La SGM fue la primera guerra de la radio. Nunca antes un medio de comunicación había sido capaz de llegar simultáneamente a cientos de millones de personas en tiempo real, traspasando fronteras, océanos y líneas del frente. Todos los bandos comprendieron que la radio no era solo un instrumento de información: era un arma tan poderosa como un bombardero, capaz de destruir la moral del enemigo, fortalecer la de los propios y moldear la percepción de la realidad de poblaciones enteras. La guerra de las ondas fue una batalla paralela que se libró las veinticuatro horas del día durante seis años, y sus protagonistas —locutores, propagandistas, espías radiofónicos— forman uno de los capítulos más fascinantes del conflicto.

Para profundizar en el papel de la radio en la vida cotidiana durante la guerra, véase la radio en la guerra .

Emisión de radio durante la Segunda Guerra Mundial
La radio fue un arma de propaganda y guerra psicológica durante la SGM Fotógrafo desconocido · Dominio público

La BBC: la voz de la resistencia

La British Broadcasting Corporation se convirtió durante la SGM en la emisora más escuchada y respetada del mundo. Su servicio europeo, creado específicamente para emitir en los idiomas de los países ocupados, fue la principal fuente de información fiable para millones de personas sometidas a la censura alemana.

La estrategia de la BBC fue deliberadamente contraria a la propaganda convencional: en lugar de exagerar las victorias y ocultar las derrotas, la emisora británica se comprometió a informar con la mayor veracidad posible, incluso cuando las noticias eran malas para los aliados. Esta política, impulsada por el director general Frederick Ogilvie y mantenida por su sucesor Robert Foot, resultó ser brillantemente efectiva. Al reconocer los reveses propios, la BBC ganó una credibilidad que las emisoras de propaganda alemana, soviética o japonesa nunca alcanzaron.

Los famosos mensajes personales de la BBC —frases aparentemente sin sentido como "Los dados están sobre la alfombra" o "Jean tiene un bigote largo"— eran en realidad señales codificadas para los movimientos de resistencia en la Europa ocupada. Estos mensajes indicaban lanzamientos de suministros, llegada de agentes o el inicio de operaciones de sabotaje. La noche del 5 de junio de 1944, la BBC emitió los versos de Verlaine "Les sanglots longs des violons de l'automne" como señal de que el desembarco de Normandía era inminente, activando a la resistencia francesa para sus operaciones de sabotaje.

Lord Haw-Haw: la voz del nazismo en inglés

William Joyce, un fascista irlandés-estadounidense con pasaporte británico, se convirtió en el propagandista radiofónico más famoso —e infame— de la guerra. Desde Berlín, bajo el apodo de Lord Haw-Haw (por su acento afectadamente aristocrático), emitió programas en inglés dirigidos a la población británica durante toda la guerra.

Los programas de Joyce, emitidos por Radio Hamburgo, mezclaban noticias reales con desinformación, amenazas veladas y burlas sobre la situación británica. Su fórmula era insidiosa: comenzaba con datos verificables —bombardeos reales, hundimientos de barcos, noticias locales que demostraban que los alemanes estaban bien informados— para establecer credibilidad, y luego insertaba propaganda sobre la inevitabilidad de la victoria alemana y la futilidad de la resistencia británica.

¿Funcionaba? Las encuestas de la época revelan que hasta un tercio de la población británica escuchaba ocasionalmente a Lord Haw-Haw, aunque la mayoría afirmaba hacerlo "por diversión" y no creerle. Los historiadores debaten si sus emisiones tuvieron algún efecto real en la moral británica; la opinión mayoritaria es que su impacto fue mínimo y que, paradójicamente, sus exageraciones reforzaron la confianza británica en la BBC.

Joyce fue capturado por soldados británicos en mayo de 1945 cerca de la frontera danesa. Fue juzgado por traición en Londres —su condición de ciudadano británico fue el punto clave del juicio, ya que tenía pasaporte británico aunque había nacido en Estados Unidos— y ahorcado en enero de 1946. Fue el último civil ejecutado por traición en el Reino Unido.

Tokyo Rose: mito y realidad

"Tokyo Rose" fue el nombre colectivo que los soldados estadounidenses en el Pacífico daban a las locutoras anglófonas de Radio Tokio. Varias mujeres realizaron emisiones en inglés dirigidas a las tropas aliadas, pero la más conocida fue Iva Toguri, una estadounidense de origen japonés que quedó atrapada en Japón al estallar la guerra.

Toguri, que se identificaba en antena como "Orphan Ann" (Ana la Huérfana), presentaba un programa musical intercalado con mensajes diseñados para minar la moral de los soldados: información sobre infidelidades de sus esposas en casa, cifras exageradas de bajas aliadas y descripciones de la superioridad japonesa. Sin embargo, la mayoría de los soldados escuchaban el programa por la música —jazz y swing que no podían oír en ninguna otra emisora del Pacífico— y se reían de la propaganda.

