La Batalla de Singapur

El Batalla de Singapur o Sitio de Singapur fue una batalla de la Segunda Guerra Mundial que tuvo lugar entre el 31 de enero y el 15 de febrero de 1942.

Desde los años 20, Inglaterra había hecho de esta isla, situada entre el Océano Pacífico y el Océano Índico, su principal base naval en Extremo Oriente. Una fortaleza inexpugnable, así se pensaba, cuyos accesos estaban defendidos por el mar y la selva, Singapur era una pieza clave en el tablero británico.

En ese momento, la guarnición militar estaba formada por voluntarios británicos, escoceses, australianos, indios “sikhs”, musulmanes, “gurkhas”, malayos y chinos. Estaba previsto que estos contingentes fueran reforzados por algunos batallones de infantería canadienses y los acorazados Prince of Wales y Repulse, junto con un convoy de destructores enviado por el mando aliado a Hong Kong.

En la costa noreste de la isla se encontraba la gran base naval, cuya construcción había llevado casi veinte años y que incluía unos 60 km² de fondeadero para barcos de gran calado. Pero sucedió lo que se creía impensable.

La destrucción de la Flota del Pacífico estadounidense el 7 de diciembre de 1941 y el hundimiento de los acorazados británicos el 10 del mismo mes por la Fuerza Aérea japonesa abrieron el camino al avance japonés.

Además, el ejército invasor estaba muy bien preparado para la guerra en la selva (incluso la infantería utilizaba bicicletas, que se consideraban un medio de locomoción eficaz; utilizaban botes neumáticos y balsas de bambú autóctonas para cruzar ríos infestados de cocodrilos; disponían de equipos para protegerse de las picaduras de insectos y de las enfermedades tropicales) y no dudaron en atacar este importante punto estratégico.

El asedio a Singapur comenzó el sábado 31 de enero. Durante casi dos semanas los sitiados resistieron como pudieron los asaltos japoneses.

Sin embargo, dada la intensidad de los bombardeos aéreos, las constantes oleadas de asaltos que permitían la infiltración de un número creciente de soldados japoneses, el agotamiento de los defensores y el fracaso de los contraataques aliados, ya se preveía que el resultado final sería la rendición.

El 11 de febrero, un avión japonés lanzó octavillas firmadas por el comandante Tomoyuki Yamashita aconsejando la rendición; los aliados aún resistieron unos días más, durante los cuales trataron de sabotear y destruir todas las estructuras principales que los enemigos podían aprovechar (el dique seco, el más grande del mundo, fue completamente destruido) y finalmente abandonaron la lucha.

El 15 de septiembre, el comandante de las fuerzas británicas en Singapur firma formalmente la rendición de sus tropas.

Tras la batalla de Singapur, la bandera del Sol Naciente dominaba ahora la isla; tras una marcha a través de 700 km de selva que se creía impenetrable, los japoneses podían presumir del resultado obtenido.

La caída de Singapur les abrió el camino de las Indias Orientales Holandesas. Se organizó una tenaz resistencia sobre el terreno, que produjo héroes como Lim Bo Seng. No fue hasta el 6 de septiembre de 1945 que los británicos liberaron Singapur.