En la madrugada del 28 de febrero de 1943, seis comandos noruegos del SOE británico se infiltraron en la planta hidroeléctrica de Vemork, en el sur de Noruega, y destruyeron las células de electrólisis que producían agua pesada, un componente esencial para el programa nuclear alemán. La Operación Gunnerside fue una de las misiones de sabotaje más importantes de la SGM: un puñado de hombres, con explosivos y un conocimiento íntimo del terreno, logró lo que centenares de bombarderos no habían conseguido. Su éxito contribuyó a que Alemania nunca fabricara una bomba atómica.

Planta hidroeléctrica de Vemork en Rjukan, Noruega, en 1935
La planta hidroeléctrica de Vemork en Rjukan, donde Norsk Hydro producía agua pesada para el programa nuclear alemán Anders Beer Wilse · Dominio público

El agua pesada y la carrera nuclear

El agua pesada (óxido de deuterio) es una variante del agua ordinaria en la que los átomos de hidrógeno son sustituidos por deuterio, un isótopo más pesado. En la década de 1930, los físicos descubrieron que el agua pesada podía utilizarse como moderador en reactores nucleares, ralentizando los neutrones para mantener una reacción en cadena controlada. Era, en esencia, una de las llaves para desbloquear la energía atómica.

Cuando estalló la guerra, Alemania era la potencia más avanzada en física nuclear. Werner Heisenberg , premio Nobel de Física, dirigía el programa nuclear alemán (Uranverein o «Club del Uranio»), y la planta de Norsk Hydro en Vemork era la única instalación del mundo capaz de producir agua pesada en cantidades industriales. Antes de la invasión de Noruega en 1940, Francia había intentado comprar todo el stock disponible, logrando evacuar 185 kilos justo antes de la ocupación.

Los servicios de inteligencia aliados seguían con alarma los pedidos alemanes de agua pesada a Vemork, que pasaron de 40 kilos mensuales a varios cientos. La pregunta era inquietante: ¿estaba Alemania construyendo una bomba atómica ? Los científicos aliados, muchos de los cuales habían huido de la Europa nazi, sabían que era teóricamente posible. Si Hitler conseguía un arma nuclear antes que los Aliados, la guerra podría tener un desenlace catastrófico.

La Operación Freshman: el primer intento fallido

Antes de Gunnerside, los británicos intentaron destruir Vemork mediante una operación combinada de planeadores y comando llamada Operación Freshman. En noviembre de 1942, dos planeadores Horsa con 34 zapadores de la Royal Engineers fueron remolcados desde Escocia hasta Noruega. La misión fue un desastre absoluto.

Uno de los bombarderos remolcadores se estrelló contra una montaña en la costa noruega en medio de una tormenta; el planeador que arrastraba se soltó y aterrizó en las montañas, matando a varios soldados en el impacto. El segundo planeador también se estrelló al romperse el cable de remolque. Los supervivientes de ambos accidentes fueron capturados por los alemanes. Siguiendo la «Orden de Comandos» de Hitler, que ordenaba ejecutar a todo comando aliado capturado, los prisioneros fueron interrogados, torturados y fusilados.

El fracaso de Freshman tuvo una consecuencia adicional grave: alertó a los alemanes de que los Aliados estaban interesados en Vemork. La seguridad de la planta se reforzó con minas, reflectores, patrullas adicionales y alambradas. La siguiente misión tendría que ser más sigilosa.

Preparación de Gunnerside

Mientras Freshman se gestaba, un equipo de avanzada llamado Operación Grouse había sido lanzado en paracaídas sobre la meseta de Hardangervidda en octubre de 1942. Los cuatro noruegos del equipo Grouse —Jens-Anton Poulsson, Arne Kjelstrup, Knut Haugland y Claus Helberg— debían preparar una zona de aterrizaje y guiar a los planeadores. Tras el fracaso de Freshman, quedaron abandonados en la meseta durante meses, sobreviviendo en condiciones árticas extremas con líquenes, nieve y algún reno ocasional.

El equipo principal de Gunnerside estaba formado por seis noruegos liderados por el teniente Joachim Rønneberg, de 23 años. Todos habían escapado de Noruega tras la ocupación alemana y habían sido entrenados por el SOE en Escocia. Hablaban noruego con fluidez (eran noruegos), conocían el terreno y estaban preparados para sobrevivir en las montañas en pleno invierno.

El 16 de febrero de 1943, los seis hombres saltaron en paracaídas sobre Hardangervidda y se reunieron con el equipo Grouse tras varios días de marcha por la nieve. Los diez hombres combinados formaron el equipo operativo. Rønneberg estudió los planos de la planta, proporcionados por un ingeniero de Norsk Hydro que colaboraba con la resistencia, y diseñó el plan de asalto.

El ataque: 28 de febrero de 1943

La planta de Vemork estaba construida en la ladera de un desfiladero profundo, con el río Måna corriendo 200 metros más abajo. Los alemanes consideraban que el precipicio era una defensa natural infranqueable: la carretera de acceso estaba vigilada y el puente colgante minado. Cualquier atacante tendría que descender al fondo del desfiladero, cruzar el río helado y escalar la pared opuesta, una hazaña aparentemente imposible en pleno invierno noruego.

