Causas de la Segunda Guerra Mundial

¿Hay alguna guerra que haya comenzado fruto del azar? La respuesta es no. Sin excepción, son provocadas por las ansias de reconocimiento o la sed de poder de gobernantes o pueblos radicalizados. Y sus orígenes más profundos se encuentran en trasfondos históricos en los que, poco a poco, va desbordándose una energía agresiva que termina condicionando los hechos posteriores. Es decir, es un error pensar que la Segunda Guerra Mundial es el producto de decisiones tomadas con improvisación. La mecha ya llevaba largos años preparándose. Y el fuego terminó siendo inevitable.

La Segunda Guerra Mundial comenzó en 1939 y duró seis largos años.

La mayoría de las potencias principales de Europa se vieron implicadas en la contienda, las batallas se desarrollaron a lo largo y ancho del planeta, y más de 45 millones de personas perdieron la vida (según los cálculos más optimistas) en lo que terminó siendo el conflicto bélico más devastador de toda la historia. En esta entrada de Segundaguerramundial.es pretendemos analizar las causas que originaron la Segunda Guerra Mundial. ¡Allá vamos!

¿Cuáles fueron las causas de la Segunda Guerra Mundial?

La Primera Guerra Mundial

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, muchas de las disputas que la habían originado aún seguían sin resolver.

Tras la rendición alemana, el pueblo alemán sintió un gran resentimiento debido al hecho de que otros países estaban interfiriendo excesivamente en la reestructuración de la Alemania de posguerra.

Los ganadores trataron con desdén al país derrotado y ni tan siquiera le invitaron a tener voz (mucho menos voto) en los tratados de paz que se implementaron tras la contienda. El conocido Tratado de Versalles abordaba específicamente el futuro de Alemania sin tener en cuenta en absoluto a los propios alemanes. El resultado fue que toda una nación se sintió ultrajada y humillada: el caldo de cultivo perfecto que sería hábilmente explotado después por políticos como Adolf Hitler.

Hitler se erigió como adalid de una justa venganza contra los países que habían derrotado a Alemania en 1918. Su deseo de poder quedaba justificado so pretexto de querer librarse del gobierno que había capitulado en la Primera Guerra Mundial y con la promesa irresistible de sustituirlo por otro merecedor de la gloria de una nueva Alemania: el NSDAP o Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, comúnmente conocido como Partido Nazi. Cabe por tanto afirmar que la propia Primera Guerra Mundial fue la causa primaria de la Segunda Guerra Mundial, al ser el primer elemento desestabilizador de toda una cadena de acontecimientos que conducirían al estallido de la guerra en 1939.

El Tratado de Versalles

Otra de las causas de la Segunda Guerra Mundial fue el Tratado de Versalles, ya que enfadó sobremanera al pueblo alemán por multitud de razones. El primer motivo fue que se trataba de un tratado impuesto por potencias extranjeras dejando al margen a Alemania (los alemanes lo conocían como “el dictado de Versalles” (Versailler Diktat).

Las condiciones de dicho tratado eran tan estrictas que las propias naciones que lo habían impuesto se dieron cuenta de ello. Cuando Hitler comenzó a incumplir las cláusulas años después de su firma, el resto de potencias se mostró reticente a reaccionar enérgicamente: muchos fueron entonces los que consideraron que era una manera tácita de decirle a Adolf Hitler que tolerarían cierta flexibilidad en aras de normalizar la diplomacia tras la Gran Guerra.

Lo cierto es que el Tratado de Versalles no solucionaba ningún problema, es más, creaba otros nuevos entre países que ya recelaban de por sí los unos de los otros y que aún luchaban por recuperarse de la masacre de la reciente contienda.

Uno de los puntos más polémicos del tratado quedaba recogido en una cláusula por la cual la región alemana de Renania (fronteriza con Francia y Bélgica) se convertiría en una zona desmilitarizada.

