El campo de concentración de Mauthausen fue uno de los más brutales del sistema concentracionario nazi y el único clasificado como campo de categoría III, la designación reservada para los prisioneros considerados irrecuperables y destinados al exterminio mediante el trabajo esclavo. Situado en una colina sobre el Danubio en la Alta Austria, Mauthausen funcionó entre agosto de 1938 y mayo de 1945 como centro de una red de casi cien subcampos que se extendía por toda Austria. Por sus instalaciones pasaron aproximadamente 190.000 prisioneros, de los cuales al menos 90.000 fueron asesinados. Entre las víctimas se encontraban más de 7.500 republicanos españoles, la mayor comunidad nacional de prisioneros occidentales, cuyo sufrimiento convierte a Mauthausen en un lugar de memoria especialmente significativo para España.

Prisioneros del campo de concentración de Mauthausen trabajando en la cantera de granito
Prisioneros de Mauthausen realizando trabajos forzados en la cantera de granito Wiener Graben, donde miles murieron de agotamiento, caídas y ejecuciones. Autor desconocido / Bundesarchiv · CC BY-SA 3.0 de

El origen: un campo para Austria

Mauthausen fue establecido poco después del Anschluss, la anexión de Austria por la Alemania nazi en marzo de 1938. La ubicación no fue casual: junto al pueblo de Mauthausen existían canteras de granito que las SS pretendían explotar comercialmente a través de la Deutsche Erd- und Steinwerke (DEST), la empresa de materiales de construcción propiedad de las SS. El granito de Mauthausen estaba destinado a los grandiosos proyectos arquitectónicos de Albert Speer para la remodelación de Berlín y otras ciudades del Reich.

Los primeros prisioneros, trasladados desde Dachau en agosto de 1938, fueron obligados a construir el propio campo mientras simultáneamente comenzaban a trabajar en las canteras. La combinación de trabajo extenuante, alimentación insuficiente, condiciones higiénicas deplorables y la brutalidad sistemática de los guardias SS estableció desde el principio un régimen diseñado no solo para explotar sino para destruir a los prisioneros.

La cantera y los escalones de la muerte

La cantera de granito Wiener Graben se convirtió en el símbolo más terrible de Mauthausen. Los prisioneros debían descender al fondo de la cantera cada mañana y subir cargando bloques de granito de entre 20 y 50 kilogramos por una escalera irregular de 186 peldaños tallados en la roca, conocida como la Todesstiege o escalera de la muerte.

Los escalones eran deliberadamente irregulares, de alturas y anchuras diferentes, lo que hacía el ascenso extraordinariamente peligroso para hombres debilitados por el hambre y el agotamiento que cargaban piedras enormes sobre sus espaldas. Las caídas eran frecuentes y a menudo mortales: cuando un prisionero caía, arrastraba a los que subían detrás de él en un efecto dominó que podía matar o herir a decenas de personas.

Los guardias SS utilizaban la cantera como instrumento de ejecución. Empujaban a los prisioneros desde el borde del precipicio, un acantilado de más de 50 metros que los SS denominaban con macabro humor el "muro de los paracaidistas". Los prisioneros que se negaban a trabajar o que eran seleccionados para morir eran obligados a saltar al vacío o empujados sin previo aviso.

La jornada laboral en la cantera duraba entre 10 y 12 horas, sin descansos adecuados y con una alimentación que rara vez superaba las 1.000 calorías diarias, una fracción de lo necesario para el esfuerzo físico exigido. La esperanza de vida de un prisionero asignado a la cantera se medía en semanas o meses, no en años.

Los prisioneros españoles

La historia de los republicanos españoles en Mauthausen constituye uno de los capítulos más trágicos y menos conocidos de la SGM. Tras la derrota en la Guerra Civil española, cientos de miles de republicanos cruzaron la frontera francesa en el éxodo de 1939. Muchos fueron internados en campos de refugiados franceses en condiciones deplorables, y cuando Francia cayó ante Alemania en junio de 1940, miles de españoles quedaron a merced de los nazis.

Aproximadamente 7.532 republicanos españoles fueron deportados a Mauthausen y sus subcampos, principalmente al de Gusen. La mayoría llegaron entre 1940 y 1941, identificados con el triángulo azul de los apátridas y la letra S de Spanier (español). El régimen franquista, consultado por las autoridades alemanas sobre el destino de estos prisioneros, se desentendió de su suerte, negándose a reclamarlos como ciudadanos españoles.

Los españoles de Mauthausen desarrollaron una de las organizaciones clandestinas de resistencia más efectivas del campo. Liderados por figuras como el aviador Francisco Boix — cuyas fotografías clandestinas del campo servirían como prueba en los juicios de Núremberg — los prisioneros españoles mantuvieron una solidaridad interna que contribuyó a la supervivencia de muchos de ellos. De los 7.532 españoles deportados, aproximadamente 4.816 murieron en el campo.

El sistema de subcampos

Mauthausen no era un campo aislado sino el centro de un sistema que llegó a incluir casi cien subcampos repartidos por toda Austria. El más importante y mortífero fue Gusen, situado a pocos kilómetros, donde las condiciones eran incluso peores que en el campo principal. Gusen funcionaba como el destino de los prisioneros seleccionados para la muerte, y su tasa de mortalidad superaba a la de Mauthausen.

