La Operación Weserübung fue la primera operación combinada de la SGM que empleó simultáneamente fuerzas terrestres, navales y aéreas en un asalto anfibio y aerotransportado a gran escala. El 9 de abril de 1940, Alemania invadió Noruega y Dinamarca en un golpe de mano que sorprendió a los aliados y aseguró el control del flanco norte de Europa. Dinamarca cayó en seis horas sin apenas resistencia. Noruega, aunque luchó durante dos meses con la ayuda de fuerzas británicas y francesas, terminó sucumbiendo ante la superioridad aérea alemana y la confusión del mando aliado. La conquista de Noruega proporcionó a Hitler bases navales y aéreas vitales para la batalla del Atlántico y aseguró la ruta del hierro sueco que alimentaba la industria bélica alemana.

Soldados de la Wehrmacht descargando caballos y suministros de un barco en el puerto de Oslo durante la invasión de Noruega, abril de 1940
Tropas de la Wehrmacht descargan caballos y material en el puerto de Oslo tras la ocupación de la capital noruega, abril de 1940. Henriksen & Steen / Biblioteca Nacional de Noruega · CC BY-SA 4.0

Por qué Noruega

Noruega era un país neutral que no amenazaba a nadie, pero su geografía la convertía en una pieza clave del tablero estratégico europeo. Tres factores hicieron que tanto Alemania como los aliados codiciaran su control.

El primero era el hierro. Las minas de Kiruna, en el norte de Suecia, producían el mineral de hierro de alta calidad del que dependía la industria siderúrgica alemana. Durante los meses de invierno, cuando el Báltico se congelaba, el mineral se transportaba por ferrocarril hasta el puerto noruego de Narvik y de allí por mar hasta Alemania a través de las aguas territoriales noruegas, protegido de la Royal Navy por la franja costera neutral. Si los aliados cortaban esta ruta — algo que Churchill , entonces Primer Lord del Almirantazgo, llevaba meses proponiendo —, Alemania perdería una fuente de hierro insustituible.

El segundo era la geografía naval. Los fiordos noruegos ofrecían bases perfectas para los submarinos y los buques de superficie de la Kriegsmarine. Desde Noruega, los U-Boot podían acceder al Atlántico Norte sin pasar por el estrecho canal entre Escocia y las islas Orcadas, que los británicos podían minar y vigilar. Los convoyes del Ártico hacia la Unión Soviética pasarían frente a la costa noruega, y el Tirpitz encontraría en los fiordos su guarida durante casi toda la guerra.

El tercero era el flanco. Una Noruega aliada — o al menos ocupada por los aliados — habría permitido a los británicos amenazar el Báltico, las costas alemanas y la ruta del hierro sueco. Hitler no podía permitirse ese riesgo.

El plan

La Operación Weserübung fue diseñada por el almirante Erich Raeder y el general Nikolaus von Falkenhorst como un asalto simultáneo contra seis objetivos a lo largo de la costa noruega — Oslo, Kristiansand, Stavanger, Bergen, Trondheim y Narvik — más la ocupación de Dinamarca como plataforma intermedia.

El plan era extraordinariamente audaz. Las fuerzas de invasión navegarían en buques de guerra de la Kriegsmarine a través de aguas controladas por la Royal Navy — la marina más poderosa del mundo — y desembarcarían simultáneamente en puertos separados por más de 1.500 kilómetros de costa. Si la Royal Navy detectaba e interceptaba a la flota de invasión en el mar, la operación terminaría en desastre. Todo dependía de la sorpresa.

La aviación era clave. La Luftwaffe proporcionaría cobertura aérea, transportaría paracaidistas y refuerzos, y mantendría a la Royal Navy a distancia una vez establecidas las cabezas de puente. Los aeródromos de Aalborg en Dinamarca — el primer objetivo de la operación — servirían como escala para los aviones que operaban sobre Noruega.