Mapamundi de la Primera Guerra Mundial. En verde, Naciones de la Entente / Aliados, en naranja las Naciones Centrales y en gris las que se mantuvieron neutrales. Fuente y autoría: Thomashwang [bajo licencia CC BY-SA 3.0], vía Wikimedia Commons.
Portada del Tratado de Versalles (versión en inglés). Fuente y autoría: Desconocida [bajo licencia de dominio público en virtud de la legislación estadounidense de copyright], vía Wikimedia Commons.

Asimismo, se le exigía a Alemania proceder al desarme, como paso primero hacia un desarme mundial (desarme que fue acogido con poco entusiasmo por parte de los vencedores de la Primera Guerra Mundial).

Por consiguiente, Alemania se quedaría técnicamente indefensa ante cualquier futuro intento de invasión francés, hecho que sucedió en 1923 cuando Alemania fue incapaz de pagarle a Francia las reparaciones de guerra de aquel año.

El pago forzoso de reparaciones, en la práctica multas por los daños causados por Alemania entre 1914 y 1918, fue posiblemente la medida más impopular del Tratado de Versalles. Tras el fin de la Gran Guerra, la destrucción había alcanzado cotas jamás antes conocidas por la humanidad, especialmente en Francia.

El tratado establecía que Alemania tenía que compensar al país galo con el pago de sumas regulares. Lo que el documento obviaba es que la guerra había dañado en igual medida a la economía germana y sencillamente era imposible para esta última satisfacer las cantidades demandadas. La solución alemana a este problema de insolvencia fue bastante cuestionable e ineficaz: imprimir más dinero.

¿El efecto? Una hiperinflación (inflación desbocada). El marco alemán se devaluó hasta tal punto que la economía estuvo al borde del colapso total. El Plan Dawes terminaría resolviendo parcialmente el problema de las reparaciones y Alemania pudo volver a pagar sus plazos a Francia.

El Plan Dawes

El Plan Dawes fue creado para que Alemania pudiera costear sus reparaciones de guerra, así como para resolver varios problemas financieros de una economía mundial que cada vez estaba más interconectada. Hay que tener en cuenta que Estados Unidos le prestaba dinero a Alemania y Alemania lo empleaba para pagarle a Francia las reparaciones, Francia a su vez usaba ese dinero para pagar la deuda que tenía contraída con Gran Bretaña y Gran Bretaña usaba ese dinero para pagarle a Estados Unidos el dinero que le debía.

El Plan Dawes parecía por tanto la solución ideal para todos y los países comenzaron a llevarse algo mejor entre sí. No obstante, había un punto débil en todo el planteamiento: si algo iba mal y uno de los países no le pagaba al otro, el conflicto era inevitable y la situación económica y social podía empeorar aún más (esto sucedió en 1929 con el estallido de la Gran Depresión, como veremos a continuación).

La Gran Depresión

Sin duda, una de las causas de la Segunda Guerra Mundial. El hundimiento de las cotizaciones bursátiles en Estados Unidos causó un tsunami financiero de magnitudes desconocidas hasta la fecha. Estados Unidos no pudo seguir prestándole dinero a Alemania para que pudiera abonarle a Francia las reparaciones y llegó incluso a exigirle el pago adelantado de la deuda contraída hasta la fecha.

El resultado es que Estados Unidos se replegó sobre sí con el fin de recuperar su propia economía y de evitar terminar metido en otro gran (y caro) conflicto europeo. Los países a lo largo y ancho del planeta comenzaron a verse en serios apuros económicos.

Largas colas tras el pánico bancario del crack de 1929.
Fuente y autoría: Funcionario de EE.UU. [bajo licencia de dominio público en virtud de la legislación estadounidense de copyright], vía Wikimedia Commons.

El desempleo era rampante en todas las naciones y los gobernantes creían que la creación de grandes ejércitos podía mitigar el problema. La crisis financiera internacional fue por consiguiente uno de los factores desencadenantes de la Segunda Guerra Mundial, al darle a Alemania la excusa perfecta para romper el Tratado de Versalles y crear unas fuerzas armadas más grandes en su propio territorio.

