El año 1942 fue el más decisivo de la Segunda Guerra Mundial. Comenzó con el Eje en su máxima extensión territorial, dominando desde el Atlántico hasta las puertas de Moscú y desde el Ártico hasta el norte de África. Terminó con tres derrotas estratégicas que marcaron el inicio de un declive irreversible: Stalingrado en el frente oriental, Midway en el Pacífico y El Alamein en el desierto norteafricano.

La conferencia de Wannsee: la industrialización del horror
El 20 de enero de 1942, en una villa a orillas del lago Wannsee, en las afueras de Berlín, quince altos funcionarios del régimen nazi se reunieron para coordinar la llamada Solución Final de la cuestión judía. Presidida por Reinhard Heydrich, jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich, la conferencia no decidió el exterminio de los judíos europeos (las matanzas masivas ya estaban en curso desde el verano de 1941), sino que organizó su ejecución sistemática e industrial.
La conferencia estableció la colaboración entre las distintas ramas del gobierno para identificar, deportar y asesinar a los aproximadamente 11 millones de judíos que los nazis contabilizaban en toda Europa. Los campos de exterminio de Treblinka, Sobibor y Belzec comenzaron a operar en los meses siguientes. Auschwitz-Birkenau amplió sus instalaciones de gas y cremación. El Holocausto entró en su fase más mortífera.
Enero – Marzo: el Eje en su apogeo
En el Pacífico, Japón continuó su expansión vertiginosa tras Pearl Harbor. En enero cayó Manila; el 15 de febrero, Singapur se rindió con más de 80.000 soldados aliados prisioneros, la mayor capitulación de la historia militar británica. Las Indias Orientales Neerlandesas fueron conquistadas en marzo, asegurando los pozos petrolíferos que Japón necesitaba desesperadamente. Birmania cayó en abril, cortando la ruta terrestre de suministros a China. Australia e India se sentían directamente amenazadas.
En el frente oriental, el Ejército Rojo lanzó ambiciosas contraofensivas invernales que aliviaron la presión sobre Moscú , pero los intentos de cercar grandes formaciones alemanas tuvieron resultados desiguales. La Wehrmacht, aunque castigada por el invierno ruso, mantuvo la cohesión de sus líneas y se preparó para una nueva ofensiva veraniega.
En el Atlántico, los submarinos alemanes vivían su segunda época dorada. Tras la entrada de Estados Unidos en la guerra, los U-Boot encontraron presas fáciles frente a la costa este estadounidense, donde los buques mercantes navegaban sin escolta y las ciudades costeras no aplicaban el blackout nocturno, silueteando a los barcos contra la luz. Entre enero y junio de 1942, se hundieron más toneladas de barcos aliados que en cualquier periodo comparable anterior.
Abril – Junio: los primeros reveses del Eje
El 18 de abril, dieciséis bombarderos B-25 despegaron desde el portaaviones USS Hornet y atacaron Tokio y otras ciudades japonesas. La incursión de Doolittle causó daños materiales mínimos, pero su impacto psicológico fue enorme: demostró que el territorio japonés era vulnerable y humilló a un alto mando naval que había prometido que tal ataque era imposible. La reacción japonesa fue planificar una operación para destruir la flota estadounidense en Midway.
En mayo, la batalla del Mar del Coral se convirtió en el primer combate naval de la historia en el que los buques de ambos bandos nunca se avistaron directamente, luchando exclusivamente mediante aviación embarcada. Aunque fue un empate táctico (ambas partes perdieron un portaaviones), estratégicamente frenó el avance japonés hacia Port Moresby y Australia.
La batalla de Midway, del 4 al 7 de junio, fue el punto de inflexión definitivo en el Pacífico. La inteligencia naval estadounidense había descifrado los códigos japoneses y conocía el plan enemigo. El almirante Nimitz tendió una emboscada a la flota combinada japonesa del almirante Yamamoto. En cinco minutos devastadores, bombarderos en picado estadounidenses destruyeron tres portaaviones japoneses; un cuarto fue hundido más tarde ese día. Japón perdió cuatro portaaviones, un crucero pesado y más de 3.000 hombres, incluidos pilotos navales veteranos irreemplazables. La iniciativa estratégica en el Pacífico cambió de manos de forma permanente.
Julio – Septiembre: ofensivas y contraofensivas
En el frente oriental, Alemania lanzó la Operación Azul el 28 de junio, una ofensiva masiva hacia el Cáucaso y el Volga. Hitler buscaba los campos petrolíferos del Cáucaso para sostener su maquinaria bélica y cortar la arteria fluvial del Volga para estrangular los suministros soviéticos. El avance inicial fue espectacular, pero la decisión de dividir las fuerzas entre dos objetivos divergentes debilitó fatalmente ambos esfuerzos.
El 6.º Ejército del general Friedrich Paulus avanzó hacia Stalingrado, inicialmente como objetivo secundario para proteger el flanco norte de la ofensiva caucásica. Pero la ciudad que llevaba el nombre de Stalin adquirió un valor simbólico que trascendía cualquier consideración estratégica. Hitler ordenó tomarla a cualquier precio; Stalin ordenó defenderla hasta el último hombre.
