La isla de Corregidor, conocida como «la Roca», fue el último bastión de la resistencia estadounidense y filipina frente al avance japonés en 1942. Situada en la bocana de la bahía de Manila, esta pequeña isla fortificada resistió meses de bombardeo incesante antes de caer el 6 de mayo de 1942, marcando la mayor rendición de tropas estadounidenses desde la Guerra de Secesión. Tres años después, en febrero de 1945, paracaidistas del 503.º Regimiento de Infantería Paracaidista protagonizaron una de las operaciones aerotransportadas más audaces de la SGM para recuperarla.

Paracaidistas estadounidenses descendiendo sobre Corregidor en febrero de 1945
Paracaidistas del 503.º Regimiento de Infantería Paracaidista descienden sobre Corregidor durante la reconquista de la isla, 16 de febrero de 1945. Signal Corps Archive / Lt. D. Williams · Dominio público

La isla fortaleza: geografía y defensas

Corregidor es una isla con forma de renacuajo de apenas 9 kilómetros cuadrados, estratégicamente ubicada en la entrada de la bahía de Manila, a unos 48 kilómetros al oeste de la capital filipina. Junto con las islas menores de Caballo, El Fraile y Carabao, formaba el sistema defensivo conocido como las «fortalezas de la bahía», diseñado para impedir el acceso naval enemigo.

La isla se divide en dos zonas principales: la zona alta o «Topside», una meseta elevada de unos 190 metros donde se concentraban los cuarteles, las baterías principales y las instalaciones administrativas, y la zona baja o «Bottomside», una estrecha franja costera que conectaba con la cola oriental de la isla, denominada «Tailend».

Las defensas de Corregidor eran formidables para su época. La isla contaba con baterías de artillería costera que incluían cañones de 305 mm capaces de alcanzar blancos a más de 25 kilómetros, morteros de 305 mm en posiciones protegidas y numerosas piezas antiaéreas. Las baterías Hearn, Crockett, Wheeler y Geary constituían la columna vertebral del poder de fuego costero.

Sin embargo, la joya de las fortificaciones era el túnel de Malinta, una impresionante obra de ingeniería excavada en la roca del interior de la isla. El túnel principal medía unos 250 metros de largo y 7 metros de ancho, con 24 ramificaciones laterales que albergaban un hospital de mil camas, almacenes de municiones, depósitos de alimentos, un centro de comunicaciones y los cuarteles generales del mando. Durante el asedio, Malinta se convirtió en el corazón de la resistencia, refugio de miles de soldados y civiles que soportaron el bombardeo constante sobre sus cabezas.

La caída de Batán y el asedio de Corregidor

Tras el ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, las fuerzas japonesas invadieron Filipinas rápidamente. El general Douglas MacArthur declaró Manila ciudad abierta y retiró sus tropas a la península de Batán y a Corregidor, siguiendo el plan defensivo War Plan Orange-3.

En marzo de 1942, por orden del presidente Roosevelt, MacArthur abandonó Corregidor en una lancha torpedera PT con destino a Australia, pronunciando su célebre promesa: «Volveré». El mando en Filipinas recayó sobre el teniente general Jonathan Wainwright, un veterano oficial de caballería que asumió la responsabilidad de una situación cada vez más desesperada.

La caída de la península de Batán el 9 de abril de 1942 dejó a Corregidor completamente aislada. Aproximadamente 11.000 defensores —entre soldados estadounidenses, filipinos y personal civil— se hacinaban en una isla diseñada para una guarnición mucho menor. Los refuerzos eran imposibles y los suministros se agotaban. A los defensores de la propia guarnición se sumaron miles de refugiados procedentes de Batán que habían logrado cruzar a la isla en los últimos días.

El bombardeo: 27 días de infierno

Lo que siguió fue uno de los bombardeos más intensos de la guerra en el Pacífico. Desde el 9 de abril hasta el 6 de mayo, la artillería japonesa emplazada en las costas de Batán y Cavite descargó un fuego constante sobre la isla. A los cañones se sumaban los bombarderos de la aviación nipona, que realizaban incursiones diarias con impunidad ante la ausencia total de cobertura aérea aliada.

Las cifras del bombardeo son escalofriantes. Se estima que entre 1,8 y 3,6 millones de kilogramos de explosivos cayeron sobre los escasos 9 kilómetros cuadrados de la isla durante aquellas semanas. Las baterías al aire libre fueron destruidas una por una. Los cuarteles de Topside quedaron reducidos a esqueletos de hormigón. La vegetación tropical fue arrasada, dejando la isla como un paisaje lunar de cráteres y escombros.

La batería Geary, que albergaba ocho morteros de 305 mm, fue destruida el 2 de mayo cuando un impacto directo alcanzó su polvorín, provocando una explosión que se sintió en toda la isla y mató a gran parte de su dotación. La batería Crockett corrió una suerte similar. Para principios de mayo, la capacidad artillera de Corregidor estaba prácticamente neutralizada.

Dentro del túnel de Malinta, las condiciones eran dantescas. Miles de personas se apiñaban en galerías diseñadas para una fracción de esa población. El calor era asfixiante, el agua escaseaba, las raciones se habían reducido drásticamente y el hospital lateral estaba desbordado de heridos. Cada impacto de artillería hacía temblar la roca y levantaba nubes de polvo que dificultaban la respiración. El estrés psicológico del bombardeo constante provocó numerosos casos de colapso nervioso entre defensores y civiles.

El asalto anfibio japonés

En la noche del 5 al 6 de mayo de 1942, los japoneses lanzaron su asalto anfibio. El general Masaharu Homma desplegó aproximadamente 2.000 soldados del 4.º Destacamento en barcazas de desembarco, dirigiéndose hacia las playas del extremo oriental de la isla. Las fuertes corrientes de la bahía dispersaron muchas embarcaciones, y el fuego de las pocas baterías supervivientes hundió varias barcazas. Las bajas japonesas durante el cruce fueron considerables.

