En la madrugada del 25 de octubre de 1944, las aguas del estrecho de Surigao, entre las islas filipinas de Leyte y Dinagat, fueron escenario de uno de los combates navales más decisivos y simbólicos de la SGM. Lo que allí ocurrió representó el cierre de una era: fue la última vez en la historia que una flota ejecutó la maniobra clásica de cruzar la T a un enemigo, y el último enfrentamiento directo entre acorazados. La fuerza japonesa del vicealmirante Shoji Nishimura navegó hacia una trampa perfectamente preparada por el contraalmirante Jesse Oldendorf, y fue prácticamente aniquilada en apenas unas horas. Para varios de los acorazados estadounidenses que dispararon aquella noche, la batalla tuvo además un significado especial: eran los mismos buques hundidos o dañados en Pearl Harbor tres años antes, ahora resucitados y sedientos de revancha.

Contexto: la batalla del golfo de Leyte
La batalla del estrecho de Surigao fue una de las cuatro acciones navales que compusieron la batalla del golfo de Leyte , considerada el mayor enfrentamiento naval de la historia. El plan japonés Sho-Go contemplaba un ataque coordinado con múltiples fuerzas para destruir la flota de invasión estadounidense en Leyte. Mientras la fuerza central del vicealmirante Takeo Kurita intentaría atravesar el estrecho de San Bernardino por el norte, la fuerza sur de Nishimura debía penetrar por el estrecho de Surigao para atacar los transportes aliados desde el sur, ejecutando un movimiento de pinza.
La fuerza sur japonesa estaba compuesta por dos columnas. La primera, al mando directo de Nishimura, incluía los acorazados Yamashiro y Fusō, el crucero pesado Mogami y cuatro destructores. La segunda, comandada por el vicealmirante Kiyohide Shima, seguía varias horas detrás con tres cruceros y cuatro destructores. La falta de coordinación entre ambas columnas resultaría fatal.
Las fuerzas enfrentadas
La fuerza sur japonesa
Los acorazados Yamashiro y Fusō eran veteranos de la Primera Guerra Mundial, buques de la clase Fusō botados en 1914 y 1915 respectivamente. Aunque habían sido modernizados en la década de 1930, sus 30 años de servicio los convertían en navíos obsoletos frente a los estándares de 1944. Cada uno montaba doce cañones de 356 mm en seis torretas dobles, una configuración anticuada que los hacía vulnerables. La velocidad máxima de ambos rondaba los 24 nudos, insuficiente para escapar de una emboscada.
El crucero pesado Mogami, superviviente de la batalla de Midway donde había sufrido graves daños, escoltaba a los acorazados junto a los destructores Michishio, Asagumo, Yamagumo y Shigure. En total, la fuerza de Nishimura sumaba siete buques de combate.
La trampa de Oldendorf
El contraalmirante Jesse Oldendorf, al mando del grupo de apoyo de fuego del séptimo cuerpo de flota, dispuso sus fuerzas en una emboscada escalonada a lo largo de las 40 millas náuticas del estrecho. En la boca sur situó 39 lanchas torpederas PT, encargadas de detectar al enemigo y hostigarlo. Más al norte desplegó tres divisiones de destructores a ambos lados del estrecho, preparadas para lanzar ataques con torpedos. Y cerrando la trampa en el extremo norte, formó una línea de batalla con seis acorazados y ocho cruceros que cruzarían perpendicularmente la ruta de avance japonesa.
Los seis acorazados de Oldendorf eran el West Virginia, Maryland, Tennessee, California, Pennsylvania y Mississippi. Los cinco primeros habían sido hundidos o gravemente dañados en el ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. Reflotados, reparados y modernizados, ahora montaban los radares de control de tiro más avanzados de la época. Solo el Mississippi no había estado en Pearl Harbor.
El desarrollo de la batalla
Fase 1: lanchas torpederas PT (22:30 - 02:00)
Las lanchas torpederas fueron las primeras en entrar en contacto con la columna de Nishimura en la noche del 24 al 25 de octubre. Organizadas en secciones de tres, las PT patrullaban las aguas meridionales del estrecho. Aunque dispararon 34 torpedos contra los buques japoneses, ninguno hizo impacto. Las pequeñas y rápidas lanchas carecían del radar necesario para ataques nocturnos precisos, y los japoneses las dispersaron con fuego de sus baterías secundarias.
Sin embargo, las PT cumplieron una función decisiva: informaron con exactitud de la posición, velocidad y rumbo de la fuerza enemiga, permitiendo a Oldendorf confirmar que Nishimura se dirigía directamente hacia la trampa. Los japoneses, por su parte, no alteraron su curso. Nishimura sabía que se enfrentaba a fuerzas superiores, pero sus órdenes eran penetrar en el golfo de Leyte a cualquier precio.
Fase 2: el ataque de los destructores (03:00 - 03:25)
La segunda fase fue devastadora. Las tres divisiones de destructores lanzaron oleadas de torpedos desde ambos flancos del estrecho mientras los buques japoneses avanzaban en columna. La primera oleada alcanzó al Fusō con al menos un torpedo que detonó en el pañol de munición. El viejo acorazado se partió literalmente en dos, y ambas mitades siguieron ardiendo durante horas antes de hundirse. Los cuatro destructores japoneses también sufrieron graves impactos: el Yamagumo se hundió, el Michishio quedó muerto en el agua y el Asagumo perdió la proa por un torpedo.
Solo el destructor Shigure escapó sin daños significativos, protegido por la cortina de humo y la confusión del combate. El Yamashiro recibió al menos dos impactos de torpedo pero continuó avanzando hacia el norte con Nishimura decidido a cumplir su misión, ahora con la mitad de su fuerza destruida.
