Cuando los gobiernos racionaron los alimentos, prohibieron el comercio libre y controlaron cada aspecto de la vida económica, millones de personas encontraron una alternativa: el mercado negro. Durante la SGM, esta economía paralela e ilegal se convirtió en un fenómeno universal que afectó a todos los países beligerantes, desde la Europa ocupada hasta la propia Alemania, desde Gran Bretaña hasta Estados Unidos. Para muchos, el mercado negro no era un lujo ni un capricho: era la diferencia entre vivir y morir de hambre.

Escena del mercado negro durante la Segunda Guerra Mundial
El mercado negro fue una economía paralela que alimentó a millones de personas durante la guerra Fotógrafo desconocido · Dominio público

El racionamiento: el origen de la necesidad

La SGM fue la primera guerra moderna en la que el racionamiento de alimentos y bienes de consumo se aplicó de forma masiva y sistemática en todos los países beligerantes. Los gobiernos asignaban a cada ciudadano una cantidad fija de alimentos básicos —pan, carne, leche, azúcar, mantequilla— mediante cupones que debían presentarse en las tiendas autorizadas. La ropa, el combustible, el jabón e incluso el papel estaban racionados.

En la Europa ocupada por Alemania, el racionamiento era especialmente severo. Las potencias ocupantes se apropiaban de la producción agrícola e industrial local para alimentar a sus propios ejércitos y población civil, dejando a los países ocupados con cantidades insuficientes. En Francia, las raciones oficiales proporcionaban entre mil y mil doscientas calorías diarias, muy por debajo de las dos mil quinientas necesarias para un adulto. En los Países Bajos durante el "invierno del hambre" de 1944-1945, las raciones cayeron por debajo de las quinientas calorías.

En estas condiciones, el mercado negro no era una elección moral sino una necesidad de supervivencia. Familias que nunca habrían considerado transgredir la ley se encontraron comprando alimentos de contrabando, intercambiando objetos de valor por pan y carne, o cultivando huertos ilegales.

Francia: el arte del sistema D

En la Francia ocupada, el mercado negro alcanzó proporciones colosales. Los franceses lo llamaban "le marché noir" y recurrían al "Système D" —de "débrouillardise", que significa ingeniárselas— para sobrevivir. Campesinos que oficialmente debían entregar toda su producción al sistema de racionamiento ocultaban cantidades para venderlas directamente a consumidores urbanos dispuestos a pagar precios exorbitantes.

Las redes de distribución eran sofisticadas. Los "ravitailleurs" (abastecedores) transportaban alimentos desde las zonas rurales a las ciudades en maletas, debajo de la ropa o en compartimentos secretos de bicicletas y carros. Los trenes estaban sometidos a controles policiales, pero los contrabandistas conocían los horarios y las estaciones donde la vigilancia era menor.

Los precios en el mercado negro francés eran astronómicos. Un kilo de mantequilla podía costar diez veces su precio oficial; un huevo, cinco veces. Los cigarrillos americanos, introducidos después de los desembarcos de 1944, se convirtieron en una moneda paralela más fiable que el franco.

La actitud de las autoridades francesas de Vichy era ambivalente. Oficialmente perseguían el mercado negro; extraoficialmente, muchos funcionarios participaban en él. La policía francesa realizaba redadas periódicas, pero los castigos eran generalmente leves y el sistema seguía funcionando. Solo cuando las autoridades alemanas tomaban el control de las investigaciones los castigos se volvían severos.

Alemania: el mercado negro del Reich

Incluso en la propia Alemania, el mercado negro floreció a pesar de la represión brutal del régimen nazi. El gobierno de Hitler castigaba el estraperlo con penas severas, incluyendo la pena de muerte para los casos más graves. La propaganda presentaba a los traficantes como "parásitos del pueblo" y "saboteadores de guerra". Pero ni la propaganda ni las ejecuciones detuvieron el fenómeno.

Los trabajadores forzados extranjeros —millones de personas traídas a Alemania desde los países ocupados— fueron actores importantes del mercado negro alemán. Intercambiaban su ración de cigarrillos por comida, o robaban materiales de las fábricas para venderlos. Los prisioneros de guerra que recibían paquetes de la Cruz Roja tenían acceso a productos como chocolate, café y cigarrillos que eran moneda de cambio valiosa.

A medida que la guerra avanzaba y los bombardeos aliados destruían las infraestructuras de distribución, el mercado negro en Alemania se intensificó. En las ciudades bombardeadas, donde las tiendas habían sido destruidas y los suministros oficiales no llegaban, el mercado negro se convirtió en el único sistema de distribución funcional.

