En el verano de 1942, mientras las fuerzas alemanas avanzaban hacia Stalingrado y el Cáucaso en una ofensiva que parecía imparable, en la Kiev ocupada se disputó una serie de partidos de fútbol que terminaría convirtiéndose en una de las leyendas más poderosas y controvertidas de la SGM. El llamado "partido de la muerte", disputado el 9 de agosto de 1942 entre el FC Start, un equipo formado por antiguos jugadores del Dinamo de Kiev, y el Flakelf, el equipo de la Luftwaffe, ha sido contado durante décadas como un acto de resistencia heroica que costó la vida a sus protagonistas. La realidad, como suele ocurrir, es más compleja y más matizada que la leyenda.

Cartel del partido entre el FC Start y el Rukh en Kiev, 1942
Cartel de un partido del FC Start en Kiev durante la ocupación alemana, agosto de 1942. Autor desconocido · Dominio público

Kiev bajo la ocupación nazi

Para entender el contexto del partido de la muerte es necesario retroceder a septiembre de 1941, cuando las fuerzas alemanas capturaron Kiev tras una de las batallas de cerco más devastadoras de la guerra. La Operación Barbarroja había arrasado Ucrania con una velocidad aterradora, y la caída de Kiev supuso la captura de más de 600.000 soldados soviéticos en la mayor bolsa de prisioneros de toda la guerra.

Lo que siguió fue aún peor. Apenas una semana después de la caída de la ciudad, las SS y las unidades de policía alemanas perpetraron la masacre de Babi Yar, uno de los episodios más atroces del Holocausto . En solo dos días, el 29 y 30 de septiembre de 1941, fueron asesinados 33.771 judíos en un barranco a las afueras de Kiev. La cifra total de víctimas en Babi Yar a lo largo de la ocupación superaría las 100.000 personas.

La población civil de Kiev sobrevivió bajo un régimen de terror. La Gestapo y las SS controlaban la ciudad con mano de hierro, se imponían toques de queda, se ejecutaba a civiles por infracciones menores y el hambre se extendió rápidamente. Sin embargo, las autoridades de ocupación también intentaron proyectar una imagen de normalidad. Reabrieron cines, teatros y, significativamente, promovieron actividades deportivas como herramienta de propaganda para demostrar que la vida bajo el "nuevo orden" era próspera y civilizada.

El nacimiento del FC Start

En la primavera de 1942, un panadero llamado Iosif Kordik, que trabajaba en la panadería número 1 de Kiev, comenzó a reunir a antiguos futbolistas profesionales que malvivían en la ciudad ocupada. Muchos de ellos habían jugado en el Dinamo de Kiev, el equipo más importante de Ucrania, y en el Lokomotiv de Kiev. Habían sobrevivido a la invasión escondiendo su pasado deportivo, trabajando en fábricas o en la propia panadería para evitar la deportación como mano de obra esclava.

Kordik propuso crear un equipo de fútbol para competir en una liga local que las autoridades de ocupación habían organizado. Así nació el FC Start, un equipo cuya alineación incluía a varios de los mejores futbolistas de la Ucrania de preguerra: Nikolái Trusévich (portero del Dinamo), Iván Kuzmenko, Alekséi Klímenko, Makar Goncharenko, Mijaíl Putistin y otros jugadores de primer nivel. Era, sin exagerarlo, un equipo de primera división disfrazado con camisetas de panadería.

Las autoridades alemanas aprobaron la creación de equipos locales como parte de su política de normalización. Desde su perspectiva, los partidos de fútbol eran una forma de entretenimiento inofensivo que mantenía a la población ocupada y reforzaba la imagen de un régimen benévolo. Lo que no anticiparon fue el efecto que tendría ver a jugadores ucranianos vencer sistemáticamente a equipos militares alemanes.

Una racha imparable

El FC Start comenzó a jugar en junio de 1942 y desde el primer momento quedó claro que estaba en un nivel muy superior al resto de los equipos de la liga. Su primer partido, contra un equipo húngaro, terminó con un contundente 7-2. Le siguieron victorias aplastantes contra un equipo rumano (11-0) y contra varios equipos militares alemanes.

Cada victoria del FC Start se convertía en un pequeño acto de desafío. Los ciudadanos de Kiev acudían a los partidos en masa, y cada gol ucraniano provocaba explosiones de entusiasmo que trascendían lo deportivo. En una ciudad donde expresar cualquier sentimiento contrario a la ocupación podía costar la vida, los partidos de fútbol se convirtieron en una válvula de escape emocional. Celebrar un gol del Start era una forma indirecta de expresar resistencia.

