La campaña de Borneo, librada entre mayo y agosto de 1945, fue la última gran operación anfibia aliada de la SGM y una de las más controvertidas. Mientras Alemania ya se había rendido y Japón se desmoronaba bajo el peso de los bombardeos estratégicos, decenas de miles de soldados australianos desembarcaron en la tercera isla más grande del mundo para apoderarse de sus campos petrolíferos y liberar a los prisioneros de guerra.

Ametralladores australianos en Balikpapan, Borneo, julio de 1945
Soldados australianos del 2/1.º Batallón de Ametralladoras operando una Vickers en Balikpapan, 2 de julio de 1945 Australian War Memorial · Dominio público

La operación, conocida como Operación Oboe, fue concebida por el general Douglas MacArthur como parte de la reconquista del Pacífico suroccidental, pero sus críticos —incluidos varios generales australianos— argumentaron que fue una campaña innecesaria que costó vidas en una guerra que ya estaba prácticamente ganada. Ese debate sobre su justificación militar sigue abierto hasta hoy.

Borneo: el premio del petróleo

Borneo era un objetivo estratégico codiciado por una razón fundamental: el petróleo. Los campos de Tarakan, Seria y Balikpapan producían crudo de alta calidad que había alimentado la maquinaria bélica japonesa desde su conquista en 1942. Sin ese combustible, la Armada Imperial y las fuerzas aéreas japonesas habrían quedado prácticamente inmovilizadas mucho antes.

La isla, la tercera más grande del mundo, estaba dividida entre el Borneo Británico del Norte (hoy parte de Malasia), Brunéi, Sarawak y el extenso Borneo Holandés (hoy Kalimantan, Indonesia). La ocupación japonesa había sido brutal: trabajos forzados, ejecuciones sumarias y las infames marchas de la muerte de Sandakan, donde más de 2.400 prisioneros de guerra australianos y británicos murieron en condiciones atroces.

Para 1945, las fuerzas japonesas en Borneo estaban bajo el mando del teniente general Baba Masao, que dirigía el 37.º Ejército con unos 30.000 efectivos dispersos por toda la isla. Aunque estas tropas estaban aisladas, mal abastecidas y con escasa capacidad de refuerzo, seguían representando una fuerza defensiva considerable en un terreno selvático que favorecía al defensor.

La Operación Oboe: planificación y fuerzas

La Operación Oboe fue el plan maestro de MacArthur para reconquistar Borneo mediante una serie de desembarcos anfibios escalonados. El mando operativo recayó en el I Cuerpo australiano, dirigido por el teniente general Leslie Morshead, un veterano curtido en el norte de África que había comandado la defensa de Tobruk en 1941.

Las fuerzas principales eran las divisiones 7.ª y 9.ª del Ejército australiano, dos de las formaciones más experimentadas del Pacífico. La 9.ª División, bajo el mando del general de división George Wootten, se encargaría de los desembarcos en Tarakan y Labuan. La 7.ª División, mandada por el general de división Edward Milford, ejecutaría el asalto final sobre Balikpapan.

El apoyo naval y aéreo era abrumador. La Armada estadounidense proporcionó grupos de bombardeo costero, portaaviones de escolta y cientos de embarcaciones de desembarco. La Real Fuerza Aérea Australiana y las fuerzas aéreas estadounidenses llevaron a cabo semanas de bombardeo preparatorio antes de cada desembarco, destruyendo defensas costeras, campos de aviación y posiciones fortificadas japonesas.

Tarakan: el primer asalto (1 de mayo de 1945)

El primer objetivo fue la pequeña isla de Tarakan, frente a la costa nororiental de Borneo, elegida por sus campos petrolíferos y su aeródromo. El 1 de mayo, la 26.ª Brigada de la 9.ª División desembarcó tras un intenso bombardeo naval y aéreo que había comenzado semanas antes.

Los australianos encontraron las playas relativamente poco defendidas, pero la resistencia se endureció rápidamente en el interior. Los japoneses, unos 2.200 efectivos bajo el mando del capitán de navío Tokoi, habían preparado posiciones defensivas en las colinas que dominaban los campos de petróleo. La selva densa y el terreno accidentado convirtieron cada avance en una lucha metro a metro.

