El 26 de abril de 1937, la pequeña ciudad vasca de Guernica fue arrasada por un bombardeo aéreo ejecutado principalmente por la Legión Cóndor alemana, con apoyo de la Aviación Legionaria italiana, en el contexto de la Guerra Civil española. El ataque, que duró unas tres horas y destruyó gran parte del casco urbano, causó centenares de víctimas civiles y se convirtió en el símbolo universal del terror aéreo contra poblaciones indefensas. Guernica no fue solo una tragedia en sí misma: fue el ensayo general de las tácticas de bombardeo que se aplicarían a gran escala durante la SGM.

Guernica antes del bombardeo
Guernica (Gernika en euskera) era una localidad de unos 5.000 habitantes situada en la provincia de Vizcaya, en el corazón del País Vasco. Más allá de su modesto tamaño, la villa tenía un valor simbólico enorme para la cultura vasca: bajo su célebre roble se habían reunido durante siglos las juntas generales de Vizcaya, y los señores de Vizcaya —incluidos los reyes de Castilla— habían jurado allí respetar los fueros vascos. Guernica era, en esencia, la capital espiritual del pueblo vasco.
En abril de 1937, la Guerra Civil española llevaba nueve meses en curso. Las fuerzas sublevadas del general Franco, apoyadas militarmente por la Alemania nazi y la Italia fascista, estaban llevando a cabo una ofensiva sobre el País Vasco con el objetivo de conquistar Bilbao y eliminar el frente norte republicano. La campaña de Vizcaya estaba dirigida por el general Emilio Mola, quien había amenazado públicamente con arrasar la provincia si no se rendía.
Guernica no tenía defensas antiaéreas significativas ni era un objetivo militar de primer orden. Contaba con una pequeña fábrica de armas y un puente sobre el río Oca, pero su importancia era fundamentalmente simbólica y logística como nudo de comunicaciones en la retaguardia republicana. El día del ataque era lunes, día de mercado, y la población se encontraba incrementada por los campesinos de los caseríos circundantes que acudían a la feria.
La Legión Cóndor
La Legión Cóndor (Legion Condor) era una unidad de voluntarios de la Luftwaffe enviada por Adolf Hitler a España para apoyar al bando sublevado. Comandada por el general Hugo Sperrle y con el teniente coronel Wolfram von Richthofen como jefe de Estado Mayor, la Legión Cóndor era mucho más que un gesto de solidaridad ideológica: constituía un laboratorio de guerra aérea donde Alemania probaba sus nuevos aviones, tácticas y doctrinas de bombardeo en condiciones reales de combate.
La unidad disponía de bombarderos Heinkel He 111 y Junkers Ju 52, cazas Messerschmitt Bf 109 y bombarderos en picado que serían los predecesores del famoso Junkers Ju 87 Stuka . Los pilotos y tripulaciones rotaban periódicamente para que el mayor número posible de aviadores alemanes adquiriera experiencia de combate. España era, en la práctica, el campo de entrenamiento de la Luftwaffe para la guerra que Hitler ya planeaba desencadenar en Europa.
Von Richthofen, primo del famoso Barón Rojo de la Primera Guerra Mundial, era un ferviente defensor del bombardeo táctico y de la aviación como herramienta de apoyo directo a las fuerzas terrestres. Su diario personal, descubierto décadas después, revela que el ataque a Guernica fue planificado deliberadamente como una operación de destrucción masiva, no como un simple bombardeo de un objetivo militar puntual.
El ataque del 26 de abril de 1937
La tarde del lunes 26 de abril, hacia las cuatro y media, un avión solitario sobrevoló Guernica y lanzó varias bombas sobre el centro del pueblo. Este primer ataque dispersó a la población y obligó a los habitantes a buscar refugio en los sótanos. Lo que siguió fue una sucesión de oleadas de bombarderos que se prolongó durante aproximadamente tres horas, hasta las siete y media de la tarde.
Los bombarderos de la Legión Cóndor y la Aviación Legionaria italiana atacaron en formaciones sucesivas, lanzando una combinación de bombas explosivas de alto poder y bombas incendiarias. Las bombas explosivas destruían los tejados y reventaban las estructuras de los edificios, mientras que las incendiarias prendían fuego a los escombros y a las construcciones de madera, que eran la mayoría en el casco antiguo de Guernica.