La invasión japonesa de Manchuria

La crisis económica del 1929 también afectó a Japón: el pueblo nipón sufría hambrunas, desempleo y una carestía general de recursos. Para resolver estos problemas, Japón decidió invadir Manchuria. Con esta ofensiva, el país del sol naciente iniciaba su inevitable camino hacia la Segunda Guerra Mundial.

Primera causa

Japón era una nación pobre y sin recursos. Necesitaba más, así que decide invadir China.

Segunda causa

Las barreras existentes entre China, Estados Unidos y Japón se traducían en una economía nacional que se tambaleaba, así que Japón decide construir su propio imperio para abastecerse autárquicamente.

Tercera causa

Japón no tenía acceso a materias primas estratégicas como el carbón o el hierro. Tradicionalmente se habían importado de China.

Casus Belli

En 1931, Japón denuncia que China ha saboteado una propiedad de una empresa nipona: un tramo de Ferrocarril del Sur de Manchuria (en realidad se trató de una operación de falsa bandera similar al incendio premeditado del Reichstag en Alemania). Japón decide entonces invadir Manchuria y expulsa a las fuerzas chinas. En 1932 establece un gobierno marioneta, conocido como gobierno de Manchukuo, leal al ejército japonés. El gobierno de Japón ordena al ejército que se retire, pero no se acata la orden como se debe. China recurre entonces a la Sociedad de Naciones, pero debido a la influencia nipona en la organización no se llega nunca a ninguna resolución condenatoria ni reparadora.

Respuesta de la Sociedad de Naciones

La Sociedad de Naciones no hace nada hasta septiembre de 1932. Posteriormente, elabora un informe sobre el incidente de Manchuria y concluye que la conducta de Japón es contraria al derecho internacional y que tiene que devolverle a China los territorios anexionados. En 1933 Japón invade China de nuevo y abandona la Sociedad de Naciones. La organización internacional se ve incapaz de dar una respuesta: estaba más interesada en mantener unas mínimas relaciones con Japón que en agravar la situación aún más con la aplicación de sanciones.

Primera consecuencia

La Sociedad de Naciones se presenta ante el mundo como débil e ineficaz al dar excusas malas y al proyectar la idea de que no había frente común frente a agresiones injustificadas contra países miembros. China apenas recibe respaldo por parte de la Sociedad de Naciones.

Segunda consecuencia

Dado que ni Estados Unidos ni la Unión Soviética eran miembros de la Sociedad de Naciones, la capacidad de expulsar a los japoneses de Manchuria es nula y Japón prosigue con la ocupación.

Tercera consecuencia

Tanto Mussolini como Hitler, al ver cómo reacciona la Sociedad de Naciones ante este incidente, siguen el ejemplo nipón en Abisinia (Etiopía) y Checoslovaquia respectivamente. Seis años más tarde se desencadenaría la Segunda Guerra Mundial.

Póster de propaganda para fomentar la cooperación con los japoneses de la población de Manchuria. Fuente y autoría: Desconocida [bajo licencia de dominio público en virtud de la legislación china de copyright], vía Wikimedia Commons.

La invasión italiana de Abisinia (Etiopía)

Primera causa

En 1896, las tropas italianas tratan de invadir Abisinia (Etiopía en la actualidad) pero son derrotadas por un ejército tribal mal equipado. Benito Mussolini busca la venganza de tan humillante derrota. La nueva Italia fascista no podía echar por tierra su orgullo patrio.

Segunda causa

Mussolini quiere apoderarse de las tierras fértiles y de la riqueza mineral de Abisinia.

Tercera causa

Mussolini busca la gloria y la conquista de los antiguos generales y conquistadores. Quiere devolverle a Italia la gloria del antiguo Imperio Romano.

Ofensiva

En octubre de 1935, el ejército del Duce inicia una invasión a gran escala de Abisinia. Los etíopes no pueden oponer resistencia al poderío del moderno ejército italiano, equipado con tanques, aviones y gases venenosos.

