Gibraltar, el pequeño peñón de apenas seis kilómetros cuadrados en el extremo sur de la Península Ibérica, desempeñó un papel estratégico desproporcionado durante la SGM. Como puerta de entrada al Mediterráneo y base naval británica desde 1704, la Roca se convirtió en un objetivo codiciado por el Eje y en una pieza fundamental del dispositivo defensivo aliado. Su historia durante la guerra es un fascinante relato de ingeniería militar, diplomacia secreta y operaciones que nunca llegaron a ejecutarse.

La importancia estratégica del Peñón
Gibraltar controlaba el estrecho que conecta el Atlántico con el Mediterráneo, un paso marítimo vital para el comercio mundial y las operaciones militares. Quien dominase la Roca podía influir decisivamente en el tráfico naval entre ambos mares. Para Gran Bretaña, Gibraltar era una de las joyas de su imperio marítimo, un eslabón esencial en la cadena de bases que conectaba las islas británicas con Suez, la India y el Lejano Oriente.
Al estallar la guerra, Gibraltar se convirtió en la principal base de la Royal Navy en el Mediterráneo occidental. Desde allí se organizaban los convoyes que abastecían a Malta, se coordinaban las operaciones navales contra Italia y se vigilaba la actividad de los submarinos alemanes en el Atlántico sur. El puerto, aunque pequeño, acogía constantemente buques de guerra y mercantes en tránsito.
La base aérea de Gibraltar, construida sobre una pista que se adentraba en la bahía de Algeciras, permitía el despegue de aviones de patrulla marítima que cubrían amplias zonas del Atlántico y el Mediterráneo. Esta capacidad de vigilancia aérea fue crucial para la lucha antisubmarina y para la protección de los convoyes aliados.
La Operación Félix: el plan alemán para conquistar Gibraltar
Hitler comprendía perfectamente la importancia estratégica de Gibraltar. En el verano de 1940, tras la caída de Francia, el Estado Mayor alemán elaboró la Operación Félix, un plan para capturar el Peñón mediante un ataque combinado terrestre y aéreo. El plan contemplaba el paso de tropas alemanas a través de España, el asedio del Peñón con artillería pesada y bombarderos en picado, y finalmente un asalto de infantería de montaña.
La operación estaba meticulosamente planificada. Se asignaron unidades de élite, incluidas tropas de montaña experimentadas en los Alpes y pioneros especializados en asaltos a fortificaciones. La Luftwaffe desplegaría bombarderos Stuka para neutralizar las defensas antiaéreas y las baterías costeras. La artillería pesada, incluyendo los famosos cañones de 800 mm «Schwerer Gustav», se situaría en las alturas circundantes para batir las fortificaciones.
Pero la Operación Félix tenía un requisito previo insalvable: la cooperación de España. Las tropas alemanas necesitaban atravesar territorio español para llegar a Gibraltar, y Franco debía autorizar ese paso. Fue precisamente este punto el que frustró los planes de Hitler.
Hendaya y la negativa de Franco
En octubre de 1940, Hitler y Franco se reunieron en la célebre entrevista de Hendaya , en la frontera franco-española. Hitler buscaba la entrada de España en la guerra y, específicamente, la autorización para que sus tropas cruzasen España hacia Gibraltar. Franco, astuto y cauteloso, planteó unas condiciones que sabía inaceptables: suministros masivos de alimentos, combustible y armamento, además de la entrega del Marruecos francés a España.
Las negociaciones fueron tan frustrantes para Hitler que, según la famosa anécdota —probablemente apócrifa—, el Führer comentó que prefería que le arrancasen tres o cuatro muelas antes que volver a negociar con Franco. Lo cierto es que las demandas españolas, combinadas con la reticencia de Franco a arriesgar su régimen en una guerra cuyo desenlace no estaba claro, hicieron inviable la Operación Félix.
Hitler mantuvo el plan en reserva durante meses, esperando que Franco cambiase de opinión. En diciembre de 1940 se fijó una nueva fecha para la operación, pero Franco volvió a rechazarla. La invasión de la Unión Soviética en junio de 1941 desvió definitivamente la atención y los recursos alemanes hacia el este, y la Operación Félix fue archivada para siempre.
La fortaleza subterránea
Mientras Alemania planeaba su conquista, los británicos trabajaban febrilmente para convertir Gibraltar en una fortaleza inexpugnable. El elemento más espectacular de esta transformación fue la construcción de un vasto complejo de túneles en el interior de la Roca.
