La batalla de cabo Engaño, librada el 25 de octubre de 1944, fue una de las cuatro acciones navales que compusieron la batalla del golfo de Leyte , el mayor enfrentamiento naval de la historia. Su nombre proviene del cabo situado en el extremo noreste de Luzón, en Filipinas, y resulta casi profético: toda la acción fue un engaño deliberado. El almirante japonés Jisaburō Ozawa sacrificó una fuerza de cuatro portaaviones prácticamente desarmados para atraer a la Tercera Flota estadounidense hacia el norte y dejar desprotegido el estrecho de San Bernardino. El plan funcionó a la perfección, pero sus consecuencias siguen siendo objeto de debate más de ocho décadas después.

La tripulación del Zuikaku arría la bandera durante la batalla de cabo Engaño
La tripulación del portaaviones Zuikaku saluda mientras se arría la bandera imperial, momentos antes de su hundimiento el 25 de octubre de 1944. US Government (propiedad enemiga capturada) · Dominio público

El contexto: la desesperación japonesa

En octubre de 1944, la situación de la Armada Imperial Japonesa era crítica. Tras la derrota en la batalla del mar de Filipinas en junio —conocida como «el gran tiro al pavo de las Marianas»—, Japón había perdido la mayoría de sus pilotos veteranos y aviones embarcados. Los cuatro portaaviones que aún podían navegar —Zuikaku, Zuihō, Chitose y Chiyoda— apenas disponían de 108 aviones entre todos, tripulados en su mayoría por pilotos con entrenamiento mínimo. Eran barcos que ya no podían cumplir su función original.

El alto mando japonés, liderado por el almirante Soemu Toyoda, diseñó el plan Shō-Gō 1 para detener la invasión estadounidense de Filipinas. La estrategia era audaz y desesperada: si los portaaviones no podían luchar como tales, servirían como cebo. Ozawa los llevaría al norte de Filipinas para atraer a la poderosa Tercera Flota del almirante William Halsey, mientras las fuerzas de superficie —los acorazados de Kurita y Nishimura— atravesarían los estrechos de San Bernardino y Surigao para destruir los transportes de desembarco aliados en el golfo de Leyte.

La fuerza señuelo de Ozawa

La Fuerza del Norte de Ozawa zarpó de Japón el 20 de octubre con una composición que revelaba su papel sacrificial:

  • Zuikaku: el buque insignia, último superviviente de los seis portaaviones que habían lanzado el ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941. Con capacidad para 84 aviones, embarcaba apenas una veintena.
  • Zuihō: portaaviones ligero reconvertido desde un tender de submarinos, con un puñado de aparatos operativos.
  • Chitose y Chiyoda: portaaviones ligeros gemelos, también con dotaciones aéreas testimoniales.
  • Dos acorazados híbridos: Ise y Hyūga, parcialmente convertidos para operar hidroaviones pero sin aviones a bordo.
  • Tres cruceros ligeros y ocho destructores como escolta.

En total, la fuerza de Ozawa disponía de unos 108 aviones frente a los más de 600 que operaban desde los seis portaaviones de flota y seis portaaviones ligeros de Halsey. La desproporción era absoluta y deliberada. Ozawa sabía que su misión no era vencer sino morir de forma útil.

Halsey muerde el anzuelo

El 24 de octubre, mientras la fuerza central de Kurita sufría ataques aéreos en el mar de Sibuyán, Ozawa lanzó una oleada de 76 aviones contra los portaaviones estadounidenses del grupo de Sherman. El ataque apenas causó daños —la mayoría de los pilotos japoneses carecían de experiencia para ejecutar ataques coordinados—, pero cumplió su verdadero objetivo: revelar la posición de los portaaviones japoneses a los radares y exploradores de Halsey.

La noticia de que había portaaviones enemigos al norte electrizó al almirante estadounidense. Halsey, agresivo por naturaleza y obsesionado con la destrucción de la flota japonesa de portaaviones desde Pearl Harbor, tomó una decisión que marcaría su legado para siempre: a las 20:22 del 24 de octubre, ordenó a toda la Tercera Flota —incluyendo la poderosa Task Force 34 con seis acorazados rápidos— dirigirse al norte a toda máquina.