Otros subcampos significativos incluían Ebensee, donde los prisioneros excavaron enormes túneles en las montañas para albergar fábricas de armamento a prueba de bombardeos; Melk, vinculado a la producción de rodamientos de bolas; y Linz, donde los prisioneros trabajaban en las fábricas de acero Hermann Göring Werke.

A medida que la guerra avanzaba, el sistema de subcampos se expandió para satisfacer la creciente demanda de mano de obra esclava de la industria bélica alemana. Los prisioneros eran alquilados a empresas privadas que pagaban a las SS una tarifa diaria por cada trabajador, un sistema que convertía el sufrimiento humano en un negocio rentable.

Los métodos de exterminio

Aunque Mauthausen no disponía de las instalaciones de exterminio industrial de Auschwitz-Birkenau , los métodos para asesinar prisioneros eran variados y sistemáticos. Además de la muerte por agotamiento y hambre en las canteras, las SS emplearon:

La cámara de gas, instalada en el sótano del hospital del campo en 1941, donde se asesinó a miles de prisioneros utilizando Zyklon B. Las víctimas eran seleccionadas entre los prisioneros demasiado débiles para trabajar, los enfermos y los recién llegados considerados prescindibles.

Las inyecciones letales de fenol directamente en el corazón, administradas por médicos SS en el hospital del campo. Esta práctica era especialmente frecuente en la enfermería, donde los prisioneros que ingresaban buscando tratamiento médico eran a menudo asesinados en lugar de curados.

Los fusilamientos masivos, realizados en la cantera o en un campo de tiro cercano. Los prisioneros de guerra soviéticos fueron especialmente víctimas de estas ejecuciones, con miles de soldados del Ejército Rojo fusilados al llegar al campo sin pasar por ningún proceso de registro.

Las duchas heladas en invierno, donde los prisioneros eran obligados a permanecer desnudos al aire libre a temperaturas bajo cero y rociados con agua hasta que morían de hipotermia. Este método era especialmente empleado en Gusen, donde los guardias lo utilizaban como castigo y diversión.

La resistencia interna

A pesar de las condiciones extremas, los prisioneros de Mauthausen organizaron redes clandestinas de resistencia que desempeñaron un papel crucial en la preservación de la memoria del campo. Los españoles, los comunistas alemanes y austriacos, y los prisioneros políticos de diversas nacionalidades coordinaron sus esfuerzos para sabotear la producción, proteger a los prisioneros más vulnerables y documentar los crímenes de las SS.

Francisco Boix, fotógrafo catalán, trabajó en el laboratorio fotográfico del campo donde las SS revelaban sus propias fotografías. Arriesgando su vida, Boix y sus compañeros sustrajeron y ocultaron miles de negativos que documentaban las atrocidades del campo. Estas fotografías fueron utilizadas como prueba en los juicios de Núremberg y en el proceso contra los responsables de Mauthausen, y constituyen uno de los registros visuales más importantes de los crímenes nazis.

La liberación

El 5 de mayo de 1945, las tropas de la 11.ª División Blindada del Ejército de Estados Unidos llegaron a Mauthausen. Lo que encontraron desafía la descripción: miles de prisioneros esqueléticos, montañas de cadáveres y las evidencias de un sistema diseñado para la destrucción sistemática de seres humanos.

Los prisioneros supervivientes recibieron a sus liberadores con una pancarta que decía "Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras", un testimonio de la presencia y la resistencia de la comunidad española en el campo. Las fotografías de la liberación, muchas tomadas por el propio Boix, dieron la vuelta al mundo y contribuyeron a revelar la magnitud de los crímenes nazis.

En los días previos a la liberación, las SS habían evacuado parcialmente el campo, enviando a miles de prisioneros en marchas de la muerte hacia el interior de Austria. Muchos murieron en estas marchas por agotamiento, frío o ejecutados por los guardias. Otros fueron asesinados en operaciones de último momento para eliminar testigos.

El juicio de Dachau

Entre marzo y mayo de 1946, un tribunal militar estadounidense juzgó a 61 miembros del personal de Mauthausen en el llamado juicio de Dachau. Todos los acusados fueron declarados culpables; 58 fueron condenados a muerte, aunque posteriormente algunas sentencias fueron conmutadas. El comandante del campo, Franz Ziereis, no llegó a juicio: fue capturado intentando huir y murió de las heridas sufridas durante su detención, aunque antes proporcionó un testimonio detallado sobre el funcionamiento del campo.

Memoria y legado

Mauthausen es hoy un memorial y museo que recibe a más de 300.000 visitantes al año. El recinto del campo principal se ha conservado en gran parte, incluyendo los barracones, las torres de vigilancia, la cámara de gas y la cantera con los escalones de la muerte. Monumentos de más de veinte naciones recuerdan a sus ciudadanos asesinados en el campo.

Para España, Mauthausen tiene un significado especial. Durante décadas, el régimen franquista silenció la historia de los republicanos deportados, y solo con la llegada de la democracia comenzó a reconocerse su sacrificio. Desde 1962, los supervivientes españoles y sus descendientes organizan una peregrinación anual al campo, y en 2019 el gobierno español inauguró un monumento específico en memoria de los españoles de Mauthausen.

La historia de Mauthausen es un recordatorio brutal de hasta dónde puede llegar la deshumanización cuando se institucionaliza. Los escalones de la muerte, la cantera y los métodos de exterminio no fueron obra de monstruos sino de un sistema burocrático que convirtió el asesinato en rutina administrativa y el sufrimiento humano en beneficio económico.