La invasión de Dinamarca: 9 de abril

La invasión de Dinamarca fue la operación más breve de la guerra. A las 4:15 de la madrugada del 9 de abril de 1940, tropas alemanas cruzaron la frontera terrestre de Jutlandia mientras paracaidistas capturaban el aeródromo de Aalborg y los puentes que conectaban las islas danesas. Un batallón de infantería desembarcó directamente en el puerto de Copenhague desde un buque de transporte camuflado como mercante.

El rey Christian X y el gobierno danés se enfrentaron a un hecho consumado. El ejército danés — apenas 15.000 hombres, sin aviación ni blindados — no tenía la más mínima posibilidad de resistir. Tras unos esporádicos tiroteos que causaron 16 muertos daneses y 20 alemanes, el gobierno ordenó el alto el fuego a las 7:20 de la mañana. Dinamarca había sido ocupada en menos de seis horas.

La invasión de Noruega: la sorpresa

Noruega fue un asunto completamente diferente. Aunque la sorpresa estratégica fue total — los noruegos no esperaban una invasión —, la resistencia fue mucho más firme y la operación mucho más costosa para la Kriegsmarine.

Los desembarcos simultáneos del 9 de abril tuvieron resultados desiguales. Kristiansand, Stavanger y Bergen fueron capturados con relativa facilidad. Trondheim cayó sin resistencia significativa. Pero en dos puntos, los noruegos dieron pelea.

Oslo: el hundimiento del Blücher

La fuerza que se dirigía a Oslo tenía que remontar el estrecho fiordo de Oslo, un canal de 100 kilómetros flanqueado por colinas y protegido por la antigua fortaleza de Oscarsborg. La guarnición de la fortaleza — soldados de reserva al mando del coronel Birger Eriksen, de 65 años — abrió fuego contra la flota alemana en la oscuridad de la madrugada.

Los cañones Krupp de 280 mm de la fortaleza — fabricados en Alemania décadas antes — alcanzaron al crucero pesado Blücher, buque insignia de la fuerza de invasión, a quemarropa. Los torpedos de la batería submarina completaron la destrucción. El Blücher, en llamas e ingobernable, se hundió arrastrando a más de 800 de sus tripulantes y a cientos de soldados y funcionarios de la Gestapo que debían ocupar el gobierno noruego.

El hundimiento del Blücher retrasó la captura de Oslo unas horas cruciales. El rey Haakon VII, el gobierno y el tesoro nacional noruego escaparon de la capital en tren hacia el norte, evitando la captura que habría permitido a los alemanes instalar un gobierno títere inmediato. El rey rechazó un ultimátum alemán y se convirtió en el símbolo de la resistencia noruega.

Oslo fue finalmente capturada por paracaidistas que aterrizaron en el aeródromo de Fornebu después de que la niebla dispersara la formación original. El asalto fue caótico pero exitoso, y para la tarde del 9 de abril la capital estaba bajo control alemán.

Narvik: la batalla por el hierro

El desembarco más lejano — y más arriesgado — fue en Narvik, a 1.800 kilómetros de las bases alemanas. Diez destructores de la Kriegsmarine transportaron a 2.000 Gebirgsjäger (tropas de montaña) del general Eduard Dietl hasta el fiordo de Narvik, donde desembarcaron por sorpresa y capturaron la ciudad.

Pero la Royal Navy respondió con furia. El 10 de abril, cinco destructores británicos atacaron a los diez alemanes fondeados en el fiordo de Narvik en la primera batalla naval de Narvik. Tres destructores alemanes fueron hundidos. El 13 de abril, el acorazado HMS Warspite y nueve destructores regresaron y destruyeron a los siete restantes. Dietl y sus tropas quedaron aislados en tierra, sin barcos, sin artillería pesada y sin suministros más allá de lo que los aviones pudieran lanzar en paracaídas.

