La SGM no solo se libró en campos de batalla, mares y cielos. Bajo la superficie terrestre se desarrolló una guerra paralela en la que túneles, búnkeres y galerías subterráneas desempeñaron papeles cruciales como refugios, fábricas, hospitales, rutas de evasión y posiciones defensivas. Desde las catacumbas de Odesa hasta los túneles de Gibraltar, pasando por las galerías excavadas por prisioneros de guerra, el subsuelo fue un escenario bélico tan importante como cualquier frente convencional.

Los túneles del gueto de Varsovia y otras resistencias urbanas
Cuando los nazis establecieron el gueto de Varsovia en 1940, confinando a cerca de cuatrocientos mil judíos en un área de apenas tres kilómetros cuadrados, el subsuelo se convirtió en una vía de supervivencia. Los contrabandistas utilizaron el sistema de alcantarillado de la ciudad para introducir alimentos, medicinas y armas en el gueto, desafiando la vigilancia alemana.
Durante el levantamiento del gueto de Varsovia en abril de 1943, los combatientes de la resistencia judía utilizaron sótanos, pasajes subterráneos y búnkeres improvisados como posiciones defensivas. El búnker de la calle Miła 18, cuartel general de la Organización Judía de Combate (ŻOB), se convirtió en el último reducto de la resistencia. Los alemanes, incapaces de reducir a los combatientes mediante tácticas convencionales, recurrieron a inundar los túneles con gas e incendiar los edificios sobre ellos.
En Odesa, las catacumbas que se extendían durante cientos de kilómetros bajo la ciudad sirvieron como base de operaciones para los partisanos soviéticos durante la ocupación rumana y alemana. Estos laberintos de piedra caliza, originalmente excavados para extraer material de construcción, proporcionaron un refugio casi inexpugnable desde el que los guerrilleros lanzaban ataques y sabotajes contra las fuerzas de ocupación.
Gibraltar: la fortaleza subterránea del Mediterráneo
El Peñón de Gibraltar albergó una de las redes de túneles más impresionantes de toda la guerra. Los británicos, conscientes de la importancia estratégica de este enclave que controlaba el acceso al Mediterráneo, excavaron más de cincuenta kilómetros de galerías en el interior de la roca caliza.
Estos túneles albergaron hospitales con capacidad para seiscientas camas, depósitos de municiones, centrales eléctricas, plantas desalinizadoras, almacenes de combustible y cuarteles para miles de soldados. La operación más ambiciosa fue la excavación de una enorme cámara interior que podría haber servido como base para la defensa de Gibraltar en caso de un ataque español o alemán a través de España, un escenario que los planificadores británicos consideraron seriamente tras la caída de Francia en 1940.
Los ingenieros canadienses y la compañía de túneles del ejército británico trabajaron sin descanso durante años para ampliar esta red. Utilizaron perforadoras neumáticas y explosivos en condiciones extremadamente difíciles, con temperaturas que superaban los cuarenta grados en el interior de la roca y una ventilación deficiente que provocaba enfermedades respiratorias frecuentes entre los trabajadores.
Las fábricas subterráneas del Tercer Reich
A medida que los bombardeos aliados destruían la capacidad industrial alemana, el régimen nazi trasladó parte de su producción militar al subsuelo. El proyecto más ambicioso fue la fábrica subterránea de Mittelwerk, excavada en las montañas del Harz en Turingia, donde se fabricaron los cohetes V-2 que bombardearon Londres y otras ciudades.
Mittelwerk fue construida utilizando mano de obra esclava procedente del cercano campo de concentración de Dora-Mittelbau. Las condiciones eran inhumanas: los prisioneros trabajaban turnos agotadores en galerías húmedas y mal ventiladas, durmiendo en literas dentro de los propios túneles durante los primeros meses. Se estima que murieron más de veinte mil trabajadores forzados en la construcción y operación de esta fábrica, más que las víctimas causadas por los propios cohetes V-2.
Otros proyectos subterráneos nazis incluyeron la fábrica de aviones a reacción en las minas de sal de Alt Aussee, donde también se almacenaron miles de obras de arte saqueadas, y diversas instalaciones menores repartidas por todo el territorio del Reich. Hitler ordenó en 1944 que toda la producción crítica de armamento se trasladara al subsuelo, pero la falta de tiempo, recursos y mano de obra impidió que el plan se completara antes del final de la guerra.
Los túneles de evasión de los campos de prisioneros
Algunos de los túneles más ingeniosos de la guerra fueron excavados por prisioneros que intentaban escapar de sus captores. La creatividad y determinación de estos hombres produjeron hazañas de ingeniería improvisada que desafiaban las circunstancias más adversas.
La excavación de túneles en campos de prisioneros requería resolver problemas técnicos enormes con recursos mínimos. Los prisioneros debían ocultar la tierra extraída, apuntalar las galerías para evitar derrumbes, proporcionar ventilación y mantener el secreto frente a guardias que inspeccionaban regularmente los barracones. Para ello desarrollaron sistemas ingeniosos: latas de conserva convertidas en lámparas de grasa, bombas de aire fabricadas con fuelles improvisados, y sistemas de dispersión de tierra que utilizaban bolsas ocultas en los pantalones.
Los túneles más famosos fueron los de la Gran Evasión del Stalag Luft III , donde oficiales de la RAF excavaron tres galerías simultáneas bautizadas como Tom, Dick y Harry. La planificación fue meticulosa: los túneles tenían iluminación eléctrica conectada clandestinamente a la red del campo, raíles para vagonetas que transportaban la tierra y estaciones de bombeo de aire. Aunque solo Harry fue completado y utilizado para la fuga, la operación demostró un nivel de organización y cooperación extraordinario.
