Los animales en la Segunda Guerra Mundial desempeñaron papeles que hoy resultan difíciles de imaginar. Millones de criaturas sirvieron en todos los frentes, desde las estepas heladas de Rusia hasta las selvas del Pacífico, cumpliendo misiones que las máquinas de la época no podían realizar. Perros que detectaban minas, palomas que entregaban mensajes bajo fuego enemigo, caballos que arrastraban artillería por el barro, delfines entrenados para vigilar puertos y un oso que cargaba munición en Italia . La SGM fue, entre muchas otras cosas, la última gran guerra donde los animales fueron combatientes indispensables.

Chips, el perro de guerra más condecorado de la SGM, junto a su adiestrador
Chips, un mestizo de pastor alemán, fue el perro de guerra más condecorado del ejército estadounidense durante la SGM. Cassowary Colorizations · CC BY 2.0

Los perros de guerra: olfato al servicio de los ejércitos

De todos los animales en la Segunda Guerra Mundial, los perros fueron probablemente los más versátiles. Se estima que más de 200.000 canes sirvieron en los distintos ejércitos beligerantes, realizando tareas que iban desde la detección de minas hasta el ataque directo contra posiciones enemigas.

Perros antitanque soviéticos

El Ejército Rojo desarrolló uno de los programas caninos más controvertidos de la guerra. Ante la desesperada escasez de armas antitanque durante los primeros meses de la invasión alemana, los soviéticos entrenaron a perros para que corrieran debajo de los tanques enemigos cargando explosivos adosados al lomo. El mecanismo era tan cruel como sencillo: se condicionaba a los animales a buscar comida bajo los vehículos blindados, y cuando se acercaban lo suficiente, una antena-detonador activaba la carga.

El programa tuvo resultados desiguales. Según fuentes soviéticas, los perros antitanque destruyeron alrededor de 300 blindados alemanes a lo largo de la guerra, especialmente durante las batallas defensivas de 1941 y 1942. Sin embargo, muchos de los perros, entrenados con tanques soviéticos diésel, se confundían en combate y corrían hacia los vehículos propios en lugar de hacia los panzer alemanes, que funcionaban con gasolina y olían de manera distinta. El programa fue abandonándose gradualmente a medida que la URSS mejoró su capacidad antitanque convencional, aunque algunas unidades caninas siguieron operativas hasta la batalla de Stalingrado y más allá.

Chips: el perro más condecorado de Estados Unidos

El ejército estadounidense creó en 1942 el programa War Dog, conocido como los K-9 Corps, que reclutó perros donados por familias civiles. De los miles que sirvieron, ninguno alcanzó la fama de Chips, un mestizo de pastor alemán, collie y husky que participó en las campañas del norte de África, Sicilia, Italia y Francia.

Su hazaña más célebre ocurrió durante la invasión de Sicilia en julio de 1943. Chips y su adiestrador, el soldado John Rowell, avanzaban por una playa cuando una ametralladora italiana abrió fuego desde un fortín camuflado. Chips se lanzó contra la posición sin esperar órdenes, se abalanzó sobre el nido de ametralladoras y obligó a los cuatro ocupantes a rendirse. El perro resultó herido, con quemaduras de pólvora en el pelaje y un corte en el cuero cabelludo, pero sobrevivió.

El general Gruber recomendó a Chips para la Cruz por Servicio Distinguido y el Corazón Púrpura. El ejército llegó a concederle las medallas, pero las revocó tras las protestas de organizaciones de veteranos que consideraban inapropiado otorgar condecoraciones militares a un animal. Chips regresó a casa con su familia en Nueva York tras la guerra, aunque murió pocos meses después, posiblemente a consecuencia de las heridas que nunca sanaron del todo.

Perros detectores de minas

Quizá la función más valiosa de los perros militares fue la detección de minas y explosivos. Los británicos, soviéticos y estadounidenses entrenaron miles de perros para este propósito, aprovechando su extraordinario sentido del olfato, capaz de detectar concentraciones de TNT que ningún instrumento de la época podía identificar.

Los perros detectores avanzaban delante de las columnas de infantería, marcando las áreas peligrosas con un comportamiento específico: se sentaban, ladraban o simplemente se negaban a avanzar. Su eficacia era asombrosa. Un equipo bien entrenado de perro y adiestrador podía limpiar un campo minado en una fracción del tiempo que necesitaba un grupo de zapadores con detectores metálicos, y con una fiabilidad significativamente mayor.

Las palomas mensajeras: alas contra las interferencias

En una era donde la radio podía ser interceptada y las líneas telefónicas cortadas por la artillería, las palomas mensajeras seguían siendo un medio de comunicación irremplazable. Más de 250.000 palomas sirvieron durante la SGM en los ejércitos aliados, y su índice de entrega exitosa superaba el 95 %, un porcentaje que ningún otro sistema de comunicación de campaña podía igualar.

