La emigración de los judíos en la Segunda Guerra Mundial, cuestión de vida o muerte

Cuando la Segunda Guerra Mundial estalló en 1939, los judíos se vieron inmersos en una situación que amenazaba sus vidas. El Tercer Reich los perseguía sin piedad, dejándoles sin otra opción que huir de sus países de origen para buscar refugio en el exterior. Alemania fomentó estas “emigraciones al extranjero” como medida para intentar salvar a quienes eran perseguidos.

Inglaterra

Con el Imperio Británico en batalla contra Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, la respuesta hacia los judíos que huían del nacionalsocialismo no fue la mejor. Miles de judíos fueron deportados a Australia, y otros, con menos éxito, fueron enviados a la isla de San Mauricio, donde les esperaba un campo de prisioneros y alambre de espino. El motivo era el temor de que pudieran ser “agentes alemanes” encubiertos e impedir el establecimiento de colonos hebreos en Palestina.

A pesar de que la Cruz Roja hizo un esfuerzo por intercambiar a judíos polacos por ciudadanos alemanes capturados en Oriente Medio, la trágica historia del motín en el carguero SS Patria, que terminó con la muerte de 267 refugiados hebreos, es una muestra de lo poco amable que fue el Imperio Británico con los refugiados durante la guerra.

Rumanía y Yugoslavia

Muchos judíos del Tercer Reich tuvieron la opción de escapar viajando a los Balcanes y a los Cárpatos, al menos hasta 1941, cuando el ejército alemán invadió Yugoslavia y Rumania se alió con las Potencias del Eje. Antes de estos acontecimientos, muchos hebreos cruzaron el territorio con el objetivo de llegar a Turquía y a partir de ahí seguir su camino hacia Oriente Medio.

Desafortunadamente, estas operaciones no siempre tuvieron éxito. Un caso trágico fue el de 1.200 judíos de Bratislava y Viena que, a bordo de un barco, bajaron por el Danubio hasta que fueron arrestados por la Gendarmería Rumana en la frontera entre Yugoslavia y Rumanía y devueltos a Alemania. La única excepción fueron 110 niños que lograron seguir su viaje hacia Palestina.

Suiza y Suecia

Explorar Escandinavia y Suiza durante la Segunda Guerra Mundial revela una historia llena de contrastes.

Gracias a los esfuerzos del agente Paul Grüninger, Suiza pudo acoger a 3.601 refugiados; sin embargo, unidades armadas del ejército suizo, junto con la División de Policía dirigida por el comisario Heinrich Rothmund, se encargaron de perseguir y detener a los judíos que intentaban cruzar los Alpes, detenerlos y enviarlos de vuelta al Tercer Reich.

Había también el problema de las bandas paramilitares compuestas por ladrones y rateros que usaban la habilidad de engañar para despojar a sus víctimas de todo lo que tenían, incluso de la vida.

Suecia, por su parte, rechazó a los judíos y devolvió al Tercer Reich a un gran número de emigrantes entre 1939 y 1941. A pesar de que el nazismo estaba en pleno auge en Europa, el subsecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores, Gösta Engzell, se comprometió a salvar a los refugiados de la persecución de los nazis.

En 1942, acogió numerosos refuEstas personas fueron trasladadas a barcos que estaban anclados en el puerto de Estocolmo por seguridad. Gösta Engzell realmente demostró un impresionante acto de valentía y humanidad incluso en los momentos más oscuros de la historia.

Portugal y España

Para los judíos europeos, España y Portugal eran los destinos favoritos. Ambos países nunca rechazaron a nadie que llegara a sus fronteras, y el paso de Hendaya hacía que fuera aún más fácil acceder a sus territorios.

Además, el III Reich no se opuso en exceso a la postura humanitaria de los gobiernos de Madrid y Lisboa, dirigidos por Francisco Franco y Oliveira Salazar, para mantener buenas relaciones con el Eje. Gracias a esto, más de 40.000 personas pudieron salvar sus vidas.

América

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos lamentablemente rechazó la entrada de miles de judíos que buscaban refugio de la Europa Ocupada. Sin embargo, el Comité de Rescate de Emergencia (ERC), con sede en Marsella, pudo conceder visados estadounidenses, salvar a un gran número de judíos franceses y ayudar a los líderes izquierdistas.

Aunque naciones latinoamericanas como México, Chile y Cuba llevaban tiempo aceptando refugiados judíos, ahora ya no conceden visados de entrada. Por suerte, en Brasil bajo el mandato del Presidente Getulio Vargas, el Papa Pío XII presionó para que se acogieran a 1.000 ciudadanos hebreos.

Asia

¡Asia fue un destino de emigración judía recurrente! 800 personas buscaron refugio de la persecución en Europa en la ciudad portuaria japonesa de Yokohama, la ciudad china de Shanghai o el “estado títere” de Manchukuo. Lamentablemente, los judíos de la zona ocupada sufrieron mucho cuando el Imperio japonés se unió a las potencias del Eje y comenzó la Guerra del Pacífico.

En 1941, los habitantes de Shangai fueron forzados a vivir en el Gueto, donde estuvieron confinados hasta su liberación en 1945. A pesar de sus dificultades, mantuvieron su espíritu de resistencia y fueron finalmente recompensados con su libertad.

Autor: Liber Prieto