En Colditz, el castillo sajón utilizado como campo de alta seguridad para prisioneros reincidentes en intentos de fuga, los túneles fueron solo uno de los muchos métodos de evasión empleados. La roca sobre la que se asentaba el castillo hacía la excavación extremadamente difícil, pero varios grupos de prisioneros lo intentaron con mayor o menor éxito.
Los búnkeres de Londres y Berlín
Las grandes capitales en guerra desarrollaron extensas redes de refugios subterráneos para proteger a la población civil de los bombardeos aéreos. En Londres, las estaciones del metro se convirtieron en improvisados refugios antiaéreos durante el Blitz de 1940-1941. Hasta ciento setenta y siete mil personas llegaron a dormir en las estaciones del Underground en las noches de mayor intensidad de bombardeo.
El gobierno británico construyó además una serie de búnkeres secretos para garantizar la continuidad del gobierno en caso de invasión. Las Cabinet War Rooms, situadas bajo el edificio del Tesoro en Whitehall, fueron el centro neurálgico desde el que Churchill dirigió gran parte de la guerra. Este complejo subterráneo incluía salas de mapas, dormitorios, una centralita telefónica y una línea directa con la Casa Blanca.
En Berlín, el sistema de búnkeres era aún más extenso. El Führerbunker , construido bajo la Cancillería del Reich, fue el último refugio de Hitler, donde pasó las semanas finales de la guerra y donde se suicidó el 30 de abril de 1945. Pero además del búnker de Hitler, Berlín contaba con enormes torres antiaéreas (Flaktürme) equipadas con refugios subterráneos y el llamado Untergrundberlin, una red de túneles que conectaba diversos edificios gubernamentales y militares.
Las torres antiaéreas de Berlín, diseñadas por Albert Speer, eran estructuras colosales de hormigón armado con paredes de hasta tres metros y medio de grosor. Sus sótanos podían albergar a miles de civiles y estaban equipados con hospitales, suministro de agua y generadores eléctricos independientes. Tan robustas eran que los aliados no pudieron demolerlas tras la guerra y varias sobreviven hasta hoy.
Los túneles de la resistencia en Europa ocupada
En toda la Europa ocupada, los movimientos de resistencia utilizaron el subsuelo como aliado. En París, las catacumbas —una red de antiguos túneles de extracción de piedra caliza que se extiende bajo gran parte de la ciudad— fueron utilizadas tanto por la resistencia francesa como por los propios alemanes, que establecieron búnkeres de mando en algunas secciones.
En Nápoles, durante las «Cuatro Jornadas» de septiembre de 1943, los insurgentes utilizaron los antiguos acueductos y pasajes subterráneos de la ciudad para moverse sin ser detectados por las tropas alemanas. La ciudad, que se alzó espontáneamente contra la ocupación antes de la llegada de los aliados, aprovechó un conocimiento ancestral del subsuelo napolitano para organizar emboscadas y trasladar armas.
En la isla de Malta, bombardeada con una intensidad superior incluso a la del Blitz londinense, la población excavó refugios subterráneos en la blanda piedra caliza de la isla. Algunos de estos refugios llegaron a albergar comunidades enteras durante meses, con capillas, escuelas improvisadas y sistemas de ventilación rudimentarios.
El Pacífico: la guerra de túneles japonesa
En el teatro del Pacífico, los japoneses elevaron la guerra subterránea a un nivel sin precedentes. A medida que la ofensiva estadounidense avanzaba isla por isla, las guarniciones japonesas excavaron elaboradas redes de túneles y búnkeres que convertían cada posición en una fortaleza formidable.
En Iwo Jima, el general Tadamichi Kuribayashi diseñó un sistema defensivo basado casi enteramente en posiciones subterráneas. Los japoneses excavaron más de dieciocho kilómetros de túneles que conectaban búnkeres, nidos de ametralladoras, depósitos de municiones y puestos de mando. El terreno volcánico de la isla, aunque difícil de excavar por las altas temperaturas y los gases sulfurosos, proporcionaba una cobertura natural excelente contra los bombardeos navales y aéreos.
En Okinawa, las cuevas naturales y los túneles artificiales fueron utilizados tanto por las fuerzas militares japonesas como por la población civil, que fue obligada a refugiarse en ellos durante los combates. Muchos de estos refugios se convirtieron en trampas mortales cuando los estadounidenses emplearon lanzallamas y cargas de demolición para neutralizar las posiciones japonesas.
La experiencia de combatir en túneles durante la SGM en el Pacífico influyó profundamente en las tácticas militares posteriores, prefigurando los desafíos que los ejércitos occidentales enfrentarían décadas después en conflictos como la guerra de Vietnam, donde los túneles de Cu Chi se inspiraron directamente en las técnicas japonesas.
Un campo de batalla olvidado
La guerra subterránea de la SGM permanece como uno de los capítulos menos conocidos del conflicto, a pesar de su enorme importancia. Los túneles salvaron vidas, prolongaron resistencias, facilitaron fugas y transformaron la producción industrial. También fueron escenario de sufrimiento extremo, desde los trabajadores esclavos de Mittelwerk hasta los civiles atrapados en las cuevas de Okinawa.
Hoy, muchos de estos túneles son monumentos históricos visitables. Las Cabinet War Rooms de Londres, los túneles de Gibraltar, las catacumbas de Odesa y los búnkeres de Berlín atraen a miles de visitantes cada año, ofreciendo una perspectiva literalmente diferente sobre un conflicto que, bajo la superficie, fue tan intenso como en cualquier otro escenario.