La batalla por la colina 95, una posición clave que controlaba el aeródromo, se prolongó durante semanas. Los japoneses lucharon desde búnkeres y túneles interconectados, utilizando la misma táctica de defensa en profundidad que habían perfeccionado en Iwo Jima y Okinawa . Los australianos tuvieron que recurrir a lanzallamas, explosivos y combate cuerpo a cuerpo para reducir cada posición.

Tarakan fue asegurada oficialmente el 15 de junio, pero la resistencia japonesa esporádica continuó hasta el final de la guerra. El balance fue de 225 australianos muertos y unos 1.540 japoneses caídos. Para frustración del mando aliado, el aeródromo resultó estar tan dañado por los bombardeos y las demoliciones japonesas que tardó meses en ser operativo, anulando una de las principales justificaciones del asalto.

Brunéi y Labuan: el segundo golpe (10 de junio de 1945)

El segundo desembarco fue el más ambicioso y el más exitoso. El 10 de junio, la 9.ª División ejecutó una serie de asaltos anfibios coordinados en la bahía de Brunéi, la isla de Labuan y las costas de Sarawak. El objetivo era capturar la bahía como base naval avanzada y asegurar los campos petrolíferos de Seria y Miri.

En Labuan, la 24.ª Brigada encontró resistencia moderada en las playas pero se enfrentó a combates intensos en la zona conocida como "The Pocket", donde unos 400 japoneses se atrincheraron en un sistema de búnkeres y túneles. La reducción de esta posición llevó una semana de combates brutales que recordaron las peores batallas de la campaña de Nueva Guinea .

En tierra firme, las fuerzas australianas avanzaron rápidamente hacia Brunéi y los campos de petróleo. Los japoneses habían destruido gran parte de las instalaciones petroleras antes de retirarse, pero los australianos lograron capturar infraestructura suficiente como para iniciar la reconstrucción. La liberación de Brunéi supuso también el rescate de civiles y prisioneros que habían sufrido años de ocupación japonesa.

En Sarawak, unidades australianas desembarcaron en varios puntos de la costa, avanzando hacia el interior con el apoyo de guerrilleros locales y unidades de la Unidad Especial Z, la fuerza de operaciones especiales australiana que había estado operando clandestinamente en Borneo desde meses antes de los desembarcos.

La Unidad Especial Z y la resistencia local

Uno de los aspectos más fascinantes de la campaña de Borneo fue el papel de la Unidad Especial Z (Z Special Unit), una formación de operaciones especiales australiana que llevó a cabo misiones de reconocimiento, sabotaje y organización de la resistencia detrás de las líneas japonesas.

La Operación Semut, una de las más audaces, insertó equipos de comandos en el interior de Borneo meses antes de los desembarcos principales. Estos operadores contactaron con los pueblos dayak y otras comunidades indígenas, organizándolos en fuerzas guerrilleras que proporcionaron inteligencia vital sobre las posiciones japonesas, guiaron a los pilotos derribados hacia la seguridad y hostigaron las líneas de comunicación enemigas.

Los guerrilleros dayak, expertos en la selva y motivados por el deseo de liberarse de la ocupación japonesa, resultaron aliados invaluables. Conocían cada sendero, cada río y cada escondite de la jungla. Su conocimiento del terreno permitió a los australianos planificar los desembarcos con una precisión que habría sido imposible sin inteligencia local.

La Operación Python, otra misión de la Unidad Especial Z, se centró en la costa oriental de Borneo, preparando el terreno para el desembarco en Balikpapan. Estos equipos identificaron las defensas japonesas, midieron las profundidades de las playas y establecieron redes de espionaje que informaron directamente al mando del I Cuerpo.

Balikpapan: la última batalla anfibia (1 de julio de 1945)

El asalto a Balikpapan, en la costa suroriental de Borneo, fue la última gran operación anfibia de toda la SGM. El 1 de julio de 1945, la 7.ª División australiana desembarcó en las playas al sureste de la ciudad, precedida por uno de los bombardeos preparatorios más intensos de la guerra del Pacífico.