Respuesta de la Sociedad de Naciones

En los meses previos a la ofensiva, la Sociedad de Naciones había estado negociando con el dictador italiano. Hubo mucha charla pero pocos hechos concretos. Al final, la Sociedad de Naciones presenta un plan que le daría a Mussolini parte de Abisinia. El Duce lo rechaza. Tras la invasión italiana, la Sociedad de Naciones decide crear un comité para imponer sanciones. Por cada semana de demora en la aprobación de una resolución sancionadora, Mussolini hace un acopio cada vez mayor de materias primas. La Sociedad de Naciones termina prohibiendo la venta de armas, los préstamos y las exportaciones de caucho y metales a Italia. También se decreta un embargo. Ahora bien, se tardan dos meses por ejemplo en bloquear las exportaciones de petróleo a Italia.

Primera consecuencia

En Gran Bretaña, cerca de 30.000 mineros ven peligrar sus puestos de trabajo debido a la aprobación de la prohibición de exportar carbón a Italia.

Segunda consecuencia

La Sociedad de Naciones no hace gran cosa para pararle los pies a Italia y otros países como Alemania piensan que podrían invadir otros países siguiendo el ejemplo italiano.

Tropas expedicionarias italianas luchando en Abisinia (Etiopía en la actualidad). Fuente y autoría:  Foto luce – ediz. d’arte v.e. Boeri – v. f. Corridoni, 7 Roma [bajo licencia de dominio público en virtud de la legislación italiana de copyright], vía Wikimedia Commons.

La Sociedad de Naciones

La Sociedad de Naciones fue una organización creada por el Tratado de Versalles. La idea era que actuase como una especie de policía internacional para garantizar la paz en Europa. La organización serviría como árbitro de conflictos internacionales.

Por ejemplo, si un país sufría una agresión extranjera podría recurrir a la Sociedad de Naciones para que esta aprobase resoluciones sancionadoras (embargos económicos, sanciones militares, etc.). Sobre el papel la idea parecía buena pero a la hora de verdad terminó siendo un verdadero despropósito.

Cuando Japón invadió Manchuria, la Sociedad de Naciones no respondió como se esperaba, ya que Francia y Gran Bretaña no querían malas relaciones con el país nipón. Italia copió el ejemplo en 1935 con Abisinia (Etiopía) y lo único que la Sociedad de Naciones hizo fue actuar con gran lentitud y negligencia.

Los países veían que podían realmente salirse con la suya adoptando políticas internacionales agresivas. Al final, nadie confiaba en la capacidad de protección de este organismo internacional: no mucho tiempo después sería Alemania la que lanzaría sus órdagos envalentonada por las tibias reacciones de los estados miembros.

La debilidad de la Sociedad de Naciones fue una de las principales causas del estallido de la Segunda Guerra Mundial, ya que de haber funcionado bien se habría logrado mantener la paz en Europa y no se habría desencadenado probablemente ningún conflicto, al menos no a gran escala.

Animación de los países miembros de la Sociedad de Naciones desde 1920 a 1945. Leyenda: miembros en azul oscuro, colonias de miembros en azul claro, mandatos en naranja, no miembros en gris oscuro, colonias de no miembros en gris claro. Fuente y autoría: Maps & Lucy [bajo licencia CC BY SA-3.0], vía Wikimedia Commons.

La política exterior de Adolf Hitler

Los alemanes aún estaban recuperándose de su derrota en la Primera Guerra Mundial. El deseo de venganza por cómo se había tratado a su país durante las dos décadas posteriores al primer gran conflicto mundial marcó decisivamente la política exterior de Adolf Hitler. A continuación aparecen recogidos los principales puntos de la visión internacional del Führer:

Incumplimiento de las cláusulas de Tratado de Versalles

Hitler supo explotar la aversión que sentían los alemanes hacia el Tratado de Versalles. Asimismo, era consciente de que la mayoría de los europeos coincidían en que el tratado se había implementado de manera demasiado agresiva y unilateral.

