La liberación de París, consumada entre el 19 y el 25 de agosto de 1944, fue uno de los episodios más emotivos y simbólicos de la SGM en Europa. Tras cuatro años de ocupación alemana, la capital francesa recuperó su libertad gracias a una combinación de insurrección popular, la intervención de la Resistencia francesa y el avance de las tropas aliadas tras el éxito del desembarco de Normandía . La liberación de París no solo representó un triunfo militar, sino la restauración del orgullo de una nación humillada desde junio de 1940.

Multitud celebrando la liberación de París en los Campos Elíseos en agosto de 1944
Miles de parisinos llenan los Campos Elíseos para celebrar la liberación de París en agosto de 1944. Jack Downey, U.S. Office of War Information · Dominio público

París bajo la ocupación alemana

Desde el 14 de junio de 1940, cuando las tropas de la Wehrmacht entraron sin resistencia en una ciudad declarada abierta, París vivió bajo el yugo nazi. La ocupación transformó radicalmente la vida cotidiana de los parisinos. Los soldados alemanes patrullaban los bulevares, las esvásticas ondeaban en los edificios públicos y el toque de queda marcaba el ritmo de una ciudad sometida.

La presencia alemana no se limitaba al control militar. La Gestapo operaba desde su siniestra sede en la avenida Foch, donde interrogaba y torturaba a miembros de la Resistencia. Las redadas contra la población judía, como la tristemente célebre del Velódromo de Invierno en julio de 1942, dejaron una cicatriz indeleble en la memoria de la ciudad. Miles de judíos parisinos fueron deportados hacia los campos de exterminio del este, la mayoría sin regreso.

A pesar del terror, la vida cultural parisina no se detuvo por completo. Los cafés siguieron abiertos, los teatros representaban obras y los intelectuales debatían, aunque siempre bajo la sombra de la censura y la delación. Mientras unos colaboraban con el ocupante, otros organizaban redes clandestinas que saboteaban las comunicaciones alemanas, publicaban periódicos prohibidos y ayudaban a pilotos aliados derribados a escapar hacia España o Inglaterra.

El contexto militar: el avance aliado en Francia

Para comprender la liberación de París es necesario situarla en el marco de la campaña de Normandía. Tras el desembarco del 6 de junio de 1944, los aliados lucharon durante casi dos meses por romper las defensas alemanas en el bocage normando. La situación cambió drásticamente a finales de julio con la Operación Cobra, la ofensiva estadounidense que perforó las líneas alemanas cerca de Saint-Lô y abrió las puertas de Francia.

El contraataque alemán en Mortain, ordenado personalmente por Hitler a principios de agosto, intentó cortar el corredor estadounidense, pero fracasó estrepitosamente. El resultado fue la bolsa de Falaise, donde decenas de miles de soldados alemanes quedaron atrapados y destruidos entre las fuerzas aliadas que cerraban el cerco. Tras el desastre de Falaise, la resistencia organizada alemana en el norte de Francia se desmoronó. Las columnas aliadas avanzaban a tal velocidad que las líneas de suministro apenas podían seguirles el ritmo.

En este contexto, el alto mando aliado —encabezado por el general Eisenhower— debatía si liberar París o rodearlo. Desde un punto de vista estrictamente militar, la capital no tenía un valor estratégico que justificara desviar fuerzas. Alimentar a una ciudad de cuatro millones de habitantes consumiría enormes recursos logísticos que se necesitaban para mantener el avance hacia Alemania. El plan original contemplaba dejar París para más adelante y seguir hacia el este.

La insurrección de París: el pueblo se levanta

Sin embargo, los acontecimientos en el interior de la ciudad forzaron la mano de los aliados. Desde mediados de agosto, la tensión en París era insostenible. Las fuerzas de la Resistencia, reagrupadas bajo las Fuerzas Francesas del Interior (FFI) y coordinadas por el coronel Henri Rol-Tanguy, habían preparado un levantamiento armado. El 15 de agosto, los trabajadores del metro y de la policía se declararon en huelga. El 18 de agosto, la huelga se generalizó.

