La Nueve fue la 9.ª Compañía del Regimiento de Marcha del Chad, integrada en la 2.ª División Blindada francesa del general Leclerc . Su singularidad reside en que estaba compuesta mayoritariamente por republicanos españoles exiliados tras la Guerra Civil, y en que fue la primera unidad aliada en entrar en París la noche del 24 de agosto de 1944 durante la liberación de París , adelantándose al grueso de las fuerzas de liberación. Aquellos españoles que habían perdido su propia guerra contra el fascismo se convirtieron en los primeros soldados en liberar la capital de Francia, una hazaña que durante décadas fue olvidada tanto por la historia francesa como por la española.

Multitudes en los Campos Elíseos celebrando la liberación de París con vehículos de la 2.ª División Blindada de Leclerc en agosto de 1944
La 2.ª División Blindada de Leclerc desfila por los Campos Elíseos tras la liberación de París, 26 de agosto de 1944: La Nueve formaba parte de esta columna Jack Downey / U.S. Office of War Information · Dominio público

Republicanos sin patria

Los hombres de La Nueve compartían una historia común de derrota y exilio. Eran veteranos de la Guerra Civil española que habían cruzado los Pirineos en enero y febrero de 1939, tras la caída de Cataluña, junto con medio millón de refugiados del exilio republicano . Francia los recibió con alambradas: la mayoría fueron internados en campos de concentración improvisados en las playas del sur de Francia —Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Le Barcarès—, donde las condiciones eran miserables.

Cuando estalló la SGM en septiembre de 1939, muchos republicanos españoles se alistaron en la Legión Extranjera francesa o en batallones de trabajo militarizados, buscando una salida de los campos y una oportunidad de continuar la lucha contra el fascismo. Tras la caída de Francia en junio de 1940, algunos lograron escapar al norte de África, donde acabarían encontrando su camino hacia las fuerzas de la Francia Libre, uniéndose a la resistencia francesa del general De Gaulle.

El camino al norte de África

Los españoles que llegaron al norte de África lo hicieron por rutas diversas: algunos habían sido enviados allí por las autoridades francesas antes de la guerra como trabajadores forzados; otros escaparon de la Francia ocupada a través de España (donde arriesgaban el arresto y la devolución a Franco) y cruzaron a Marruecos o Argelia; y algunos más fueron deportados a campos de trabajo en el Sahara por el régimen de Vichy.

En el norte de África, estos hombres encontraron la 2.ª División Blindada (2e DB) del general Philippe Leclerc, una unidad de la Francia Libre que se estaba formando con tropas coloniales, voluntarios franceses y extranjeros. Los republicanos españoles, con su experiencia de combate de la Guerra Civil, eran reclutas valiosos.

La formación de La Nueve

La 9.ª Compañía del Regimiento de Marcha del Chad fue organizada en 1943 en los campos de entrenamiento del norte de África. De los aproximadamente 160 hombres que componían la compañía, unos 144 eran españoles. El resto eran franceses y algunos voluntarios de otras nacionalidades. El mando lo ejerció el capitán Raymond Dronne, un oficial francés que desarrolló un profundo respeto y afecto por sus soldados españoles.

Los hombres de La Nueve bautizaron sus vehículos blindados —semiorugas M3 Half-Track— con nombres que evocaban su lucha perdida y su esperanza de victoria futura: Guadalajara, Teruel, Madrid, Ebro, Guernica, Don Quijote, España Cañí. Cada semioruga era un pedazo de la España republicana rodando hacia la batalla en suelo extranjero.

Perfil de los combatientes

Los españoles de La Nueve provenían de toda la geografía española y de todos los estratos sociales. Había obreros, campesinos, maestros, estudiantes y artesanos. Muchos eran anarquistas de la CNT, otros socialistas o comunistas, y algunos simplemente antifascistas sin afiliación concreta. Lo que todos compartían era la experiencia de la Guerra Civil, el exilio y una determinación inquebrantable de seguir combatiendo al fascismo.

Entre los más destacados se encontraba Amado Granell, un valenciano que llegaría a ser el militar de mayor rango de La Nueve y el primer oficial aliado en llegar al Hôtel de Ville (Ayuntamiento) de París la noche de la liberación. También Federico Moreno, Manuel Lozano, Fermín Pujol y decenas de hombres cuyos nombres han sido rescatados del olvido por los historiadores en las últimas décadas.

De África a Normandía

La Nueve recibió su bautismo de fuego en la campaña de Túnez y participó en los combates del norte de África en 1943. Posteriormente, la 2.ª División Blindada fue trasladada a Inglaterra para prepararse para la invasión de Francia.

La división desembarcó en Normandía el 1 de agosto de 1944, semanas después del Día D, y se integró en las fuerzas del general Patton que avanzaban desde las playas hacia el interior de Francia. La Nueve combatió en la bolsa de Falaise y en los enfrentamientos que siguieron al derrumbe del frente alemán en Normandía, siempre como unidad de vanguardia de la división.

Para los españoles, pisar suelo francés era un paso más hacia su objetivo último: derrotar al fascismo y, quizá algún día, regresar a una España libre. Cada kilómetro hacia el este los acercaba a esa esperanza.

La liberación de París

A finales de agosto de 1944, la insurrección parisina contra la ocupación alemana había estallado y los resistentes controlaban buena parte de la ciudad, pero la situación era frágil. El general Dietrich von Choltitz, comandante alemán de París, disponía de fuerzas suficientes para aplastar la revuelta si recibía refuerzos. Los resistentes pedían ayuda urgente.

El general Eisenhower, comandante supremo aliado, no tenía previsto liberar París inmediatamente —prefería rodear la ciudad y seguir avanzando hacia Alemania—, pero la presión del general De Gaulle y la gravedad de la situación le hicieron cambiar de opinión. Leclerc recibió la orden de avanzar hacia la capital.