Eso fue exactamente lo que hicieron.

La noche del 27 al 28 de febrero, con temperaturas de -20 °C, los nueve hombres del equipo de asalto (Rønneberg dejó a uno como enlace) descendieron al fondo del desfiladero, cruzaron el río congelado y escalaron la pared de roca y hielo del otro lado. Siguiendo una vía férrea en desuso, llegaron a la planta sin ser detectados.

El equipo se dividió en dos grupos: el de demolición, liderado por Rønneberg, y el de cobertura, que neutralizaría a los guardias. Rønneberg y su compañero Fredrik Kayser encontraron una abertura en el sótano —un conducto de cables— y se arrastraron hasta la sala de electrólisis donde se producía el agua pesada.

Dentro de la sala, encontraron a un único vigilante noruego, al que redujeron sin violencia. Rønneberg colocó las cargas de explosivo plástico en las dieciocho células de electrólisis, ajustó las mechas de dos minutos, abrió una ventana para que el vigilante pudiera escapar de la explosión y encendió los detonadores.

Los comandos abandonaron la sala a paso rápido pero sin correr, para no despertar sospechas, y emprendieron la retirada por la misma ruta. La explosión se produjo minutos después, destruyendo las células de electrólisis y vertiendo 500 kilos de agua pesada concentrada por los desagües de la planta.

No hubo un solo disparo. No hubo víctimas. La operación perfecta.

La huida

Tras la explosión, los alemanes lanzaron una masiva operación de búsqueda con 3.000 soldados. Pero los comandos ya habían desaparecido en las montañas.

Cinco de los saboteadores se pusieron esquís y emprendieron una marcha de 400 kilómetros a través de Hardangervidda hasta Suecia, cruzando la frontera tras dos semanas de travesía por la nieve. Otros se quedaron en Noruega, integrándose en la resistencia local. Rønneberg llegó a Suecia y de ahí voló a Londres, donde fue recibido como un héroe. Ninguno de los participantes en Gunnerside fue capturado.

Knut Haukelid, uno de los que se quedaron en Noruega, protagonizaría meses después otro acto crucial de sabotaje. Cuando los alemanes reconstruyeron las células de electrólisis y reanudaron la producción, los Aliados bombardearon Vemork con 143 B-17 en noviembre de 1943, causando daños limitados. Los alemanes decidieron entonces trasladar las existencias de agua pesada a Alemania.

En febrero de 1944, Haukelid colocó una bomba de relojería en el ferri Hydro, que cruzaba el lago Tinnsjø transportando los bidones de agua pesada. El barco se hundió en la parte más profunda del lago, arrastrando consigo las últimas reservas alemanas de agua pesada. Catorce civiles noruegos y cuatro soldados alemanes murieron en el hundimiento, un coste que atormentó a Haukelid el resto de su vida.

Impacto en el programa nuclear alemán

El debate sobre la importancia real de Gunnerside para detener la bomba atómica alemana continúa entre los historiadores. Algunos argumentan que el programa nuclear nazi ya estaba condenado al fracaso por razones científicas y organizativas: Heisenberg había sobreestimado la masa crítica de uranio necesaria, los recursos se dispersaban entre proyectos competidores, y Hitler priorizaba las «armas de la victoria» como los cohetes V2 sobre la investigación nuclear básica.

Otros sostienen que Gunnerside fue decisiva precisamente porque privó al programa alemán de un recurso escaso e irremplazable en un momento crítico. Sin agua pesada suficiente, los científicos alemanes no podían construir un reactor funcional, y sin un reactor no podían producir plutonio ni verificar experimentalmente sus cálculos teóricos. El sabotaje compró tiempo, un tiempo que los Aliados aprovecharon: el Proyecto Manhattan, dirigido por Robert Oppenheimer en Estados Unidos, logró construir la primera bomba atómica en julio de 1945.

Lo cierto es que cuando los Aliados capturaron a los principales físicos alemanes en la Operación Epsilon a finales de la guerra, las grabaciones secretas de sus conversaciones revelaron que estaban lejos de haber desarrollado un arma nuclear. El propio Heisenberg se mostró asombrado al conocer la noticia de Hiroshima.

Legado

La Operación Gunnerside es considerada una de las misiones de sabotaje más exitosas de la historia militar. Demostró que un grupo pequeño de hombres bien entrenados y motivados, con un conocimiento detallado del objetivo, podía lograr lo que los bombardeos aéreos masivos no conseguían, y hacerlo sin bajas civiles.

Los participantes se convirtieron en héroes nacionales en Noruega. Rønneberg fue condecorado con la Orden de Servicios Distinguidos británica y vivió hasta los 99 años, dedicando sus últimos décadas a dar conferencias sobre la operación. Antes de morir en 2018, advirtió contra los peligros de la proliferación nuclear: «Sabíamos que estábamos luchando contra algo terrible. Esa responsabilidad no ha desaparecido».

La historia de Gunnerside fue inmortalizada en la película Los héroes de Telemark (1965) y en numerosos documentales. Pero la realidad fue más asombrosa que cualquier ficción: un puñado de jóvenes noruegos, armados con explosivos y esquís, ayudó a impedir que Hitler obtuviera el arma más destructiva jamás concebida.