El 19 de agosto de 1944, la insurrección estalló abiertamente. Grupos de resistentes atacaron edificios gubernamentales, comisarías y posiciones alemanas. La Prefectura de Policía, en la isla de la Cité, fue tomada por los insurgentes y se convirtió en el símbolo del levantamiento. Barricadas improvisadas —construidas con adoquines, coches volcados y árboles talados, evocando la tradición revolucionaria parisina— bloquearon las calles para dificultar el movimiento de los blindados alemanes.

La lucha fue desigual. Los resistentes disponían de armas ligeras, cócteles molotov y un coraje inmenso, pero se enfrentaban a una guarnición de unos 20.000 soldados alemanes equipados con tanques y artillería. El comandante alemán de París, el general Dietrich von Choltitz, recibió de Hitler la orden de destruir la ciudad antes de entregarla: los puentes sobre el Sena debían ser volados, los monumentos minados y las fábricas arrasadas. «París no debe caer en manos del enemigo, o solo caer como un campo de ruinas», ordenó el Führer.

La tregua y la decisión de avanzar sobre París

El 20 de agosto se negoció una tregua precaria entre los insurgentes y la guarnición alemana, mediada por el cónsul sueco Raoul Nordling. La tregua fue controvertida dentro de la propia Resistencia: los comunistas, liderados por Rol-Tanguy, querían continuar la lucha para que el pueblo de París se liberase a sí mismo, mientras que los gaullistas preferían esperar a las tropas regulares para evitar un baño de sangre y garantizar que De Gaulle tomase el control político de la capital.

Fue precisamente el general Charles de Gaulle quien presionó con mayor insistencia para que los aliados enviasen tropas a París de inmediato. De Gaulle comprendía que la cuestión no era solo militar sino política: si la insurrección triunfaba sin apoyo aliado, los comunistas podrían controlar la capital; si fracasaba, la destrucción sería devastadora. Además, la entrada triunfal en París era esencial para legitimar al Gobierno Provisional de la República Francesa que él encabezaba.

Eisenhower, convencido por los argumentos de De Gaulle y por los informes sobre la gravedad de la situación, autorizó el avance sobre París el 22 de agosto. La misión recayó en la 2.ª División Blindada francesa del general Philippe Leclerc, reforzada por la 4.ª División de Infantería estadounidense. Leclerc, que había jurado en el desierto africano que no se detendría hasta liberar París, recibió la orden que había esperado durante cuatro años.

La entrada de la 2.ª División Blindada

La marcha hacia París no fue un paseo triunfal. Los hombres de Leclerc debieron combatir contra posiciones alemanas en las localidades al sur de la capital, lo que retrasó el avance. Impaciente, Leclerc envió por delante una avanzadilla: la columna del capitán Raymond Dronne, compuesta por tanques Sherman y semiorugas tripulados en buena parte por republicanos españoles de la 9.ª Compañía, conocida como «La Nueve». Estos veteranos de la Guerra Civil española, que habían seguido combatiendo al fascismo desde el norte de África, fueron los primeros soldados aliados regulares en entrar en París.

La noche del 24 de agosto, la columna de Dronne alcanzó el Ayuntamiento de París (Hôtel de Ville). Las campanas de las iglesias de la ciudad repicaron anunciando la llegada de los libertadores. Los parisinos salieron a las calles en un estallido de alegría incontenible, abrazando a los soldados, ofreciéndoles vino y flores. Aquella noche, París supo que la pesadilla estaba a punto de terminar.

Al día siguiente, 25 de agosto, el grueso de la 2.ª División Blindada y las tropas estadounidenses entraron en la ciudad. Los combates continuaron durante varias horas en diversos puntos, especialmente alrededor del Hotel Meurice, cuartel general de Von Choltitz, y en el Jardín de Luxemburgo. A media tarde, Von Choltitz fue capturado en el Meurice y firmó la rendición de la guarnición alemana ante el general Leclerc y el coronel Rol-Tanguy.

