La batalla de Saipán, librada entre el 15 de junio y el 9 de julio de 1944, fue una de las conquistas más decisivas

Las Marianas: el objetivo estratégico
Las islas Marianas —Saipán, Tinian y Guam— ocupaban una posición clave en la estrategia del Pacífico. Situadas a unos 2.400 kilómetros al sur de Tokio, estaban dentro del radio de acción de los nuevos bombarderos B-29, los aviones más avanzados de la guerra. Quien controlara las Marianas podía bombardear las ciudades e industrias japonesas, algo que hasta entonces había sido imposible.
La operación, denominada Forager, fue planeada por el almirante Nimitz como parte de la ofensiva central del Pacífico. La fuerza de invasión era enorme: más de 500 buques y 127.000 soldados y Marines, la mayor operación anfibia del Pacífico hasta ese momento.
Las defensas japonesas
Saipán estaba defendida por unos 32.000 soldados y marineros japoneses bajo el mando del teniente general Yoshitsugu Saitō. La guarnición incluía la 43.ª División de Infantería, la 47.ª Brigada Mixta Independiente y numerosas unidades navales. Las defensas combinaban posiciones en las playas, artillería en las colinas del interior y la cadena montañosa del monte Tapotchau (473 metros), que dominaba toda la isla.
A diferencia de atolones anteriores, Saipán era una isla grande (122 km²) con terreno variado: playas, campos de caña de azúcar, colinas escarpadas y cuevas naturales. Además, tenía una población civil de unos 25.000 japoneses y chamorros, lo que añadía una dimensión trágica al combate.
El desembarco (15 de junio)
El desembarco se produjo en las playas del oeste de la isla. Ocho mil Marines llegaron a tierra en los primeros veinte minutos, pero fueron recibidos por un intenso fuego de artillería y mortero que causó graves pérdidas en los vehículos anfibios. Al final del primer día, 20.000 hombres habían desembarcado, pero las bajas sumaban ya 2.000.
Esa noche, los japoneses lanzaron un contraataque masivo con tanques, el mayor ataque blindado japonés de toda la guerra del Pacífico. Unos 44 tanques se lanzaron contra las posiciones de los Marines en la oscuridad, pero fueron destrozados por bazookas, cañones antitanque y fuego naval. Al amanecer, los restos de la fuerza blindada japonesa salpicaban los campos de caña.
La batalla del Mar de Filipinas
La invasión de Saipán provocó la respuesta de la Armada Imperial Japonesa, que envió su flota de portaaviones para destruir la fuerza de invasión. El resultado fue la batalla del Mar de Filipinas (19-20 de junio), donde la aviación naval japonesa fue aniquilada en lo que los pilotos americanos llamaron el "Gran Tiro al Pavo de las Marianas". La destrucción de la aviación naval japonesa garantizó que ningún socorro llegaría a Saipán.
El avance por la isla
Con la flota japonesa derrotada, los Marines y el Ejército avanzaron hacia el norte de la isla en una campaña de tres semanas de combates intensos. El terreno favorecía a los defensores: las colinas y cuevas del interior ofrecían posiciones naturales formidables.
El monte Tapotchau, el punto más alto de la isla, fue el centro de una lucha feroz. Los japoneses habían convertido sus laderas en un laberinto de posiciones defensivas que debían ser reducidas una por una. El avance se medía en metros, con cada cresta y cada barranco disputado en combate cuerpo a cuerpo.
Los combates en zonas urbanas, como la ciudad de Garapan, añadieron otra capa de dificultad. Los edificios de hormigón se convirtieron en fortines, y las estrechas calles canalizaban a los atacantes hacia emboscadas. La artillería naval y los lanzallamas fueron las armas más eficaces en este terreno.
La carga banzai final
El 7 de julio, con la resistencia organizada a punto de colapsar, los japoneses lanzaron la mayor carga banzai de toda la guerra del Pacífico. Más de 4.000 soldados —muchos de ellos heridos que apenas podían caminar, armados con bayonetas, espadas o simples palos— se lanzaron contra las posiciones estadounidenses en un ataque nocturno suicida.
La oleada arrolló las primeras líneas del 105.º Regimiento de Infantería, matando o hiriendo a cientos de soldados americanos. La lucha cuerpo a cuerpo duró toda la noche. Al amanecer, más de 4.300 japoneses yacían muertos. El general Saitō y el almirante Nagumo —el mismo que había comandado la flota en Pearl Harbor — se suicidaron antes del ataque.
La tragedia civil
El episodio más escalofriante de Saipán fue el suicidio masivo de civiles japoneses. La propaganda imperial les había convencido de que los americanos los torturarían y asesinarían. Cientos de civiles —hombres, mujeres y niños— se arrojaron desde los acantilados de Marpi Point y Banzai Cliff en el extremo norte de la isla.
Los Marines intentaron desesperadamente convencer a los civiles de que no saltaran, usando intérpretes y altavoces, pero muchos se arrojaron de todas formas, algunos sosteniendo a sus hijos. Las imágenes de estos suicidios, filmadas por los camarógrafos del Ejército, conmocionaron al mundo y revelaron la profundidad del fanatismo que alimentaba la guerra.
Bajas
Las bajas estadounidenses ascendieron a 3.426 muertos y más de 13.000 heridos, una de las tasas más altas de toda la campaña del Pacífico. De los 32.000 defensores japoneses, solo 921 fueron capturados. Las bajas civiles se estiman en 22.000 muertos, incluyendo los suicidios.
Consecuencias
La caída de Saipán tuvo repercusiones que llegaron hasta Tokio. El 18 de julio, el general Tojo fue obligado a dimitir como primer ministro, un reconocimiento implícito de que la guerra estaba perdida. Era la primera vez que una derrota militar provocaba la caída de un gobierno japonés.
Desde las bases aéreas construidas en Saipán y la vecina Tinian, los B-29 comenzaron a bombardear Japón en noviembre de 1944. Fue desde Tinian desde donde despegó el Enola Gay el 6 de agosto de 1945 para lanzar la bomba atómica sobre Hiroshima. La conquista de las Marianas no solo acercó la guerra a Japón: la llevó directamente a sus ciudades.