Cuando Hitler comenzó a incumplir los términos del tratado, no fue castigado por una Sociedad de Naciones que se sentía paralizada por la culpa tras la desastrosa gestión de la cuestión alemana. Ahora bien, si Hitler iba a recuperar todo lo que Alemania había sacrificado con la firma del Tratado de Versalles, entonces iba a tener que invadir otros países soberanos.

Proceso de rearme

Hitler quería que Alemania volviera a ser una potencia dominante en el escenario europeo y para ello tenía que reconstruir su potencia militar de antaño mediante un rearme a gran escala. La Gran Depresión fue la excusa perfecta a la que aferrarse para justificar el rearme y el aumento del ejército alemán, bajo el pretexto de mitigar el altísimo desempleo que afectaba al país.

La coyuntura de crisis financiera fue hábilmente aprovechada por Adolf Hitler. Por una parte, formar militarmente a la juventud serviría para reducir el desempleo y por otra parte se conseguiría fomentar ese nacionalismo belicista que tanto perseguía la ideología nacionalsocialista.

Reunir a todos los hablantes de alemán en una sola nación (Großdeutschland o Gran Alemania)

El Tratado de Versalles le había dado a cada nación su propio estado. Lógicamente, una de las consecuencias de la desaparición del Imperio Prusiano fue que ahora había hablantes de alemán dispersados por toda Europa.

La soberanía de territorios como Alsacia o Lorena había sido históricamente fuente de conflicto entre Francia y Alemania, así que si Hitler lograba recuperar de nuevo los antiguos territorios alemanes y cohesionarlos en un solo país lograría consolidar de nuevo el orgullo patrio. Para ello, Adolf Hitler tenía que invadir naciones que ahora eran soberanas y que habían sido reconfiguradas tras la victoria aliada de 1918. El potencial de conflicto bélico era más que evidente en la antesala de la Segunda Guerra Mundial.

Sello con la cara de Adolf Hitler. Puede leerse Grossdeutsches Reich – Gran Reich Alemán, el sueño del nacionalsocialismo. Fuente y autoría:  Professional Assassin [bajo licencia de dominio público en virtud de la legislación alemana de copyright], vía Wikimedia Commons.

Ganar “espacio vital” (Lebensraum) para Alemania

La única manera de la que Adolf Hitler podía conseguir esto era haciéndose con el control de los países limítrofes con la Alemania nazi, incluso si era a costa de iniciar otra guerra.

Limpiar étnicamente el Reich

Para potenciar el nacionalismo alemán, Hitler defendió la noción de que la raza alemana (aria) era la más pura y perfecta, quedando el resto supeditadas a esta (los miembros de otros pueblos como el judío, el gitano o el eslavo pasaron a denominarse Untermensch o subhumanos).

Si el Führer quería limpiar el Reich, tendría que librarse de aquellos que mancillasen su visión racista. Con estas afirmaciones se estaba dejando caer claramente su disposición para cometer genocidios en Alemania y en los países fronterizos con el fin de garantizar el estatus superior de la raza alemana.

Destruir el comunismo

Para acometer esta tarea, a Adolf Hitler no le quedaría más remedio que declararle la guerra a la Unión Soviética. Para ello tendría que atravesar primero Polonia: la posibilidad de guerra era por tanto una cuestión de tiempo más que de probabilidades. Asimismo, Gran Bretaña y Francia habían mostrado su rechazo a los ideales defendidos por el comunismo, lo que podría hacer pensar en un hipotético apoyo interesado al Tercer Reich llegado el caso.

Aunque la Unión Soviética entró a formar parte de la Sociedad de Naciones en 1934, terminó abandonando la organización internacional en 1939 tras darse cuenta de que esta no le brindaría protección en caso de un ataque germano.

A medida que Hitler perseveraba en la consecución de sus objetivos, Gran Bretaña y Francia trataban de rebajar la tensión mediante una política temerosa de consentimiento, lo que terminó fortaleciendo al Führer. Las políticas exteriores nacionalsocialistas fueron un factor clave en el camino hacia la Segunda Guerra Mundial.

