Mientras los soldados disparaban y los generales planificaban, decenas de miles de mujeres realizaron uno de los trabajos más peligrosos y menos reconocidos de la SGM: cuidar de los heridos bajo el fuego enemigo. Las enfermeras militares operaron en todos los frentes, desde los hospitales de campaña de la batalla de Normandía hasta las junglas del Pacífico, desde los desiertos norteafricanos hasta los bombardeados hospitales de Londres. Sin armas ni blindaje, con poco más que vendas, medicina de guerra y una voluntad de hierro, estas mujeres salvaron cientos de miles de vidas y cambiaron para siempre la percepción del papel femenino en los conflictos armados.

Enfermeras militares atendiendo heridos durante la Segunda Guerra Mundial
Enfermeras militares en un hospital de campaña durante la SGM Fotógrafo desconocido · Dominio público

El Army Nurse Corps estadounidense

Al estallar la guerra, el Army Nurse Corps de Estados Unidos contaba con menos de siete mil enfermeras. Al finalizar el conflicto, más de cincuenta y nueve mil mujeres habían servido como enfermeras del ejército y otras once mil en la Marina. Fueron las primeras mujeres estadounidenses en servir en zonas de combate de forma masiva y organizada.

Las enfermeras del Army Nurse Corps estuvieron presentes en todos los teatros de operaciones: norte de África desde 1942, Italia desde 1943, Francia desde el Día D en 1944, y el Pacífico durante toda la guerra. Trabajaban en hospitales de evacuación situados a pocos kilómetros del frente, donde recibían a los heridos directamente del campo de batalla.

Las condiciones eran brutales. En los hospitales de campaña de Anzio, en Italia, las enfermeras trabajaban en tiendas marcadas con la cruz roja que los alemanes bombardeaban igualmente. Seis enfermeras del ejército murieron en el bombardeo del hospital de Anzio en febrero de 1944. En total, doscientas una enfermeras del ejército estadounidense murieron durante la guerra, la mayoría por ataques enemigos, enfermedades tropicales o accidentes.

Las enfermeras capturadas por los japoneses sufrieron especialmente. Sesenta y siete enfermeras del ejército fueron hechas prisioneras tras la caída de Filipinas en 1942 y pasaron casi tres años en el campo de internamiento de Santo Tomás, en Manila. Conocidas como las "Ángeles de Bataan", sobrevivieron a la malnutrición, las enfermedades y el maltrato japonés mientras seguían atendiendo a otros prisioneros enfermos con los recursos mínimos disponibles.

Las enfermeras británicas

El Queen Alexandra's Imperial Military Nursing Service (QAIMNS) y el Voluntary Aid Detachment (VAD) proporcionaron miles de enfermeras al esfuerzo bélico británico. Estas mujeres sirvieron en todos los frentes donde combatió el ejército británico: norte de África, Italia, Birmania, la India y el noroeste de Europa.

Las enfermeras británicas fueron especialmente activas durante el Blitz. En los hospitales de Londres, trabajaban durante los bombardeos nocturnos, a menudo trasladando pacientes a sótanos y refugios mientras las bombas caían sobre el edificio. La entereza de estas mujeres bajo el fuego se convirtió en un símbolo de la resistencia civil británica.

En Birmania y la India, las enfermeras afrontaron condiciones extremas: calor tropical, enfermedades como la malaria y la disentería, suministros escasos y la amenaza constante del avance japonés. Cuando las fuerzas japonesas se acercaron a la India en 1944, varias unidades de enfermeras fueron evacuadas de emergencia, a veces a pie por la selva birmana.

Una de las enfermeras británicas más conocidas fue Vivian Bullwinkel, teniente del Australian Army Nursing Service. Tras la caída de Singapur en febrero de 1942, Bullwinkel fue una de las sesenta y cinco enfermeras evacuadas en el barco Vyner Brooke, que fue hundido por aviones japoneses. Las supervivientes que llegaron a la playa de Bangka, en Sumatra, fueron masacradas por soldados japoneses. Bullwinkel recibió un disparo pero sobrevivió fingiendo estar muerta, y pasó el resto de la guerra como prisionera. Fue la única superviviente de la masacre.

Las enfermeras soviéticas

La Unión Soviética movilizó a cientos de miles de mujeres en funciones médicas militares. A diferencia de los ejércitos occidentales, donde las enfermeras operaban en hospitales de retaguardia, las sanitarias soviéticas trabajaban frecuentemente en primera línea de combate.

Las sanitary instructors (instructoras sanitarias) acompañaban a las unidades de infantería en el asalto. Su trabajo consistía en arrastrar a los heridos fuera del fuego, aplicar primeros auxilios bajo las balas y evacuar a los supervivientes hacia los puestos de socorro. Era un trabajo extraordinariamente peligroso: las tasas de bajas entre las sanitarias de primera línea eran comparables a las de la infantería.