El problema fue que Halsey no informó adecuadamente al almirante Kinkaid, al mando de la Séptima Flota y responsable de proteger los desembarcos en Leyte, de que el estrecho de San Bernardino quedaba completamente desguarnecido. Kinkaid asumió que la Task Force 34 se había quedado vigilando el estrecho. Halsey asumió que la Séptima Flota podría protegerse sola. Nadie vigilaba la puerta.

El combate: la destrucción de la fuerza de Ozawa

Al amanecer del 25 de octubre, los aviones de reconocimiento de la Tercera Flota localizaron a Ozawa a unas 200 millas al este de cabo Engaño. Halsey disponía de una fuerza abrumadora: los portaaviones de flota Essex, Lexington, Enterprise, Franklin, Intrepid y San Jacinto, más los ligeros Independence, Belleau Wood, Langley, Cabot, Bataan y otros. Contra ellos, cuatro portaaviones moribundos.

La primera oleada de ataque despegó a las 08:00, con más de 180 aviones lanzándose sobre la fuerza japonesa. A partir de ese momento, los ataques se sucedieron en oleadas durante toda la mañana:

  • Primera oleada (08:30-09:30): los aviones se concentraron en el Chitose, que recibió múltiples impactos de bombas y torpedos. El portaaviones ligero se hundió a las 09:37, convirtiéndose en la primera baja importante. El Zuikaku también fue alcanzado por un torpedo que dañó sus comunicaciones, obligando a Ozawa a transferir su insignia al crucero Ōyodo.
  • Segunda oleada (10:00-10:30): el Chiyoda quedó muerto en el agua tras recibir varios impactos de bombas. Sin propulsión ni gobierno, fue abandonado por el resto de la formación. Más tarde sería hundido por los cruceros de superficie estadounidenses.
  • Tercera y cuarta oleadas (11:00-14:00): los aviones se cebaron con el Zuikaku y el Zuihō. El veterano Zuikaku, alcanzado por al menos siete torpedos y múltiples bombas, finalmente se hundió a las 14:14. Su tripulación arrió la bandera de combate y entonó el himno nacional mientras el buque se escoraba. El Zuihō resistió algo más, pero sucumbió a las 15:26.

Al final del día, Ozawa había perdido sus cuatro portaaviones, el crucero ligero Tama y dos destructores. Murieron aproximadamente 7.000 marinos japoneses. Las pérdidas estadounidenses fueron mínimas: unos pocos aviones derribados y ningún buque perdido.

«¿Dónde está la Task Force 34?»

Mientras Halsey machacaba los portaaviones señuelo, el desastre se desarrollaba 300 millas al sur. La fuerza central de Kurita, que los estadounidenses creían neutralizada tras los ataques en el mar de Sibuyán, había atravesado el estrecho de San Bernardino durante la noche sin oposición y caído sobre los indefensos grupos de escolta frente a Samar. Los pequeños portaaviones de escolta, destructores y destructores de escolta del grupo Taffy 3 lucharon desesperadamente contra acorazados y cruceros pesados en lo que se convirtió en una de las acciones más heroicas de la guerra del Pacífico.

Las llamadas de auxilio llegaron al cuartel general del almirante Nimitz en Pearl Harbor. A las 10:00, Nimitz envió a Halsey un mensaje que se haría célebre: «¿Dónde está, repito, dónde está la Task Force 34?». El mensaje original incluía relleno de seguridad al inicio y al final para dificultar el descifrado enemigo, pero el cifrador añadió como relleno final la frase «el mundo se pregunta». Cuando el operador de Halsey descifró el mensaje y dejó esa frase por error, el resultado fue demoledor: «¿Dónde está, repito, dónde está la Task Force 34? El mundo se pregunta».

Halsey, furioso y humillado, dio media vuelta con parte de su flota hacia el sur, pero llegó demasiado tarde para intervenir en la batalla frente a Samar. La decisión le costó también rematar a los restos de la fuerza de Ozawa, aunque los cuatro portaaviones ya estaban en el fondo del mar.

«Bull's Run»: la controversia Halsey

La decisión de Halsey de llevarse toda la Tercera Flota al norte, dejando el estrecho de San Bernardino sin vigilancia, generó una de las controversias más duraderas de la historia naval. Sus críticos —entre ellos el propio Kinkaid y muchos historiadores posteriores— bautizaron la maniobra como «Bull's Run» (la carrera del Toro, un juego de palabras con el apodo de Halsey, «Bull», y la primera batalla de Bull Run de la Guerra Civil estadounidense, famosa por la huida).