Utilizando mano de obra militar y civil, los ingenieros británicos y canadienses excavaron más de 50 kilómetros de galerías en la caliza del Peñón. Estos túneles albergaban hospitales, depósitos de munición, centrales eléctricas, depósitos de agua, cuarteles y puestos de mando. La idea era que, en caso de asedio, la guarnición pudiese resistir durante meses sin depender del exterior.
El complejo incluía la llamada «ciudad dentro de la montaña», con capacidad para alojar a toda la guarnición y mantenerla operativa incluso bajo bombardeo intenso. Las baterías de artillería costera se instalaron en casamatas excavadas en la roca, prácticamente invulnerables al fuego enemigo. El sistema de ventilación, el suministro de agua mediante destilación y los almacenes de provisiones estaban diseñados para sostener una defensa prolongada.
Gibraltar como base de operaciones aliadas
A lo largo de la guerra, Gibraltar sirvió como punto de partida para varias operaciones aliadas de gran envergadura. En noviembre de 1942, fue la base principal para la Operación Antorcha, la invasión aliada del norte de África. El general Eisenhower estableció su cuartel general en los túneles del Peñón, desde donde coordinó los desembarcos en Marruecos y Argelia.
La bahía de Algeciras se llenó de buques de transporte y escolta en los días previos a la operación, un despliegue tan masivo que era imposible ocultarlo a los espías del Eje que operaban en la cercana ciudad española de Algeciras. Los servicios de inteligencia aliados lanzaron elaboradas operaciones de engaño para disimular el verdadero objetivo de la flota.
Gibraltar también fue fundamental para la guerra antisubmarina en el Atlántico. Los aviones de patrulla basados en el Peñón cubrían el estrecho y las rutas de acceso, dificultando el paso de los U-Boot alemanes entre el Atlántico y el Mediterráneo. Varios submarinos fueron hundidos por aviones despegados de la pista gibraltareña.
El espionaje en torno a la Roca
La proximidad de Gibraltar a territorio español convirtió a la zona en un hervidero de actividad de espionaje. Desde La Línea de la Concepción y Algeciras, agentes alemanes, italianos y japoneses observaban los movimientos de buques en el puerto y la bahía, transmitiendo información al Eje sobre los convoyes aliados.
Los italianos llevaron a cabo varios ataques audaces contra la base naval. Los buzos de combate de la Decima MAS, la unidad de operaciones especiales de la Marina italiana, realizaron incursiones con torpedos humanos y minas lapa contra los buques anclados en la bahía. Operaban desde el petrolero italiano Olterra, anclado en Algeciras con la complicidad tácita de las autoridades españolas, que hacían la vista gorda ante estas actividades.
Los servicios de espionaje en España mantenían una intensa actividad en torno a Gibraltar. El MI6 británico y la Abwehr alemana competían por reclutar informantes entre la población local y los trabajadores españoles que cruzaban diariamente la frontera para trabajar en la base.
La evacuación de la población civil
Uno de los aspectos menos conocidos de la historia de Gibraltar durante la guerra fue la evacuación de su población civil. En 1940, ante la amenaza de un ataque del Eje, las autoridades británicas ordenaron la evacuación de la mayoría de los civiles gibraltareños. Unas 16.000 personas —prácticamente toda la población no militar— fueron trasladadas a lugares tan dispares como Casablanca, Madeira, Jamaica y Londres.
La evacuación fue traumática para los gibraltareños, que se vieron desarraigados de sus hogares sin saber cuándo podrían regresar. Muchos no volvieron hasta 1944 o incluso después del final de la guerra. La experiencia del exilio reforzó la identidad colectiva gibraltareña y dejó una huella profunda en la memoria de la comunidad.
El legado estratégico
Gibraltar sobrevivió a la SGM sin ser atacado directamente, pero su papel fue decisivo en múltiples momentos del conflicto. El control del estrecho permitió a los Aliados mantener abiertas las rutas hacia el Mediterráneo, abastecer a Malta y lanzar las invasiones del norte de África e Italia.
La decisión de Franco de no permitir el paso de tropas alemanas fue, retrospectivamente, uno de los factores que contribuyeron a preservar la posición aliada en el Mediterráneo. Si la Operación Félix se hubiese ejecutado y Gibraltar hubiera caído, las consecuencias para la guerra en el norte de África y el Mediterráneo habrían sido incalculables.
Los túneles excavados durante la guerra siguen existiendo y pueden visitarse parcialmente. Son un testimonio silencioso de los años en que este pequeño trozo de roca caliza fue uno de los puntos más disputados del tablero estratégico mundial, una fortaleza que nunca fue asaltada pero que estuvo permanentemente preparada para resistir.