La batalla de El Alamein, librada entre octubre y noviembre de 1942, fue el punto de inflexión de la guerra en el norte de África y una de las victorias más significativas de los Aliados en toda la SGM. En las arenas del desierto egipcio, el VIII Ejército británico del general Bernard Montgomery derrotó definitivamente al Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel , poniendo fin a la amenaza del Eje sobre el canal de Suez y el petróleo de Oriente Medio. Churchill resumió su significado con una frase que se haría célebre: "No es el fin, ni siquiera el principio del fin, pero es, quizá, el fin del principio".

El general Montgomery observa el campo de batalla desde la torreta de su tanque Grant en El Alamein, noviembre de 1942
El general Montgomery observa la retirada alemana desde su tanque de mando en El Alamein, 5 de noviembre de 1942. Capt. Keating / Imperial War Museums · Dominio público

El camino hacia El Alamein

La campaña del norte de África llevaba más de dos años cuando las dos fuerzas se enfrentaron en El Alamein. Desde que Italia había entrado en la guerra en junio de 1940, el desierto entre Libia y Egipto había sido escenario de un vaivén constante: los italianos avanzaban, los británicos contraatacaban y los empujaban hacia atrás, Rommel llegaba con el Afrika Korps y revertía la situación.

Para el verano de 1942, Rommel había alcanzado la cima de su éxito. Tras capturar Tobruk en junio —una fortaleza que los británicos habían defendido durante meses—, el Zorro del Desierto avanzó hacia Egipto. Su objetivo era el canal de Suez, la arteria vital que conectaba a Gran Bretaña con su imperio asiático y con los yacimientos de petróleo del Golfo Pérsico.

Pero El Alamein era un cuello de botella natural. Con el mar Mediterráneo al norte y la depresión de Qattara —un terreno intransitable para vehículos— al sur, el frente se reducía a apenas 65 kilómetros. Rommel no podía flanquear al enemigo con sus habituales maniobras envolventes. Por primera vez en la campaña del desierto, la batalla se libraría en un frente estrecho donde la superioridad numérica importaba más que la audacia táctica.

La primera batalla de El Alamein (julio de 1942)

En julio de 1942, Rommel lanzó su ataque contra las posiciones británicas de El Alamein, confiado en que el impulso de sus victorias anteriores le llevaría hasta el canal de Suez. El general Auchinleck, comandante británico, organizó una defensa tenaz que detuvo el avance alemán. Durante varias semanas de combates agotadores, ningún bando logró romper las líneas del otro.

La primera batalla de El Alamein fue un empate táctico pero una victoria estratégica británica: Rommel había sido detenido a solo 100 kilómetros de Alejandría. Su ejército estaba agotado, mal abastecido y lejos de sus bases. Los suministros que necesitaba desesperadamente eran hundidos en el Mediterráneo por los submarinos y la aviación basados en Malta. Mientras tanto, los británicos recibían un flujo constante de refuerzos y material a través del canal de Suez.

Montgomery toma el mando

En agosto de 1942, Churchill viajó a El Cairo y reorganizó el mando en el norte de África. El general Bernard Montgomery fue nombrado comandante del VIII Ejército. Montgomery era un personaje difícil —arrogante, puntilloso, abrasivo con sus superiores—, pero poseía cualidades que la situación exigía: meticulosidad en la planificación, capacidad para inspirar a sus tropas y una determinación absoluta de no atacar hasta estar seguro de la victoria.

Montgomery se negó a lanzar una ofensiva prematura. Mientras Rommel intentaba un último ataque en la batalla de Alam el-Halfa a finales de agosto —que Montgomery rechazó con facilidad porque conocía los planes enemigos gracias a la inteligencia de Ultra—, el comandante británico acumuló pacientemente recursos. Para octubre, el VIII Ejército disponía de más de 1.000 tanques, incluidos los nuevos Sherman estadounidenses, contra unos 500 del Eje. En infantería, artillería y aviación, la superioridad aliada era abrumadora.

