La Segunda Guerra Mundial fue, con diferencia, el conflicto más mortífero de la historia de la humanidad. Las estimaciones más aceptadas sitúan el número total de muertos entre 70 y 85 millones de personas, una cifra tan enorme que resulta casi imposible de comprender. Para ponerla en perspectiva: murió aproximadamente el 3 % de la población mundial de 1940. Cada día de guerra, durante seis años, murieron de media entre 30.000 y 40.000 personas.

El problema de las cifras
Antes de desglosar los números, conviene hacer una advertencia importante: las cifras de víctimas de la SGM son estimaciones, no conteos exactos. Las razones son múltiples y comprensibles. Países enteros vieron destruidos sus registros civiles. Poblaciones completas desaparecieron sin dejar documentación. Los regímenes totalitarios manipularon las estadísticas, tanto inflándolas como minimizándolas según sus intereses. Las hambrunas, epidemias y desplazamientos masivos provocaron muertes que resulta imposible atribuir con certeza al conflicto.
China, por ejemplo, ofrece estimaciones que varían entre 15 y 20 millones de muertos, un margen de incertidumbre de cinco millones de personas que equivale a la población entera de un país mediano. La Unión Soviética revisó sus cifras oficiales varias veces: Stalin reconoció 7 millones de muertos, Jrushchov elevó la cifra a 20 millones y las investigaciones posteriores a la caída del comunismo la situaron entre 24 y 27 millones.
Las cifras que se presentan a continuación reflejan el consenso historiográfico actual, basado en las investigaciones más rigurosas disponibles. Donde existe un rango de estimaciones, se indica.
Unión Soviética: el precio más alto
La Unión Soviética pagó el precio más alto de todos los beligerantes, con unas pérdidas estimadas entre 24 y 27 millones de muertos. Esta cifra incluye aproximadamente 8,7 millones de militares muertos y entre 15 y 18 millones de civiles. Ningún otro país se acerca siquiera a estos números.
Las causas de esta mortalidad masiva son múltiples. La brutalidad deliberada de la ocupación alemana, que trataba a la población eslava como subhumana, provocó millones de muertes por ejecuciones masivas, hambrunas planificadas y trabajos forzados. El sitio de Leningrado, que duró 872 días, mató por hambre a entre 800.000 y un millón de civiles en una sola ciudad. Los campos de prisioneros alemanes en el frente oriental tenían tasas de mortalidad espantosas: de los aproximadamente 5,7 millones de soldados soviéticos capturados por los alemanes, unos 3,3 millones murieron en cautiverio, una tasa de mortalidad cercana al 58 %.
La estrategia militar soviética también contribuyó a las enormes pérdidas militares. Stalin purgó al cuerpo de oficiales antes de la guerra, dejando al ejército sin liderazgo competente en los primeros meses de la invasión alemana. Las tácticas iniciales, que priorizaban los ataques frontales masivos sobre la maniobra, producían bajas descomunales. Aun cuando la doctrina mejoró a partir de 1942-1943, el Ejército Rojo mantuvo una tolerancia a las pérdidas impensable para cualquier ejército occidental.
Las cifras regionales dentro de la URSS revelan el impacto desigual de la guerra. Bielorrusia perdió aproximadamente el 25 % de su población total. Ucrania sufrió entre 6 y 8 millones de muertos. Las regiones occidentales de Rusia, que soportaron la ocupación alemana, quedaron devastadas demográficamente.
China: la guerra olvidada
China sufrió la segunda mayor cantidad de víctimas del conflicto, con estimaciones que oscilan entre 15 y 20 millones de muertos. La guerra en China comenzó en 1937, dos años antes que en Europa, con la invasión japonesa a gran escala, y no terminó realmente hasta 1945.