La medalla Dickin: el Victoria Cross de los animales

María Dickin, fundadora del People's Dispensary for Sick Animals (PDSA), creó en 1943 la medalla Dickin, el equivalente animal de la Cruz Victoria británica. De las 54 medallas otorgadas durante la SGM, 32 fueron para palomas mensajeras, lo que da una idea de la importancia que se concedía a estos animales.

Una de las receptoras más célebres fue GI Joe, una paloma del ejército estadounidense que en octubre de 1943 salvó la vida de más de mil soldados británicos. La 56.a Brigada de Infantería británica había tomado la aldea italiana de Calvi Vecchia antes de lo previsto, pero no podía comunicar su posición por radio. Un bombardeo aéreo aliado estaba programado para arrasar la aldea en cuestión de minutos. GI Joe recorrió 32 kilómetros en 20 minutos y llegó a la base aérea justo cuando los bombarderos estaban calentando motores. El ataque fue cancelado a tiempo.

Commando, la paloma de la resistencia

La paloma Commando realizó más de 90 misiones para el National Pigeon Service británico, transportando mensajes de agentes de inteligencia infiltrados en la Francia ocupada. Cada vuelo implicaba cruzar el canal de la Mancha en condiciones meteorológicas impredecibles, esquivando halcones adiestrados por los alemanes expresamente para interceptar palomas mensajeras. Los nazis se tomaban tan en serio la amenaza de las palomas que desplegaron unidades de halcones en la costa francesa y dictaron órdenes que penalizaban con la muerte a cualquier civil que poseyera una paloma mensajera en los territorios ocupados.

Cher Ami y la tradición que continuó

Aunque la paloma más famosa de la historia militar, Cher Ami, sirvió en la Primera Guerra Mundial, su legado inspiró directamente los programas de palomas mensajeras de la SGM. El Cuerpo de Señales del ejército estadounidense mantuvo un servicio de palomas activo durante todo el conflicto, con palomares móviles que acompañaban a las unidades en el frente y centenares de palomeros dedicados exclusivamente a su cuidado y entrenamiento.

Caballos y mulas: la fuerza bruta que las máquinas no reemplazaron

Resulta sorprendente descubrir que la SGM, el conflicto que popularizó el tanque y el avión como armas decisivas, fue también una guerra de caballos. Se calcula que más de seis millones de equinos sirvieron en los distintos ejércitos, y la inmensa mayoría no sobrevivió.

La Wehrmacht: un ejército a caballo

Contra la imagen popular de un ejército totalmente mecanizado, la Wehrmacht dependía enormemente de la tracción animal. Alemania empleó aproximadamente 2,75 millones de caballos durante la guerra, más que cualquier otro ejército. La mayoría de las divisiones de infantería alemanas no disponían de camiones suficientes y utilizaban caballos y mulas para transportar artillería, munición, provisiones y equipo médico.

Esta dependencia se convirtió en un problema devastador en el frente oriental. Durante los inviernos rusos, los caballos morían por miles a causa del frío extremo, la falta de forraje y el agotamiento. Las pérdidas equinas de la Wehrmacht en la URSS fueron tan catastróficas que Alemania tuvo que requisar caballos en todos los territorios ocupados para mantener su capacidad logística. Se estima que más de un millón de caballos alemanes murieron solo en el frente oriental.

Mulas en Italia y Birmania

Los terrenos montañosos de Italia y las selvas impenetrables de Birmania demostraron que, en determinadas condiciones, ningún vehículo motorizado podía sustituir a una mula. Los aliados emplearon decenas de miles de mulas en la campaña italiana, donde los senderos de montaña eran demasiado estrechos y escarpados para los camiones. Los Chindits británicos, las fuerzas de penetración profunda que operaban tras las líneas japonesas en Birmania, dependían casi exclusivamente de las mulas para su logística.

Los muleros, soldados encargados de los animales, desarrollaban vínculos profundos con sus bestias de carga. Existía una norma no escrita que reflejaba la dureza de aquellas campañas: si una mula rebuznaba y delataba la posición de la unidad ante el enemigo, su cuidador debía sacrificarla de inmediato. Muchos veteranos recordaron ese deber como uno de los momentos más traumáticos de su servicio.

Animales en el mar: mascotes y misiones en la batalla del Atlántico

La guerra naval también tuvo sus protagonistas animales. Los gatos eran presencia habitual en los buques de guerra de todas las armadas, donde cumplían la función práctica de controlar las plagas de ratones que amenazaban las provisiones y los cables eléctricos, pero también servían como mascotas que elevaban la moral de las tripulaciones.

Oscar, el gato insumergible

Quizá el animal más asombroso de la guerra en el mar fue Oscar, un gato atigrado que sobrevivió al hundimiento de tres buques de guerra distintos. Fue rescatado del acorazado alemán Bismarck cuando este fue hundido en mayo de 1941. Los marineros británicos del HMS Cossack lo adoptaron y lo rebautizaron como Oscar. Cuando el Cossack fue torpedeado por un submarino alemán en octubre de 1941, Oscar volvió a sobrevivir. Fue trasladado al portaaviones HMS Ark Royal, que a su vez fue torpedeado y hundido un mes después. Oscar sobrevivió por tercera vez y fue enviado a tierra firme, donde pasó el resto de la guerra en la oficina del gobernador de Gibraltar. Los marineros lo apodaron Unsinkable Sam, Sam el Insumergible.

