Buchenwald fue uno de los mayores y más antiguos campos de concentración del régimen nazi. Situado en la colina de Ettersberg, a apenas ocho kilómetros de Weimar —la ciudad que simbolizaba lo más elevado de la cultura alemana—, funcionó desde julio de 1937 hasta su liberación en abril de 1945. Más de 250.000 personas de casi 50 nacionalidades pasaron por Buchenwald y sus más de 130 subcampos. Al menos 56.000 murieron por hambre, enfermedades, trabajos forzados, experimentos médicos, torturas y ejecuciones. La proximidad entre la barbarie del campo y la cuna de Goethe y Schiller convirtió a Buchenwald en el ejemplo más descarnado de la coexistencia entre cultura y crimen en la Alemania nazi.

La creación del campo
En 1937, las SS buscaban un emplazamiento para un nuevo gran campo de concentración en el centro de Alemania que reemplazara a las instalaciones más pequeñas y provisionales de los primeros años del régimen. Heinrich Himmler eligió la colina de Ettersberg, a pesar de las protestas de los círculos culturales de Weimar, que consideraban una profanación construir un campo de prisioneros junto al roble bajo el que, según la tradición, Goethe solía sentarse a escribir.
El nombre original propuesto, Campo de concentración de Ettersberg, fue descartado precisamente por su asociación con Goethe. Se optó por Buchenwald (bosque de hayas), un nombre neutro que ocultaba la realidad del lugar. Los primeros prisioneros, trasladados desde otros campos, fueron obligados a construir sus propias instalaciones de cautiverio, talando el bosque en condiciones de brutalidad extrema.
El primer comandante fue Karl Otto Koch, un oficial corrupto y sádico cuya esposa, Ilse Koch, se haría tristemente célebre con el apodo de la bruja de Buchenwald por su crueldad hacia los prisioneros. Koch fue posteriormente investigado por las propias SS por corrupción y finalmente ejecutado en abril de 1945 por orden de un tribunal militar de las SS, un hecho que revela las tensiones internas del sistema concentracionario.
Las categorías de prisioneros
Los primeros internos de Buchenwald fueron presos políticos alemanes —comunistas, socialdemócratas y sindicalistas— junto con delincuentes comunes y hombres clasificados como asociales. Tras la Noche de los Cristales Rotos de noviembre de 1938, más de 10.000 hombres judíos fueron enviados a Buchenwald, donde sufrieron un trato especialmente brutal. Cientos murieron en las primeras semanas por los malos tratos.
Con el estallido de la guerra, la población del campo se diversificó enormemente. Llegaron prisioneros de guerra soviéticos, polacos, franceses, checos, holandeses, belgas, republicanos españoles que habían combatido en la Guerra Civil, romaníes, homosexuales y testigos de Jehová. Cada grupo portaba un triángulo de color diferente cosido al uniforme: rojo para los políticos, verde para los criminales, rosa para los homosexuales, negro para los asociales, violeta para los testigos de Jehová, amarillo para los judíos.
La jerarquía interna del campo estaba dominada por una lucha de poder entre los presos políticos (triángulos rojos) y los criminales comunes (triángulos verdes) por el control de las posiciones de kapo y la administración interna. En Buchenwald, los prisioneros políticos, principalmente comunistas alemanes con años de experiencia organizativa, lograron hacerse con el control de la administración interna, lo que les permitió proteger a ciertos prisioneros y organizar una red de resistencia clandestina.
El trabajo esclavo
Buchenwald fue concebido desde el principio como un campo de trabajo forzado al servicio de la economía de las SS. Los prisioneros trabajaban en las canteras de piedra del campo, en fábricas de armamento, en talleres y en la construcción de carreteras e instalaciones militares. La Deutsche Ausrüstungswerke (DAW), empresa propiedad de las SS, operaba talleres dentro del campo donde los prisioneros fabricaban muebles, uniformes y equipamiento militar.
A partir de 1943, Buchenwald se convirtió en un centro clave del programa de armamento subterráneo del Reich. Miles de prisioneros fueron enviados al subcampo de Dora-Mittelbau, excavado en las montañas del Harz, para fabricar los cohetes V-2 en condiciones espantosas. Los túneles eran húmedos, oscuros y con aire irrespirable. Los prisioneros trabajaban turnos de doce horas sin ver la luz del sol durante semanas. La tasa de mortalidad en Dora era de las más altas del sistema concentracionario.
Grandes empresas alemanas se beneficiaron del trabajo esclavo de los prisioneros de Buchenwald y sus subcampos. Gustloff-Werke, Junkers, BMW, Siemens y otras compañías emplearon mano de obra del campo en sus fábricas. La colaboración entre la industria privada y el sistema concentracionario fue una de las dimensiones más oscuras de la economía de guerra nazi.
Los experimentos médicos
Como en otros campos de concentración, Buchenwald fue escenario de experimentos médicos criminales. El más conocido fue el programa de investigación sobre vacunas contra el tifus, dirigido por el doctor Erwin Ding-Schuler bajo supervisión del Instituto de Higiene de las SS. Los prisioneros eran infectados deliberadamente con tifus para probar diferentes vacunas experimentales. Cientos murieron a consecuencia de estos experimentos.
