Bergen-Belsen fue un campo de concentración nazi situado en la Baja Sajonia, al norte de Alemania, que se convirtió en uno de los símbolos más estremecedores del Holocausto. Originalmente concebido como campo de tránsito para prisioneros que serían intercambiados, se transformó a partir de 1944 en un infierno de hacinamiento, hambre y epidemias donde murieron más de 50.000 personas, entre ellas Ana Frank. Su liberación por el ejército británico en abril de 1945, y las imágenes que los cámaras filmaron en su interior, conmocionaron al mundo y contribuyeron a hacer visible el horror de los campos nazis como nunca antes.

Orígenes: un campo diferente
Bergen-Belsen se creó en 1940 como campo de prisioneros de guerra (Stalag XI-C) en un páramo arenoso cerca del pueblo de Bergen, en la llanura del norte de Alemania. En 1943, una parte del complejo fue transferida a las SS y reconvertida en campo de concentración con un propósito inusual: servir como campo de internamiento para judíos que poseían pasaportes extranjeros o conexiones que los hacían potencialmente útiles como moneda de intercambio con los Aliados.
Esta función inicial explica una característica singular de Bergen-Belsen: durante su primera fase, las condiciones fueron relativamente menos brutales que en otros campos del sistema concentracionario. Los prisioneros de intercambio conservaban parte de sus pertenencias y no eran sometidos al régimen de trabajo esclavo habitual en campos como Auschwitz o Dachau .
Pero esa fase fue breve. A medida que avanzaba la guerra y el sistema concentracionario se colapsaba, Bergen-Belsen se transformó radicalmente.
La catástrofe: 1944-1945
A partir de finales de 1944, Bergen-Belsen se convirtió en el destino de decenas de miles de prisioneros evacuados de otros campos ante el avance de los ejércitos aliados. Himmler había ordenado las llamadas marchas de la muerte, en las que columnas de prisioneros eran trasladadas a pie desde los campos del este hacia el interior de Alemania para evitar que fueran liberados por los soviéticos.
Miles de supervivientes de Auschwitz, Sachsenhausen, Mittelbau-Dora y otros campos llegaron a Bergen-Belsen en un estado de agotamiento extremo. El campo, diseñado para unos 10.000 prisioneros, llegó a albergar a más de 60.000 en los primeros meses de 1945. Las consecuencias fueron catastróficas.
El colapso total
No había espacio, comida, agua ni instalaciones sanitarias para una fracción de esa población. Los barracones, diseñados para unas pocas decenas de personas, albergaban a centenares. Miles de prisioneros dormían al raso, sin mantas ni protección contra el frío del invierno del norte de Alemania.
El suministro de alimentos se redujo a cantidades insignificantes. En las últimas semanas antes de la liberación, la ración diaria se limitaba a un trozo de pan y un poco de sopa aguada, cuando había. Muchos prisioneros no recibían nada durante días. El hambre extrema provocó casos de canibalismo documentados por los liberadores.
El agua potable se agotó cuando el sistema de bombeo dejó de funcionar. Los prisioneros bebían de charcos contaminados, lo que aceleró la propagación de epidemias. El tifus, transmitido por los piojos que infestaban cada centímetro del campo, se convirtió en la principal causa de muerte. La disentería, la tuberculosis y otras enfermedades completaban el cuadro de una catástrofe sanitaria sin precedentes.
Los cadáveres se acumulaban más rápido de lo que podían enterrarse. En las últimas semanas, los muertos quedaban apilados entre los barracones, junto a los vivos que carecían de fuerza para moverse. Las fotografías tomadas por los liberadores muestran montañas de cuerpos descompuestos que se extendían por todo el campo.
Ana Frank en Bergen-Belsen
Entre los prisioneros que llegaron a Bergen-Belsen desde Auschwitz estaba Ana Frank, la adolescente judía holandesa cuyo diario se convertiría en el testimonio más leído del Holocausto. Ana y su hermana Margot fueron trasladadas desde Auschwitz-Birkenau en octubre de 1944 en uno de los últimos transportes antes de la evacuación del campo.
En Bergen-Belsen, las condiciones destruyeron a las dos hermanas. Sin alimento adecuado, sin ropa de invierno y expuestas a las epidemias, ambas enfermaron de tifus. Margot murió primero, probablemente a finales de febrero de 1945. Ana falleció pocos días después, en marzo de 1945, apenas unas semanas antes de la liberación del campo. Tenía 15 años.
Su padre, Otto Frank, el único superviviente de la familia, fue liberado en Auschwitz por los soviéticos. Al regresar a Ámsterdam, recuperó el diario de su hija y lo publicó en 1947. El libro se tradujo a más de 70 idiomas y se convirtió en un símbolo universal del sufrimiento causado por el Holocausto.
