España no participó oficialmente en la Segunda Guerra Mundial, pero su papel durante el conflicto fue mucho más complejo de lo que la etiqueta de país neutral sugiere. La dictadura de Francisco Franco, nacida de una guerra civil en la que Alemania e Italia habían intervenido decisivamente, mantuvo un equilibrio calculado entre las potencias del Eje y los aliados que fue cambiando según la marcha de la guerra.
La neutralidad española fue, en realidad, una no beligerancia activa que se inclinó claramente hacia el Eje durante los primeros años del conflicto. La entrevista de Hendaya entre Franco y Hitler en octubre de 1940 estuvo cerca de arrastrar a España a la guerra, y solo las excesivas demandas de Franco y la reticencia de Hitler a pagar el precio territorial exigido impidieron la entrada española. La visita de Himmler a España en 1940 reforzó las relaciones entre ambos regímenes, mientras el falangismo y el nacionalsocialismo compartían una afinidad ideológica que iba más allá de la alianza estratégica.
El episodio más conocido de la participación española fue la División Azul, la unidad de voluntarios que combatió en el Frente Oriental junto a la Wehrmacht entre 1941 y 1943. Casi cincuenta mil españoles lucharon contra la Unión Soviética en condiciones extremas, y algunos incluso se integraron en las Waffen-SS tras la retirada oficial de la división. Menos conocida es la historia de los españoles en las SS, un capítulo oscuro que revela hasta qué punto la colaboración con el nazismo superó los cauces oficiales.
El wolframio español, mineral esencial para la industria armamentística, se convirtió en moneda de cambio diplomática. España suministró grandes cantidades a Alemania, y tanto aliados como el Eje compitieron por controlar este comercio estratégico. Los sobornos británicos a generales españoles, destinados a mantener la neutralidad del país, añaden otra capa de complejidad a una posición que distaba mucho de ser equidistante.
Miles de republicanos españoles, exiliados tras la Guerra Civil, sufrieron la persecución nazi. Más de siete mil fueron deportados a campos de concentración, principalmente a Mauthausen, donde murieron cerca de cinco mil. Otros republicanos lucharon en la Resistencia francesa, y la compañía conocida como La Nueve fue la primera unidad en entrar en París durante su liberación en agosto de 1944. Al mismo tiempo, las redes de evasión del Pirineo permitieron a pilotos aliados derribados, judíos perseguidos y fugitivos de toda Europa cruzar la frontera hacia la relativa seguridad de la Península Ibérica.
Gibraltar, colonia británica en suelo español, desempeñó un papel estratégico fundamental como base naval y aérea que controlaba el acceso al Mediterráneo. España también fue escenario de una intensa guerra de espías, con redes de inteligencia aliadas y del Eje operando en un país cuya neutralidad oficial ofrecía cobertura a ambos bandos. La relación de Franco con los judíos y el Holocausto, compleja y contradictoria, sigue siendo objeto de debate historiográfico.