Babi Yar es el nombre del barranco a las afueras de Kiev donde, los días 29 y 30 de septiembre de 1941, los Einsatzgruppen nazis y sus colaboradores locales fusilaron a 33.771 judíos en la mayor masacre de un solo episodio del Holocausto . En apenas 36 horas, hombres, mujeres, niños y ancianos fueron conducidos al borde del barranco, obligados a desnudarse y asesinados a tiros. Los cuerpos caían en capas al fondo de la hondonada, que se convirtió en una fosa común de proporciones apocalípticas. Babi Yar fue la demostración más brutal de que la Solución Final no necesitaba cámaras de gas ni campos de exterminio: bastaban balas, odio y la disposición a matar.

Vista del barranco de Babi Yar tras la liberación
Vista del barranco de Babi Yar, donde más de 33.000 judíos fueron asesinados en septiembre de 1941 Autor desconocido · Dominio público

El contexto: la caída de Kiev

El 19 de septiembre de 1941, la Wehrmacht capturó Kiev, la capital de Ucrania soviética, tras una batalla de cerco que resultó en la captura de más de 600.000 soldados soviéticos. La comunidad judía de Kiev, una de las más grandes de la Unión Soviética, contaba con unas 160.000 personas antes de la guerra. Muchos habían huido antes de la ocupación, pero más de 50.000 permanecían en la ciudad.

En los días siguientes a la captura, varias explosiones destruyeron edificios del centro de Kiev que las fuerzas alemanas habían ocupado como cuarteles. Las explosiones fueron obra del NKVD soviético, que había dejado minas con temporizador, pero los alemanes culparon a los judíos. La propaganda nazi llevaba años asociando «judío» con «comunista» y «saboteador», y las explosiones proporcionaron el pretexto para una represalia que ya estaba planificada.

La orden y la preparación

El Einsatzgruppe C, al mando del SS-Standartenführer Paul Blobel, recibió la orden de ejecutar a los judíos de Kiev. La operación fue coordinada entre el Einsatzgruppe, el mando militar de la ciudad y la policía auxiliar ucraniana.

El 28 de septiembre, se colocaron carteles en toda Kiev ordenando a todos los judíos presentarse a las 8:00 de la mañana del día siguiente en la esquina de las calles Melnikova y Dokterivska, con sus documentos, objetos de valor, ropa de abrigo y alimentos. Los que no se presentaran serían fusilados. Muchos judíos creyeron que serían «reasentados» o deportados; algunos se presentaron con maletas, esperando un viaje en tren.

Los dos días de matanza

29 de septiembre de 1941

A las 8:00 de la mañana, miles de judíos comenzaron a congregarse en el punto indicado. La muchedumbre era inmensa: ancianos, mujeres con niños de pecho, familias enteras. Fueron conducidos en columna por la calle Melnikova hacia las afueras de la ciudad, custodiados por soldados alemanes y policías ucranianos.

Al llegar a la zona del barranco, les ordenaron dejar sus pertenencias en montones clasificados: ropa, zapatos, maletas, objetos de valor. Luego fueron obligados a desvestirse completamente. En grupos de diez, fueron conducidos al borde del barranco y asesinados con disparos en la nuca. Los cuerpos caían al fondo, apilándose en capas. Los siguientes grupos eran obligados a caminar sobre los cadáveres antes de ser ejecutados.

El proceso continuó sin interrupción durante todo el día y la noche, iluminado por reflectores. Los gritos de las víctimas se oían a kilómetros de distancia. Los verdugos se turnaban y recibían vodka para continuar la tarea.

30 de septiembre de 1941

La matanza continuó durante la mañana del 30. Al final de los dos días, el informe oficial del Einsatzgruppe C registró la cifra de 33.771 judíos ejecutados. La precisión de la cifra —hasta la unidad— refleja la mentalidad burocrática de los asesinos.

Las víctimas posteriores

Babi Yar no fue un evento de dos días: durante los dos años de ocupación alemana de Kiev, el barranco continuó siendo utilizado como lugar de ejecución. Prisioneros de guerra soviéticos, romaníes, pacientes psiquiátricos, miembros de la resistencia y otros «indeseables» fueron fusilados en Babi Yar. Se estima que el número total de víctimas en el barranco alcanzó entre 100.000 y 150.000 personas.

El encubrimiento

En agosto de 1943, cuando el Ejército Rojo se acercaba a Kiev, los nazis intentaron borrar las pruebas de la masacre. La Sonderaktion 1005, un programa secreto dirigido por Paul Blobel, obligó a prisioneros del campo de Syrets a desenterrar los cuerpos de Babi Yar y quemarlos en piras al aire libre. Los prisioneros que realizaron este trabajo fueron ejecutados después para eliminar a los testigos.

A pesar del intento de encubrimiento, los soviéticos encontraron suficientes evidencias al liberar Kiev en noviembre de 1943. Sin embargo, el régimen soviético minimizó durante décadas la dimensión específicamente antisemita de la masacre, presentando a las víctimas como «ciudadanos soviéticos» sin mencionar que eran judíos.

Memoria y reconocimiento

No fue hasta 1976 que se erigió un monumento en Babi Yar, y este conmemoraba a las «víctimas del fascismo» sin especificar su identidad judía. Un monumento específico a las víctimas judías fue inaugurado en 1991, tras la caída de la Unión Soviética. Desde entonces, Babi Yar se ha convertido en uno de los lugares de memoria más importantes del Holocausto.

El poeta Yevgueni Yevtushenko escribió en 1961 el poema «Babi Yar», que denunció tanto la masacre nazi como el antisemitismo soviético que impedía su conmemoración adecuada. El poema fue musicalizado por Dmitri Shostakóvich en su Sinfonía n.º 13, una de las obras musicales más poderosas inspiradas por el Holocausto.

Legado

Babi Yar es el símbolo del «Holocausto por balas», la fase del exterminio que precedió a las cámaras de gas y que es menos conocida que la maquinaria industrial de Auschwitz. Los Einsatzgruppen que ejecutaron Babi Yar demostraron que el genocidio no requiere tecnología sofisticada: solo necesita hombres dispuestos a matar y una sociedad dispuesta a mirar hacia otro lado.

La masacre recuerda que el Holocausto no ocurrió solo en campos lejanos sino también en las calles de ciudades europeas, a la vista y el oído de los vecinos. Los 33.771 judíos de Kiev no fueron deportados a un lugar remoto: fueron asesinados a las afueras de su propia ciudad, por hombres que al día siguiente volvieron a sus rutinas.