La SGM produjo una generación de comandantes militares cuyas decisiones afectaron a millones de vidas y determinaron el destino de naciones enteras. Algunos fueron brillantes estrategas; otros, competentes gestores de recursos; unos pocos, genios tácticos capaces de improvisar en el caos del combate. Esta selección recoge a los generales más decisivos del conflicto: aquellos cuyas acciones cambiaron de forma mensurable el curso de la guerra, para bien o para mal.

Gueorgui Zhúkov (Unión Soviética)
Zhúkov fue, posiblemente, el general más importante de la SGM. Donde había crisis, aparecía Zhúkov. Defendió Moscú en diciembre de 1941, coordinó la contraofensiva de Stalingrado , planificó la ofensiva de Kursk y lideró la toma de Berlín .
Su estilo de mando era brutal y directo: aceptaba bajas enormes si eso significaba alcanzar el objetivo. Los soldados soviéticos lo respetaban y lo temían a partes iguales. Pero su capacidad para coordinar operaciones masivas de millones de hombres a lo largo de frentes de miles de kilómetros fue insuperable. Ningún otro general de la SGM comandó fuerzas tan grandes ni libró tantas batallas decisivas.
Dwight D. Eisenhower (Estados Unidos)
Eisenhower no fue un genio táctico, pero fue algo igualmente valioso: un líder capaz de mantener unida una coalición de egos, naciones y prioridades enfrentadas. Como Comandante Supremo Aliado en Europa, organizó la Operación Overlord , la mayor operación militar de la historia.
Su verdadera genialidad residía en la diplomacia: mantener coordinados a generales tan difíciles como Montgomery, Patton y De Gaulle, mientras gestionaba las demandas de Churchill y Roosevelt. Eisenhower tomó la decisión más importante de la guerra occidental — lanzar el desembarco de Normandía el 6 de junio pese al mal tiempo — y asumió toda la responsabilidad en caso de fracaso.
Erwin Rommel (Alemania)
Rommel , el "Zorro del Desierto", fue el general más carismático de la guerra. Su brillantez táctica en el norte de África, donde con fuerzas inferiores derrotó repetidamente a los británicos, le valió la admiración de amigos y enemigos.
Sin embargo, la leyenda de Rommel debe matizarse. Sus campañas africanas, aunque espectaculares, tuvieron un impacto limitado en el resultado global de la guerra. Rommel tenía tendencia a sobreextender sus líneas de suministro y a priorizar la audacia sobre la logística. Su papel en la defensa de Normandía en 1944 fue menos exitoso: las defensas costeras que supervisó no detuvieron el desembarco aliado.
Su implicación indirecta en el complot del 20 de julio contra Hitler y su suicidio forzado en octubre de 1944 añadieron un componente trágico a su historia.
Bernard Montgomery (Reino Unido)
Montgomery fue el general más importante del ejército británico en la SGM. Su victoria en El Alamein en octubre de 1942 fue la primera gran victoria terrestre británica de la guerra y un punto de inflexión psicológico fundamental.
Montgomery era meticuloso, metódico y se negaba a atacar hasta tener una superioridad material abrumadora. Esta cautela le valió críticas por lentitud, especialmente de los estadounidenses, pero también significaba que rara vez perdía una batalla. Su ego era legendario y sus relaciones con otros generales aliados, particularmente Patton y Eisenhower, fueron frecuentemente tensas.
Su mayor error fue la Operación Market Garden en septiembre de 1944, un ambicioso intento de tomar los puentes del Rin en los Países Bajos que terminó en desastre en Arnhem.
George Patton (Estados Unidos)
Patton fue el general de maniobra más agresivo de los Aliados occidentales. Su avance por Francia tras el desembarco de Normandía fue espectacular: el Tercer Ejército estadounidense avanzó más rápido que cualquier fuerza aliada, liberando miles de kilómetros cuadrados en semanas.
Patton comprendía la guerra blindada de forma instintiva: velocidad, audacia y presión constante. Su rescate de las tropas asediadas en Bastogne durante la batalla de las Ardenas fue una proeza logística y táctica extraordinaria: giró un ejército entero 90 grados en pleno invierno y avanzó 150 kilómetros en 48 horas.
