero lo que se esperaba como una operación rápida se convirtió en una campaña de seis meses de combates brutales.

Tras el desembarco inicial, la armada japonesa infligió una severa derrota a la escuadra aliada en la batalla de la isla de Savo, y los buques de transporte se retiraron sin haber desembarcado todos los suministros. Los Marines quedaron aislados en la isla, rodeados por fuerzas japonesas superiores en número y con raciones y municiones limitadas. Durante semanas, resistieron los asaltos japoneses nocturnos, los bombardeos navales y aéreos, y las enfermedades tropicales, mientras se aferraban al perímetro defensivo alrededor del aeródromo, rebautizado como Henderson Field.

Guadalcanal enseñó a los Marines lecciones durísimas sobre la guerra en la selva, el combate nocturno y la necesidad de una logística robusta. También demostró la tenacidad de los soldados japoneses, que luchaban hasta la muerte y preferían el suicidio a la rendición, un patrón que se repetiría en todas las batallas subsiguientes del Pacífico.

El salto de islas: del atolón a la fortaleza

Tarawa: la lección sangrienta

La batalla de Tarawa en noviembre de 1943 fue un shock para la opinión pública estadounidense. La 2.ª División de Marines asaltó el diminuto atolón de Betio, defendido por 4.800 japoneses en un laberinto de búnkeres de hormigón y troncos de palmera. Las lanchas de desembarco quedaron varadas en el arrecife de coral y los Marines tuvieron que vadear cientos de metros bajo un fuego mortífero. En 76 horas de combate, más de 1.000 Marines murieron y 2.000 resultaron heridos.

Las imágenes de los cuerpos flotando en la laguna y tendidos en la playa horrorizaron a la nación. Pero Tarawa también proporcionó lecciones vitales: la necesidad de un bombardeo previo más prolongado e intenso, vehículos anfibios capaces de superar los arrecifes (los LVT, Landing Vehicle Tracked), mejor reconocimiento hidrográfico y comunicaciones mejoradas entre las fuerzas de asalto y los buques de apoyo.

Saipán, Guam y las Marianas

La captura de las islas Marianas en el verano de 1944 fue un objetivo estratégico crucial: desde estas islas, los B-29 Superfortress podrían bombardear directamente las ciudades japonesas. La batalla de Saipán en junio-julio de 1944, librada por la 2.ª y la 4.ª División de Marines junto a la 27.ª División de Infantería, fue una de las más sangrientas de la campaña del Pacífico.

Los japoneses defendieron Saipán con una combinación de posiciones fortificadas, contraataques nocturnos y, finalmente, la mayor carga banzái de la guerra, en la que miles de soldados y civiles japoneses se lanzaron contra las líneas estadounidenses en un ataque suicida masivo. La captura de Saipán costó más de 3.400 muertos estadounidenses. La tragedia se extendió a la población civil japonesa: cientos de civiles, convencidos por la propaganda de que los estadounidenses los torturarían, se suicidaron arrojándose desde los acantilados de la isla.

Peleliu: la isla olvidada

La batalla de Peleliu en septiembre de 1944 fue uno de los combates más controvertidos de la guerra. La 1.ª División de Marines atacó una isla cuyo valor estratégico era cuestionable, defendida por una guarnición japonesa que había adoptado una nueva táctica: en lugar de los contraataques suicidas, los defensores se atrincheraron en un sistema de cuevas y túneles en las colinas de coral de la isla.

Los Marines se enfrentaron a un combate de desgaste brutal en un terreno imposible, bajo un calor tropical aplastante y con escasez de agua. La batalla, que los mandos habían previsto que duraría cuatro días, se prolongó más de dos meses. La 1.ª División de Marines quedó tan diezmada que tuvo que ser relevada por tropas del Ejército.

Iwo Jima: la imagen icónica

La batalla de Iwo Jima en febrero-marzo de 1945 se convirtió en el símbolo máximo de los Marines en la SGM. La isla, de apenas 20 kilómetros cuadrados de roca volcánica y ceniza negra, estaba defendida por más de 20.000 japoneses al mando del general Tadamichi Kuribayashi, que había construido un sistema de túneles y fortificaciones subterráneas que convertía cada metro de terreno en una trampa mortal.

Los Marines de la 3.ª, 4.ª y 5.ª División desembarcaron bajo un fuego devastador. Las playas de ceniza volcánica, donde los vehículos se hundían hasta los ejes, se convirtieron en un caos de destrucción. El avance hacia el monte Suribachi, el volcán que dominaba la isla, fue un combate de cueva en cueva, búnker en búnker.