Delfines y leones marinos

La marina estadounidense experimentó con delfines y leones marinos para tareas de vigilancia portuaria y detección de buzos enemigos. Aunque estos programas alcanzaron su máximo desarrollo durante la Guerra Fría, sus orígenes se remontan a la SGM, cuando se realizaron los primeros estudios sobre la capacidad de los cetáceos para detectar objetos metálicos bajo el agua y la posibilidad de utilizarlos en misiones de defensa costera.

El oso Wojtek y otros animales insólitos

La historia más extraordinaria de un animal en la SGM es probablemente la de Wojtek, el oso soldado adoptado por soldados polacos en Irán, que fue alistado oficialmente en el ejército y cargó cajas de munición durante la batalla de Monte Cassino. Pero Wojtek no fue el único caso insólito.

Judy, la perra prisionera de guerra

Judy, una pointer inglesa que servía como mascota en la cañonera HMS Grasshopper, se convirtió en el único animal oficialmente registrado como prisionera de guerra. Cuando los japoneses hundieron su barco en 1942, Judy nadó hasta una isla desierta con los supervivientes, donde encontró un manantial de agua dulce que salvó sus vidas. Fue capturada junto con la tripulación y pasó tres años y medio en campos de prisioneros japoneses en Sumatra. Su protector, el aviador Frank Williams, compartía con ella su ración de arroz y la escondía durante las inspecciones. Judy sobrevivió a la guerra, recibió la medalla Dickin y vivió sus últimos años en paz en Tanzania, donde Williams trabajaba como veterinario.

Rip, el perro de rescate del Blitz

En Londres, durante los bombardeos del Blitz, un perro callejero mestizo fue adoptado por un equipo de rescate del Air Raid Precautions. Lo llamaron Rip, y sin ningún entrenamiento formal, el animal comenzó a localizar personas atrapadas bajo los escombros de los edificios bombardeados, guiándose exclusivamente por su olfato. A lo largo de la guerra, Rip encontró a más de cien víctimas enterradas entre las ruinas, tanto vivas como muertas. Su éxito espontáneo inspiró la creación de los primeros programas formales de perros de búsqueda y rescate en el Reino Unido.

El coste animal de la guerra

Las cifras de animales muertos durante la SGM son estremecedoras y difíciles de calcular con exactitud. Se estima que murieron al menos quince millones de caballos y mulas en todos los frentes, cientos de miles de perros y un número incalculable de palomas, camellos, elefantes y otros animales utilizados para transporte, comunicación y combate.

Pero la muerte no llegaba solo en el frente. En septiembre de 1939, cuando Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania, cundió el pánico entre la población civil ante la perspectiva de los bombardeos. El gobierno distribuyó un folleto del National Air Raid Precautions Animals Committee que aconsejaba a los ciudadanos sacrificar a sus mascotas para evitarles sufrimiento. En la primera semana de la guerra, aproximadamente 750.000 animales domésticos fueron sacrificados en el Reino Unido, una masacre que muchos historiadores consideran innecesaria y que el propio gobierno terminó lamentando cuando los bombardeos tardaron meses en llegar.

Un legado que cambió nuestra relación con los animales

La experiencia de la SGM transformó profundamente la manera en que las sociedades occidentales perciben la relación entre humanos y animales en los conflictos armados. La medalla Dickin, creada durante la guerra, sigue otorgándose hoy a animales que muestran valor excepcional en servicio militar o civil. Los programas de perros de búsqueda y rescate nacidos del Blitz son ahora una herramienta estándar en desastres naturales y atentados terroristas en todo el mundo.

Tras la SGM, los ejércitos modernos fueron reduciendo progresivamente el uso de animales en combate, aunque nunca lo eliminaron del todo. Los perros detectores de explosivos, herederos directos de los canes de la SGM, siguen siendo insustituibles en los conflictos actuales. Las palomas mensajeras fueron retiradas del servicio militar por la mayoría de los países en las décadas de 1950 y 1960, sustituidas por comunicaciones electrónicas cada vez más fiables. Los caballos y mulas desaparecieron de los campos de batalla convencionales, aunque algunas fuerzas especiales los han utilizado en terrenos remotos, como las montañas de Afganistán.

Lo que no ha cambiado es la paradoja fundamental que define esta historia. Los animales que sirvieron en la SGM no eligieron su destino. No entendían las ideologías, las fronteras ni las alianzas por las que luchaban sus amos. Cumplieron sus misiones movidos por el instinto, el adiestramiento y, en muchos casos, el vínculo afectivo con los seres humanos que los cuidaban. Que tantos de ellos demostraran un valor que sus compañeros humanos no dudaron en calificar de heroico dice tanto sobre la naturaleza de los animales como sobre nuestra necesidad de encontrar nobleza incluso en medio de la destrucción más absoluta.