La Operación Tifón (Unternehmen Taifun), lanzada el 2 de octubre de 1941, fue el intento alemán de capturar Moscú, la capital de la Unión Soviética, antes de la llegada del invierno. Concebida como el golpe definitivo de la Operación Barbarroja , Tifón reunió la mayor concentración de fuerzas que la Wehrmacht desplegó en un solo sector durante toda la guerra: tres ejércitos, tres grupos panzer y más de un millón de soldados. Su fracaso ante las puertas de Moscú marcó el primer gran revés estratégico de Hitler y demostró que Alemania no podría ganar una guerra relámpago contra la Unión Soviética.

Contexto: Barbarroja se estanca
Cuando la Operación Barbarroja comenzó el 22 de junio de 1941, el plan alemán preveía la destrucción del Ejército Rojo y la captura de Moscú en un plazo de ocho a diez semanas. Sin embargo, a finales del verano, la resistencia soviética había resultado mucho más tenaz de lo esperado.
En agosto, Hitler tomó la controvertida decisión de desviar fuerzas del Grupo de Ejércitos Centro hacia Ucrania y Leningrado, retrasando la ofensiva sobre Moscú en al menos un mes. Cuando finalmente se autorizó Tifón a principios de octubre, la Wehrmacht había perdido un tiempo precioso y el otoño ruso estaba a punto de convertir los caminos en ríos de barro.
Fuerzas y planificación
El Grupo de Ejércitos Centro del mariscal Fedor von Bock reunió una fuerza formidable: 1,9 millones de soldados, 1.700 tanques, 14.000 cañones y 1.390 aviones. Los tres grupos panzer de los generales Guderian, Hoepner y Hoth debían ejecutar movimientos envolventes al norte y al sur de Moscú, mientras los ejércitos de infantería avanzarían frontalmente.
La defensa de Moscú recayó en los frentes soviéticos Occidental, de Reserva y de Briansk, con aproximadamente 1,25 millones de soldados bajo el mando general del general Iván Kónev y, posteriormente, del general Gueorgui Zhúkov. Las fuerzas soviéticas estaban exhaustas por meses de combates y habían sufrido pérdidas enormes, pero contaban con la ventaja de defender líneas interiores cada vez más cortas.
Primera fase: las bolsas de Viazma y Briansk
Los primeros días de Tifón fueron un éxito espectacular para la Wehrmacht. Los grupos panzer penetraron las líneas soviéticas con la habitual precisión de la guerra relámpago, creando dos enormes bolsas de cerco en torno a Viazma y Briansk. En estas dos batallas de cerco, los alemanes capturaron más de 660.000 prisioneros soviéticos, 1.242 tanques y 5.412 cañones.
El desastre fue tan colosal que la carretera hacia Moscú parecía abierta. El pánico se apoderó de la capital soviética: el 16 de octubre, el gobierno evacuó a Kubíshev (actual Samara), las fábricas fueron desmanteladas y transportadas hacia el este, y la población vivió jornadas de caos y saqueos. Stalin, sin embargo, decidió permanecer en Moscú, una decisión que se revelaría crucial para la moral soviética.
La rasputitsa: el enemigo invisible
A mediados de octubre, las lluvias otoñales convirtieron los caminos rusos —en su mayoría sin pavimentar— en barrizales intransitables. El fenómeno, conocido como rasputitsa (la estación del barro), paralizó la maquinaria de guerra alemana. Los tanques se hundían hasta los ejes, los camiones de suministro no podían avanzar y la infantería se arrastraba por el lodo.
El avance alemán se redujo a un goteo. Las líneas de suministro, ya estiradas hasta el límite tras 900 kilómetros de avance desde la frontera, se colapsaron. Los soldados carecían de ropa de invierno adecuada, las piezas de repuesto para los vehículos escaseaban y la alimentación era insuficiente. La Wehrmacht estaba pagando el precio de haber subestimado tanto la resistencia soviética como la geografía rusa.
Segunda fase: la ofensiva de noviembre
Cuando las primeras heladas de noviembre endurecieron el terreno, los alemanes reanudaron su avance. Los panzer volvieron a moverse, y durante dos semanas las puntas de lanza alemanas se acercaron peligrosamente a Moscú. La 2.ª División Panzer alcanzó posiciones a solo 25 kilómetros del Kremlin, y algunos reconocimientos avanzados afirmaron distinguir las torres de Moscú con prismáticos.
Sin embargo, la cercanía geográfica ocultaba una realidad operativa cada vez más desesperada. Las temperaturas cayeron a -30 °C y luego a -40 °C. El aceite de los motores se congelaba, las armas automáticas se atascaban, y los soldados, vestidos con uniformes de verano, sufrían congelaciones masivas. Las divisiones panzer estaban reducidas a una fracción de su fuerza original por las bajas, las averías mecánicas y el agotamiento.
Zhúkov, nombrado comandante del Frente Occidental en octubre, organizó la defensa en profundidad de Moscú con una combinación de tropas regulares, milicias de trabajadores y divisiones frescas transferidas desde Siberia y el Lejano Oriente. La inteligencia proporcionada por el espía Richard Sorge desde Tokio —confirmando que Japón no atacaría a la URSS— permitió a Stalin desplazar estas reservas hacia el oeste sin temor a una amenaza oriental.
El contraataque soviético: 5 de diciembre de 1941
El 5 de diciembre de 1941, con las fuerzas alemanas agotadas y sobreextendidas, Zhúkov lanzó un masivo contraataque con tropas frescas a lo largo de todo el frente. La contraofensiva de Moscú sorprendió a los alemanes, que carecían de reservas para contenerla.
En pocas semanas, los soviéticos empujaron a la Wehrmacht entre 100 y 250 kilómetros hacia el oeste, liberando ciudades como Kalinin y Kaluga. Solo la obstinada defensa alemana y la orden de Hitler de no retroceder —"no un paso atrás"— evitaron que la retirada se convirtiera en desbandada. La línea del frente se estabilizó en enero de 1942, pero Moscú estaba a salvo.
Balance y consecuencias
El fracaso de la Operación Tifón fue un punto de inflexión en la SGM. Las bajas alemanas entre octubre de 1941 y enero de 1942 fueron enormes: más de 300.000 muertos, heridos y congelados. Las pérdidas de material —tanques, vehículos, cañones— fueron igualmente severas y mucho más difíciles de reemplazar que las soviéticas, dado que la URSS estaba ya trasladando su industria más allá de los Urales.
Estratégicamente, Tifón demostró que la guerra relámpago tenía límites. La Unión Soviética no había colapsado como Francia, y la inmensidad del territorio ruso, combinada con la capacidad de movilización soviética, hacía imposible una victoria rápida. Alemania se enfrentaba ahora a la perspectiva que Hitler siempre había querido evitar: una guerra de desgaste en dos frentes que no podía ganar.
Legado
La Operación Tifón y la batalla de Moscú ocupan un lugar central en la memoria de la SGM, especialmente en Rusia, donde la defensa de la capital se considera uno de los momentos definitorios de la Gran Guerra Patria. La decisión de Stalin de permanecer en Moscú, la resistencia de las milicias populares y el contraataque de Zhúkov se convirtieron en símbolos de la determinación soviética.
Para la Wehrmacht, Tifón fue el comienzo del fin de la ilusión de invencibilidad. Las campañas siguientes — Fall Blau en 1942, Ciudadela en 1943— serían intentos cada vez más desesperados de recuperar la iniciativa estratégica que se perdió ante las puertas de Moscú en diciembre de 1941.