En octubre de 1940, Heinrich Himmler, Reichsführer de las SS y uno de los hombres más poderosos del Tercer Reich, visitó España en un viaje oficial que combinó diplomacia, propaganda y espionaje. La visita, que se prolongó durante una semana, llevó al jefe de las SS a Madrid, Toledo, Barcelona, Montserrat y otros puntos de la geografía española en un recorrido cuidadosamente orquestado que pretendía estrechar lazos entre el régimen nazi y la dictadura franquista. El episodio, poco conocido fuera de los círculos académicos, revela las complejas relaciones entre la España de Franco y la Alemania de Hitler en un momento crucial de la SGM.

Heinrich Himmler con Francisco Franco durante su visita a España en 1940
Himmler y Franco durante la visita oficial del Reichsführer SS a España en octubre de 1940. Autor desconocido / Bundesarchiv · CC BY-SA 3.0 de

El contexto: España entre dos fuegos

La visita de Himmler se produjo en un momento de máxima presión alemana sobre España. La guerra civil española había terminado apenas un año antes, en abril de 1939, y Franco debía a Alemania e Italia una ayuda militar decisiva que había contribuido a su victoria. Hitler esperaba cobrar esa deuda arrastrando a España a la guerra junto al Eje.

Pocas semanas antes de la visita de Himmler, el 23 de octubre de 1940, Hitler y Franco se habían reunido en la estación de tren de Hendaya, en la frontera franco-española. El encuentro fue un fracaso para Hitler: Franco evadió con habilidad cualquier compromiso concreto de entrada en la guerra, planteando demandas territoriales en el norte de África que Alemania no podía satisfacer sin alienar a la Francia de Vichy. Se atribuye a Hitler la célebre frase de que preferiría sacarse tres o cuatro muelas antes que volver a reunirse con Franco.

En este contexto, la visita de Himmler tenía un objetivo múltiple: evaluar personalmente la disposición española hacia el Eje, estrechar la cooperación policial y de inteligencia entre ambos países, y estudiar la posibilidad de establecer redes de espionaje alemanas en la Península Ibérica y el norte de África español.

La llegada a Madrid

Himmler llegó a Madrid el 19 de octubre de 1940, acompañado de un séquito de oficiales de las SS y el SD (Sicherheitsdienst), el servicio de inteligencia de las SS. Fue recibido con honores oficiales por el ministro de Gobernación, Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco y el político español más abiertamente proalemán del régimen.

Serrano Suñer, conocido como el "cuñadísimo" por su influencia sobre Franco, era el principal interlocutor de los alemanes en España y el artífice de la política de acercamiento al Eje. Su relación personal con los jerarcas nazis facilitó una visita que se desarrolló en un ambiente de cordialidad calculada por ambas partes.

En Madrid, Himmler fue alojado en el Hotel Ritz y agasajado con recepciones oficiales, banquetes y visitas turísticas. El programa incluía encuentros con las autoridades policiales y militares españolas, pero también un componente propagandístico diseñado para impresionar al visitante con la vitalidad del nuevo estado franquista.

El encuentro con Franco

El momento central de la visita fue la audiencia con Franco en el Palacio de El Pardo. El encuentro entre el Reichsführer SS y el Caudillo fue un ejercicio de diplomacia calculada en el que ambos interlocutores perseguían objetivos diferentes.

Himmler buscaba compromisos concretos: cooperación policial contra los exiliados republicanos españoles, muchos de los cuales habían huido a Francia y participaban en la resistencia contra la ocupación alemana; acceso a las redes de inteligencia españolas en América Latina; y la posibilidad de establecer bases de operaciones de la Abwehr y el SD en territorio español.

Franco, por su parte, mantuvo la misma ambigüedad calculada que había desplegado en Hendaya. Expresó simpatía ideológica con el Tercer Reich y gratitud por la ayuda alemana durante la guerra civil, pero evitó compromisos que pudieran arrastrar a España a un conflicto para el que el país no estaba preparado. España estaba devastada por tres años de guerra civil, padecía una hambruna que afectaba a millones de personas y carecía de la capacidad militar e industrial para participar en una guerra europea.

Toledo, Montserrat y Barcelona

El itinerario de Himmler incluyó visitas a Toledo y al monasterio de Montserrat que revelaron la fascinación del jefe de las SS por el misticismo y la historia medieval. En Toledo, Himmler visitó el Alcázar, cuya defensa durante el asedio republicano en 1936 se había convertido en un símbolo de la propaganda franquista. Las ruinas del Alcázar impresionaron a Himmler, que las comparó con las gestas heroicas de la mitología germánica.