Las pérdidas chinas incluyen entre 3 y 4 millones de militares y entre 12 y 16 millones de civiles. La brutalidad de la ocupación japonesa fue comparable a la de la ocupación alemana en el este de Europa. La masacre de Nanjing, en diciembre de 1937, con un número de víctimas estimado entre 100.000 y 300.000, fue solo el episodio más notorio de una campaña de terror sistemática. La estrategia japonesa de "los tres todos" (sankō sakusen) — matar todo, quemar todo, saquear todo — devastó regiones enteras del norte de China.
A estas pérdidas directas hay que sumar las muertes causadas por las hambrunas y epidemias provocadas por la guerra. La inundación deliberada del río Amarillo por el gobierno chino en 1938, como táctica para frenar el avance japonés, mató a cientos de miles de civiles chinos y dejó a millones sin hogar.
La contribución de China a la victoria aliada es a menudo subestimada en la historiografía occidental. Sin embargo, el teatro chino mantuvo ocupadas a entre 600.000 y un millón de tropas japonesas que de otra forma habrían sido desplegadas en el Pacífico contra Estados Unidos, Australia y el Reino Unido.
Alemania: destrucción total
Alemania sufrió entre 6,9 y 7,4 millones de muertos, de los cuales aproximadamente 5,3 millones fueron militares. Las pérdidas militares alemanas se concentraron de forma abrumadora en el frente oriental, que absorbió aproximadamente el 80 % del esfuerzo bélico alemán y la mayoría de las bajas.
Las pérdidas civiles alemanas, estimadas entre 1,5 y 3 millones, incluyen a las víctimas de los bombardeos estratégicos aliados , las muertes durante las expulsiones de las poblaciones alemanas del este de Europa en 1944-1945 y las víctimas civiles de los combates en suelo alemán durante los últimos meses de la guerra.
La campaña de bombardeo estratégico aliado mató a entre 350.000 y 600.000 civiles alemanes. La destrucción de Dresde en febrero de 1945, con un número de víctimas que las investigaciones modernas sitúan en torno a 25.000, ha sido objeto de debate moral durante décadas, pero fue solo una de las muchas ciudades alemanas reducidas a escombros. Hamburgo, Colonia, Berlín y decenas de otras ciudades sufrieron destrucciones comparables o superiores.
Las expulsiones de las poblaciones alemanas de Prusia Oriental, Silesia, Pomerania y los Sudetes provocaron la muerte de entre 500.000 y 2 millones de personas, según las estimaciones. Estas expulsiones, que afectaron a entre 12 y 14 millones de personas, constituyeron uno de los mayores desplazamientos forzados de población de la historia.
Un aspecto a menudo ignorado de las pérdidas alemanas son los prisioneros de guerra que murieron en cautiverio. De los aproximadamente 3 millones de soldados alemanes capturados por los soviéticos, alrededor de un millón murió en los campos de prisioneros, muchos de ellos después de la guerra.
Polonia: la nación más devastada proporcionalmente
Polonia perdió aproximadamente 6 millones de personas, lo que representa alrededor del 17 % de su población de preguerra. Ningún otro país sufrió una pérdida proporcional comparable. De estos 6 millones, aproximadamente la mitad eran judíos polacos exterminados en el Holocausto.
Las pérdidas militares polacas fueron relativamente modestas en comparación con las civiles: unos 240.000 soldados murieron combatiendo, entre los que cayeron en la campaña de septiembre de 1939, los que lucharon con los aliados en el oeste y los que combatieron en la resistencia clandestina.
La política alemana en la Polonia ocupada era explícitamente exterminadora. Los nazis consideraban que Polonia debía ser vaciada de su población para crear "espacio vital" alemán. La intelectualidad polaca fue sistemáticamente asesinada. Las ciudades fueron destruidas con saña deliberada: la destrucción de Varsovia tras la insurrección de 1944 eliminó el 85 % de los edificios de la capital.