Durante tres semanas antes del desembarco, aviones aliados y buques de guerra bombardearon las defensas de Balikpapan sin descanso. Los dragaminas despejaron las aguas costeras de un extenso campo de minas —más de 300 minas fueron neutralizadas—, mientras los equipos de demolición submarina eliminaban obstáculos en las playas bajo el fuego enemigo.

El desembarco en sí fue relativamente ordenado, pero los combates en el interior fueron duros. Los japoneses, unos 4.000 efectivos, habían preparado posiciones defensivas en las colinas que rodeaban la refinería de petróleo. Las refinerías de Balikpapan habían sido las más grandes del sudeste asiático, capaces de producir combustible de aviación de alta calidad, y su captura era el principal objetivo estratégico de toda la campaña.

La 7.ª División avanzó metódicamente, reduciendo cada posición japonesa con artillería, tanques y apoyo aéreo cercano. Los australianos emplearon tácticas combinadas que habían perfeccionado a lo largo de años de combate en el Pacífico: infantería apoyada por tanques Matilda que podían operar en la selva, con lanzallamas montados para destruir búnkeres.

Para mediados de julio, Balikpapan y sus campos petrolíferos estaban en manos australianas. La resistencia organizada continuó en las colinas circundantes hasta la rendición japonesa en agosto, pero la batalla principal había terminado. Las bajas australianas en Balikpapan fueron 229 muertos y 634 heridos, mientras que los japoneses sufrieron más de 2.000 muertos.

La controversia: ¿una campaña innecesaria?

La campaña de Borneo ha sido objeto de un debate histórico que no ha perdido intensidad con los años. Sus críticos, entre ellos el propio general Thomas Blamey, comandante en jefe de las fuerzas terrestres australianas, cuestionaron la necesidad de emprender operaciones ofensivas costosas cuando la guerra estaba claramente en sus últimas semanas.

Los argumentos contra la campaña eran poderosos. Para mediados de 1945, Japón estaba siendo devastado por bombardeos estratégicos, su flota estaba destruida y sus fuerzas en el sudeste asiático estaban aisladas y sin capacidad de amenazar a nadie. Los campos petrolíferos de Borneo ya no tenían valor estratégico porque los japoneses no podían transportar el crudo a la metrópoli. Cada soldado australiano que moría en Borneo lo hacía, según esta visión, en una batalla que no necesitaba librarse.

MacArthur, sin embargo, defendió la campaña con varios argumentos: la liberación de prisioneros de guerra y civiles, el restablecimiento del control aliado sobre recursos estratégicos para la posguerra y la necesidad de mantener a las tropas australianas en combate activo para asegurar a Australia un lugar en la mesa de negociaciones al final de la guerra.

La realidad era más compleja. La campaña liberó territorios donde los japoneses habían cometido atrocidades contra prisioneros y civiles. Las marchas de la muerte de Sandakan, donde murieron más de 2.400 prisioneros, demostraron que dejar guarniciones japonesas sin supervisión tenía consecuencias mortales para quienes estaban bajo su control.

Balance y rendición

La campaña de Borneo costó a Australia 2.109 bajas, de las cuales 516 fueron muertes en combate. Las bajas japonesas fueron mucho más elevadas: se estima que más de 6.500 soldados murieron en combate y miles más perecieron por enfermedades y hambre en la selva.

Cuando Japón anunció su rendición el 15 de agosto de 1945, las fuerzas australianas en Borneo todavía estaban consolidando sus posiciones y lidiando con bolsas de resistencia japonesa. La rendición formal de las fuerzas japonesas en Borneo tuvo lugar el 10 de septiembre de 1945 en Labuan, donde el teniente general Baba Masao entregó su espada al general de división George Wootten.

La campaña de Borneo fue la contribución militar más importante de Australia en los últimos meses de la guerra. Los soldados de las divisiones 7.ª y 9.ª, muchos de ellos veteranos que habían combatido desde el norte de África hasta las selvas del Pacífico, libraron su última batalla con la misma profesionalidad que habían demostrado a lo largo de toda la contienda. Su sacrificio, necesario o no, cerró el capítulo de la participación australiana en la SGM con una campaña que demostró tanto la capacidad operativa del Ejército australiano como las ambigüedades morales de la guerra en sus últimas horas.