En una guerra dominada por tanques, aviones y bombas atómicas, resulta casi inverosímil que uno de los sistemas de comunicación más fiables fuera un ave que apenas pesa trescientos gramos. Sin embargo, las palomas mensajeras desempeñaron un papel crucial durante la SGM, transportando mensajes vitales cuando las radios fallaban, los cables estaban cortados y la tecnología moderna resultaba inútil. Miles de estas aves sirvieron en todos los frentes, y algunas recibieron las más altas condecoraciones militares por sus servicios.

Paloma mensajera utilizada por el ejército durante la SGM
Las palomas mensajeras fueron un sistema de comunicación vital durante la SGM Fotógrafo desconocido · Dominio público

Una tradición milenaria al servicio de la guerra moderna

El uso militar de palomas mensajeras se remonta a la Antigüedad, pero alcanzó su punto álgido durante las dos guerras mundiales. La paloma mensajera aprovecha una capacidad natural extraordinaria: su sentido de orientación, basado en el campo magnético terrestre, la posición del sol y referencias visuales del terreno, le permite regresar a su palomar desde distancias de cientos de kilómetros con una fiabilidad superior al noventa y cinco por ciento.

Al estallar la SGM, las principales potencias militares mantenían servicios de palomas mensajeras integrados en sus fuerzas armadas. El Reino Unido contaba con el National Pigeon Service, que movilizó más de doscientas mil palomas durante el conflicto. Estados Unidos tenía el Pigeon Service del Signal Corps, con unas cincuenta y cuatro mil aves. Alemania, Francia, la Unión Soviética y Japón también emplearon palomas a gran escala.

¿Por qué recurrir a un método tan primitivo en la era de la radio? La respuesta es sencilla: fiabilidad. Las transmisiones de radio podían ser interceptadas por el enemigo, lo que comprometía operaciones secretas. Los equipos de radio eran pesados y frágiles, susceptibles de averiarse en combate. Las palomas, en cambio, eran ligeras, silenciosas, casi imposibles de interceptar y funcionaban sin baterías ni repuestos.

Operaciones de espionaje y resistencia

Uno de los usos más ingeniosos de las palomas mensajeras fue en operaciones de inteligencia. El Special Operations Executive (SOE) británico y la resistencia francesa emplearon palomas para transmitir información desde la Europa ocupada. El sistema era elegante en su simplicidad: aviones de la RAF lanzaban contenedores con palomas sobre territorio enemigo, junto con instrucciones para que los civiles que las encontraran enviaran información sobre posiciones alemanas, movimientos de tropas o instalaciones militares.

La operación Columba, gestionada por el MI14, fue la más ambiciosa de estas iniciativas. Entre 1941 y 1944, se lanzaron más de dieciséis mil palomas sobre Francia, Bélgica y los Países Bajos. Cada contenedor incluía un cuestionario, un lápiz, papel de seda para escribir el mensaje y una paloma con su cápsula de transporte. Se estima que alrededor de mil novecientas palomas regresaron con información, lo que supone una tasa de retorno notable considerando las dificultades.

Algunas de estas palomas trajeron información de valor estratégico excepcional. Una paloma lanzada sobre Bélgica regresó con un mapa detallado de las posiciones de artillería alemana en la costa, dibujado por un civil patriota. Otra trajo noticias sobre la ubicación de una base de lanzamiento de cohetes V-1 en el norte de Francia.

Los alemanes eran conscientes de esta amenaza. Las fuerzas de ocupación en Francia y Bélgica promulgaron decretos que obligaban a entregar todas las palomas mensajeras a las autoridades y castigaban con la muerte la posesión no autorizada de estas aves. Los alemanes también entrenaron halcones para interceptar palomas en vuelo, aunque esta contramédida tuvo un éxito limitado.

Palomas condecoradas

La medalla Dickin, instituida en 1943 por Maria Dickin, fundadora del PDSA (People's Dispensary for Sick Animals), es el equivalente animal de la Cruz Victoria británica. Durante la SGM, treinta y dos palomas recibieron esta condecoración, más que cualquier otra especie animal.