Sin embargo, los defensores estaban agotados tras semanas de bombardeo y carecían de reservas suficientes. Los marines del 4.º Regimiento de Marines, la unidad más veterana de la guarnición, combatieron con tenacidad en las playas, pero la superioridad numérica japonesa y la llegada de tanques ligeros en las oleadas siguientes inclinaron la balanza. Los combates cuerpo a cuerpo en la oscuridad fueron particularmente brutales, con bayonetas y granadas como protagonistas.

A primera hora del 6 de mayo, los japoneses habían establecido una cabeza de playa sólida y avanzaban hacia el túnel de Malinta. Wainwright comprendió que la resistencia prolongada solo provocaría una masacre innecesaria. Con el agua potable prácticamente agotada, la artillería silenciada y los japoneses amenazando con lanzar gas dentro del túnel donde se hacinaban miles de heridos y civiles, tomó la decisión más difícil de su carrera.

La rendición de Wainwright

A las 10:00 de la mañana del 6 de mayo de 1942, el general Wainwright envió un mensaje por radio al presidente Roosevelt informando de su decisión y se comunicó con el general Homma para negociar la rendición. Homma, sin embargo, exigió la rendición incondicional de todas las fuerzas estadounidenses y filipinas en el archipiélago, no solo de Corregidor.

Wainwright inicialmente intentó limitar la rendición a las fuerzas de Corregidor y las islas de la bahía, pero Homma rechazó cualquier condición parcial. Bajo la amenaza de la reanudación del bombardeo y con la vida de miles de prisioneros y heridos en juego, Wainwright se vio obligado a transmitir por radio la orden de rendición general a todas las fuerzas filipinas.

La rendición de Corregidor supuso la captura de aproximadamente 11.000 prisioneros de guerra, entre ellos unos 4.000 estadounidenses y 7.000 filipinos. Para Estados Unidos, fue la mayor rendición de tropas desde que el general Robert E. Lee entregó el Ejército de Virginia del Norte en 1865. La caída de Corregidor completó la conquista japonesa de Filipinas y representó el punto más bajo de la moral aliada en el Pacífico.

Los prisioneros capturados sufrieron un trato brutal durante los más de tres años de cautiverio. Muchos fueron enviados a campos de prisioneros japoneses como Cabanatuan y O'Donnell, donde el hambre, las enfermedades y los malos tratos causaron una mortalidad espantosa. El propio Wainwright fue trasladado a un campo en Manchuria, donde permaneció prisionero hasta la liberación soviética en agosto de 1945.

La reconquista: Operación Topside (1945)

La promesa de MacArthur de volver se cumplió en octubre de 1944 con los desembarcos en Leyte . La reconquista de Corregidor, bautizada como Operación Topside, comenzó el 16 de febrero de 1945 con una de las operaciones aerotransportadas más arriesgadas de toda la guerra.

El 503.º Regimiento de Infantería Paracaidista, bajo el mando del coronel George M. Jones, saltó sobre la diminuta zona de lanzamiento de Topside, una superficie irregular y sembrada de escombros que apenas medía 300 metros de largo. Los vientos impredecibles, las corrientes ascendentes de los acantilados y el reducido tamaño de la zona de salto hacían que cada lanzamiento fuera extremadamente peligroso. Muchos paracaidistas aterrizaron fuera de la zona prevista, algunos cayendo por los acantilados hacia el mar.

Simultáneamente, el 34.º Regimiento de Infantería del Ejército realizó un asalto anfibio contra las playas de Bottomside. La combinación de ataque aéreo y naval tomó por sorpresa a la guarnición japonesa, compuesta por unos 6.700 soldados al mando del capitán Akira Itagaki.

Los combates por la reconquista fueron feroces y duraron hasta principios de marzo. Los defensores japoneses se habían atrincherado en las cuevas y túneles de la isla, incluyendo el propio túnel de Malinta, y lucharon hasta la muerte siguiendo la doctrina de resistencia a ultranza. La noche del 21 de febrero, una explosión masiva en un depósito de municiones subterráneo mató a decenas de soldados estadounidenses y cientos de japoneses. Otras explosiones similares se sucedieron durante los días siguientes.

Cuando la resistencia organizada cesó el 2 de marzo, la guarnición japonesa había sido prácticamente aniquilada: de los 6.700 defensores, solo 20 fueron capturados con vida. Las bajas estadounidenses ascendieron a unos 200 muertos y más de 700 heridos.

Legado y memoria

La batalla de Corregidor ocupa un lugar especial en la historia militar estadounidense y filipina. La resistencia de la isla durante casi cinco meses retrasó el calendario japonés de conquistas en el sudeste asiático y proporcionó un símbolo de resistencia en los momentos más oscuros de la guerra en el Pacífico.

El general Wainwright, liberado en agosto de 1945, recibió la Medalla de Honor del Congreso por su defensa de Corregidor. Estuvo presente en la ceremonia de rendición japonesa a bordo del acorazado Missouri en la bahía de Tokio el 2 de septiembre de 1945, cerrando simbólicamente un capítulo de tres años y medio de cautiverio.

Hoy, la isla de Corregidor es un memorial nacional de Filipinas. Las ruinas del cuartel de Topside, los restos del túnel de Malinta y el monumento conmemorativo conocido como la Llama Eterna recuerdan a los miles de soldados estadounidenses y filipinos que combatieron y murieron defendiendo la isla fortaleza. La Roca permanece como testimonio silencioso de la determinación humana frente a circunstancias desesperadas y del terrible precio de la guerra en el Pacífico.