Japón: del imperio al desastre
Japón sufrió entre 2,5 y 3,1 millones de muertos, incluyendo aproximadamente 2,1 millones de militares y entre 500.000 y un millón de civiles. Las pérdidas militares japonesas fueron extraordinariamente elevadas en proporción a las fuerzas desplegadas, reflejo de una doctrina militar que consideraba la rendición como una deshonra absoluta.
De las pérdidas civiles japonesas, una parte significativa fue causada por la campaña de bombardeo estratégico estadounidense. El bombardeo incendiario de Tokio del 9-10 de marzo de 1945 mató a unas 100.000 personas en una sola noche, superando las cifras inmediatas de cualquiera de los bombardeos atómicos. La bomba atómica de Hiroshima mató a entre 70.000 y 80.000 personas de forma inmediata y a un total estimado de 140.000 antes de fin de 1945. Nagasaki sufrió entre 40.000 muertos inmediatos y unos 70.000 en total para finales de ese año.
Además de los muertos en combate y en bombardeos, un número significativo de civiles japoneses murió en las islas del Pacífico durante las batallas de Saipán, Okinawa y otras. En Okinawa, la batalla más sangrienta de la campaña del Pacífico, murieron entre 40.000 y 150.000 civiles, muchos de ellos suicidados bajo la presión de la propaganda que les decía que los estadounidenses los torturarían.
El Holocausto: el exterminio planificado
Dentro de las cifras totales de víctimas civiles, el Holocausto ocupa un lugar singular por su naturaleza industrial y planificada. Aproximadamente 6 millones de judíos europeos fueron asesinados por el régimen nazi y sus colaboradores, lo que representa aproximadamente dos tercios de la población judía de Europa.
Las víctimas del Holocausto procedían de todos los países ocupados por Alemania. Polonia perdió unos 3 millones de judíos, la Unión Soviética entre 1 y 1,5 millones, Hungría más de 500.000 y Rumanía entre 280.000 y 380.000. Países como los Países Bajos perdieron aproximadamente el 75 % de su población judía; Grecia, el 87 %.
Pero el Holocausto no se limitó a los judíos. Entre 200.000 y 500.000 gitanos (romaníes y sinti) fueron asesinados en lo que se conoce como el Porajmos. Aproximadamente 250.000 personas con discapacidad fueron exterminadas en el programa Aktion T4. Miles de homosexuales, testigos de Jehová y opositores políticos perecieron en los campos de concentración.
Las otras víctimas: países que a menudo se olvidan
La lista de naciones devastadas por la SGM es extensa. Algunos casos merecen atención especial por ser frecuentemente ignorados.
Yugoslavia perdió aproximadamente un millón de personas, alrededor del 6,3 % de su población. A la ocupación alemana e italiana se sumó una guerra civil entre partisanos comunistas, chetniks monárquicos y el régimen títere croata de los ustachas, cuya brutalidad rivalizó con la de los nazis.
Indonesia (entonces Indias Orientales Neerlandesas) sufrió la muerte de unos 4 millones de personas bajo la ocupación japonesa, principalmente por hambrunas forzadas y trabajos esclavos. El caso indonesio es quizás el más olvidado de toda la guerra.
India, que aún formaba parte del Imperio Británico, perdió entre 2 y 3 millones de personas, la mayoría en la hambruna de Bengala de 1943, cuyas causas incluían tanto la interrupción de las importaciones de arroz por la ocupación japonesa de Birmania como las políticas de exportación de alimentos del gobierno colonial británico.
Francia perdió unas 600.000 personas, de las cuales aproximadamente 210.000 eran militares y el resto civiles, incluyendo a los 75.000 judíos franceses deportados a los campos de exterminio.
Estados Unidos sufrió unas 420.000 muertes militares y un número negligible de civiles, lo que refleja tanto la eficacia de su maquinaria bélica como el hecho fundamental de que el territorio continental estadounidense no fue escenario de combates. A pesar de representar una fracción pequeña del total global, estas pérdidas tuvieron un impacto profundo en la sociedad estadounidense.
