En la primavera de 1941, los Balcanes se convirtieron en el escenario de una campaña relámpago que en apenas tres semanas sometió a Yugoslavia y Grecia al dominio del Eje. La Operación Marita contra Grecia y la invasión simultánea de Yugoslavia fueron consecuencia directa de los fracasos militares italianos y de un golpe de Estado en Belgrado que enfureció a Hitler. La campaña de los Balcanes tuvo repercusiones que se extendieron mucho más allá de la región: según algunos historiadores, el retraso que impuso sobre la Operación Barbarroja pudo haber sido decisivo para el desenlace de la guerra en el frente oriental.

Los antecedentes: la debacle italiana en Grecia
El 28 de octubre de 1940, Italia invadió Grecia desde Albania sin consultar a Alemania. Mussolini quería una victoria propia que compensara su dependencia de Hitler. El resultado fue un desastre. El ejército griego, motivado y conocedor del terreno montañoso, no solo detuvo la ofensiva italiana sino que la rechazó, penetrando en Albania y capturando ciudades como Korçë y Gjirokastër.
Para diciembre de 1940, los italianos habían perdido un cuarto del territorio albanés que controlaban. Las condiciones invernales en las montañas del Epiro y Albania eran terribles, y las tropas italianas sufrían enormemente por falta de equipamiento adecuado, suministros y moral. Mussolini lanzó una contraofensiva en marzo de 1941 que fracasó rotundamente, humillando aún más al régimen fascista.
La situación preocupaba profundamente a Hitler. No solo porque la debacle italiana ponía en ridículo al Eje, sino porque el Reino Unido comenzó a enviar tropas a Grecia en marzo de 1941. Una presencia británica en los Balcanes amenazaba los campos petrolíferos rumanos de Ploiești, vitales para la maquinaria bélica alemana, y comprometía el flanco sur de la inminente invasión de la Unión Soviética.
El golpe de Estado en Yugoslavia
Los Balcanes se complicaron aún más por los acontecimientos en Yugoslavia. El gobierno del regente príncipe Pablo, bajo intensa presión alemana, firmó la adhesión al Pacto Tripartito el 25 de marzo de 1941. Pero dos días después, un golpe de Estado militar liderado por el general Dušan Simović derrocó al regente e instaló al joven rey Pedro II en el trono. Multitudes celebraron en las calles de Belgrado con gritos de más vale guerra que pacto.
Hitler recibió la noticia con una furia desmedida. Consideró el golpe como una afrenta personal y ordenó de inmediato la destrucción de Yugoslavia. La Directiva 25, emitida el mismo 27 de marzo, ordenaba atacar Yugoslavia simultáneamente desde todos los países vecinos del Eje: Alemania, Italia, Hungría y Bulgaria. El nuevo gobierno yugoslavo intentó desesperadamente negociar con Berlín, pero Hitler no estaba dispuesto a escuchar.
Operación Castigo: el bombardeo de Belgrado
La campaña comenzó el 6 de abril de 1941 con el bombardeo terrorista de Belgrado, bautizado por los alemanes como Operación Castigo (Unternehmen Strafgericht). Sin declaración de guerra previa, la Luftwaffe lanzó oleadas de bombarderos sobre la capital yugoslava. El objetivo no era solo militar, sino punitivo: Hitler quería castigar a los yugoslavos por su insolencia.
El bombardeo de Belgrado destruyó gran parte del centro de la ciudad, incluida la Biblioteca Nacional, que albergaba manuscritos medievales irreemplazables. Las cifras de muertos civiles varían entre 2.000 y 17.000 según las fuentes. La defensa antiaérea yugoslava era mínima y la aviación, anticuada y superada en número, fue destruida en gran parte en tierra.
La campaña relámpago
El ejército yugoslavo, con 700.000 hombres movilizados, parecía formidable sobre el papel. En la práctica, estaba fatalmente debilitado por divisiones étnicas internas. Croatas, eslovenos y otras minorías no compartían el entusiasmo bélico serbio, y las deserciones fueron masivas desde el primer día. El despliegue defensivo intentaba cubrir todas las fronteras simultáneamente, dispersando las fuerzas en una línea imposible de mantener.
Las fuerzas alemanas atacaron desde múltiples direcciones. Desde Austria, el 2.º Ejército Panzer avanzó hacia Zagreb, que cayó el 10 de abril sin resistencia significativa. Los croatas, lejos de combatir, proclamaron un Estado independiente bajo el liderazgo del fascista Ante Pavelić. Desde Bulgaria, el 1.er Grupo Panzer de Kleist avanzó hacia Niš y Belgrado. Desde el sur, las fuerzas que ya operaban contra Grecia presionaron sobre Macedonia.
Belgrado cayó el 13 de abril. Un audaz golpe de mano del capitán Fritz Klingenberg, que entró en la ciudad con apenas un puñado de hombres de las SS en botes de asalto por el Danubio, precipitó la rendición de una guarnición desmoralizada. El 17 de abril, el ejército yugoslavo capituló incondicionalmente. La campaña había durado once días.
