¿Qué papel desempeñó Alemania en la construcción de la bomba atómica?

Los físicos de Alemania y EEUU llevaban trabajando en el desarrollo de bombas atómicas desde 1939. El “Proyecto Manhattan” logró un gran avance. Los alemanes fracasaron por problemas prácticos.

A finales de 1938, los científicos berlineses Otto Hahn y Fritz Straßmann consiguieron dividir un núcleo de uranio en el laboratorio. Poco después, Lise Meitner explicó teóricamente los fenómenos observados.

En consecuencia, los físicos nucleares de todo el mundo sabían que la fisión nuclear ofrecía un nuevo y enorme potencial energético que podía utilizarse con fines pacíficos, como la generación de electricidad y calor, pero también con fines militares en forma de bomba atómica.

Varios físicos judíos que habían huido de Europa temían que los nacionalsocialistas también pudieran explotar estas posibilidades. Así que convencieron al Premio Nobel Albert Einstein para que escribiera una carta a Franklin D. Roosevelt y le pidiera que utilizara la bomba atómica.

Roosevelt y pedirle que ponga en marcha un programa nuclear estadounidense. El presidente de EEUU siguió la recomendación e inició un proyecto de alto secreto al que finalmente se dio el nombre en clave de “Proyecto Manhattan” y que condujo a la construcción de las dos primeras bombas atómicas en funcionamiento.

La advertencia no era injustificada, pues en Alemania se reunió al mismo tiempo un grupo de físicos nucleares altamente cualificados en torno al Premio Nobel Werner Heisenberg. Juntos querían investigar los posibles usos de la fisión nuclear, incluida una “máquina de uranio”, es decir, un reactor nuclear. Pero también se hablaba de la posibilidad de una bomba de uranio.

Carrera entre dos grupos de investigación

Dos grupos de investigación trabajaban en paralelo sobre la posibilidad de una superbomba. En EEUU, todos recibieron apoyo del Estado, mientras que Adolf Hitler mantuvo en secreto a los diversos grupos de trabajo de la Asociación del Uranio. Pronto, los físicos de EEUU superaron a sus competidores alemanes, principalmente gracias a sus dos mentes más importantes, J. Robert Oppenheimer y Enrico Fermi.

Pero Heisenberg no cejó en su empeño, aunque después de 1945 afirmó haber adoptado una postura de freno. En el verano de 1942, dijo al recién nombrado ministro de armamento Albert Speer que una bomba de uranio capaz de destruir una ciudad entera sólo era “tan grande como una piña”. No se puede aclarar si lo dijo para poder mantener su grupo de trabajo o porque realmente quería construir un arma de ese tipo.

A partir de 1943, los físicos nucleares alemanes se quedaron irremediablemente rezagados respecto al “Proyecto Manhattan” estadounidense. Esto también tuvo que ver con el éxito de los ataques aéreos aliados contra recursos en la Europa ocupada por Alemania, como una fábrica de agua pesada en Noruega.

Transcripciones de escuchas telefónicas de Farm Hall

A principios de 1945, los alemanes trasladaron su reactor experimental a Haigerloch, en Suabia, preocupados por el avance soviético. Pero tampoco aquí consiguieron controlar la fisión nuclear, algo que Enrico Fermi ya había logrado en Chicago a finales de 1942. Básicamente, los científicos del Uranverein calcularon con cifras erróneas, es decir, no tenían una idea teórica de cómo funcionaría un arma nuclear.

Cuando los soldados estadounidenses entraron en el suroeste de Alemania en abril de 1945, los físicos eliminaron rápidamente las huellas de su trabajo. No obstante, fueron detenidos por una unidad especial aliada y llevados a un campo especial en Inglaterra, Farm Hall, donde les pusieron micrófonos ocultos.

Las transcripciones de sus conversaciones demuestran que no tenían ningún conocimiento de los problemas prácticos del desarrollo de armas nucleares y, por tanto, los científicos del “Proyecto Manhattan” no podían beneficiarse de ellas.