Descubre la historia del último mohicano de la Segunda Guerra Mundial

Hoy, 28 de abril de 2022, se cumple el 70.º aniversario del fin oficial del estado de guerra en Japón tras la Segunda Guerra Mundial.

El Tratado de San Francisco se firmó el 8 de septiembre de 1951, pero no entraría en vigor hasta siete meses después. También conocido como el Tratado de Paz con Japón, ayudaría a restablecer las relaciones pacíficas entre Japón y las Potencias Aliadas en nombre de las Naciones Unidas.

Firmado por 48 naciones, puso fin formalmente a la posición de Japón como potencia imperial, repartió indemnizaciones a quienes habían sufrido a manos de Japón durante la Segunda Guerra Mundial y señaló el fin de la ocupación aliada de Japón en la posguerra.

Pero, aunque Japón se rindió formalmente el 2 de septiembre de 1945, algunos soldados y personal de las fuerzas japonesas se negaron a rendirse durante muchos meses y años después.

Una nueva película cuenta la historia de Hiroo Onoda, un soldado japonés destinado a una isla de Filipinas en 1944, que permaneció allí hasta 1974 porque no creía que la Segunda Guerra  Mundial hubiera terminado.

Onoda: 10.000 noches en la jungla es una película de tres horas que cuenta la historia del último soldado japonés que se rindió.

Hiroo Onoda fue reclutado por los japoneses en 1942, y seleccionado para el entrenamiento de combate de guerrilla. Fue este entrenamiento lo que le impidió quitarse la vida, según recordaría más tarde en sus memorias de 1974.

Japón invadió Filipinas en 1941 y las islas se convirtieron en el escenario de intensos combates al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados japoneses lucharon contra las tropas estadounidenses en los millares de islas remotas del archipiélago filipino.

Onoda estaba destinado en Lubang, una isla a 90 millas al suroeste de la capital filipina, Manila, en diciembre de 1944.

Se le encomendó la tarea de destruir el aeródromo y un muelle junto al puerto, así como cualquier fuerza enemiga que intentara llegar a la isla.

Sin embargo, él y sus hombres fracasaron y se retiraron a la selva mientras las fuerzas estadounidenses se avalanzaban sobre ellos.

Mientras la mayoría se rindió, Onoda y otros tres soldados se negaron a rendirse y permanecieron en la selva.

Para los soldados del Ejército Imperial Japonés, la muerte era una opción preferible a la rendición. Regía el código de honor bushido.

Onoda recordaría más tarde lo siguiente:

Todos los soldados japoneses estaban preparados para la muerte, pero como oficial de inteligencia se me ordenó llevar a cabo una guerra de guerrillas y no morir. Me convertí en oficial y recibí una orden. Si no pudiera cumplirla, me sentiría avergonzado. Soy muy competitivo.

Se hicieron varios intentos para encontrar a Onoda, entre ellos, miembros de la familia apelando a su entrega a través de altavoces, y vuelos que lanzaban panfletos animándole a entregarse.

Onoda y sus tres compañeros descartaron los folletos, que detallaban la rendición japonesa, como falsos.

El cuarteto sobrevivió comiendo pieles de plátano secas, cocos y arroz robado, y Onoda también disparó a las vacas del lugar para hacer carne seca en alguna ocasión.

El grupo oyó sobrevolar aviones durante la guerra de Corea, a principios de los años cincuenta, y supuso que se trataba de alguna forma de contraofensiva japonesa.

Onoda recordó en sus memorias que él y el camarada Kinshichi Kozuka habían desarrollado tantas ideas fijas que eran incapaces de entender nada que no se ajustara a ellas.

Los intentos de rescate se abandonaron en 1959, y el gobierno japonés declaró por muerto a Onoda.

Pero, en realidad, él y su compañero Kozuka estaban vivos y coleando.

Uno de sus otros compañeros había abandonado la selva en 1950, y otro murió. Kozuka fue asesinado por la policía local en octubre de 1972, dejando a Onoda solo en la isla.

El 20 de febrero de 1974 conoció al joven trotamundos Norio Suzuki, que había viajado a la isla para intentar encontrar a Onoda.

Al cabo de un tiempo, Onoda se puso en contacto con él con un simple Oi y ambos comenzaron a hablar.

Finalmente, acordaron que Onoda depondría las armas si su antiguo oficial al mando se lo ordenaba directamente.

Semanas después, el comandante Yoshimi Taniguchi se dirigió a Lubang, y la guerra de Hiroo Onoda llegó a su fin el 9 de marzo de 1974.

Le costó adaptarse a la vida al volver a Japón, y emigró a Brasil en 1975 para convertirse en agricultor, antes de volver a su país en 1984.

Murió en 2014, a los 94 años.

Sin duda, esta es una historia increíble de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.

Autor: Liber Prieto