El año 1945 trajo el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, el conflicto más devastador de la historia de la humanidad. En Europa, los ejércitos aliados convergieron sobre Alemania desde el este y el oeste hasta provocar el hundimiento total del Tercer Reich. En el Pacífico, la guerra culminó con el empleo de un arma de destrucción sin precedentes. Cuando los cañones callaron en septiembre, el mundo que emergía era radicalmente distinto al que había entrado en guerra seis años antes.

La conferencia de Yalta: diseñar el mundo de posguerra
Del 4 al 11 de febrero, Roosevelt, Churchill y Stalin se reunieron en Yalta, en la península de Crimea, para acordar el futuro de Europa una vez derrotada Alemania. Las decisiones tomadas en aquel balneario del mar Negro marcarían la geopolítica mundial durante las siguientes cuatro décadas.
Los tres líderes acordaron la división de Alemania en zonas de ocupación, la celebración de elecciones libres en los países liberados de Europa del Este, la creación de las Naciones Unidas y la entrada de la Unión Soviética en la guerra contra Japón tres meses después de la rendición alemana. También se fijaron las nuevas fronteras de Polonia, desplazadas hacia el oeste a costa del territorio alemán.
En la práctica, Yalta consagró la realidad militar del momento: el Ejército Rojo ocupaba Europa del Este y Stalin no tenía intención de renunciar a su esfera de influencia. Las promesas de elecciones libres quedarían en papel mojado. Las semillas de la Guerra Fría ya estaban plantadas.
Enero – Marzo: el cerco se cierra sobre Alemania
En el frente oriental, la ofensiva Vístula-Oder , lanzada el 12 de enero, arrolló las defensas alemanas con una fuerza abrumadora. En apenas dos semanas, el Ejército Rojo avanzó 500 kilómetros desde el Vístula hasta el Oder, a solo 70 kilómetros de Berlín. La velocidad del avance fue tal que los propios mandos soviéticos se detuvieron para consolidar sus flancos y asegurar las líneas de suministro.
En el oeste, los aliados cruzaron el Rin el 7 de marzo cuando la 9.ª División Blindada estadounidense capturó intacto el puente de Remagen. Fue el primer cruce aliado del Rin desde las guerras napoleónicas. Aunque los alemanes intentaron destruir el puente, fracasaron, y los estadounidenses establecieron una cabeza de puente que aceleró la desintegración de las defensas del Tercer Reich.
Simultáneamente, el bombardeo estratégico aliado alcanzó su máxima intensidad. El 13 y 14 de febrero, la RAF y la USAAF devastaron Dresde en una serie de bombardeos incendiarios que destruyeron el centro de la ciudad y causaron entre 22.700 y 25.000 muertes. El bombardeo de Dresde se convertiría en uno de los episodios más controvertidos de la guerra aérea, cuestionando los límites morales del bombardeo estratégico.
En el Pacífico, la batalla de Iwo Jima, del 19 de febrero al 26 de marzo, demostró el precio terrible que costaría la conquista de Japón. Los Marines estadounidenses necesitaron cinco semanas de combate brutal para tomar una isla de apenas 21 kilómetros cuadrados, sufriendo casi 7.000 muertos y 20.000 heridos. De los 21.000 defensores japoneses, solo 216 fueron capturados con vida. La famosa fotografía del izado de la bandera en el monte Suribachi se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de la guerra.
Abril: la agonía del Tercer Reich
El 1 de abril, los Marines desembarcaron en Okinawa, la última gran batalla del Pacífico antes de la invasión prevista de las islas principales japonesas. La campaña se prolongaría hasta junio y costaría más de 12.000 vidas estadounidenses y un número estimado de entre 77.000 y 110.000 japoneses, incluidos miles de civiles que se suicidaron o fueron asesinados por las propias fuerzas japonesas. Los ataques kamikaze alcanzaron su máxima intensidad, hundiendo o dañando cientos de buques aliados.
En Europa, el frente se desmoronaba a una velocidad vertiginosa. El 11 de abril, tropas estadounidenses liberaron el campo de concentración de Buchenwald. Dos días después, las tropas soviéticas tomaron Viena. El 15 de abril, soldados británicos entraron en Bergen-Belsen. Las imágenes de los campos de concentración, con sus pilas de cadáveres y supervivientes esqueléticos, conmocionaron al mundo y revelaron la magnitud completa del Holocausto.