Grecia: la última resistencia
Simultáneamente a la invasión de Yugoslavia, las fuerzas alemanas atacaron Grecia el 6 de abril. La Línea Metaxás, una serie de fortificaciones a lo largo de la frontera búlgara, resistió con tenacidad extraordinaria. Los defensores griegos rechazaron asaltos frontales alemanes y solo cedieron cuando fueron flanqueados a través del territorio yugoslavo recién conquistado.
El avance alemán fue imparable una vez rota la línea defensiva. Las divisiones Panzer descendieron por los valles griegos a una velocidad que impedía cualquier reorganización defensiva. El cuerpo expedicionario británico, compuesto por tropas australianas, neozelandesas y británicas bajo el mando del general Henry Maitland Wilson, intentó establecer líneas defensivas sucesivas —en el río Aliakmon, en las Termópilas— pero cada posición era flanqueada antes de poder consolidarse.
El 20 de abril, el ejército griego del Epiro capituló, atrapado entre los alemanes que avanzaban desde el norte y los italianos que presionaban desde Albania. El rey Jorge II y el gobierno griego evacuaron a Creta. La evacuación del cuerpo expedicionario británico comenzó el 24 de abril desde los puertos del Peloponeso. De los 62.000 soldados aliados en Grecia, unos 50.000 fueron evacuados, pero perdieron todo su equipo pesado.
Atenas cayó el 27 de abril. La bandera nazi fue izada en la Acrópolis, en un acto simbólico que indignó al mundo. La noche siguiente, dos jóvenes griegos —Manolis Glezos y Apostolos Santas— arrancaron la bandera en uno de los primeros actos de resistencia en la Europa ocupada.
La batalla de Creta
La conquista de los Balcanes continentales no fue suficiente para Hitler. Creta, la isla más grande del Mediterráneo oriental, albergaba bases aéreas desde las que la RAF podía amenazar los campos petrolíferos de Ploiești. El 20 de mayo de 1941, Alemania lanzó la Operación Mercurio , el mayor asalto aerotransportado de la historia hasta la fecha.
Miles de paracaidistas alemanes descendieron sobre los aeródromos de Maleme, Retino y Heraclión. La batalla de Creta fue ferocísima. Los defensores —tropas neozelandesas, australianas, británicas y griegas, junto con civiles cretenses armados con cuchillos y herramientas de labranza— infligieron pérdidas devastadoras a los paracaidistas alemanes. El primer día de la operación estuvo al borde del desastre para los atacantes.
Sin embargo, errores de comunicación aliados permitieron a los alemanes capturar el aeródromo de Maleme. Una vez asegurada una pista de aterrizaje, los refuerzos llegaron en un flujo continuo que inclinó la balanza. Tras diez días de combates, los Aliados evacuaron Creta entre el 28 de mayo y el 1 de junio. La isla cayó, pero el coste para Alemania fue tan alto —más de 6.000 bajas, incluyendo la élite de las tropas paracaidistas— que Hitler prohibió cualquier operación aerotransportada a gran escala en el futuro.
Consecuencias de la campaña de los Balcanes
La conquista de Yugoslavia y Grecia fue una victoria militar aplastante, pero tuvo consecuencias profundas y no todas favorables para Alemania.
El debate más duradero se centra en el retraso que la campaña impuso sobre la Operación Barbarroja, originalmente prevista para el 15 de mayo. La invasión de la Unión Soviética se pospuso al 22 de junio, en parte por los compromisos balcánicos. Aunque algunos historiadores sostienen que el principal motivo del retraso fueron las inundaciones primaverales en Polonia, otros argumentan que las semanas perdidas en los Balcanes privaron a la Wehrmacht de un tiempo crucial antes de la llegada del invierno ruso.
Yugoslavia fue desmembrada: Croacia se convirtió en un estado títere del Eje; Serbia quedó bajo ocupación militar directa; otros territorios fueron repartidos entre Italia, Hungría, Bulgaria y Albania. La brutalidad de la ocupación, especialmente las atrocidades del régimen ustacha croata contra serbios, judíos y romaníes, alimentó una guerra de guerrillas que no cesó hasta 1945. Los partisanos yugoslavos de Tito se convirtieron en el movimiento de resistencia más eficaz de Europa, obligando al Eje a mantener decenas de divisiones en los Balcanes durante toda la guerra.
Grecia sufrió una de las ocupaciones más duras de Europa. La hambruna del invierno de 1941-1942, agravada por el bloqueo naval y las requisas del Eje, mató a decenas de miles de personas solo en Atenas. La resistencia griega organizó una lucha clandestina que, como en Yugoslavia, tuvo también una dimensión de guerra civil entre facciones rivales.
La campaña de los Balcanes de 1941 demostró una vez más la superioridad táctica de la Wehrmacht y la eficacia de la Blitzkrieg. Pero también mostró que las victorias rápidas no garantizaban la pacificación, y que cada nuevo territorio conquistado exigía guarniciones que Alemania no podía permitirse en vísperas de su aventura más ambiciosa y fatal: la invasión de la Unión Soviética.