El 7 de agosto, los Marines estadounidenses desembarcaron en Guadalcanal, en las islas Salomón, iniciando la primera ofensiva terrestre aliada en el Pacífico. Lo que se planeó como una operación rápida para capturar un aeródromo japonés en construcción se convirtió en una guerra de desgaste de seis meses por tierra, mar y aire. Guadalcanal consumió recursos japoneses que no podían reemplazarse y demostró que el soldado aliado podía derrotar al japonés en combate terrestre.
En el norte de África, Erwin Rommel y su Afrika Korps alcanzaron El Alamein, a apenas 100 kilómetros de Alejandría y del canal de Suez. Sin embargo, las líneas de suministro del Eje estaban al límite absoluto. La primera batalla de El Alamein, en julio, detuvo el avance germano-italiano. Montgomery, recién llegado al mando del 8.º Ejército británico, comenzó a acumular fuerzas para una contraofensiva decisiva.
Octubre – Diciembre: la marea cambia
La segunda batalla de El Alamein, del 23 de octubre al 11 de noviembre, fue la primera gran victoria terrestre británica de la guerra. Montgomery, con clara superioridad en hombres, tanques y aviones, lanzó una ofensiva metódica que rompió las líneas del Afrika Korps tras doce días de combate. Rommel, enfermo y con sus fuerzas diezmadas, inició una larga retirada hacia el oeste. Churchill lo expresó con una frase que se haría célebre: antes de El Alamein no habían conocido la victoria; después, no conocerían la derrota.
El 8 de noviembre, fuerzas estadounidenses y británicas desembarcaron en Marruecos y Argelia en la Operación Antorcha, la primera gran operación anfibia aliada occidental. El desembarco abrió un segundo frente en el norte de África que eventualmente atraparía a las fuerzas del Eje en Túnez, en una pinza con el 8.º Ejército que avanzaba desde el este.
En Stalingrado, la batalla había degenerado en un combate casa por casa de una brutalidad sin precedentes. Los soldados luchaban por edificios, pisos, habitaciones individuales. La esperanza de vida de un soldado recién llegado al frente se medía en horas. Pero el 19 de noviembre, el Ejército Rojo lanzó la Operación Urano, un golpe magistral que rompió las debilitadas líneas rumanas e italianas que protegían los flancos del 6.º Ejército y cerró un cerco de acero sobre 300.000 soldados alemanes atrapados en la ciudad. Hitler prohibió la retirada. El intento de rescate del general Manstein (Operación Tormenta de Invierno) fracasó en diciembre. El 6.º Ejército estaba condenado.
La guerra en las sombras
En 1942, la inteligencia aliada obtuvo ventajas que resultarían decisivas. En Bletchley Park, los criptoanalistas británicos perfeccionaron sus métodos para descifrar las comunicaciones Enigma alemanas. La inteligencia Ultra proporcionó información crítica en El Alamein, en la batalla del Atlántico y en la planificación de operaciones futuras. En el Pacífico, los descifrados de los códigos navales japoneses fueron directamente responsables de la victoria en Midway.
En la Europa ocupada, los movimientos de resistencia comenzaron a organizarse de forma más efectiva. En Francia, los distintos grupos de resistencia empezaron un proceso de unificación bajo la dirección de Jean Moulin, enviado por De Gaulle. En Yugoslavia, los partisanos de Tito combatían tanto a los ocupantes del Eje como a los chetniks monárquicos. En la Unión Soviética, los partisanos operaban tras las líneas alemanas, saboteando ferrocarriles y atacando guarniciones.
La movilización industrial aliada
Quizás el factor más determinante de 1942 fue la transformación de la economía estadounidense en un arsenal democrático de escala sin precedentes. Las fábricas de automóviles producían tanques, bombarderos y municiones. Los astilleros botaban buques Liberty a un ritmo que pronto superaría las pérdidas causadas por los submarinos alemanes. La producción bélica soviética, trasladada masivamente a los Urales tras la invasión alemana, también alcanzó niveles extraordinarios, fabricando más tanques T-34 y aviones que Alemania.
La brecha industrial entre los aliados y el Eje se amplió mes a mes durante 1942. Alemania y Japón no podían igualar la capacidad productiva combinada de Estados Unidos, la Unión Soviética y el Imperio Británico. Las batallas de desgaste favorecían inexorablemente a la coalición aliada.
Balance de 1942
Al cerrar el año, la guerra había cambiado de forma fundamental e irreversible. El Eje había alcanzado su máxima extensión territorial y ahora enfrentaba una coalición que se fortalecía cada mes. En el Pacífico, Midway y Guadalcanal habían arrebatado la iniciativa a Japón. En el norte de África, El Alamein y la Operación Antorcha anunciaban el final del dominio del Eje en el Mediterráneo. En el frente oriental, un ejército alemán entero agonizaba en Stalingrado.
Los próximos tres años traerían batallas feroces como Kursk y la Operación Ciudadela , desembarcos masivos y la destrucción final del Tercer Reich y del Imperio japonés. Pero fue en 1942 cuando la balanza se inclinó de forma definitiva. El punto de inflexión no fue un momento único, sino una sucesión de derrotas que demostraron al Eje los límites de su poder y a los aliados que la victoria, aunque lejana y costosa, era alcanzable.