Las batallas de Imphal y Kohima, libradas entre marzo y julio de 1944, fueron el punto de inflexión

El contexto: la Operación U-Go
Tras la conquista de Singapur y Birmania en 1942, la frontera entre la India británica y la Birmania ocupada por Japón se había estabilizado a lo largo de las montañas del Naga y el Chin, una barrera natural formidable. El teniente general Mutaguchi Renya, comandante del 15.º Ejército japonés, estaba obsesionado con invadir la India. Creía que la captura de Imphal —la capital de Manipur y principal base aliada en el noreste— provocaría un levantamiento indio contra los británicos.
La Operación U-Go fue lanzada en marzo de 1944 con tres divisiones japonesas (unos 85.000 hombres). El plan era audaz pero logísticamente suicida: las tropas cruzarían las montañas selváticas sin líneas de suministro adecuadas, confiando en capturar los almacenes aliados de Imphal para alimentarse. Mutaguchi lo llamó el "plan de la marcha sobre Delhi".
Kohima: la batalla del campo de tenis
La 31.ª División japonesa del teniente general Satō Kōtoku avanzó sobre Kohima, una pequeña ciudad de montaña a 1.500 metros de altitud que controlaba la carretera Imphal-Dimapur, la única ruta de suministro para las fuerzas aliadas en Imphal. Si Kohima caía, Imphal quedaba aislada.
Los japoneses llegaron a Kohima el 4 de abril de 1944 y encontraron una guarnición de apenas 2.500 hombres, incluyendo tropas británicas e indias. Durante dos semanas, los defensores fueron asediados en un perímetro cada vez más reducido centrado en la colina de Garrison Hill. En el punto más estrecho, japoneses y británicos luchaban a ambos lados del campo de tenis del club del subcomisario de distrito, a apenas 20 metros de distancia.
Los combates fueron de una brutalidad extrema. Los japoneses atacaban en oleadas nocturnas, a menudo con bayoneta calada, contra posiciones defendidas con granadas y fuego automático. Los heridos no podían ser evacuados, el agua escaseaba y los muertos de ambos bandos yacían entre las posiciones. El hedor era insoportable.
El 18 de abril, la 2.ª División británica abrió el camino desde Dimapur y rompió el cerco. Pero la batalla por Kohima continuó durante semanas más, con combates cresta por cresta para expulsar a los japoneses de las posiciones dominantes que rodeaban la ciudad.
Imphal: el cerco que se convirtió en trampa
Simultáneamente, dos divisiones japonesas convergieron sobre Imphal desde el sur y el este. El general Slim, consciente gracias a la inteligencia Ultra de que se preparaba una ofensiva, retiró ordenadamente sus fuerzas avanzadas hacia la llanura de Imphal, donde podía emplear su superioridad en blindados y artillería.
La llanura de Imphal se convirtió en un campo de batalla de 1.500 kilómetros cuadrados donde los japoneses intentaron cortar las defensas aliadas en múltiples puntos. Los combates de Nungshigum, Bishenpur, Shenam y otros puntos de la periferia fueron intensos y prolongados. Los tanques Lee y Sherman del 14.º Ejército jugaron un papel decisivo contra la infantería japonesa, que carecía de armas antitanque efectivas.
La clave fue el suministro aéreo. La RAF y la USAAF mantuvieron un puente aéreo constante que alimentaba a la guarnición de Imphal, mientras los japoneses, sin suministros propios, dependían de lo que podían capturar. Las raciones japonesas se agotaron en tres semanas, y los soldados empezaron a morir de hambre mientras seguían combatiendo.
El colapso japonés
Para junio de 1944, la ofensiva japonesa había fracasado irremediablemente. Los soldados japoneses, hambrientos, enfermos de malaria y disentería, sin municiones ni medicinas, estaban físicamente destruidos. El general Satō, furioso con Mutaguchi por no enviar suministros, desobedeció las órdenes y retiró su división de Kohima por iniciativa propia, un acto de insubordinación sin precedentes en el ejército japonés.
Mutaguchi, aferrado a su plan hasta el delirio, relevó a los tres comandantes de división y se negó a autorizar la retirada hasta el 3 de julio, cuando la situación ya era catastrófica. La retirada se convirtió en una marcha de la muerte a través de las montañas selváticas del Naga. Los caminos se llenaron de soldados moribundos, abandonados por sus compañeros. Los supervivientes japoneses llamaron a la ruta de retirada "el camino de los huesos blancos".
Bajas
Las cifras japonesas fueron catastróficas: de los 85.000 hombres que iniciaron la operación, unos 53.000 fueron bajas, incluyendo más de 30.000 muertos. La mayoría murió de enfermedades y hambre, no en combate. Fue la peor derrota en la historia del ejército japonés.
Las bajas aliadas fueron de unos 16.000 entre muertos y heridos, una cifra significativa pero sostenible gracias al suministro aéreo y la evacuación médica.
Legado
Las batallas de Imphal y Kohima fueron decisivas para la campaña de Birmania. La destrucción del 15.º Ejército japonés abrió el camino para la reconquista de Birmania en 1945 bajo el mando del general Slim, una de las campañas más brillantes pero menos conocidas de la SGM.
En 2013, una encuesta de la National Army Museum de Londres votó a Imphal y Kohima como "la mayor batalla británica", por encima del Día D y Waterloo. A pesar de ello, siguen siendo las batallas más olvidadas de la SGM en la memoria popular occidental, eclipsadas por los combates en Europa y las islas del Pacífico.
En el cementerio de guerra de Kohima, una lápida lleva un epitafio tomado de John Maxwell Edmonds que se ha convertido en uno de los más célebres de la historia militar: "Cuando vuelvas a casa, diles que por su mañana dimos nuestro hoy."