La Aktion T4

En un decreto emitido el 18 de agosto de 1939, Adolf Hitler exigió a los médicos y matronas que realizaran un censo científico de enfermedades genéticas y hereditarias. Al principio, el programa sólo cubría a los niños menores de tres años. Los bebés seleccionados del censo se eliminaban mediante inyecciones de morfina o escopolamina, administrando luminal o simplemente matándolos de hambre. Y pronto la selección se ampliaría a los discapacitados adultos.

Cartel propagandístico para justificar la terrible Aktion T4: Esta persona que padece una enfermedad hereditaria le cuesta a la comunidad nacional 60.000 Reichsmarks de por vida. Camarada, ese es tu dinero también.
Dominio público, Wikimedia Commons

Durante la invasión de Polonia en septiembre de 1939, Hitler convocó al Dr. Leonardo Conti, jefe de los servicios de salud civil y jefe de la Cámara Médica del Reich, y a Hans Heinrich Lammers, ministro del Reich y jefe de la Cancillería, a su sede en Danzig. Encargó a los dos hombres que estudiaran la cuestión de la selección y eliminación de los discapacitados. Lammers quería que el proyecto estuviera acompañado de todas las garantías legales y regulado por la ley. Hitler confió entonces la misión al jefe de la cancillería del Führer, Bouhler, y a su médico asistente, Karl Brandt.

Así comenzó el programa de eutanasia conocido como Aktion T4. La administración estaba bajo el control directo de la Cancillería del Führer. Los principales responsables eran:

  • Philip Bouhler, Jefe de la Cancillería y General de División de las SS, designado jefe general de la Aktion T4
  • Karl Brandt, Profesor de Medicina, médico personal de Hitler, General de División de las SS, Alto Comisionado del Reich para la Salud y miembro del Consejo de Investigación del Reich, designado jefe interino de la Aktion T4
  • Werner Heyde, Profesor de Medicina, responsable de la implementación de la Aktion T4; Richard Hegener, jefe de Gemeinnutzige Krankentransporte GmbH (Gekrat), empresa encargada de transportar a los enfermos a los centros de eutanasia
  • August Becker, profesor de medicina y teniente coronel de las SS, encargado de los gaseos
  • Leonardo Conti, profesor de medicina y secretario de Estado de Sanidad del Ministerio del Interior
  • Viktor Brack, oficial y jefe de administración de la cancillería del NSDAP, encargado de los servicios de la Aktion T4
  • Werner Blankenburg, general de las SA

Con el paso del tiempo, Hitler confirmó los poderes de la pena de muerte por escrito. En octubre de 1939, con membrete privado, redactó un documento sin valor oficial y con fecha del 1 de septiembre de 1939 (la fecha de entrada en la Segunda Guerra Mundial) en el que otorgaba a Bouhler y Brandt el mandato de extender a los médicos nominalmente designados el derecho a decidir si, en su opinión, tras un diagnóstico severo, se debía infligir el golpe de gracia a los pacientes incurables.

A través de este procedimiento (que permaneció en secreto) los nazis pensaron que podrían demostrar al mundo que, eliminando a todos los que pudieran ser una carga para la nación, el Reich sería superior económica, militar y científicamente.

Sin embargo, a los ojos de Hitler, no bastaba con exterminar a los enfermos mentales para purificar la raza. En la doctrina racial nazi, las minorías determinadas según criterios raciales son seres inferiores y, en consecuencia, no dignos de vivir. Así, Hitler afirmó que la comunidad judía no debía ser considerada como una comunidad religiosa, sino como una comunidad racial.

La primera eutanasia por gaseo tuvo lugar en enero de 1940 en la antigua prisión de Brandenburgo. Asisten: Brandt Bouhler, Brack y Conti. Tiene éxito y a partir de entonces el programa se extiende a todo el Reich y a Polonia. Se establecen seis centros de exterminio: Brandenburg an der Havel, Grafeneck, cerca de Münsingen, Pirna Sonnenstein, Bernburg, Hadamar y Hartheim, cerca de Linz. La ejecución masiva se organiza como una cadena de montaje: cada una de las personas que llevan a cabo esta labor de exterminio ve su tarea como un acto económicamente justificado y fríamente técnico.

Fotografía propagandística del Tercer Reich de una persona discapacitada que se presentaba junto a la leyenda siguiente: Este enfermo mental cuesta anualmente 2000 marcos al Estado.
Bundesarchiv, Bild 102-15663 / CC-BY-SA 3.0

En Les historiens allemands relisent la Shoah, Dominique Vidal cita a Peter Longerich en Politik der Vernichtung, eine Gesamtdarstellung der NS-Judenverfolgung:

Las diferentes etapas del exterminio —información de las víctimas potenciales, examen preliminar, traslado, ejecución, utilización y eliminación de los cadáveres— formaban parte de un proceso continuo, comparable a una cadena de montaje, destinado a extinguir la vida humana en masa […]. La decisión de matar y su ejecución estaban separadas entre sí por una serie de etapas: el asesinato en sí, es decir, la acción de abrir la espita de gas, aparecía, en todo el proceso, como un procedimiento técnico secundario que tenía lugar sin derramamiento de sangre y sin relación alguna entre asesinos y víctimas.

Dominique Vidal concluye:

La Aktion T4 ilustra cómo el poder es capaz de transformar una categoría a priori reticente, en nuestro caso los médicos, en cómplices de un crimen monstruoso a través de un conjunto de rutinas, promesas, presiones y ciertamente convicciones.

El 27 de junio de 1945, la policía militar estadounidense descubrió en el castillo las Estadísticas de Hartheim: un informe de 39 páginas, redactado en 1942, con cifras sobre el ahorro realizado como resultado de la Aktion T4. Según el documento, las 70.273 desinfecciones (de las cuales 18.269 tuvieron lugar en Hartheim) ahorraron más de 885 millones de marcos. En el negocio de la muerte administrada en masa, el ser humano era sólo una variable en este horror económico.

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