Los resultados eran humillantes para los equipos alemanes. El PGS (un equipo del ejército) cayó 6-0. El MSG Wal (de la guarnición militar) perdió 5-1. Los mandos alemanes comenzaron a preocuparse: la superioridad deportiva ucraniana minaba la narrativa de la supremacía racial aria que sustentaba toda la ideología del ocupante.

El primer partido contra el Flakelf

El Flakelf era el equipo de la defensa antiaérea de la Luftwaffe en Kiev. Estaba formado por soldados jóvenes y atléticos que representaban lo mejor del deporte militar alemán. Las autoridades organizaron un partido entre el Flakelf y el FC Start que se disputó el 6 de agosto de 1942, con la esperanza de que los alemanes pusieran fin a la racha ucraniana.

El partido se jugó en el estadio Zenit, ante miles de espectadores. Según los relatos de los supervivientes, el ambiente era eléctrico. Los ciudadanos de Kiev se habían volcado en apoyo del Start, mientras que oficiales y soldados alemanes ocupaban las mejores localidades.

El resultado fue otra victoria contundente del FC Start: 5-1. La humillación fue tan severa que los mandos alemanes exigieron una revancha. No podían permitir que un grupo de panaderos y obreros ucranianos humillara públicamente a la Luftwaffe.

El 9 de agosto de 1942: el partido de la muerte

Tres días después se disputó la revancha, el partido que la leyenda ha bautizado como "el partido de la muerte". Se jugó de nuevo en el estadio Zenit, el 9 de agosto de 1942. La versión mítica de los hechos, amplificada por la propaganda soviética de posguerra, narra que antes del partido un oficial de las SS visitó el vestuario del FC Start y advirtió a los jugadores de que debían perder o enfrentarían las consecuencias. Los jugadores, según esta versión, decidieron por unanimidad que no se dejarían ganar aunque les costara la vida.

La realidad documentada es algo diferente, aunque no menos dramática. Los jugadores del Start sabían que ganar podía tener consecuencias, pero no hay evidencia sólida de que recibieran una amenaza directa antes del partido. Lo que sí está documentado es que el árbitro era un oficial de las SS, que las faltas contra los jugadores ucranianos eran ignoradas sistemáticamente y que el juego se desarrolló en un clima de intimidación creciente.

El primer tiempo terminó con ventaja alemana de 3-1. Los jugadores del Flakelf utilizaron un juego agresivo, con entradas violentas que el árbitro toleraba. Parecía que la presión surtía efecto. Pero en el segundo tiempo, el FC Start desplegó un fútbol extraordinario y remontó hasta ponerse 5-3. La versión legendaria cuenta que, con el marcador ya favorable, el delantero Klímenko recibió el balón frente a la portería vacía, se giró y disparó hacia el centro del campo como gesto supremo de desprecio hacia el rival. Este episodio, aunque apasionante, es probablemente un adorno de la propaganda posterior.

El partido terminó 5-3 a favor del FC Start. Los jugadores ucranianos habían vencido de nuevo. Lo que vino después es donde la leyenda y la historia se entrelazan de forma más oscura.

Las consecuencias: entre el mito y la realidad

La versión soviética, convertida en dogma durante décadas, narraba que los jugadores del FC Start fueron detenidos inmediatamente después del partido y ejecutados. Películas, libros y monumentos perpetuaron esta narrativa heroica durante todo el período soviético. Sin embargo, las investigaciones históricas posteriores a 1991 han revelado una realidad más matizada.

Los jugadores del FC Start no fueron detenidos inmediatamente después del partido del 9 de agosto. De hecho, disputaron al menos un partido más el 16 de agosto, que ganaron 8-0 contra el Rukh. Las detenciones comenzaron semanas después, pero no afectaron a todos los jugadores y es probable que estuvieran relacionadas con una serie de sabotajes en la panadería donde trabajaban varios de ellos, más que directamente con los resultados futbolísticos.

Lo que sí es indiscutible es que varios jugadores del FC Start murieron en cautividad. Nikolái Trusévich, Iván Kuzmenko y Alekséi Klímenko fueron ejecutados en el campo de concentración de Siretz el 24 de febrero de 1943, junto con otros prisioneros. Nikolái Korotky murió en el mismo campo en una fecha indeterminada. Otros jugadores sobrevivieron a la guerra, aunque traumatizados por las experiencias vividas.