La visita a Montserrat, el monasterio benedictino encaramado en las montañas catalanas, respondía a la conocida obsesión de Himmler por el esoterismo y las leyendas del Santo Grial. Las SS mantenían un departamento dedicado a la investigación de lo oculto y lo místico, la Ahnenerbe, y Himmler creía que el Grial podía estar oculto en Montserrat, una teoría que carecía de fundamento histórico pero que alimentaba la imaginación del Reichsführer.

Los monjes de Montserrat recibieron a Himmler con cortesía pero sin entusiasmo. Según los testimonios de la época, el abad respondió con evasivas a las preguntas de Himmler sobre el Grial y los tesoros del monasterio, y la visita fue más breve de lo que el alemán había previsto.

En Barcelona, Himmler recorrió las instalaciones de la Jefatura Superior de Policía y mantuvo reuniones con mandos de la policía española. Estas conversaciones fueron probablemente las más productivas de todo el viaje desde la perspectiva alemana, ya que establecieron las bases para una cooperación policial que incluiría el intercambio de información sobre exiliados republicanos, comunistas y otros enemigos comunes de ambos regímenes.

La cooperación policial y de inteligencia

Más allá de los aspectos ceremoniosos y turísticos, la visita de Himmler tuvo consecuencias concretas en el ámbito de la cooperación entre los aparatos represivos de ambas dictaduras. Los acuerdos alcanzados durante la visita facilitaron:

La entrega a la Gestapo de republicanos españoles refugiados en Francia que habían sido capturados tras la ocupación alemana. Miles de exiliados españoles fueron deportados a campos de concentración nazis, especialmente a Mauthausen, donde más de 5.000 españoles perdieron la vida. La policía española colaboró proporcionando listas de nombres e identificaciones que facilitaron estas detenciones.

El establecimiento de redes de espionaje alemanas en España que operaron durante toda la guerra, especialmente en torno al estrecho de Gibraltar, vigilando el tráfico marítimo aliado. La Abwehr mantuvo una presencia significativa en España a través de agentes que operaban bajo cobertura diplomática y comercial.

El intercambio de técnicas y métodos policiales entre la Gestapo y la policía política franquista, una colaboración que reforzó la capacidad represiva del régimen español contra la oposición clandestina.

La neutralidad calculada de Franco

La visita de Himmler ilustra la posición ambigua que España mantuvo durante toda la SGM. Franco nunca rompió formalmente con las potencias del Eje, pero tampoco se comprometió a una alianza militar que habría resultado desastrosa para un país exhaust. Su estrategia consistió en ofrecer a Alemania cooperación simbólica y logística limitada — incluido el envío de la División Azul al Frente Oriental en 1941 — mientras evitaba la beligerancia formal que habría expuesto a España a los bombardeos aliados y al bloqueo naval británico.

Esta neutralidad calculada fue evolucionando a medida que la guerra cambiaba de signo. En 1940, cuando Himmler visitó España, la victoria alemana parecía probable y Franco se mostró más receptivo a las demandas del Eje. A partir de 1943, con las derrotas de Stalingrado y el norte de África, Franco fue distanciándose progresivamente de Alemania y acercándose a los aliados occidentales, un giro oportunista que le permitiría sobrevivir políticamente tras la guerra.

El legado de una visita olvidada

La visita de Himmler a España ha sido durante décadas un episodio marginal en la historiografía de la SGM, eclipsado por encuentros más relevantes como la entrevista de Hendaya. Sin embargo, investigaciones recientes han revelado que sus consecuencias fueron más significativas de lo que se creía, especialmente en lo que respecta a la colaboración policial que facilitó la deportación de republicanos españoles a los campos nazis.

El episodio pone de relieve las zonas grises de la neutralidad española durante la guerra. España no fue beligerante, pero tampoco fue inocente: la cooperación con el aparato represivo nazi tuvo víctimas reales cuyo sufrimiento fue ignorado durante décadas por la dictadura franquista y, posteriormente, por una transición democrática que priorizó el olvido sobre la justicia.

Hoy, la visita de Himmler a España se recuerda como un símbolo de la relación entre dos dictaduras que compartían enemigos ideológicos comunes y que no dudaron en colaborar para perseguirlos, incluso cuando esa colaboración implicaba entregar a ciudadanos españoles a la maquinaria de exterminio nazi.