La noche del 24 de agosto

El 24 de agosto, mientras el grueso de la 2.ª División Blindada avanzaba hacia París desde el sur encontrando resistencia alemana, Leclerc decidió enviar una columna avanzada para llegar a la ciudad esa misma noche y anunciar a los parisinos que la liberación era inminente. La misión recayó en el capitán Dronne y La Nueve.

A las nueve de la noche, la columna de La Nueve —unos 150 hombres en semiorugas y vehículos blindados— entró en París por la Puerta de Italia. Los vehículos llevaban los nombres españoles pintados en sus costados. Los parisinos, que llevaban cuatro años de ocupación, salieron a las calles entre lágrimas y gritos de alegría al ver pasar los blindados.

A las 21:22, el semioruga Guadalajara llegó al Hôtel de Ville, el Ayuntamiento de París. Las campanas de Notre-Dame comenzaron a repicar, seguidas por las de todas las iglesias de la ciudad. París supo que la liberación había llegado. Y los primeros en llegar eran españoles.

Amado Granell fue recibido por los líderes de la Resistencia parisina en el Ayuntamiento. La escena era surrealista: un republicano español exiliado, al mando de soldados españoles que conducían vehículos con nombres de batallas españolas, era el primer oficial aliado en entrar oficialmente en la capital francesa.

El 25 de agosto: la rendición

Al día siguiente, el resto de la 2.ª División Blindada entró en París y se produjeron los combates finales contra las guarniciones alemanas que aún resistían. La Nueve participó en los enfrentamientos en torno a la Cámara de Diputados y el Hôtel Meurice, cuartel general del general Von Choltitz.

Von Choltitz se rindió esa tarde. Hitler había ordenado destruir París antes de perderla, pero el comandante alemán desobedeció, evitando la destrucción de la ciudad. La Nueve estuvo entre las unidades que aseguraron la rendición.

Después de París: hasta el nido del águila

La liberación de París fue el momento más glorioso de La Nueve, pero no el final de su guerra. La compañía continuó combatiendo con la 2.ª División Blindada a través de Francia, cruzó la frontera alemana y participó en la conquista de Estrasburgo en noviembre de 1944.

En los meses siguientes, La Nueve combatió en Alsacia durante el invierno más duro de la guerra y participó en la ofensiva final dentro de Alemania. En mayo de 1945, unidades de la 2.ª División Blindada, entre ellas soldados de La Nueve, llegaron al Nido del Águila de Hitler en Berchtesgaden, en los Alpes bávaros. Republicanos españoles pisaban la residencia de montaña del hombre que había ayudado a Franco a ganar la Guerra Civil. El simbolismo era devastador.

El precio

De los aproximadamente 144 españoles que formaron La Nueve en 1943, solo 16 llegaron al final de la guerra sin haber sido muertos o heridos. La compañía fue recompletada varias veces con nuevos reclutas, muchos de ellos también españoles, pero las bajas fueron constantes y terribles. La Nueve combatió siempre en primera línea, y el precio de esa posición fue el que siempre cobra la vanguardia.

El olvido

La historia de La Nueve fue sistemáticamente olvidada durante décadas, tanto en Francia como en España.

En Francia, la narrativa oficial de la liberación privilegió el papel del pueblo francés y de la Resistencia, minimizando la contribución de los extranjeros, especialmente de los coloniales y los exiliados. De Gaulle construyó el mito de una Francia que se había liberado a sí misma, y en esa narrativa no había espacio para una compañía de anarquistas y comunistas españoles. Los propios veteranos de La Nueve, exiliados sin pasaporte ni país, quedaron marginados en la Francia de posguerra.

En España, el régimen de Franco no tenía ningún interés en glorificar a republicanos que habían seguido combatiendo contra el fascismo después de perder la Guerra Civil. La Nueve era la antítesis de la narrativa franquista: españoles que habían luchado en el bando correcto de la historia, lo que convertía implícitamente a Franco en colaborador del bando equivocado.

El resultado fue un doble silencio que duró más de medio siglo.

El redescubrimiento

A partir de los años 2000, historiadores como Evelyn Mesquida y otros comenzaron a rescatar la historia de La Nueve del olvido. El libro de Mesquida La Nueve, los españoles que liberaron París (2008) fue decisivo para dar a conocer la historia al público general.

En 2004, el presidente francés Jacques Chirac reconoció por primera vez oficialmente el papel de los republicanos españoles en la liberación de París. En 2014, con motivo del 70.º aniversario, la alcaldesa de París Anne Hidalgo —ella misma hija de emigrantes españoles— inauguró una placa en el Ayuntamiento y un jardín en su honor. En Madrid, un jardín en el barrio de Arganzuela lleva el nombre de los Combatientes de La Nueve desde 2016.

Legado

La Nueve representa uno de los episodios más conmovedores y menos conocidos de la SGM y de la historia de España. Los hombres que componían esta compañía habían perdido su país, habían sido internados en campos, habían sufrido el exilio y la miseria, y sin embargo encontraron la fuerza para seguir combatiendo contra el fascismo en un ejército que no era el suyo, por una ciudad que no era la suya, en una guerra que ya les había quitado todo.

Su historia es un recordatorio de que la lucha contra el fascismo en la SGM no fue solo un asunto de grandes potencias y ejércitos nacionales. Fue también la lucha de hombres sin patria que, precisamente porque lo habían perdido todo, no tenían nada más que perder y todo por lo que luchar. Los semiorugas con nombres españoles que rodaron por los Campos Elíseos aquella noche de agosto de 1944 llevaban consigo la memoria de una España derrotada y la esperanza de un mundo mejor que, para la mayoría de ellos, nunca llegó.