No nos engañemos, desde un principio todo el mundo supo que la única manera de pararle los pies a Hitler sería la guerra, aunque no se quisiera admitir por el recuerdo aún fresco de los horrores de la anterior. La tabla a continuación expuesta muestra de manera esquemática las acciones de Hitler, sus motivaciones y las respuestas de los principales vencedores europeos de 1918.

Exigencias del Tratado de Versalles

  1. Las fuerzas armadas de Alemania serían ampliamente reducidas y sometidas a grandes limitaciones.
  2. La región de Renania se convertiría en una zona desmilitarizada.
  3. Se le prohibía a Alemania la unión con Austria.
  4. La región de los Sudetes pasaría a estar bajo soberanía de Checoslovaquia, estado recientemente creado.
  5. Polonia recibiría antiguos territorios de la Pomerania prusiana (conocidos como “el corredor polaco”) para tener acceso directo al mar Báltico.

Respuesta de Adolf Hitler

  1. En 1933, Hitler aumenta el tamaño de las fuerzas armadas alemanas. En 1935, pacta con Inglaterra para poder aumentar sus fuerzas navales e introduce el reclutamiento  obligatorio de tropas en 1936.
  2. En marzo de 1936, Hitler envía tropas a la región de Renania, violando las disposiciones del Tratado de Versalles.
  3. Tras un periodo de influencia nazi cada vez mayor, en 1928 los austriacos votaron en un referéndum sobre si querían anexionarse a la Alemania nazi o no. Alemania envió tropas a Austria para supervisar las votaciones. El 99,75 % de los votantes se decantó por el Ja! (sí).
  4. En 1938, Hitler afirmó que estaba preparado y dispuesto para enfrentarse a Checoslovaquia. Tras reunirse con representantes de Gran Bretaña, Francia e Italia (Acuerdos de Múnich), Hitler consiguió los Sudetes sin disparar ni un solo tiro.
  5. El 1 de septiembre de 1939, Alemania invade Polonia por el oeste. El 17 de septiembre de ese mismo año, fuerzas soviéticas lanzan una ofensiva por el este. Polonia se divide en dos partes: al oeste, una bajo jurisdicción nazi y al este otra bajo jurisdicción soviética.

Justificaciones

  1. Hitler afirmó que necesitaba un ejército mayor para proteger a Alemania y para combatir la alta tasa de desempleo derivada de la Gran Depresión.
  2. Francia y Rusia habían acordado protegerse mutuamente de Alemania. Hitler afirmó que estaba en su derecho a estacionar sus tropas dentro de las propias fronteras alemanas.
  3. Había muchos alemanes viviendo en Austria y Hitler le comunicó al pueblo austriaco su voluntad de Anschluss (unión). Austria no andaba muy boyante a nivel económico y Hitler prometió resolver sus problemas.
  4. Había muchos alemanes viviendo en los Sudetes y Hitler quería sumarlos al Tercer Reich. También cimentó sus pretensiones sobre la premisa de que las autoridades checas maltrataban a los alemanes de los Sudetes.
  5. Había alemanes viviendo en Polonia (caso de la ciudad de Danzig) y Hitler quería que pasaran a formar parte de la Gran Alemania. Hitler quería también más “espacio vital”, defendiendo así uno de los principales pilares de su política exterior.