Entre las oleadas de bombarderos, cazas de la Legión Cóndor volaban a baja altura ametrallando a los civiles que intentaban huir por las calles y los caminos circundantes. Este detalle, confirmado por múltiples testimonios de supervivientes y periodistas presentes, añadía un componente de crueldad deliberada al ataque: no se trataba solo de destruir edificios, sino de causar el máximo número de víctimas entre la población.
Se estima que sobre Guernica cayeron entre 31 y 50 toneladas de bombas, una cantidad desproporcionada para una localidad tan pequeña. El resultado fue la destrucción de aproximadamente el 70% del casco urbano. Las llamas se propagaron durante horas y los equipos de rescate, llegados desde pueblos cercanos, tardaron días en controlar los incendios y recuperar los cadáveres de entre los escombros.
Las víctimas
El número exacto de víctimas mortales del bombardeo de Guernica sigue siendo objeto de debate historiográfico. Las cifras han oscilado enormemente a lo largo de las décadas, desde las 1.654 muertos y 889 heridos que publicó inicialmente el gobierno vasco hasta cifras mucho más bajas propuestas por historiadores revisionistas o simpatizantes del franquismo.
La investigación moderna sitúa el número de muertos en torno a los 150 y 300, con algunos estudios que amplían el rango hasta los 400. Estas cifras, aunque inferiores a las reclamadas inicialmente, representan una proporción enorme de la población de la villa y confirman que el ataque fue devastador. La disparidad entre las cifras iniciales y las actuales se explica por la confusión de la guerra, la instrumentalización propagandística por ambos bandos y la dificultad de realizar un recuento fiable en medio de un conflicto civil.
El bando franquista negó durante décadas que el bombardeo hubiera ocurrido, atribuyendo la destrucción de Guernica a incendios provocados por los propios republicanos en su retirada, una versión que la evidencia histórica ha desmentido de manera concluyente.
La reacción internacional
La noticia del bombardeo de Guernica llegó rápidamente al mundo gracias a la presencia de corresponsales extranjeros en el País Vasco. El más importante fue George Steer, corresponsal del diario británico The Times, cuyo reportaje publicado el 28 de abril de 1937 describió con detalle la destrucción sistemática de la ciudad y señaló directamente a la aviación alemana como responsable.
El artículo de Steer tuvo un impacto enorme. Por primera vez, la opinión pública internacional tomó conciencia de lo que significaba el bombardeo aéreo de una población civil. La indignación fue generalizada en los países democráticos, especialmente en Francia y el Reino Unido, aunque no se tradujo en acciones concretas contra la política de no intervención que mantenían las potencias occidentales respecto a la Guerra Civil española.
La Alemania nazi y la Italia fascista negaron cualquier responsabilidad. La versión oficial alemana, mantenida durante décadas, afirmaba que la Legión Cóndor no había participado en el bombardeo. Solo tras la caída del régimen franquista y la apertura de archivos militares alemanes pudo documentarse de manera irrefutable la participación de la Legión Cóndor en el ataque.
El Guernica de Picasso
La respuesta artística más poderosa al bombardeo vino de Pablo Picasso. El pintor malagueño, que había recibido el encargo del gobierno de la República española de crear un mural para el pabellón español en la Exposición Internacional de París de 1937, estaba buscando un tema cuando llegó la noticia del bombardeo. Impactado por los reportajes de Steer y las fotografías de la destrucción, Picasso comenzó a trabajar inmediatamente en lo que se convertiría en una de las obras de arte más importantes del siglo XX.
El Guernica, un lienzo de 3,49 por 7,77 metros pintado en blanco, negro y gris, no representa literalmente el bombardeo sino que utiliza un lenguaje simbólico de enorme fuerza expresiva: un toro, un caballo herido, una madre con su hijo muerto, un guerrero caído, una lámpara, figuras que gritan de dolor. La ausencia de color evoca las fotografías periodísticas de la época y confiere a la obra una atmósfera de duelo universal.
Expuesto por primera vez en junio de 1937 en París, el Guernica se convirtió rápidamente en el símbolo antibelicista más reconocido del mundo. Picasso se negó a que el cuadro fuera enviado a España mientras durara la dictadura franquista. La obra permaneció en el Museo de Arte Moderno de Nueva York hasta 1981, cuando fue trasladada a Madrid tras la restauración de la democracia. Hoy se exhibe en el Museo Reina Sofía.