Makar Goncharenko, uno de los supervivientes, dedicó gran parte de su vida posterior a mantener viva la memoria de sus compañeros, aunque también intentó matizar las exageraciones de la propaganda soviética. Según sus propias declaraciones, los jugadores no recibieron una amenaza explícita de muerte antes del partido, pero eran perfectamente conscientes de que humillar públicamente a los alemanes era un acto peligroso que podía tener graves consecuencias.

El peso de la propaganda soviética

La historia del partido de la muerte fue reescrita y amplificada por la propaganda soviética de posguerra para convertirla en un relato de resistencia heroica perfectamente alineado con la narrativa del Gran Guerra Patria. Los jugadores fueron elevados al estatus de mártires que eligieron la muerte antes que la deshonra de la derrota.

Esta versión simplificada tenía un enorme poder emocional, pero sacrificaba la complejidad de la realidad. Los jugadores del FC Start no eran partisanos ni resistentes en el sentido convencional. Eran hombres atrapados en una situación imposible que intentaban sobrevivir en una ciudad ocupada. Jugaban al fútbol porque era lo que sabían hacer, porque les proporcionaba comida extra de la panadería y porque, en medio del horror de la ocupación, les permitía sentirse humanos durante noventa minutos.

Esto no disminuye su valentía. Ganar repetidamente contra equipos del ejército ocupante, sabiendo que cada victoria aumentaba el riesgo, requería un coraje extraordinario. Pero era un coraje diferente al que describiría la propaganda: no el coraje suicida de quien elige morir por una causa, sino el coraje silencioso de quien se niega a dejar de ser quien es.

El legado del FC Start

Tras la liberación de Kiev en noviembre de 1943, los supervivientes del FC Start fueron honrados como héroes. En 1971 se erigió un monumento frente al estadio Zenit que conmemora el partido de la muerte. El estadio fue renombrado como estadio Start en honor al equipo. En 2002, la FIFA reconoció oficialmente la importancia histórica del partido.

La historia ha sido adaptada en múltiples películas, incluyendo Evasión o victoria (1981), protagonizada por Sylvester Stallone y Pelé, aunque esta versión se toma enormes libertades con los hechos reales. Más fiel a la historia fue la película ucraniana Match (2012), que intentó equilibrar la leyenda con los hechos documentados.

El debate entre mito y realidad continúa entre los historiadores. Algunos sostienen que los fusilamientos de febrero de 1943 estuvieron directamente motivados por las derrotas deportivas. Otros argumentan que los jugadores fueron detenidos por actividades de sabotaje y que la conexión con el fútbol fue una construcción posterior. La verdad probablemente se encuentra en un punto intermedio: las victorias del FC Start irritaron a las autoridades de ocupación, y cuando surgieron excusas para detener a los jugadores, esa irritación acumulada contribuyó a sellar su destino.

Lo que nadie discute es que, durante unas semanas del verano de 1942, un grupo de futbolistas ucranianos ofreció a una ciudad humillada y aterrorizada algo que el ocupante no podía controlar: la alegría de una victoria limpia, la demostración de que el talento y el espíritu colectivo no podían ser aplastados por las botas militares. En ese sentido, el partido de la muerte fue realmente un acto de resistencia, aunque de una naturaleza más sutil y humana de lo que la leyenda sugiere.

Más allá de Kiev: el deporte bajo la ocupación

El caso del FC Start no fue único. En toda la Europa ocupada, el deporte se convirtió en un campo de batalla simbólico entre ocupantes y ocupados. En Noruega, los atletas organizaron boicots masivos contra los eventos deportivos patrocinados por los nazis. En los Países Bajos, jugadores de fútbol fueron sancionados por negarse a realizar el saludo nazi antes de los partidos.

En los campos de concentración , los prisioneros organizaban partidos de fútbol improvisados como forma de mantener la cordura y la dignidad humana. En Theresienstadt, los nazis organizaron torneos de fútbol como parte de su farsa de "campo modelo", pero los prisioneros convirtieron esos partidos en momentos de solidaridad y humanidad que los captores no habían previsto.

El fútbol, en todos estos casos, cumplía una función que iba mucho más allá del entretenimiento: era una afirmación de identidad, una declaración de que la vida continuaba a pesar de todo, un acto de desafío silencioso contra quienes pretendían reducir a seres humanos a la categoría de esclavos o subhumanos. El FC Start de Kiev fue quizá el ejemplo más dramático de esta resistencia a través del deporte, pero formaba parte de un fenómeno mucho más amplio que recorrió toda la Europa bajo el yugo nazi.