Gran Bretaña: el estraperlo contenido

Gran Bretaña implementó uno de los sistemas de racionamiento más eficientes y equitativos de la guerra. El gobierno británico controló los precios, distribuyó cupones de forma igualitaria y persiguió activamente el mercado negro. A diferencia de la Europa continental, donde la ocupación enemiga hacía imposible un control efectivo, las autoridades británicas mantuvieron el mercado negro a niveles relativamente bajos.

Sin embargo, el "black market" británico existió. Los alimentos no racionados —como la carne de caza, los huevos de granja y las verduras frescas— se vendían a precios inflados. Los restaurantes de lujo servían menús que excedían claramente las raciones permitidas. Los "spivs" (especuladores callejeros) vendían de todo, desde medias de nailon hasta neumáticos, en mercadillos clandestinos y callejones traseros.

La cultura popular británica inmortalizó al "spiv" como un personaje pintoresco: gabardina, sombrero ladeado y una frase susurrada de "¿Necesita algo, señor?". La realidad era menos glamurosa: muchos spivs estaban vinculados al crimen organizado y explotaban a una población desesperada.

Estados Unidos: la tierra de la abundancia relativa

Estados Unidos, protegido por dos océanos y con una capacidad agrícola e industrial inmensa, experimentó un racionamiento mucho menos severo que Europa. Aun así, productos como la gasolina, los neumáticos, el azúcar, la carne y el café fueron racionados, y el mercado negro surgió inmediatamente.

La gasolina era el producto más codiciado en el mercado negro estadounidense. Los cupones de racionamiento de combustible se falsificaban, robaban y vendían a gran escala. Se estima que hasta un cinco por ciento de la gasolina consumida en Estados Unidos durante la guerra procedía del mercado negro. Los neumáticos, escasísimos tras la pérdida de las plantaciones de caucho del sudeste asiático, alcanzaban precios exorbitantes.

La carne fue otro producto estrella del estraperlo estadounidense. Los ganaderos vendían reses directamente a carniceros que operaban sin cupones, evitando los controles de la Office of Price Administration. En algunas ciudades, se estimaba que hasta un veinte por ciento de la carne se distribuía por canales ilegales.

Los cigarrillos: la moneda universal

Si hubo un producto que funcionó como moneda universal del mercado negro en toda la SGM, ese fue el cigarrillo. En los campos de prisioneros, los cigarrillos eran la unidad de intercambio estándar: una camisa valía ochenta cigarrillos, una lata de carne cincuenta, una barra de chocolate quince. En la Europa liberada, los cigarrillos americanos —Lucky Strike, Camel, Chesterfield— tenían más valor que cualquier moneda local.

Los soldados estadounidenses, que recibían cigarrillos como parte de su ración, se convirtieron en actores privilegiados del mercado negro en Europa. Un cartón de cigarrillos comprado en el economato militar por un dólar podía venderse en París por cien francos, suficiente para una cena en un restaurante de lujo. Esta disparidad creó una economía paralela en la que los soldados aliados vivían como reyes mientras la población local luchaba por alimentarse.

Las consecuencias sociales

El mercado negro tuvo efectos profundos en las sociedades de la SGM. Erosionó el respeto por la ley: millones de personas que se consideraban ciudadanos honestos se convirtieron en delincuentes técnicos. Amplió las desigualdades: quienes tenían dinero o bienes de valor podían comprar en el mercado negro; quienes no tenían nada dependían exclusivamente de las raciones oficiales, a menudo insuficientes.

También creó una clase de nuevos ricos que amasaron fortunas con el comercio ilegal. En Francia, los "BOF" (beurre-œufs-fromage: mantequilla, huevos, queso) —campesinos y intermediarios que se enriquecieron vendiendo alimentos en el mercado negro— se convirtieron en objeto de resentimiento social que perduró mucho después de la guerra.

En la posguerra, cuando el racionamiento continuó durante años en Europa —en Gran Bretaña no se levantó completamente hasta 1954—, el mercado negro siguió funcionando. La transición de la economía de guerra a la economía de paz fue lenta y dolorosa, y para millones de europeos el mercado negro siguió siendo durante años la única forma de acceder a productos que los canales oficiales no podían suministrar. Fue, en definitiva, la respuesta humana más elemental a una situación inhumana: cuando el sistema no alimenta a la gente, la gente alimenta otro sistema.