Reino Unido perdió aproximadamente 450.000 personas, incluyendo unos 383.000 militares y unos 67.000 civiles, la mayoría en los bombardeos alemanes del Blitz y la posterior campaña de V-1 y V-2.
Militares frente a civiles: la gran inversión
Una de las características más reveladoras de la SGM es la proporción entre víctimas militares y civiles. En la Primera Guerra Mundial, aproximadamente el 95 % de los muertos eran combatientes. En la Segunda, la proporción se invirtió de forma dramática: se estima que entre el 50 y el 55 % de los muertos totales fueron civiles.
Esta inversión se explica por varios factores. La doctrina del bombardeo estratégico, adoptada por todos los beligerantes en mayor o menor medida, convirtió las ciudades en objetivos militares legítimos. Las políticas de exterminio deliberado del régimen nazi —el Holocausto, las masacres en Europa oriental, la política de hambre planificada— mataron a millones de civiles de forma industrial. La ocupación japonesa de Asia llevó a cabo masacres, hambrunas forzadas y trabajos esclavos a una escala que solo recientemente ha comenzado a ser documentada con rigor.
Las hambrunas causadas directa o indirectamente por la guerra mataron a millones de personas: en China, en la India, en la Unión Soviética, en Indonesia, en Grecia. Estas muertes son a menudo las más difíciles de cuantificar, pero representan una parte sustancial del total.
Los números en perspectiva
Las cifras de la SGM pueden resumirse así:
- Total de muertos: entre 70 y 85 millones
- Militares muertos: entre 21 y 25 millones
- Civiles muertos: entre 50 y 55 millones (incluyendo las víctimas del Holocausto y las hambrunas)
- País con más muertos en números absolutos: Unión Soviética (24-27 millones)
- País con mayor porcentaje de población perdida: Polonia (aprox. 17 %)
- Frente más mortífero: el frente oriental europeo (más del 80 % de las bajas militares alemanas se produjeron allí)
- Día más mortífero conocido: el bombardeo de Tokio del 9-10 de marzo de 1945 (aprox. 100.000 muertos en una noche)
- Batalla más costosa en vidas: Stalingrado (aprox. 1,8 millones de bajas entre ambos bandos)
Para dimensionar estas cifras: si los muertos de la SGM desfilaran en fila de a uno, la procesión tendría una longitud de más de 60.000 kilómetros, suficiente para dar la vuelta y media al planeta. Si se guardara un minuto de silencio por cada víctima, el silencio duraría más de 130 años.
El peso de los números
Las estadísticas de víctimas de la SGM son herramientas necesarias para comprender la magnitud del conflicto, pero también son inherentemente insuficientes. Cada uno de esos 70 u 85 millones de muertos tenía un nombre, una familia, unos sueños y una historia que se interrumpió violentamente. Los números nos permiten comparar, analizar tendencias y extraer lecciones. Lo que no pueden es transmitir el sufrimiento individual que representan.
Lo que las cifras sí muestran con claridad es que la SGM fue un desastre sin precedentes en la historia humana. Superó a todos los conflictos anteriores no solo en números absolutos sino en la proporción de civiles afectados, en la industrialización de la muerte y en la extensión geográfica de la destrucción. Desde Europa occidental hasta el Pacífico, desde el Ártico hasta el norte de África, no hubo continente que no se viera afectado.
Las lecciones de estas cifras son tan obvias como difíciles de aplicar. La guerra total, la que no distingue entre combatientes y civiles, la que utiliza la tecnología industrial para matar a escala masiva, produce resultados que ninguna causa política puede justificar. Los 70 a 85 millones de muertos de la SGM son, en última instancia, el argumento más contundente contra la repetición de un conflicto semejante. Que la humanidad haya conseguido evitarlo durante más de ocho décadas, a pesar de haber contado con armas mucho más destructivas, es quizás el logro geopolítico más importante del periodo de posguerra.