La historia de Toguri es una de las grandes injusticias de la posguerra. Fue juzgada por traición en 1949 y condenada a diez años de prisión, a pesar de que nunca se demostró que sus emisiones hubieran tenido efecto alguno en la moral aliada y de que ella misma había intentado hacer su propaganda lo más inofensiva posible. Fue indultada por el presidente Ford en 1977, después de que se descubriera que los testigos clave del juicio habían sido coaccionados por el FBI.

Axis Sally: la seductora de las ondas

Mildred Gillars, conocida como Axis Sally, fue la equivalente europea de Tokyo Rose. Estadounidense residente en Berlín, Gillars emitió propaganda en inglés para Radio Berlín durante toda la guerra. Su programa más famoso, "Home Sweet Home", mezclaba música sentimental con mensajes diseñados para provocar nostalgia y desmoralización entre los soldados americanos en Europa.

Su emisión más elaborada fue "Vision of Invasion", un programa dramático emitido la víspera del Día D que describía con detalle escalofriante la muerte de soldados estadounidenses en un desembarco fracasado. El programa, con efectos sonoros de explosiones y gritos, pretendía aterrorizar a las tropas que se preparaban para cruzar el canal de la Mancha.

Gillars fue capturada en Berlín en 1946 y juzgada en Washington en 1949. Fue condenada a entre diez y treinta años de prisión por traición y cumplió doce años antes de ser liberada en 1961.

La guerra de las ondas en el frente oriental

La Unión Soviética y Alemania libraron una intensa guerra radiofónica en el frente oriental. Radio Moscú emitía en alemán programas dirigidos a los soldados de la Wehrmacht, utilizando a prisioneros de guerra alemanes como locutores. El más famoso fue el Comité Nacional para una Alemania Libre (Nationalkomitee Freies Deutschland), una organización de prisioneros de guerra y exiliados alemanes que emitía llamamientos a la rendición.

Los alemanes, por su parte, operaban emisoras que transmitían en ruso, ucraniano y otros idiomas soviéticos, explotando el descontento con el régimen estalinista y prometiendo un trato favorable a los desertores. La efectividad de estas emisiones es difícil de medir, pero los millones de prisioneros soviéticos y los cientos de miles que colaboraron con los alemanes sugieren que la propaganda radiofónica tuvo algún impacto.

Radio Belgrado y las emisiones para las tropas

Las emisoras militares dirigidas a las propias tropas fueron un fenómeno nuevo de la SGM. Radio Belgrado, la emisora del ejército alemán para el Mediterráneo, se hizo famosa por emitir Lili Marlene cada noche y fue escuchada tanto por soldados alemanes como por los aliados que se enfrentaban a ellos.

La Armed Forces Network (AFN) estadounidense comenzó sus emisiones en 1943 y se convirtió en la emisora favorita de los soldados americanos en Europa. Además de música y entretenimiento, la AFN emitía noticias, programas de humor y mensajes de familiares. Su función no era propagandística sino de bienestar: mantener la moral de las tropas recordándoles qué estaban defendiendo.

La tecnología de la interceptación

La radio no solo servía para emitir: también para escuchar al enemigo. Todos los bandos mantenían servicios de interceptación radiofónica que monitorizaban las emisiones enemigas, tanto las de propaganda como las comunicaciones militares. El servicio Y británico interceptaba las comunicaciones de radio alemanas, que luego eran descifradas en Bletchley Park. Los alemanes tenían su propio servicio B-Dienst que interceptaba las comunicaciones navales aliadas.

La radiogoniometría —la técnica de localizar una emisora de radio triangulando su señal desde varias estaciones receptoras— fue una herramienta crucial contra la resistencia en la Europa ocupada. Los alemanes desplegaron vehículos con equipos de radiogoniometría por las calles de París, Ámsterdam y Varsovia, buscando las emisoras clandestinas de la resistencia. Ser descubierto significaba la tortura y la muerte.

El legado de la guerra radiofónica

La SGM estableció la radio como instrumento de guerra psicológica y sentó las bases de las operaciones de información que continúan hasta hoy. Las técnicas desarrolladas durante el conflicto —mezclar verdad con mentira, explotar las emociones del enemigo, utilizar la cultura popular como vehículo de propaganda— siguen siendo relevantes en la era de internet y las redes sociales.

La lección más duradera de la guerra radiofónica es paradójica: la estrategia más efectiva no fue la de quienes más mintieron, sino la de quienes más dijeron la verdad. La BBC, al comprometerse con la veracidad incluso cuando las noticias eran malas, construyó una credibilidad que la convirtió en la emisora más influyente de la guerra. Las emisoras de propaganda del Eje, por el contrario, perdieron credibilidad a medida que la realidad del campo de batalla contradecía sus mensajes triunfalistas. En la guerra de las ondas, como en tantas otras batallas de la SGM, la verdad resultó ser el arma más poderosa.