La Operación Greif (Unternehmen Greif, "grifo"), ejecutada durante la batalla de las Ardenas en diciembre de 1944, fue una de las operaciones de engaño más audaces y controvertidas de la SGM. Ideada por Hitler y encomendada al coronel SS Otto Skorzeny, el plan consistía en infiltrar comandos alemanes disfrazados con uniformes estadounidenses y equipados con vehículos capturados tras las líneas aliadas para sembrar el caos, capturar puentes sobre el Mosa y, según el rumor más extendido, asesinar al propio general Eisenhower. Aunque los resultados militares fueron modestos, el efecto psicológico sobre las fuerzas aliadas fue extraordinario.

Otto Skorzeny: el hombre más peligroso de Europa
Otto Skorzeny era ya una leyenda en 1944. Este oficial austriaco de las Waffen-SS había saltado a la fama mundial en septiembre de 1943 por el espectacular rescate de Mussolini del Gran Sasso, en una operación aerotransportada que liberó al dictador italiano de su prisión en las montañas de los Abruzos. Desde entonces, Skorzeny era el especialista de Hitler en operaciones imposibles, y los aliados lo consideraban "el hombre más peligroso de Europa".
En octubre de 1944, Hitler convocó personalmente a Skorzeny para encomendarle la Operación Greif como parte del plan general de la ofensiva de las Ardenas. El objetivo era reunir soldados alemanes que hablaran inglés, vestirlos con uniformes estadounidenses capturados y equiparlos con vehículos aliados para operar detrás de las líneas enemigas.
Planificación y reclutamiento
La planificación de Greif enfrentó enormes dificultades prácticas desde el principio. Skorzeny necesitaba soldados que hablaran inglés con fluidez, uniformes y equipos estadounidenses en cantidad, y vehículos blindados aliados capturados. Ninguno de estos recursos estaba disponible en las cantidades necesarias.
Se emitió una orden secreta pidiendo voluntarios con conocimiento de inglés y costumbres americanas a través de toda la Wehrmacht. La orden, sin embargo, fue redactada de forma tan vaga que la filtración fue inmediata. Los rumores sobre una misión secreta de Skorzeny con comandos disfrazados llegaron rápidamente a los servicios de inteligencia aliados, aunque sin detalles precisos.
De los cientos de voluntarios que se presentaron, apenas una decena hablaba inglés con fluidez suficiente para pasar por estadounidenses. El resto tenía un nivel básico o escolar. En cuanto al material, solo se consiguieron un puñado de jeeps capturados, dos tanques Sherman en mal estado y una cantidad insuficiente de uniformes americanos.
La Brigada Panzer 150
Skorzeny organizó sus fuerzas en la Brigada Panzer 150, dividida en dos componentes. El grueso de la brigada era una unidad de combate convencional equipada con una mezcla de vehículos alemanes y aliados capturados, destinada a avanzar como punta de lanza de la ofensiva. El componente especial eran los Steilau-Kommandos: pequeñas células de cuatro a cinco hombres que operarían tras las líneas aliadas disfrazados de soldados estadounidenses.
Los equipos Steilau fueron entrenados apresuradamente en modales americanos, señales de tráfico militar, jerga del ejército y detalles como la forma de fumar, saludar y masticar chicle. Se les proporcionaron placas de identificación falsas, documentación y divisas estadounidenses.
La infiltración: diciembre de 1944
Cuando la ofensiva de las Ardenas comenzó el 16 de diciembre de 1944, los equipos Steilau se infiltraron tras las líneas aliadas. Sus misiones incluían cambiar las señales de tráfico para desviar columnas aliadas, cortar líneas telefónicas, difundir información falsa y, si era posible, capturar los puentes sobre el Mosa antes de que fueran destruidos.
Los resultados operativos fueron modestos. Los equipos lograron desviar algunas unidades, cambiaron señales de tráfico, cortaron cables de comunicación y sembraron confusión local. Sin embargo, ninguno consiguió alcanzar los puentes sobre el Mosa ni realizar acciones de sabotaje estratégico significativas. Varios equipos fueron capturados, y al menos tres fueron fusilados por un consejo de guerra aliado tras ser identificados como combatientes irregulares en uniforme enemigo, una condena acorde con las leyes de la guerra.
El efecto psicológico: la paranoia aliada
Donde la Operación Greif tuvo un impacto desproporcionado fue en la psique de las fuerzas aliadas. Cuando se supo que había comandos alemanes operando disfrazados de soldados estadounidenses, una ola de paranoia recorrió todo el frente occidental.
Se establecieron puestos de control donde los soldados debían responder preguntas sobre cultura popular americana para demostrar su identidad: ¿cuál es la capital de Illinois?, ¿quién es el marido de Betty Grable?, ¿cuál es el equipo de béisbol de Brooklyn? Cualquier respuesta incorrecta —o vacilación— podía significar la detención inmediata.
El propio general Omar Bradley fue detenido brevemente en un puesto de control cuando respondió correctamente que Springfield era la capital de Illinois, pero el guardia insistía erróneamente en que era Chicago. El general Montgomery fue detenido en otra ocasión. El efecto fue tan pronunciado que Eisenhower fue confinado prácticamente en su cuartel general de Versalles durante días, rodeado de un cordón de seguridad extraordinario, tras recibir informes de que Skorzeny planeaba asesinarlo.
La ironía era enorme: los pocos equipos Steilau que operaron realmente habían logrado un efecto de disrupción muy superior al que habrían conseguido las fuerzas de Skorzeny si hubieran estado al completo. La sola idea de que cualquier soldado americano pudiera ser un alemán disfrazado paralizó el movimiento y las comunicaciones aliadas durante días.
La Brigada Panzer 150 en combate
La brigada convencional de Skorzeny, al no poder cumplir su misión original de avance rápido hacia el Mosa —la ofensiva no progresó lo suficiente—, fue empleada como unidad de combate regular en torno a Malmedy. Los combates fueron duros y costosos, y la brigada sufrió bajas significativas sin lograr resultados decisivos.
El propio Skorzeny resultó herido levemente en la cara por metralla durante los combates. Finalmente, la brigada fue retirada del frente y disuelta a principios de enero de 1945.
Consecuencias legales
Tras la guerra, Skorzeny fue juzgado por crímenes de guerra en Dachau, específicamente por el uso de uniformes enemigos en la Operación Greif. Sin embargo, fue absuelto. La defensa argumentó —y el tribunal aceptó— que el uso de uniformes enemigos para infiltración no constituía un crimen de guerra siempre que no se combatiera con ellos puestos, y que las fuerzas aliadas habían empleado tácticas similares. El testimonio clave fue el del comandante británico del SAS, que confirmó que las fuerzas especiales aliadas habían usado uniformes alemanes en operaciones encubiertas.
Legado
La Operación Greif ocupa un lugar especial en la historia de las operaciones especiales. Aunque militarmente fracasó en sus objetivos, demostró el enorme potencial del engaño y la guerra psicológica. Con unos pocos cientos de hombres y recursos mínimos, Skorzeny logró paralizar temporalmente la retaguardia del ejército más poderoso del mundo.
La paranoia que generó Greif entre las fuerzas aliadas durante la batalla de las Ardenas se convirtió en una leyenda militar, y la imagen de soldados estadounidenses preguntándose unos a otros quién ganó la Serie Mundial o cuántos estados tiene la Unión pasó a formar parte del folklore de la SGM.