La batalla de Narvik continuó durante dos meses. Tropas británicas, francesas, polacas y noruegas desembarcaron y empujaron gradualmente a los alemanes fuera de la ciudad. El 28 de mayo, Narvik fue recapturado por los aliados — la primera victoria terrestre aliada contra la Wehrmacht en toda la guerra. Pero la victoria fue efímera: la invasión alemana de Francia el 10 de mayo había transformado la situación estratégica, y los aliados necesitaban desesperadamente sus tropas en otro lugar.

La retirada aliada y la caída de Noruega

La campaña aliada en Noruega central — en torno a Trondheim — fue un desastre de coordinación. Las fuerzas británicas desembarcaron en Namsos y Åndalsnes con la intención de converger sobre Trondheim, pero carecían de artillería, de antiaéreos y, sobre todo, de cobertura aérea. La Luftwaffe, operando desde los aeródromos capturados, bombardeó sin piedad a las tropas aliadas y a las ciudades noruegas. Namsos y Åndalsnes fueron reducidas a cenizas.

Sin posibilidad de contrarrestar la superioridad aérea alemana, los aliados evacuaron el centro de Noruega a finales de abril. Las tropas fueron reembarcadas bajo el fuego de la aviación en operaciones que prefiguraban Dunkerque semanas después.

En Narvik, la evacuación aliada se completó entre el 4 y el 8 de junio. El portaaviones HMS Glorious fue interceptado durante el regreso por los cruceros de batalla alemanes Scharnhorst y Gneisenau y hundido con la pérdida de más de 1.500 tripulantes — uno de los desastres navales más graves de la guerra para la Royal Navy.

El rey Haakon VII y el gobierno noruego se exiliaron en Londres, desde donde dirigieron la resistencia y la marina mercante noruega — una de las más grandes del mundo — al servicio aliado. Noruega fue ocupada por los alemanes hasta mayo de 1945.

El coste de la campaña

La campaña de Noruega costó a los alemanes unas 5.600 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos. Las pérdidas navales fueron mucho más graves: la Kriegsmarine perdió tres cruceros — el Blücher, el Karlsruhe y el Königsberg —, diez destructores y varios submarinos. Estas pérdidas representaban una proporción enorme de la flota de superficie alemana y fueron uno de los factores que hicieron inviable la Operación León Marino — la planeada invasión de Gran Bretaña — al dejar a la Kriegsmarine sin los buques necesarios para proteger un cruce del canal de la Mancha.

Los aliados perdieron unos 6.000 hombres, un portaaviones, dos cruceros, nueve destructores y varios otros buques. Las pérdidas noruegas fueron de unos 1.800 militares y un número indeterminado de civiles.

Consecuencias estratégicas

La conquista de Noruega proporcionó a Alemania exactamente lo que necesitaba: las bases navales y aéreas que amenazarían al Atlántico Norte durante cinco años y la seguridad de la ruta del hierro sueco. Los fiordos noruegos albergarían al Tirpitz, al Scharnhorst y a decenas de U-Boot. Los aeródromos noruegos permitirían a la Luftwaffe atacar los convoyes del Ártico.

Para los aliados, la campaña de Noruega fue un fracaso que tuvo una consecuencia política inesperada. El debate parlamentario sobre el fiasco noruego condujo a la caída del primer ministro Neville Chamberlain el 10 de mayo de 1940 — el mismo día que comenzó la invasión alemana de Francia. Churchill, que irónicamente había sido uno de los principales responsables de la fracasada campaña noruega como Primer Lord del Almirantazgo, fue nombrado primer ministro. El fracaso en Noruega llevó al poder al hombre que guiaría a Gran Bretaña hasta la victoria.

La Operación Weserübung demostró también el poder de la aviación sobre la guerra naval y anfibia. La superioridad aérea alemana había sido el factor decisivo: los aliados no pudieron operar en tierra ni en mar allí donde la Luftwaffe controlaba los cielos. La lección, que la Royal Navy aprendería de nuevo dolorosamente en Creta un año después, era que los barcos sin cobertura aérea eran vulnerables, y que los ejércitos sin aviación estaban condenados a la evacuación o la derrota.