La batalla de Eniwetok, librada entre el 17 y el 23 de febrero de 1944, fue uno de los asaltos anfibios más rápidos y decisivos de la campaña del Pacífico durante la SGM. Enmarcada dentro de la Operación Catchpole, esta acción permitió a Estados Unidos completar la conquista de las Islas Marshall y establecer una base avanzada vital para las operaciones posteriores en las Marianas. Aunque duró apenas seis días, los combates en las diminutas islas del atolón revelaron la creciente ferocidad de las tácticas defensivas japonesas.

Contexto estratégico: las Islas Marshall en la mira
Tras la sangrienta experiencia de Tarawa en noviembre de 1943, el alto mando estadounidense ajustó sus tácticas anfibias para la siguiente fase de la ofensiva en el Pacífico central. Las Islas Marshall, un archipiélago de atolones coralinos bajo mandato japonés desde la Primera Guerra Mundial, constituían el siguiente objetivo en la estrategia de salto de isla en isla diseñada por el almirante Chester Nimitz.
El plan original contemplaba la captura de Kwajalein como objetivo principal, seguida de Eniwetok como operación secundaria. La conquista de Kwajalein, completada a principios de febrero de 1944, resultó más rápida de lo previsto. Este éxito inesperado adelantó el calendario de la Operación Catchpole, nombre en clave del asalto a Eniwetok, originalmente programada para mayo.
Eniwetok se encontraba a unos 530 kilómetros al noroeste de Kwajalein, en el extremo occidental de las Marshall. Su posición geográfica la convertía en un eslabón imprescindible: sin ella, los japoneses conservarían una base aérea capaz de amenazar las líneas de suministro aliadas y de dificultar el avance hacia las Marianas.
La neutralización de Truk: Operación Hailstone
Un factor determinante en el éxito de Catchpole fue la Operación Hailstone, el devastador ataque aeronaval contra la base de Truk ejecutado entre el 17 y el 18 de febrero de 1944, simultáneamente con el inicio del asalto a Eniwetok. Truk, en las Islas Carolinas, era la principal base de la Flota Combinada japonesa en el Pacífico central, conocida como el Gibraltar japonés.
Los portaaviones del contralmirante Marc Mitscher lanzaron oleadas de cazas y bombarderos que destruyeron más de 250 aviones japoneses y hundieron decenas de buques, incluyendo cruceros, destructores y cargueros. La devastación fue tan completa que la flota japonesa ya había evacuado sus unidades principales días antes, pero perdió una cantidad enorme de material y capacidad logística.
El resultado de Hailstone fue decisivo para Eniwetok: eliminó cualquier posibilidad de que la guarnición del atolón recibiera refuerzos navales o aéreos. Los defensores japoneses quedaron completamente aislados, sin esperanza de socorro.
Fuerzas enfrentadas
Las fuerzas estadounidenses
La fuerza de asalto para la Operación Catchpole estaba bajo el mando del general de brigada Thomas E. Watson y formaba parte del V Cuerpo Anfibio. Los componentes principales eran:
- El 22.º Regimiento de Marines, unidad veterana con experiencia en combate anfibio, responsable del asalto inicial sobre Engebi.
- El 106.º Regimiento de Infantería del Ejército, perteneciente a la 27.ª División de Infantería, asignado al asalto sobre la isla de Eniwetok.
- Elementos del Batallón de Reconocimiento del V Cuerpo Anfibio para las operaciones de exploración previa.
- Apoyo naval proporcionado por acorazados, cruceros y destructores bajo el mando del contralmirante Harry W. Hill.
En total, la fuerza atacante sumaba aproximadamente 10 000 hombres, respaldados por una potencia de fuego naval y aérea abrumadora.