También se realizaron experimentos con otras enfermedades infecciosas —tuberculosis, fiebre amarilla, viruela— así como pruebas de quemaduras con fósforo, envenenamiento y exposición a sustancias tóxicas. En todos los casos, los prisioneros seleccionados no tenían posibilidad de negarse. Los que sobrevivían a los experimentos quedaban frecuentemente con secuelas permanentes.
Las ejecuciones masivas
Buchenwald fue escenario de ejecuciones masivas de prisioneros de guerra soviéticos. En 1941 y 1942, más de 8.000 soldados soviéticos fueron asesinados en las instalaciones de la caballeriza del campo, donde se había construido un dispositivo de ejecución oculto. Los prisioneros eran conducidos a una sala de mediciones donde, mientras se les tomaba la estatura, un ejecutor oculto tras una ranura en la pared les disparaba en la nuca.
Este método de asesinato encubierto fue ideñado para mantener el engaño hasta el último momento y evitar la resistencia de las víctimas. Los cadáveres eran trasladados directamente al crematorio del campo. La operación se mantuvo en secreto incluso para la mayoría de los prisioneros del campo.
La resistencia clandestina
Buchenwald albergó una de las organizaciones de resistencia más efectivas del sistema concentracionario. El Comité Internacional del Campo, dominado por prisioneros políticos comunistas, logró establecer una red clandestina que abarcaba la información, el sabotaje y la preparación militar.
Los resistentes consiguieron ocultar una radio con la que recibían noticias del avance aliado. Organizaron el sabotaje de la producción armamentística en los talleres del campo, alterando la calidad de las municiones y los componentes fabricados. También lograron reunir un pequeño arsenal de armas robadas a las SS y escondidas en diferentes puntos del campo.
Uno de los actos más destacados de la resistencia fue la protección del niño judío Stefan Jerzy Zweig, de tres años, que fue escondido por los prisioneros políticos y salvado de la deportación. Su historia inspiró la novela Desnudo entre lobos de Bruno Apitz, él mismo superviviente de Buchenwald. También fueron protegidos otros niños, entre ellos Elie Wiesel, futuro premio Nobel de la Paz, que llegó a Buchenwald con 16 años tras la evacuación de Auschwitz.
La liberación
En los primeros meses de 1945, Buchenwald recibió a miles de prisioneros evacuados de campos del este ante el avance soviético. La población del campo se disparó hasta más de 80.000 personas, desbordando todas las instalaciones. Las condiciones se volvieron apocalípticas: los recién llegados, muchos de ellos supervivientes de marchas de la muerte , morían a centenares cada día.
El 6 de abril de 1945, las SS comenzaron a evacuar el campo. Miles de prisioneros fueron forzados a marchar hacia el sur. La organización de resistencia clandestina logró sabotear parcialmente la evacuación, escondiendo a miles de presos y retrasando su partida. El 11 de abril, cuando las tropas estadounidenses de la 6.ª División Acorazada se acercaban al campo, los prisioneros del comité de resistencia se alzaron, desarmaron a los guardias restantes de las SS y tomaron el control del campo.
La liberación de Buchenwald tuvo un impacto profundo en la opinión pública internacional. El general Dwight D. Eisenhower visitó el campo el 12 de abril y quedó tan conmovido que ordenó que periodistas, fotógrafos y ciudadanos alemanes de los pueblos cercanos fueran llevados a ver las pruebas de lo ocurrido. Las imágenes de los supervivientes esqueléticos y las pilas de cadáveres fueron difundidas por todo el mundo, rompiendo cualquier posibilidad de negar la realidad del sistema concentracionario nazi.
El legado
El juicio de Buchenwald, celebrado en Dachau en 1947 por un tribunal militar estadounidense, condenó a 22 acusados, incluida Ilse Koch, que fue sentenciada a cadena perpetua. La sentencia fue posteriormente reducida, lo que provocó un escándalo público. Koch fue finalmente rejuzgada por un tribunal alemán y condenada nuevamente a cadena perpetua. Se suicidó en prisión en 1967.
El memorial de Buchenwald, inaugurado en 1958 durante la era de la RDA, fue reconfigurado tras la reunificación alemana para reflejar la totalidad de la historia del lugar, incluyendo el uso del campo por los soviéticos entre 1945 y 1950, cuando más de 7.000 personas murieron en el llamado Campo Especial nº 2. La yuxtaposición de ambas dictaduras en un mismo espacio hace de Buchenwald un lugar de memoria particularmente complejo.
La proximidad de Weimar sigue siendo el aspecto más perturbador de Buchenwald. Los habitantes de la ciudad podían ver el humo del crematorio y muchos se beneficiaron del trabajo esclavo de los prisioneros. Esta convivencia entre cultura y barbarie plantea la pregunta que Buchenwald formula con más fuerza que ningún otro lugar: cómo fue posible que el horror floreciera en el corazón mismo de la civilización europea.