El 16 de abril, el Ejército Rojo lanzó la ofensiva final contra Berlín. Más de 2,5 millones de soldados soviéticos, apoyados por 6.250 tanques y 41.000 piezas de artillería, avanzaron contra una defensa desesperada compuesta por restos de divisiones regulares, ancianos del Volkssturm y adolescentes de las Juventudes Hitlerianas. La batalla de Berlín fue una de las más sangrientas de la guerra: las pérdidas soviéticas superaron los 80.000 muertos.
El 25 de abril se produjeron dos encuentros simbólicos. En el río Elba, cerca de Torgau, soldados estadounidenses y soviéticos se encontraron por primera vez, partiendo Alemania en dos. En Italia, los partisanos italianos liberaron Milán y Turín; Mussolini fue capturado y ejecutado el 28 de abril mientras intentaba huir a Suiza.
30 de abril: la muerte de Hitler
Mientras los soviéticos combatían calle por calle hacia el centro de Berlín, Adolf Hitler permanecía en su búnker bajo la Cancillería del Reich. El 29 de abril, al conocer la muerte de Mussolini, contrajo matrimonio con Eva Braun y dictó su testamento político, en el que nombraba al almirante Karl Dönitz como su sucesor y culpaba de la derrota a la traición de sus generales y a los judíos.
El 30 de abril de 1945, con las tropas soviéticas a pocas manzanas del búnker, Hitler se suicidó de un disparo en la sien. Eva Braun tomó cianuro. Sus cuerpos fueron quemados en el jardín de la Cancillería siguiendo las instrucciones del propio Hitler, que no quería que su cadáver fuera exhibido como el de Mussolini. El hombre que había desencadenado la guerra más destructiva de la historia murió en un sótano, rodeado de escombros.
Mayo: la rendición de Alemania
Tras la muerte de Hitler, el Tercer Reich se desintegró en cuestión de días. El 2 de mayo, la guarnición de Berlín se rindió al Ejército Rojo. En los días siguientes, las capitulaciones parciales se sucedieron por todo el frente: las fuerzas alemanas en Italia se rindieron el 2 de mayo, las del noroeste de Alemania el 4, las de los Países Bajos y Dinamarca el 5.
El 7 de mayo, el general Alfred Jodl firmó la rendición incondicional de todas las fuerzas armadas alemanas en el cuartel general de Eisenhower en Reims, Francia. La rendición entró en vigor a las 23:01 del 8 de mayo. Stalin exigió una segunda ceremonia de rendición en Berlín, que tuvo lugar en la madrugada del 9 de mayo, firmada por el mariscal Wilhelm Keitel ante el mariscal soviético Gueorgui Zhúkov.
El 8 de mayo fue proclamado como el Día de la Victoria en Europa (VE Day). En Londres, París, Nueva York y Moscú, multitudes celebraron el final de la guerra en Europa con un alivio y una alegría que seis años de sufrimiento habían hecho casi inimaginable. Pero la guerra no había terminado: en el Pacífico, Japón seguía combatiendo.
Las conferencias de Potsdam y el nuevo orden
Del 17 de julio al 2 de agosto, los líderes aliados se reunieron en la conferencia de Potsdam , cerca de Berlín, para decidir el futuro de la Alemania derrotada y coordinar la fase final de la guerra contra Japón. El panorama político había cambiado desde Yalta: Roosevelt había muerto el 12 de abril y su sucesor Harry Truman era mucho más desconfiado hacia Stalin. Churchill fue reemplazado a mitad de la conferencia por Clement Attlee tras perder las elecciones británicas.
Potsdam estableció los principios de la ocupación de Alemania (desmilitarización, desnazificación, democratización y descartelización), las reparaciones de guerra y el desplazamiento de las poblaciones alemanas de Europa del Este. También emitió la Declaración de Potsdam, un ultimátum a Japón que exigía la rendición incondicional y advertía de una destrucción total en caso de rechazo.
Truman llegó a Potsdam con un secreto: el 16 de julio, en el desierto de Nuevo México, la prueba Trinity había detonado con éxito la primera bomba atómica de la historia. La era nuclear acababa de comenzar.
Agosto: las bombas atómicas y la rendición de Japón
El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, el bombardero B-29 Enola Gay lanzó una bomba de uranio apodada Little Boy sobre Hiroshima . La explosión, equivalente a 15.000 toneladas de TNT, devastó un área de 13 kilómetros cuadrados. Entre 70.000 y 80.000 personas murieron instantáneamente; decenas de miles más fallecerían en las semanas y meses siguientes por las quemaduras y la radiación. El total de víctimas se estima en 140.000 para finales de 1945.