La guarnición japonesa
La defensa de Eniwetok recaía en unos 3 500 soldados japoneses, en su mayoría pertenecientes al 1.er Batallón de la Brigada Anfibia del Ejército, bajo el mando del coronel Yano Toshio. A diferencia de otras guarniciones en las Marshall, las tropas de Eniwetok eran en su mayor parte soldados del Ejército Imperial, no infantería de marina.
El coronel Yano había dispuesto sus fuerzas de manera diferente a lo visto en Tarawa. En lugar de concentrar las defensas en la línea de playa, adoptó una táctica de defensa en profundidad: trincheras, bunkers y posiciones de francotiradores distribuidos por el interior de las islas, con la intención de desgastar al atacante en combates prolongados entre la densa vegetación tropical. Esta aproximación anticipaba las tácticas que Japón perfeccionaría en batallas posteriores como Peleliu e Iwo Jima.
El asalto: tres islas en seis días
El atolón de Eniwetok es un anillo de coral que encierra una laguna, salpicado de pequeñas islas. Los tres objetivos principales eran Engebi al norte, Eniwetok al sur y Parry al este. El plan estadounidense contemplaba tomarlas secuencialmente, comenzando por Engebi.
Engebi (17-18 de febrero)
El 17 de febrero, tras un intenso bombardeo naval y aéreo, elementos de reconocimiento ocuparon varios islotes menores adyacentes para instalar baterías de artillería. Al amanecer del 18 de febrero, el 22.º de Marines desembarcó en Engebi, la isla que albergaba el aeródromo japonés.
El bombardeo previo había devastado las defensas costeras y destruido la pista de aterrizaje. Los marines encontraron una resistencia inicial moderada en las playas, pero al avanzar hacia el interior se toparon con una red de posiciones defensivas bien camufladas entre los cocoteros y la vegetación. Los japoneses combatieron con determinación desde búnkeres y trincheras interconectadas.
Los combates fueron violentos pero relativamente breves. Para la tarde del 18 de febrero, Engebi estaba asegurada. Los marines sufrieron 85 muertos y 166 heridos, mientras que prácticamente toda la guarnición japonesa de unos 1 200 hombres fue aniquilada.
Isla de Eniwetok (19-21 de febrero)
El asalto sobre la isla de Eniwetok, la más grande del atolón, resultó considerablemente más difícil. Aquí el 106.º de Infantería del Ejército llevó el peso del ataque, desembarcando el 19 de febrero en la costa norte.
La vegetación en Eniwetok era mucho más densa que en Engebi, y el coronel Yano había concentrado aquí el grueso de sus defensas en profundidad. Los soldados japoneses se habían atrincherado en posiciones dispersas por toda la isla, aprovechando cada accidente del terreno, cada raíz de árbol y cada montículo de arena para crear puntos de resistencia.
El avance del 106.º de Infantería fue lento y costoso. La inexperiencia relativa de la unidad en combate anfibio se hizo evidente, y el progreso resultó más lento de lo esperado. Ante las dificultades, el general Watson decidió enviar un batallón del 22.º de Marines como refuerzo. La combinación de ambas unidades, apoyadas por un uso intensivo de lanzallamas y cargas de demolición, fue quebrando sistemáticamente cada posición defensiva.
Los lanzallamas resultaron particularmente efectivos y aterradores. Los operadores avanzaban bajo fuego de cobertura hasta alcanzar la boca de los búnkeres japoneses, lanzando chorros de fuego que penetraban en las posiciones cerradas. Cuando los lanzallamas no bastaban, los equipos de demolición colocaban cargas explosivas directamente sobre los bunkers. Esta combinación letal de fuego y explosivos se convertiría en la táctica estándar para reducir fortificaciones japonesas durante el resto de la guerra del Pacífico.
Los combates en la isla de Eniwetok se prolongaron hasta el 21 de febrero. La lucha fue especialmente brutal en las zonas boscosas del interior, donde la visibilidad se reducía a pocos metros y los japoneses lanzaban contraataques nocturnos con cargas de bayoneta.