Muchas de estas mujeres eran voluntarias muy jóvenes, de dieciocho o diecinueve años, con una formación médica básica de apenas unas semanas. Lo que les faltaba en preparación lo compensaban con un coraje que asombraba a los propios soldados. Las memorias de veteranos soviéticos están llenas de historias de sanitarias que se arrastraban bajo el fuego de ametralladoras para rescatar a heridos que los propios soldados habían dado por perdidos.

Zinayda Samsonova, sanitaria de la 58.ª División de Guardias, rescató a más de quinientos heridos del campo de batalla antes de morir en combate en 1944, a los veinte años. Recibió póstumamente el título de Heroína de la Unión Soviética. Su caso, aunque excepcional en el reconocimiento, era representativo de miles de sanitarias anónimas.

Las enfermeras alemanas

El servicio de enfermería alemán estaba organizado bajo la Cruz Roja alemana (Deutsches Rotes Kreuz) y contó con más de cuatrocientas mil enfermeras durante la guerra. A diferencia de sus homólogas aliadas, las enfermeras alemanas operaron en un contexto ideológico marcado por el nazismo, lo que complicó enormemente su legado.

En el frente oriental, las enfermeras alemanas trabajaron en condiciones extremas, con temperaturas de cuarenta grados bajo cero y suministros cada vez más escasos a medida que la guerra se volvía contra Alemania. Muchas fueron capturadas por el Ejército Rojo durante la retirada alemana y sufrieron un trato brutal.

El papel de algunas enfermeras alemanas en los programas de eutanasia del régimen nazi —la Aktion T4, que asesinó a más de setenta mil personas con discapacidad— constituye uno de los capítulos más oscuros de la profesión enfermera. Aunque la mayoría de las enfermeras alemanas se limitaron a su trabajo médico legítimo, la colaboración de una minoría en los crímenes del régimen ensombreció la memoria de todas.

La enfermería de vuelo

Una innovación médica importante de la SGM fue la evacuación aeromédica, y con ella surgieron las flight nurses (enfermeras de vuelo). Estas mujeres acompañaban a los heridos en los aviones de evacuación que los trasladaban desde los hospitales de campaña cercanos al frente hasta los hospitales de retaguardia.

El Army Air Forces Flight Nurses fueron las primeras enfermeras en volar regularmente en zonas de combate. Debían estar preparadas para emergencias a bordo —hemorragias, paradas cardíacas, descompresión— sin el equipo ni el espacio de un hospital. Los aviones de evacuación, generalmente C-47 Dakota modificados, podían transportar entre dieciocho y veinticuatro camillas, y una sola enfermera era responsable de todos los pacientes durante vuelos que podían durar horas.

Las enfermeras de vuelo también participaron en la evacuación de heridos desde Normandía a partir de junio de 1944. Los aviones que llevaban suministros al frente regresaban cargados de heridos, y las enfermeras los atendían durante el vuelo de regreso a Inglaterra.

Un reconocimiento tardío

A pesar de su contribución extraordinaria, las enfermeras de la SGM recibieron un reconocimiento tardío e insuficiente. Durante décadas, la narrativa de la guerra se centró en los combatientes masculinos, y el papel de las enfermeras fue relegado a una nota a pie de página.

En Estados Unidos, las enfermeras del Army Nurse Corps no fueron consideradas veteranas con plenos derechos hasta 1947, cuando se les concedió el estatus militar permanente. Muchas tuvieron dificultades para acceder a los beneficios del GI Bill que sus compañeros masculinos recibían automáticamente.

Las enfermeras soviéticas, pese a haber servido en primera línea bajo el fuego enemigo, fueron frecuentemente menospreciadas por la sociedad de posguerra. La escritora Svetlana Alexiévich documentó en su obra "La guerra no tiene rostro de mujer" cómo muchas veteranas ocultaron su servicio militar durante décadas por miedo al estigma social.

El legado de las enfermeras de la SGM trasciende lo militar. Su servicio demostró que las mujeres podían operar con eficacia y valor en las condiciones más extremas, abriendo camino a la integración femenina en las fuerzas armadas, del mismo modo que las mujeres en las fábricas transformaron la retaguardia. Cada hospital de campaña, cada vuelo de evacuación, cada herido rescatado bajo el fuego lleva la marca de estas mujeres que eligieron el uniforme y la cruz roja sabiendo que no había blindaje que las protegiera ni arma con que defenderse. Su única defensa era la determinación de que ningún soldado herido muriera sin que alguien intentara salvarlo.