El 8 de agosto, la Unión Soviética declaró la guerra a Japón y lanzó una ofensiva masiva contra el ejército japonés de Kwantung en Manchuria. En dos semanas, el Ejército Rojo destruyó una fuerza de 700.000 soldados japoneses, avanzando a una velocidad que recordaba las grandes ofensivas del frente oriental contra Alemania.
El 9 de agosto, una segunda bomba atómica, esta vez de plutonio y llamada Fat Man, fue lanzada sobre Nagasaki. La topografía montañosa de la ciudad limitó parcialmente la destrucción, pero aun así murieron entre 40.000 y 50.000 personas de forma inmediata, y el total alcanzó los 70.000 para finales de año.
La decisión de emplear las bombas atómicas sigue siendo uno de los debates más intensos de la historiografía de la SGM. Sus defensores argumentan que evitó una invasión terrestre de Japón que habría costado cientos de miles de vidas aliadas y millones de japonesas. Sus críticos sostienen que Japón estaba ya cerca de la rendición, que las bombas fueron innecesarias desde el punto de vista militar y que su verdadero propósito fue intimidar a la Unión Soviética en el naciente orden de posguerra.
15 de agosto: el fin de la guerra
El 15 de agosto de 1945, el emperador Hirohito se dirigió por primera vez a la nación japonesa a través de la radio. En un lenguaje críptico y ceremonial, anunció que Japón aceptaba los términos de la Declaración de Potsdam. La mayoría de los japoneses escucharon la voz de su emperador por primera vez. Muchos apenas comprendieron el mensaje, pero el significado era claro: la guerra había terminado.
La rendición formal tuvo lugar el 2 de septiembre a bordo del acorazado USS Missouri, anclado en la bahía de Tokio. El ministro de Asuntos Exteriores japonés Mamoru Shigemitsu y el general Yoshijiro Umezu firmaron el acta de rendición ante el general Douglas MacArthur y representantes de todas las potencias aliadas. La Segunda Guerra Mundial había terminado oficialmente.
El coste humano
Las cifras finales de la SGM desafían toda comprensión. Entre 70 y 85 millones de personas perdieron la vida, lo que representaba aproximadamente el 3% de la población mundial de 1940. La Unión Soviética sufrió las mayores pérdidas, con entre 24 y 27 millones de muertos. China perdió entre 15 y 20 millones. Polonia perdió el 17% de su población. Alemania sufrió entre 7 y 9 millones de bajas. Japón, más de 3 millones.
Por primera vez en la historia, las víctimas civiles superaron ampliamente a las militares. El Holocausto había asesinado a seis millones de judíos. Los bombardeos estratégicos habían destruido ciudades enteras. Las hambrunas, las epidemias y los desplazamientos masivos habían matado a millones más. Europa y Asia estaban devastadas: ciudades en ruinas, economías destruidas, sociedades fracturadas y decenas de millones de refugiados deambulando por continentes arrasados.
Las semillas del mundo nuevo
De las cenizas de la guerra surgió un orden mundial radicalmente nuevo. Las Naciones Unidas, fundadas en la conferencia de San Francisco en junio de 1945, aspiraban a evitar otro conflicto global mediante la cooperación internacional y la seguridad colectiva. Los juicios de Núremberg, iniciados en noviembre, establecieron por primera vez el principio de responsabilidad penal individual por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
Pero la gran alianza que había derrotado al fascismo se disolvió con rapidez. Las tensiones entre Estados Unidos y la Unión Soviética, contenidas durante la guerra por la necesidad de un enemigo común, afloraron de inmediato. La posesión del arma atómica por parte de Estados Unidos y el control soviético de Europa del Este dibujaron las líneas de un nuevo conflicto: la Guerra Fría, que dominaría la política mundial durante casi medio siglo.
Balance de 1945
El año 1945 no fue solo el final de una guerra: fue el final de una era. El sistema de grandes potencias europeas que había dominado el mundo durante siglos se derrumbó de forma definitiva. Las dos nuevas superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, eran fundamentalmente distintas de los imperios coloniales que reemplazaban. La era atómica había comenzado, con su promesa de energía ilimitada y su amenaza de aniquilación total. Los derechos humanos, hasta entonces un concepto abstracto, se habían convertido en una cuestión política urgente.
La SGM transformó todo lo que tocó: las fronteras, las sociedades, las economías, las tecnologías y las ideas. El mundo que emergió en septiembre de 1945 era irreconocible respecto al de septiembre de 1939. Y las decisiones tomadas en aquel año de victoria y devastación seguirían determinando el curso de la historia durante generaciones.