Parry (22 de febrero)
Aprendiendo de las dificultades en Eniwetok, el mando estadounidense sometió a Parry a un bombardeo naval mucho más intenso y prolongado antes del desembarco. Los acorazados y cruceros machacaron las defensas durante horas, complementados por ataques aéreos continuos.
El 22 de febrero, el 22.º de Marines asaltó Parry con una eficiencia notable. Aunque la guarnición japonesa de unos 1 300 hombres resistió con la tenacidad habitual, el bombardeo preparatorio había destruido gran parte de las fortificaciones. En menos de veinticuatro horas, la isla fue declarada segura. El 23 de febrero, el atolón de Eniwetok estaba completamente en manos estadounidenses.
Balance y bajas
La conquista de Eniwetok costó a los estadounidenses 313 muertos y 879 heridos, cifras significativamente menores que las de Tarawa. Del lado japonés, prácticamente toda la guarnición de 3 500 hombres fue eliminada: solo 66 prisioneros fueron capturados, la inmensa mayoría trabajadores coreanos forzados. Los soldados japoneses lucharon hasta la muerte siguiendo el código de no rendición que caracterizó al Ejército Imperial durante toda la guerra.
La desproporción en las bajas se explica por varios factores: la superioridad aérea y naval absoluta tras la neutralización de Truk, las lecciones aprendidas en Tarawa sobre bombardeo preparatorio, y la creciente experiencia de las unidades anfibias estadounidenses. Sin embargo, los combates en la isla de Eniwetok demostraron que las tácticas de defensa en profundidad japonesas podían ralentizar significativamente cualquier avance, un presagio de lo que vendría en campañas futuras.
Consecuencias estratégicas
La captura de Eniwetok completó la conquista de las Islas Marshall, eliminando la presencia japonesa en una vasta extensión del Pacífico central. La base resultante fue fundamental para las operaciones posteriores: los ingenieros navales transformaron rápidamente el atolón en un fondeadero para la flota y en una base aérea desde la que lanzar misiones de reconocimiento y bombardeo.
Eniwetok se convirtió en un trampolín esencial para el siguiente gran salto: la invasión de las Islas Marianas. La batalla de Saipán , iniciada en junio de 1944, se benefició directamente de la infraestructura logística establecida en Eniwetok y Kwajalein. Las Marianas, a su vez, proporcionarían las bases desde las que los B-29 bombardearían las islas principales de Japón.
La campaña de las Marshall también confirmó la viabilidad de la estrategia de salto de isla en isla: en lugar de conquistar cada posición japonesa, los aliados podían aislar y neutralizar guarniciones enteras saltando directamente a los objetivos estratégicamente más valiosos. Atolones como Wotje, Maloelap y Jaluit, fuertemente defendidos, fueron simplemente rodeados y dejados morir de inanición.
El legado nuclear: la ironía de Eniwetok
La historia de Eniwetok no terminó con la SGM. En 1947, el gobierno estadounidense evacuó a los 145 habitantes nativos del atolón para convertirlo en uno de los principales campos de pruebas nucleares del Pacífico. Entre 1948 y 1958, se detonaron 43 dispositivos nucleares en Eniwetok, incluyendo la primera prueba de una bomba termonuclear, la Ivy Mike, en noviembre de 1952, que vaporizó por completo la isla de Elugelab.
La paradoja resulta estremecedora: un lugar conquistado a costa de sangre para liberar el Pacífico de la dominación japonesa fue convertido apenas tres años después en un paisaje de destrucción nuclear que dejó islas enteras irradiadas durante décadas. Los habitantes de Eniwetok no pudieron regresar hasta 1980, y aún hoy partes del atolón siguen contaminadas. El legado de Eniwetok es, en cierto sentido, un resumen de las contradicciones del siglo XX: la guerra engendra tecnología que, a su vez, engendra una capacidad de destrucción aún mayor.