Fase 3: cruzar la T (03:50 - 04:20)
A las 03:50, los cruceros de Oldendorf abrieron fuego sobre el Yamashiro y el Mogami a una distancia de aproximadamente 15.000 metros. Minutos después, a las 03:53, los acorazados comenzaron a disparar. El West Virginia, equipado con el radar de control de tiro Mark 8, fue el primero en hacer blanco, seguido del Tennessee y el California. El Maryland, con un radar más antiguo, tardó algo más en localizar al objetivo pero se unió al bombardeo.
Lo que ocurrió entonces fue la ejecución perfecta de la maniobra de cruzar la T: la línea de batalla estadounidense navegaba perpendicular al eje de avance japonés, de modo que todos los acorazados y cruceros podían disparar con sus costados completos, mientras el Yamashiro solo podía responder con sus torretas de proa. La desventaja de fuego era abrumadora. Los seis acorazados dispararon un total de 282 proyectiles de grueso calibre en apenas 18 minutos.
El Yamashiro fue alcanzado repetidamente. Incendiado y escorado, el acorazado giró hacia el sur intentando retirarse, pero los daños eran demasiado graves. A las 04:19, el buque volcó y se hundió llevándose consigo al vicealmirante Nishimura y a casi toda su tripulación. De los 1.636 hombres a bordo, solo sobrevivieron diez.
El Mogami, gravemente dañado por el fuego de los cruceros, logró retirarse hacia el sur a escasa velocidad. Sería hundido al día siguiente por ataques aéreos.
La retirada de Shima
El vicealmirante Shima, que llegó al estrecho con su fuerza cuando la de Nishimura ya había sido destruida, tomó una decisión pragmática. Al observar los restos ardientes del Fusō y recibir informes confusos sobre la situación, ordenó dar media vuelta. Durante la retirada, su crucero insignia Nachi colisionó con el maltrecho Mogami en la oscuridad, un incidente que resumía el caos de la operación japonesa. La fuerza de Shima escapó relativamente intacta, aunque sin haber cumplido ningún objetivo.
La venganza de Pearl Harbor
El simbolismo de la batalla no pasó desapercibido para los marineros estadounidenses. Cinco de los seis acorazados que dispararon aquella noche habían yacido en el fondo de la rada de Pearl Harbor tres años antes. El West Virginia, hundido por siete torpedos y dos bombas el 7 de diciembre de 1941, fue reflotado en 1942 y reconstruido completamente, convirtiéndose en uno de los buques más modernos de la flota. El California y el Tennessee habían sido dañados de gravedad. El Maryland recibió dos impactos de bomba. El Pennsylvania, en dique seco durante el ataque, sufrió daños menores pero fue igualmente modernizado.
Estos buques, considerados demasiado lentos para las operaciones de portaaviones, encontraron su propósito como plataformas de bombardeo de costa y apoyo a desembarcos anfibios. En Surigao recibieron la oportunidad de hacer lo que habían sido diseñados para hacer: combatir en una batalla naval clásica. Fue una ironía del destino que su único gran enfrentamiento artillero de la guerra resultara también el último de la historia.
Análisis táctico y técnico
La victoria en Surigao fue resultado de una planificación impecable y de la superioridad tecnológica estadounidense. El radar de control de tiro permitió a los acorazados abrir fuego con precisión en plena oscuridad, una capacidad de la que carecían los japoneses. Aunque la Armada Imperial había dominado el combate nocturno en los primeros años de la guerra gracias a su entrenamiento y sus torpedos Long Lance, para 1944 la ventaja tecnológica había cambiado de bando.
La disposición en emboscada escalonada maximizó el efecto de cada arma: las PT proporcionaron inteligencia, los destructores infligieron el daño inicial decisivo con torpedos, y los acorazados y cruceros remataron a un enemigo ya herido y desorganizado. Nishimura contribuyó a su propia destrucción al avanzar en columna directamente hacia la trampa sin intentar maniobras evasivas ni esperar la llegada de Shima para coordinar un ataque conjunto.
Las pérdidas reflejan la magnitud de la derrota japonesa: dos acorazados, un crucero pesado y tres destructores hundidos, con miles de bajas. Los estadounidenses perdieron una lancha torpedera y sufrieron daños en un destructor alcanzado por fuego amigo. Fue una de las victorias más completas de la guerra naval.
Legado
La batalla del estrecho de Surigao cerró definitivamente la era de los acorazados. Aunque estos buques habían sido ya relegados a un papel secundario por los portaaviones desde Midway y el mar del Coral, Surigao demostró que incluso en su elemento natural, el combate artillero nocturno, los acorazados solo podían prevalecer con superioridad abrumadora y apoyo tecnológico. La maniobra de cruzar la T, estudiada en las academias navales desde el siglo XVIII, se ejecutó por última vez aquella madrugada de octubre de 1944.
La destrucción de la fuerza sur eliminó una de las tres pinzas del plan Sho-Go, pero la batalla del golfo de Leyte continuó con dramatismo en otros escenarios: la fuerza central de Kurita logró atravesar el estrecho de San Bernardino y estuvo a punto de aniquilar a los vulnerables portaaviones de escolta frente a Samar. La victoria final aliada en Leyte aseguró la reconquista de Filipinas y aceleró el colapso del imperio japonés en el Pacífico.
Para los supervivientes de Pearl Harbor que sirvieron en los acorazados resucitados, aquella noche en el estrecho de Surigao representó el cierre de un círculo. Los buques que Japón creyó haber destruido el 7 de diciembre de 1941 volvieron para dictar la sentencia final del arma naval que había dominado los océanos durante siglos.