Von Choltitz y la salvación de París

Una de las cuestiones más debatidas sobre la liberación de París es el papel de Von Choltitz. El general alemán desobedeció la orden de Hitler de destruir la ciudad. Los puentes no fueron volados, los monumentos no fueron dinamitados, Notre-Dame y la Torre Eiffel sobrevivieron intactas. Tras la guerra, Von Choltitz se presentó como el «salvador de París», afirmando que no quiso cargar con la destrucción de una de las ciudades más hermosas del mundo.

La realidad es más compleja. Von Choltitz carecía de los medios suficientes para ejecutar la destrucción total ordenada por Hitler. Sus tropas estaban desmoralizadas, rodeadas y sin posibilidad de recibir refuerzos. Además, sabía que la guerra estaba perdida y que la obediencia ciega al Führer solo le acarrearía un juicio por crímenes de guerra. Su decisión, probablemente motivada tanto por pragmatismo como por un cálculo personal, tuvo en cualquier caso un resultado afortunado: París se salvó.

De Gaulle entra en París: el desfile de la victoria

El 26 de agosto de 1944, Charles de Gaulle protagonizó uno de los momentos más icónicos de la historia de Francia. Descendió a pie por los Campos Elíseos desde el Arco del Triunfo hasta la plaza de la Concordia, aclamado por cientos de miles de parisinos que se agolpaban a ambos lados de la avenida. Aquella imagen —el hombre que había mantenido viva la llama de la Francia Libre desde Londres— consolidó su autoridad como líder indiscutible de la Francia liberada.

El desfile no estuvo exento de incidentes. Disparos de francotiradores —posiblemente milicianos colaboracionistas o soldados alemanes rezagados— sembraron momentos de pánico entre la multitud, pero De Gaulle continuó caminando con una sangre fría que impresionó a cuantos lo presenciaron. Más tarde, en la catedral de Notre-Dame, durante un tedeum de acción de gracias, nuevos disparos provocaron una estampida, aunque el general se mantuvo imperturbable.

Winston Churchill , que seguía los acontecimientos desde Londres, reconoció que la liberación de París representaba un hito no solo militar sino moral para toda la causa aliada. La noticia dio la vuelta al mundo y elevó la moral de los pueblos que aún sufrían bajo la ocupación nazi.

El balance de la liberación de París

La liberación de París costó la vida a unos 1.500 civiles franceses y alrededor de 600 combatientes de la Resistencia. Las bajas alemanas se estimaron en unos 3.200 muertos y más de 12.000 prisioneros. La 2.ª División Blindada sufrió 71 muertos y 225 heridos. Cifras contenidas si se comparan con la destrucción que había sufrido Varsovia en su levantamiento, aplastado sin piedad por los alemanes apenas unas semanas antes.

Tras la liberación llegaron episodios menos gloriosos. La depuración (épuration) contra los colaboracionistas incluyó juicios sumarios, ejecuciones extrajudiciales y la humillación pública de mujeres acusadas de haber mantenido relaciones con soldados alemanes, a las que se les rapaba la cabeza y se les paseaba por las calles. Estas escenas revelaron las heridas profundas que la ocupación había dejado en la sociedad francesa.

Significado histórico de la liberación de París

La liberación de París tuvo un impacto que trascendió lo militar. Políticamente, permitió a De Gaulle instalar el Gobierno Provisional en la capital y evitar tanto un vacío de poder como una posible administración militar aliada sobre Francia, que era el plan original de Roosevelt. Francia recuperó así su soberanía y su dignidad como nación.

Simbólicamente, la imagen de París libre fue un golpe devastador para la propaganda nazi, que durante cuatro años había presentado la ocupación como una colaboración armoniosa entre dos grandes pueblos europeos. La resistencia popular y la insurrección demostraron que esa narrativa era una farsa.

Militarmente, la liberación de París aceleró el colapso alemán en Francia. En las semanas siguientes, los aliados liberaron casi todo el territorio francés, cruzaron la frontera belga y se aproximaron a las puertas de Alemania. El verano de 1944, que había comenzado con el desembarco en las playas normandas, terminó con la capital de Francia libre y la Wehrmacht en plena retirada. La liberación de París confirmó que el final de la SGM en Europa era cuestión de tiempo.