Respuesta de Gran Bretaña y Francia

  1. Gran Bretaña se mostró flexible con Alemania, al considerar que el Tratado de Versalles había ido demasiado lejos. Francia en cambio reaccionó mal, pero poco margen de maniobra tenía sin el apoyo británico.
  2. Muchos británicos pensaron que Hitler tenía todo el derecho del mundo a estacionar sus propias tropas en Renania. Francia no iba a hacer nada sin el apoyo británico, así que no hubo mayores consecuencias.
  3. Francia y Gran Bretaña se negaron a brindarle apoyo al gobierno de Austria. El primer ministro británico, Neville Chamberlain, consideró que el Tratado de Versalles era un error en este aspecto y consideró que Austria y Alemania debían estar unidas.
  4. El 29 de septiembre, tras numerosos encuentros, Gran Bretaña y Francia alcanzan un acuerdo para darle a Hitler los Sudetes. No obstante, también advierten al Tercer Reich de que si invade Polonia obtendrá una declaración de guerra.
  5. El 2 de septiembre de 1939, Gran Bretaña y Francia le declaran la guerra a Alemania y comienza la II Guerra Mundial. Este movimiento pilla un poco por sorpresa a los alemanes, dado que ambas naciones habían incumplido previamente sus compromisos diplomáticos en aras de mantener unas relaciones mínimamente distendidas con Berlín.

La política de apaciguamiento

Cuando Adolf Hitler comenzó a incumplir el Tratado de Versalles, la Sociedad de Naciones (o lo que es lo mismo, Francia y Gran Bretaña) optaron por una política de apaciguamiento, similar a la adoptada con Japón e Italia. A medida que el Führer iba quebrantando más y más cláusulas, Alemania iba haciéndose cada vez más poderosa.

Pese a ello, siguió buscándose la cordialidad con Hitler. Al final, los Aliados llegaron a la conclusión de que si seguían permitiendo que Alemania siguiese yendo cada vez más y más lejos, llegaría un punto en el que sería un enemigo imposible de derrotar.

Lo cierto es que para cuando se llegó a esta conclusión ya era demasiado tarde: Alemania había recuperado vastos territorios, había modernizado asombrosamente su ejército y había vuelto a ser una gran potencia en Europa.

Si Francia y Gran Bretaña hubiesen atacado Alemania al principio, cuando Hitler estacionó sus tropas en Renania, tal y como él mismo admitió, la Segunda Guerra Mundial habría durado seis semanas y no seis años. Por consiguiente, la política de apaciguamiento fue una de las grandes causas de la Segunda Guerra Mundial.

La complicada madeja que interconecta las causas de la Segunda Guerra Mundial

Fueron varios y diversos los factores que contribuyeron al estallido de la II Guerra Mundial. La principal causa fue la propia I Guerra Mundial. Una vez terminada esta con la capitulación de una Alemania que aún deseaba seguir luchando se vislumbró en el horizonte la llegada de otra nueva gran guerra.

Prisioneros de guerra alemanes en un campo francés en la última fase de la Primera Guerra Mundial: se iba preparando el caldo de cultivo para el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Fuente: War Department [dominio público], vía Wikimedia Commons.

De la desconfianza hacia Alemania nace el Tratado de Versalles. De las duras exigencias económicas de este tratado llegamos al Plan Dawes, plan que causaría problemas en toda Europa con la llegada de la Gran Depresión. El Tratado de Versalles gestó la Sociedad de Naciones, que terminó siendo un fiasco que no servía para salvaguardar la paz internacional.

La política de apaciguamiento de este organismo internacional solo sirvió para que Japón e Italia invadieran otros países sin sufrir graves consecuencias. Esto fue el caldo de cultivo ideal para que Alemania, con la agresiva política exterior de Hitler, siguiese los pasos de sus amigos del Eje.

Al final, se llegó a un punto en el que la Sociedad de Naciones se vio forzada a cambiar de política hacia Hitler e, irremediablemente, Francia y Gran Bretaña le tienen que terminar declarando la guerra a Alemania. Sin embargo, Alemania se había convertido ya en una nación poderosa y la contienda se convertiría en la más devastadora conocida por el hombre.

No debe culpabilizarse solo a Alemania del comienzo de la II Guerra Mundial en 1939: casi todos los países involucrados contribuyeron a su estallido, ya fuera activamente como Gran Bretaña o Francia con la adopción de una ineficaz política de apaciguamiento durante mucho tiempo o pasivamente como Estados Unidos con su política totalmente aislacionista hasta 1940.

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