Guernica como ensayo de la SGM
El bombardeo de Guernica no fue un episodio aislado sino parte de una estrategia deliberada de la Luftwaffe para probar la eficacia del bombardeo aéreo contra poblaciones civiles. Las lecciones aprendidas en España fueron incorporadas directamente a la doctrina de guerra aérea que Alemania aplicaría a partir de 1939.
La táctica de combinar bombas explosivas e incendiarias, probada en Guernica, se utilizó posteriormente en los bombardeos de área que devastarían ciudades europeas durante la SGM. El ametrallamiento de civiles en fuga, la selección de días de mercado para maximizar víctimas, y la planificación de oleadas sucesivas de bombarderos fueron tácticas que reaparecerían una y otra vez.
Cuando la Luftwaffe bombardeó Varsovia en septiembre de 1939 y Rotterdam en mayo de 1940, y después lanzó el Blitz sobre Londres , estaba aplicando a mayor escala lo que había ensayado en España. Los pilotos que habían volado sobre Guernica fueron los mismos que encabezaron las primeras campañas aéreas de la SGM. Von Richthofen, ascendido a general, comandó las operaciones aéreas en Polonia, Francia y los Balcanes.
La conexión entre Guernica y los bombardeos masivos de la SGM fue reconocida incluso por los protagonistas. Hermann Göring, comandante en jefe de la Luftwaffe, admitió durante los juicios de Núremberg que España había servido como campo de pruebas para la aviación alemana. La Legión Cóndor no fue una aventura periférica: fue la escuela de guerra aérea que permitió a Alemania entrar en la SGM con una fuerza aérea experimentada y una doctrina de bombardeo probada en combate.
El debate sobre la intencionalidad
Uno de los aspectos más discutidos del bombardeo de Guernica es el grado de intencionalidad en la destrucción de la ciudad. Algunos historiadores han sostenido que el objetivo principal era el puente sobre el río Oca, para cortar la retirada de las tropas republicanas, y que la destrucción de la ciudad fue un efecto colateral de la imprecisión de los bombardeos de la época.
Sin embargo, la evidencia disponible contradice esta interpretación. El diario de Von Richthofen documenta que el objetivo era la destrucción de Guernica como ciudad, no de un objetivo militar concreto. La combinación de bombas explosivas e incendiarias estaba diseñada específicamente para provocar incendios masivos en áreas urbanas, no para destruir un puente. El propio puente, de hecho, resultó intacto tras el bombardeo, al igual que la fábrica de armas y la Casa de Juntas con su roble simbólico.
La duración del ataque —tres horas de bombardeo sostenido sobre una localidad minúscula— y el ametrallamiento de civiles indican que el objetivo era aterrorizar a la población civil vasca y quebrar su voluntad de resistencia. El bombardeo tenía, en definitiva, una finalidad tanto militar como terrorista, y anticipaba la lógica del bombardeo estratégico que dominaría la guerra aérea durante la SGM.
Legado y memoria
El bombardeo de Guernica dejó una huella profunda en la conciencia internacional. Junto con los bombardeos japoneses sobre ciudades chinas como Shanghái y Chongqing, Guernica demostró que la guerra aérea moderna había borrado la distinción entre combatientes y civiles, una realidad que se confirmaría trágicamente en los bombardeos de Dresde , Hiroshima y Nagasaki y tantas otras ciudades.
En España, la memoria de Guernica fue suprimida durante la dictadura franquista, que mantuvo la versión oficial de que la destrucción había sido obra de los republicanos. Solo tras la muerte de Franco en 1975 pudo recuperarse la verdad histórica. La ciudad fue reconstruida, y hoy alberga un museo de la paz que recuerda los hechos y promueve la reconciliación.
A nivel internacional, Guernica se ha convertido en sinónimo de la barbarie del bombardeo aéreo contra civiles. Una reproducción del tapiz del Guernica de Picasso preside la entrada del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, un recordatorio permanente de las consecuencias de la guerra para las poblaciones civiles.
La ciudad vasca fue, en muchos sentidos, la primera víctima del tipo de guerra total que definiría la SGM. Su destrucción demostró que las potencias fascistas estaban dispuestas a utilizar la aviación como arma de terror contra poblaciones indefensas, y que la comunidad internacional carecía de la voluntad o los instrumentos para impedirlo. Las lecciones de Guernica fueron ignoradas en 1937, y el mundo pagó un precio terrible por ello en los años siguientes.