Cuando Italia declaró la guerra el 10 de junio de 1940, el desierto del norte de África se convirtió en uno de los primeros campos de batalla del conflicto. Con un enorme ejército colonial en Libia y otro en el África Oriental italiana, Mussolini ambicionaba expulsar a los británicos de Egipto, controlar el canal de Suez y construir un imperio mediterráneo que rivalizara con el de la antigua Roma. Lo que siguió fue una serie de campañas en las que la audacia, la logística y la adaptación al terreno importaron más que los números.

Tropas en el desierto del norte de África durante la SGM
Combates en el desierto del norte de África, 1940 Fotógrafo desconocido · Dominio público

El escenario: un desierto como campo de batalla

El norte de África presentaba condiciones de combate únicas. El Desierto Occidental, la franja de territorio entre la costa mediterránea y el interior sahariano, ofrecía un terreno plano y abierto que favorecía la guerra de movimiento. Las temperaturas oscilaban entre el calor abrasador del día y el frío nocturno. La arena dañaba los motores, las armas y los equipos ópticos. El agua era un recurso tan valioso como la munición.

La frontera entre Libia (colonia italiana) y Egipto (protectorado británico) cruzaba un paisaje desolado con escasas poblaciones. Los puertos costeros —Tobruk, Bardia, Bengasi, Derna en el lado libio; Mersa Matruh y Alejandría en el egipcio— eran los nudos logísticos vitales. Quien controlara los puertos controlaba la capacidad de abastecer a sus tropas en el desierto.

Las fuerzas italianas en Libia, bajo el mando del mariscal Italo Balbo (y tras su muerte accidental en junio de 1940, del mariscal Rodolfo Graziani), sumaban más de 200.000 hombres organizados en el 5.º Ejército en Tripolitania y el 10.º Ejército en Cirenaica. Frente a ellos, las fuerzas británicas del Western Desert Force, bajo el mando del teniente general Richard O'Connor, contaban con apenas 36.000 hombres, aunque mejor equipados y entrenados.

La ofensiva italiana: septiembre de 1940

Mussolini presionó incansablemente a Graziani para que lanzara una ofensiva contra Egipto. El mariscal italiano se resistía, consciente de las deficiencias de su ejército: falta de vehículos motorizados, artillería obsoleta, tanques ligeros inadecuados para el combate moderno y una logística precaria. Pero el Duce quería resultados antes de que la victoria alemana en Europa le dejara sin botín que reclamar.

El 13 de septiembre de 1940, el 10.º Ejército italiano cruzó finalmente la frontera egipcia. La ofensiva avanzó con una lentitud exasperante: cuatro días para recorrer apenas 100 kilómetros. Las columnas italianas se movían a pie, con largas caravanas de suministros, y se detenían cada pocos kilómetros para establecer campamentos fortificados.

El 16 de septiembre, los italianos alcanzaron Sidi Barrani, un pequeño pueblo costero a unos 95 kilómetros dentro de territorio egipcio. Allí, Graziani detuvo el avance. Estableció una serie de campamentos fortificados dispersos a lo largo de un amplio arco defensivo y se dedicó a construir una carretera asfaltada desde la frontera libia hasta Sidi Barrani para mejorar su línea de abastecimiento.

Los británicos, que se habían retirado ordenadamente ante el avance italiano, observaban con incredulidad. Los campamentos italianos estaban demasiado separados entre sí para apoyarse mutuamente, carecían de obstáculos antitanque adecuados y no estaban conectados por líneas defensivas continuas. Era una invitación al desastre.

La Operación Compass: el contraataque británico

Durante dos meses, mientras Graziani permanecía inmóvil en Sidi Barrani, el general Archibald Wavell, comandante en jefe de las fuerzas británicas en Oriente Medio, y O'Connor planificaron un contraataque limitado. La , prevista inicialmente como una incursión de cinco días, se convertiría en una de las victorias más espectaculares de toda la guerra.