La comandancia de Josef Kramer
Bergen-Belsen estuvo bajo el mando de Josef Kramer, un oficial de las SS que había servido previamente como comandante de Auschwitz II-Birkenau. Kramer llegó a Bergen-Belsen en diciembre de 1944, en el momento en que el campo se transformaba de campo de tránsito en matadero.
Kramer hizo poco o nada por mejorar las condiciones. No solicitó suministros adicionales, no organizó la distribución de los escasos recursos disponibles y no tomó medidas sanitarias contra las epidemias. Cuando los británicos lo encontraron en abril de 1945, lo describieron como un hombre impasible que parecía incapaz de comprender la magnitud de lo que había permitido.
En el campo también ejerció Irma Grese , una guardia de apenas 22 años que se había distinguido por su sadismo en Auschwitz y que continuó aterrorizando a las prisioneras en Bergen-Belsen.
La liberación: 15 de abril de 1945
El 15 de abril de 1945, soldados del 11.º Regimiento Acorazado y del 63.º Regimiento Antitanque del ejército británico entraron en Bergen-Belsen. Nada los había preparado para lo que encontraron.
Los soldados se toparon con aproximadamente 60.000 prisioneros en un estado de deterioro físico extremo, miles de cadáveres sin enterrar y una epidemia de tifus fuera de control. El hedor era perceptible a kilómetros de distancia. Muchos de los liberadores, veteranos curtidos en años de combate, vomitaron al entrar en el campo. Algunos lloraron. Otros quedaron en un estado de shock del que tardaron años en recuperarse.
El brigadier Glyn Hughes, oficial médico jefe de la fuerza liberadora, describió Bergen-Belsen como el espectáculo más horrible que había visto en su vida. Los cámaras del ejército filmaron las escenas del campo bajo órdenes explícitas de documentar todo para que nadie pudiera negar lo que había ocurrido.
La crisis humanitaria posterior
A pesar de los esfuerzos de los liberadores, aproximadamente 14.000 prisioneros murieron en las semanas posteriores a la liberación. Muchos estaban demasiado debilitados para recuperarse. Otros murieron porque sus cuerpos, acostumbrados a la inanición, no pudieron procesar la comida que los soldados les ofrecían con la mejor intención.
Los equipos médicos británicos establecieron un hospital de campaña improvisado y organizaron la llamada lavandería humana, donde los supervivientes eran lavados, despiojados y tratados. Estudiantes de medicina fueron reclutados desde Londres para ayudar en la emergencia. Se evacuó a los supervivientes a los barracones militares cercanos de Hohne, que ofrecían mejores condiciones.
El 21 de mayo de 1945, los británicos incendiaron los barracones del campo con lanzallamas para destruir los focos de tifus. Bergen-Belsen dejó de existir como estructura física, pero su memoria perduró.
El juicio de Lüneburg
En septiembre de 1945, un tribunal militar británico juzgó en Lüneburg a 45 miembros del personal de Bergen-Belsen y Auschwitz. Josef Kramer e Irma Grese fueron condenados a muerte y ejecutados en la horca el 13 de diciembre de 1945. Once acusados más recibieron penas de prisión y catorce fueron absueltos.
El juicio de Lüneburg fue uno de los primeros procesos contra criminales de guerra nazis y sentó un precedente importante al establecer que la obediencia a las órdenes no eximía de responsabilidad individual por crímenes contra la humanidad.
Balance
Se estima que más de 52.000 personas murieron en Bergen-Belsen, la mayoría de ellas entre enero y mayo de 1945. La cifra total podría ser mayor, ya que los registros fueron destruidos y muchas muertes no se documentaron. Entre las víctimas se encontraban judíos, prisioneros de guerra soviéticos, presos políticos, gitanos y ciudadanos de numerosas nacionalidades europeas.
Legado
Bergen-Belsen ocupa un lugar singular en la memoria del Holocausto por varias razones. Fue el primer gran campo de concentración liberado por los ejércitos occidentales cuyas imágenes llegaron al público general a través de los noticieros cinematográficos. Las fotografías y filmaciones tomadas por los cámaras británicos se proyectaron en cines de todo el mundo y provocaron una reacción de horror que contribuyó decisivamente a la toma de conciencia pública sobre la magnitud de los crímenes nazis.
Hoy, el lugar donde estuvo el campo es un memorial y centro de documentación. Los barracones ya no existen —fueron destruidos en 1945—, pero túmulos cubiertos de hierba marcan las fosas comunes donde descansan miles de víctimas. La inscripción del memorial, en múltiples idiomas, no necesita adornos: aquí reposan 10.000 muertos, aquí reposan 5.000 muertos. Las cifras hablan por sí solas.