La más famosa fue GI Joe, una paloma del ejército estadounidense que salvó la vida de más de mil soldados británicos en octubre de 1943, durante la campaña de Italia. La brigada británica había tomado la aldea de Calvi Vecchia antes de lo previsto, pero no podía comunicar su posición porque la radio se había averiado. Un bombardeo aliado estaba programado sobre la aldea en cuestión de minutos. GI Joe voló treinta kilómetros en veinte minutos y llegó a la base aérea justo cuando los bombarderos estaban calentando motores. El ataque se canceló a tiempo.

Otra heroína fue Mary of Exeter, una paloma británica que completó múltiples misiones a través del canal de la Mancha a pesar de resultar herida en tres ocasiones distintas. Fue atacada por halcones, alcanzada por metralla y sufrió daños en las alas y el cuello. Cada vez fue curada y volvió a volar. Su cuerpo, cubierto de cicatrices y remiendos, se convirtió en símbolo de la tenacidad británica.

Winkie, una paloma de la RAF, salvó a la tripulación de un bombardero Bristol Beaufort que se había estrellado en el mar del Norte en febrero de 1942. La paloma escapó de la cabina inundada y voló ciento noventa kilómetros hasta su palomar en Escocia, empapada y cubierta de aceite. Los rescatadores calcularon la posición aproximada del avión basándose en la hora de llegada de Winkie y la dirección del viento, y encontraron a los tripulantes vivos.

El frente del Pacífico y el frente oriental

Las palomas también sirvieron en el teatro del Pacífico, donde las comunicaciones por radio eran especialmente difíciles debido a la densa vegetación tropical y la humedad. Los marines estadounidenses en Guadalcanal y otras islas emplearon palomas para mantener el contacto entre unidades dispersas en la jungla.

En el frente oriental, el Ejército Rojo utilizó palomas a gran escala. La Unión Soviética entrenó aproximadamente quince mil palomas para servicio militar, muchas de ellas empleadas durante el asedio de Leningrado, donde las comunicaciones convencionales estaban cortadas por el cerco alemán. Las palomas eran a veces el único medio de comunicar posiciones y solicitar suministros.

Logística y entrenamiento

Mantener un servicio de palomas militares requería una infraestructura considerable. Cada palomar móvil —montado generalmente en un camión— albergaba entre treinta y cien aves, atendidas por palomeros militares especializados. Estos soldados debían conocer las necesidades de alimentación, salud y entrenamiento de las aves, además de saber manejar las cápsulas de mensaje y coordinar los envíos con las unidades de combate.

El entrenamiento de una paloma mensajera militar duraba entre seis y ocho semanas. Las aves se criaban en el palomar de destino y luego se transportaban a distancias crecientes, siempre regresando al mismo punto. Una vez entrenadas, se distribuían a las unidades del frente en cestas especiales. El mensaje, escrito en papel de seda enrollado, se insertaba en una pequeña cápsula de aluminio sujeta a la pata del ave.

Las palomas podían volar a velocidades de hasta cien kilómetros por hora y cubrir distancias de más de quinientos kilómetros en una sola jornada. Su tasa de éxito en la entrega de mensajes se estimaba entre el noventa y el noventa y ocho por ciento, dependiendo de las condiciones meteorológicas y la presencia de rapaces enemigas.

El final de una era

La SGM fue el último gran conflicto en el que las palomas mensajeras desempeñaron un papel militar significativo. El desarrollo de las comunicaciones por radio portátiles, los sistemas de cifrado más seguros y, posteriormente, las comunicaciones por satélite hicieron obsoleto este método ancestral. La mayoría de los servicios de palomas militares fueron desmantelados en las décadas posteriores a la guerra; el último en hacerlo fue el ejército suizo, que mantuvo su servicio hasta 1996.

Sin embargo, el legado de estas aves extraordinarias perdura. En el Animals in War Memorial de Londres, inaugurado en 2004, las palomas ocupan un lugar prominente junto a caballos, perros y mulas. La inscripción del monumento dice: "No tenían elección". Es un recordatorio de que la guerra no solo consumió millones de vidas humanas, sino también las de innumerables animales que sirvieron con una lealtad que no comprendían y un valor que no podían elegir.