Su temperamento explosivo y sus polémicas declaraciones le costaron el mando temporalmente, pero en el campo de batalla era el general que los alemanes más temían.
Erich von Manstein (Alemania)
Considerado por muchos historiadores como el mejor estratega alemán de la guerra, Manstein diseñó el plan de ataque a Francia a través de las Ardenas en 1940 (el "golpe de hoz" que derrotó al ejército francés en seis semanas).
En el frente oriental, su contraofensiva de Járkov en febrero-marzo de 1943, donde recuperó la ciudad tras el desastre de Stalingrado, es considerada una obra maestra de la guerra de maniobra. Manstein abogó repetidamente por una estrategia defensiva flexible en el este, pero Hitler rechazó sus consejos y lo relevó del mando en marzo de 1944.
Heinz Guderian (Alemania)
Guderian fue el padre de la guerra blindada alemana. Su doctrina de emplear los tanques en formaciones concentradas, apoyadas por infantería motorizada y aviación táctica, fue la base de la Blitzkrieg que conquistó Polonia, Francia y los primeros éxitos en la URSS.
En mayo de 1940, fue el propio Guderian quien lideró la ruptura de Sedán con sus panzer, cruzando las Ardenas y llegando al Canal de la Mancha en diez días. Su audacia desafiaba constantemente las órdenes de sus superiores, que temían que se expusiera demasiado. Guderian tenía un lema: "No con las puntas de los dedos, sino con el puño".
Isoroku Yamamoto (Japón)
Yamamoto fue el arquitecto de la estrategia naval japonesa en el Pacífico. Planificó el ataque a Pearl Harbor, la operación más audaz de la guerra naval, y comprendió mejor que ningún otro almirante japonés la importancia del poder aéreo naval.
Sin embargo, Yamamoto sabía que Japón no podía ganar una guerra prolongada contra Estados Unidos. "Puedo causar estragos durante seis meses o un año", dijo, "pero no tengo ninguna confianza en una guerra de dos o tres años". La derrota en Midway confirmó sus peores temores. Yamamoto murió en abril de 1943 cuando su avión fue interceptado por cazas estadounidenses que conocían su ruta gracias a la decodificación de las comunicaciones japonesas.
Chester Nimitz (Estados Unidos)
Nimitz fue el comandante de la flota del Pacífico y el artífice de la estrategia de "salto de isla en isla" que llevó a los estadounidenses desde Midway hasta las puertas de Japón. Su serenidad tras el desastre de Pearl Harbor y su capacidad para gestionar recursos limitados en los primeros meses de la guerra fueron cruciales.
La decisión de concentrar sus portaaviones en Midway, basándose en la inteligencia obtenida del descifrado de los códigos japoneses, fue una apuesta que cambió el curso de la guerra en el Pacífico en un solo día.
Douglas MacArthur (Estados Unidos)
MacArthur es una figura controvertida. Su defensa de Filipinas en 1941-1942 fue un fracaso, y su famosa promesa "Volveré" fue tan teatral como calculada. Pero su campaña de reconquista del Pacífico sur y suroeste, avanzando desde Nueva Guinea hasta Filipinas, fue estratégicamente brillante.
MacArthur prefería avanzar por tierra, apoyado por aviación terrestre, mientras Nimitz avanzaba por el Pacífico central con portaaviones. La rivalidad entre ambas estrategias fue intensa, pero la combinación de ambas resultó devastadora para Japón.
El factor humano
Los generales de la SGM operaron bajo presiones inimaginables: millones de vidas dependían de sus decisiones, la información era a menudo incompleta, y el margen de error era mínimo. Algunos, como Zhúkov y Patton, prosperaron bajo la presión. Otros fueron aplastados por ella.
Lo que todos los grandes generales de la guerra compartían era la capacidad de tomar decisiones difíciles bajo incertidumbre. No siempre acertaron, pero cuando lo hicieron, cambiaron el curso de la historia.