La segunda batalla: Operación Lightfoot

El 23 de octubre de 1942, a las 21:40, más de 1.000 cañones británicos abrieron fuego simultáneamente a lo largo del frente. La Operación Lightfoot, la ofensiva de Montgomery, había comenzado. La artillería machacó las posiciones del Eje durante veinte minutos antes de que la infantería avanzara a través de los extensos campos de minas que Rommel había sembrado —los alemanes los llamaban los Jardines del Diablo—.

El plan de Montgomery consistía en abrir brechas en los campos de minas por las que los zapadores trazarían pasillos señalizados para que los blindados pasaran. Pero el avance fue más lento de lo esperado. Los campos de minas eran más densos y profundos de lo previsto, y las tropas italianas y alemanas ofrecieron una resistencia feroz desde sus posiciones fortificadas.

Rommel no estaba en África cuando comenzó la batalla: se había marchado a Alemania a tratar una enfermedad. Su sustituto, el general Stumme, murió de un infarto durante el primer día de combate. Cuando Rommel regresó al frente el 25 de octubre, encontró una situación desesperada: los británicos presionaban con una fuerza que su ejército no podía igualar.

La ruptura y la persecución

Montgomery, ante la lentitud del avance, reajustó su plan. La Operación Supercharge, lanzada el 2 de noviembre, concentró el esfuerzo en un sector estrecho del frente con una combinación devastadora de infantería, blindados y aviación. Tras combates feroces, los británicos rompieron las líneas del Eje.

Rommel comprendió que la batalla estaba perdida y ordenó la retirada. Hitler le envió un telegrama categórico: "No hay más camino que la victoria o la muerte". Rommel obedeció durante unas horas, pero la realidad militar era inapelable. El 4 de noviembre, lo que quedaba del Afrika Korps y las divisiones italianas comenzaron a retirarse hacia el oeste. Muchas unidades italianas, sin transporte motorizado, fueron abandonadas en el desierto y capturadas por los británicos.

La persecución fue menos efectiva de lo que Montgomery esperaba. Rommel condujo su retirada con la habilidad que le caracterizaba, utilizando retaguardias móviles y aprovechando las lluvias que convirtieron el desierto en un barrizal. Aun así, el Afrika Korps estaba herido de muerte: había perdido más de 30.000 hombres, 450 tanques y centenares de cañones.

El Alamein en el contexto de 1942

La batalla de El Alamein se produjo en un momento crucial de la SGM. En el frente oriental, la batalla de Stalingrado estaba en su fase más encarnizada. En el Pacífico, los marines estadounidenses combatían en Guadalcanal . En los tres frentes, el otoño de 1942 marcó el momento en que la marea comenzó a cambiar.

Pocos días después de El Alamein, el 8 de noviembre, las fuerzas aliadas desembarcaron en Marruecos y Argelia en la Operación Antorcha . Rommel quedó atrapado entre dos fuerzas convergentes. La campaña norteafricana continuaría hasta mayo de 1943, pero El Alamein fue el punto sin retorno: después de esa batalla, el Eje nunca volvió a tomar la iniciativa en el Mediterráneo.

Para Gran Bretaña, El Alamein fue la primera gran victoria terrestre contra Alemania. Antes de octubre de 1942, los británicos no habían ganado una sola batalla decisiva en el desierto. Después de El Alamein, las campanas de las iglesias británicas repicaron por primera vez desde 1940. Churchill, con su instinto para la frase histórica, lo resumió en tres palabras: "El fin del principio".

Legado de la batalla

El Alamein demostró que la Wehrmacht podía ser derrotada en batalla abierta cuando los Aliados contaban con superioridad material y un mando competente. Montgomery se convirtió en un héroe nacional británico, aunque su cautela exasperaba a los estadounidenses. Rommel mantuvo su reputación de genio táctico incluso en la derrota, aunque El Alamein mostró los límites de una estrategia basada en la audacia cuando se enfrenta a un enemigo con recursos superiores.

Para los soldados que combatieron en el desierto, El Alamein fue una batalla de desgaste brutal: noches de avance a través de campos de minas, días de combate de tanques a corta distancia, el estruendo constante de la artillería y la omnipresencia de la arena, el calor y las moscas. Decenas de miles de tumbas en los cementerios de guerra del desierto occidental recuerdan el precio de aquella victoria.