Halsey se defendió argumentando que su doctrina era ofensiva: destruir la flota enemiga, no montar guardia pasiva. Además, señaló que los informes del mar de Sibuyán indicaban que la fuerza de Kurita había dado media vuelta tras los ataques aéreos (lo cual era cierto, pero Kurita retomó su rumbo original poco después). Sin embargo, la mayoría de los analistas navales coinciden en que Halsey debería haber dejado la Task Force 34 vigilando el estrecho, como Nimitz y Kinkaid esperaban.

La ironía suprema es que Ozawa, el arquitecto del señuelo, se sintió frustrado durante toda la mañana del 25 de octubre porque creía que su plan había fracasado. No fue hasta que llegaron los informes de que Kurita estaba atacando frente a Samar cuando comprendió que había logrado exactamente lo que se proponía.

El fin del Zuikaku y el legado de Pearl Harbor

El hundimiento del Zuikaku cerró un capítulo simbólico de la SGM. De los seis portaaviones que habían lanzado el ataque contra Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 —Akagi, Kaga, Sōryū, Hiryū, Shōkaku y Zuikaku—, los cuatro primeros habían sido hundidos en Midway en junio de 1942, y el Shōkaku cayó en la batalla del mar de Filipinas en junio de 1944. El Zuikaku era el último superviviente.

Su hundimiento frente a cabo Engaño significó que la Armada Imperial Japonesa había perdido todos los portaaviones que iniciaron la guerra en el Pacífico. Más allá del simbolismo, la batalla de cabo Engaño confirmó lo que ya era evidente desde Midway: la era de los portaaviones como arma decisiva pertenecía a quien tuviera pilotos entrenados y aviones en cantidad. Sin ellos, los portaaviones eran poco más que blancos flotantes.

Análisis táctico y estratégico

Desde el punto de vista táctico, la batalla de cabo Engaño fue una victoria aplastante para Estados Unidos. La destrucción de cuatro portaaviones sin pérdidas significativas demostró la superioridad aeronaval absoluta alcanzada por la Marina estadounidense en 1944. La coordinación de oleadas de ataque desde múltiples portaaviones, con cazas de escolta, bombarderos en picado y torpederos actuando en sincronía, fue un ejemplo de manual.

Sin embargo, desde la perspectiva estratégica, el resultado es más ambiguo. Ozawa cumplió su misión: atrajo a Halsey lejos de San Bernardino y permitió que Kurita alcanzara los transportes aliados. Que Kurita finalmente se retirara sin causar daños decisivos frente a Samar —por razones que los historiadores aún debaten— no fue culpa de Ozawa, cuyo sacrificio funcionó exactamente como estaba planeado.

La batalla también planteó una cuestión doctrinal que sigue vigente: ¿debe un comandante perseguir la destrucción del enemigo o proteger la misión principal? Halsey eligió lo primero y, aunque destruyó los portaaviones de Ozawa, casi provocó una catástrofe en Leyte. La lección que extrajo la Marina estadounidense fue que dividir fuerzas y cubrir ambos objetivos habría sido la decisión correcta.

Consecuencias

La batalla de cabo Engaño marcó el fin efectivo de la aviación naval japonesa. Tras la pérdida de sus últimos portaaviones operativos, Japón recurrió cada vez más a los ataques kamikaze como única forma de proyección aérea contra la flota aliada. Los pilotos que sobrevivieron a cabo Engaño —los pocos que lograron amerizar o llegar a bases terrestres— fueron reasignados a unidades suicidas en los meses siguientes.

Para Halsey, la controversia de cabo Engaño lo persiguió el resto de su vida. Aunque fue ascendido a almirante de flota en diciembre de 1945, nunca dejó de justificar su decisión. En sus memorias y entrevistas insistió en que destruir los portaaviones enemigos era la prioridad correcta, pero la historia naval lo ha juzgado con severidad por no dividir sus fuerzas.

Cabo Engaño fue, en definitiva, una batalla donde ambos bandos lograron sus objetivos inmediatos —Ozawa atrajo a Halsey, y Halsey hundió a Ozawa— pero donde las consecuencias no previstas casi alteraron el curso de la campaña de Filipinas.