El 9 de diciembre de 1940, la Western Desert Force atacó. La 7.ª División Acorazada (los célebres Ratas del Desierto) y la 4.ª División India se infiltraron por las brechas entre los campamentos italianos y los atacaron por la retaguardia. La sorpresa fue total.

En Nibeiwa, el primer campamento atacado, los tanques Matilda II británicos irrumpieron en el perímetro defensivo al amanecer. Los italianos, que no esperaban tanques pesados —sus cañones antitanque no podían penetrar el blindaje del Matilda—, fueron aplastados en pocas horas. El general Maletti, comandante de las tropas libias, murió combatiendo en pijama.

En los días siguientes, los campamentos italianos cayeron uno tras otro como fichas de dominó. Tummar West, Tummar East, Sidi Barrani, Buq Buq: cada posición fue envuelta y arrollada por fuerzas muy inferiores en número pero inmensamente superiores en movilidad, potencia de fuego blindada y coordinación.

La persecución: de Sidi Barrani a Beda Fomm

Lo que comenzó como una incursión limitada se transformó en una ofensiva en toda regla cuando Wavell autorizó a O'Connor a perseguir al enemigo en retirada. El 10.º Ejército italiano se desintegraba: miles de soldados se rendían en masa, columnas enteras eran capturadas en las carreteras y las unidades que intentaban resistir eran flanqueadas y destruidas.

El 5 de enero de 1941, los australianos de la 6.ª División asaltaron la fortaleza de Bardia, capturando 45.000 prisioneros. El 22 de enero cayó Tobruk, el puerto más importante de Cirenaica, con otros 25.000 prisioneros. O'Connor no se detuvo. Mientras la infantería avanzaba por la carretera costera, envió a la 7.ª División Acorazada a través del desierto en un audaz movimiento de flanqueo para cortar la retirada italiana en Beda Fomm.

El 5 de febrero, los tanques británicos alcanzaron la carretera costera al sur de Bengasi, justo a tiempo para interceptar las columnas del 10.º Ejército en retirada. Durante dos días de combates desesperados, los italianos intentaron romper el bloqueo. Fracasaron. El 7 de febrero, el 10.º Ejército italiano se rindió.

El balance de la Operación Compass era asombroso. En dos meses, una fuerza de nunca más de 30.000 hombres había avanzado más de 800 kilómetros, destruido un ejército de diez divisiones, capturado 130.000 prisioneros, 400 tanques y 1.300 cañones. Las bajas británicas fueron de 500 muertos, 1.373 heridos y 55 desaparecidos.

Consecuencias y la llegada de Rommel

La Operación Compass demostró que los números no lo eran todo en la guerra moderna. La calidad de las tropas, la iniciativa de los mandos, la superioridad blindada y la audacia táctica podían compensar con creces la inferioridad numérica. O'Connor fue reconocido como uno de los generales más brillantes de la guerra, aunque su nombre quedó eclipsado por los que vendrían después.

Sin embargo, la victoria británica fue incompleta. Wavell recibió la orden de detener el avance y transferir tropas a Grecia, donde una nueva crisis amenazaba. La decisión, tomada por Churchill, impidió a O'Connor conquistar toda Libia y eliminar la presencia del Eje en el norte de África. Fue una de las grandes controversias estratégicas de la guerra.

La humillación italiana obligó a Hitler a intervenir. En febrero de 1941, el Afrikakorps alemán, al mando del entonces teniente general Erwin Rommel , desembarcó en Trípoli. La llegada de Rommel transformó por completo la dinámica de la guerra en el desierto. En marzo de 1941, el Zorro del Desierto lanzó su primera ofensiva y recuperó en semanas casi todo el terreno que los italianos habían perdido en meses.

La guerra del desierto de 1940 fue solo el prólogo de una campaña que se prolongaría hasta mayo de 1943 y que pasaría por el sitio de Tobruk , la batalla de El Alamein y la Operación Antorcha . Pero en aquellos meses finales de 1940, la campaña de O'Connor demostró que el Eje no era invencible y que el Reino Unido podía golpear y vencer en tierra.