La fotografía de Joe Rosenthal mostrando a seis Marines izando la bandera estadounidense en la cumbre del Suribachi el 23 de febrero se convirtió en la imagen más icónica de la guerra en el Pacífico y, quizá, de toda la SGM. La batalla de Iwo Jima costó más de 6.800 muertos y 19.000 heridos estadounidenses. De los 20.000 defensores japoneses, solo 216 sobrevivieron como prisioneros.

Okinawa: la última batalla

La batalla de Okinawa , entre abril y junio de 1945, fue la mayor y más costosa operación anfibia del Pacífico. Los Marines de la 1.ª y la 6.ª División, junto a cuatro divisiones del Ejército, desembarcaron en la gran isla japonesa para enfrentarse a más de 100.000 defensores.

Los japoneses habían aplicado las lecciones de las batallas anteriores al extremo. En lugar de defender las playas, se atrincheraron en el terreno montañoso del sur de la isla, en un laberinto de posiciones fortificadas que los estadounidenses tuvieron que conquistar una a una en semanas de combate agotador. Nombres como Sugar Loaf Hill, Shuri Castle y Kunishi Ridge se convirtieron en sinónimos de sacrificio.

Okinawa costó más de 12.500 muertos estadounidenses (entre Marines y soldados del Ejército) y un número indeterminado de civiles okinawenses, estimado entre 40.000 y 150.000. Las terribles pérdidas de Okinawa fueron un factor clave en la decisión de utilizar la bomba atómica para forzar la rendición de Japón, en lugar de intentar una invasión directa de las islas metropolitanas.

Innovación y adaptación

Los Marines no se limitaron a asaltar playas. A lo largo de la guerra, demostraron una notable capacidad de innovación y adaptación:

  • Los Code Talkers navajos: Uno de los programas más originales de la guerra. Los Marines reclutaron a indígenas navajos como operadores de radio, utilizando su idioma como código de comunicación. El navajo, una lengua extremadamente compleja y no escrita que los japoneses nunca pudieron descifrar, proporcionó un sistema de comunicación rápido y seguro que fue vital en las batallas de Iwo Jima y Saipán.

  • Tácticas de demolición: Los Marines perfeccionaron el uso de lanzallamas, cargas de demolición y bulldozers blindados para destruir las fortificaciones japonesas. Los equipos de lanzallamas, aunque operaban a distancias mortalmente cortas del enemigo, se convirtieron en el arma más efectiva contra las posiciones en cuevas.

  • Aviación de apoyo cercano: Los pilotos de la aviación de los Marines, volando F4U Corsair y otros cazabombarderos, desarrollaron técnicas de apoyo aéreo cercano excepcionalmente precisas, coordinadas directamente con las tropas en tierra mediante controladores aéreos adelantados.

El precio de la victoria

El Cuerpo de Marines pagó un precio terrible en el Pacífico. Más de 19.700 Marines murieron en combate durante la SGM y casi 68.000 resultaron heridos. De las 82 Medallas de Honor concedidas a Marines durante la guerra, casi la mitad fueron póstumas.

Las cifras no capturan el sufrimiento humano. Los Marines combatieron en las condiciones más extremas imaginables: calor tropical, enfermedades (malaria, disentería, dengue), falta de agua, lluvia torrencial y un enemigo que luchaba con una ferocidad suicida. El trastorno de estrés postraumático, entonces llamado «fatiga de combate», afectó a miles de veteranos que nunca se recuperaron del todo de lo que vivieron en las islas del Pacífico.

Legado

Los Marines emergieron de la SGM como una de las fuerzas de combate más respetadas y temidas del mundo. La guerra del Pacífico demostró que la guerra anfibia, que muchos consideraban imposible, era factible con la doctrina, el equipo y el valor adecuados. Las técnicas desarrolladas por los Marines, desde la coordinación aeronaval hasta las tácticas de combate urbano y subterráneo, siguen influyendo en la doctrina militar actual.

Más allá de las tácticas, los Marines crearon un ethos de élite que ha perdurado hasta hoy. La frase «Semper Fidelis» (siempre fieles), su lema, adquirió un significado profundo en las playas y las selvas del Pacífico, donde la lealtad al compañero era a menudo lo único que mantenía a un hombre en pie frente al infierno.