La campaña de Birmania fue el frente más largo y uno de los más brutales de la SGM en el teatro del Pacífico. Durante más de tres años, entre enero de 1942 y agosto de 1945, ejércitos británicos, indios, chinos, estadounidenses y japoneses combatieron en selvas tropicales, montañas cubiertas de jungla y llanuras anegadas por el monzón. Los soldados que lucharon allí la llamaron "la guerra olvidada", eclipsada por los combates en Europa y las batallas navales del Pacífico. Sin embargo, Birmania fue el escenario de algunas de las batallas más feroces de la guerra, incluyendo Imphal y Kohima — consideradas entre las más decisivas del siglo XX —, y costó la vida a cientos de miles de combatientes de ambos bandos.

La caída de Birmania: 1942
La conquista japonesa de Birmania fue una consecuencia directa de la caída de Singapur y del derrumbe del poder colonial británico en el sudeste asiático. En enero de 1942, dos divisiones japonesas invadieron Birmania desde Tailandia con el doble objetivo de cortar la carretera de Birmania — la única vía de suministro terrestre que conectaba a la China de Chiang Kai-shek con los aliados — y proteger el flanco occidental de su recién conquistado imperio en el sudeste asiático.
Las fuerzas británicas e indias que defendían Birmania eran escasas, mal equipadas y estaban desmoralizadas por las derrotas anteriores. Los japoneses, apoyados por la aviación y por el Ejército de la Independencia de Birmania — una fuerza nacionalista que veía a los japoneses como libertadores del yugo colonial —, avanzaron con rapidez. Rangún, la capital, cayó el 8 de marzo de 1942. Los británicos intentaron una defensa organizada a lo largo del río Sittang, pero el puente fue volado prematuramente con miles de soldados aún en la orilla equivocada.
Lo que siguió fue una de las retiradas más largas y penosas de la historia militar británica. Durante tres meses, los restos del ejército británico — junto con dos divisiones chinas enviadas por Chiang Kai-shek — se retiraron 1.500 kilómetros hacia el norte, a través de la jungla, las montañas y los valles de Birmania, hasta alcanzar la frontera india. El general William Slim, que asumiría más tarde el mando del 14.º Ejército, describió la retirada como "la más larga de la historia del ejército británico" y reconoció sin ambages: "Nos habían dado una paliza".
Miles de refugiados civiles — indios, birmanos y anglo-birmanos — huyeron junto al ejército por senderos de montaña donde la malaria, la disentería y el hambre mataron a miles de personas. Se estima que entre 10.000 y 50.000 civiles murieron durante el éxodo.
El punto muerto: 1942-1943
Tras la conquista japonesa, Birmania entró en un período de punto muerto. Los británicos, con su base principal en la India, no tenían fuerzas suficientes para reconquistar el país. Los japoneses, satisfechos con sus conquistas, se fortificaron a lo largo de la frontera indo-birmana y se dedicaron a consolidar su control.
El primer intento británico de contraofensiva fue un fracaso. En diciembre de 1942, una fuerza avanzó por la costa de Arakán hacia la localidad de Akyab, pero fue detenida por las defensas japonesas y se vio obligada a retirarse tras meses de combates infructuosos que destruyeron la moral de las tropas. La campaña del Arakán demostró que los británicos aún no habían aprendido a combatir en la jungla.
Sin embargo, una operación poco convencional capturó la imaginación pública. Los Chindits, una fuerza de penetración de largo alcance creada por el excéntrico brigadier Orde Wingate, se internaron a pie en Birmania ocupada en febrero de 1943. Unos 3.000 hombres cruzaron las líneas japonesas, destruyeron vías de ferrocarril, volaron puentes y operaron durante meses en la retaguardia enemiga, recibiendo suministros por aire. Los resultados militares fueron modestos — un tercio de los Chindits murió o quedó incapacitado —, pero la operación demostró que los soldados británicos podían combatir en la selva y vencer a los japoneses en su propio terreno. El efecto psicológico fue invaluable para un ejército que necesitaba recuperar la confianza.
El 14.º Ejército y el general Slim
La transformación del esfuerzo bélico británico en Birmania se debió en gran medida a un hombre: el teniente general William Slim, nombrado comandante del 14.º Ejército en octubre de 1943. Slim era un oficial de origen modesto — hijo de un ferretero de Birmingham, sin las conexiones aristocráticas habituales en el alto mando británico — con una capacidad excepcional para el liderazgo y la estrategia.
Slim reorganizó su ejército de arriba abajo. Mejoró el entrenamiento para el combate en la jungla, enseñando a sus soldados que la selva no era un obstáculo sino un aliado si se aprendía a usarla. Revolucionó la logística aérea, estableciendo un sistema de suministro por aire que permitía a las unidades combatir sin líneas de comunicación terrestres. Y, sobre todo, restauró la moral de un ejército que se consideraba a sí mismo derrotado.
El 14.º Ejército era una fuerza extraordinariamente diversa. Británicos, indios, gurkhas nepaleses, africanos occidentales y orientales, birmanos leales y chinos combatían juntos en una mezcla de culturas, idiomas y tradiciones militares que no tenía equivalente en ningún otro frente de la guerra. Slim logró convertir esta diversidad en una fortaleza.
Imphal y Kohima: la batalla decisiva de 1944
En marzo de 1944, el teniente general Mutaguchi Renya lanzó la Operación U-Go: una ofensiva con 85.000 soldados destinada a invadir la India a través de las montañas de la frontera birmana, capturando las ciudades de Imphal y Kohima. Mutaguchi confiaba en que la conquista de estas bases logísticas aliadas provocaría un levantamiento popular en la India contra el dominio británico — una fantasía que no tenía fundamento pero que fue aprobada por el alto mando japonés.
Slim había previsto la ofensiva japonesa y la esperaba. Su plan era dejar que los japoneses se extendieran por las montañas, lejos de sus bases de suministro, para luego destruirlos con la superioridad aérea y las reservas que había acumulado en Imphal.
Kohima: el Stalingrado del Este
La batalla de Kohima, librada entre el 4 de abril y el 22 de junio de 1944, fue uno de los combates más intensos y comprimidos de toda la guerra. La guarnición inicial de Kohima — apenas 1.500 hombres entre soldados y personal administrativo — se enfrentó a toda una división japonesa de 15.000 efectivos.
Los combates se libraron en un espacio minúsculo. La posición central era la colina del campo de tenis del comisionado de distrito, donde los soldados británicos e indios defendían un lado de la pista mientras los japoneses atacaban desde el otro, separados por apenas 20 metros. Los combates cuerpo a cuerpo duraron semanas. Los heridos yacían junto a los combatientes porque no había forma de evacuarlos. El agua escaseaba y los muertos se descomponían entre las trincheras.
Los refuerzos británicos llegaron gradualmente y rompieron el asedio en mayo, pero la batalla por las posiciones que rodeaban Kohima se prolongó hasta junio. Los japoneses, hambrientos y enfermos, se aferraron a cada colina con una tenacidad suicida antes de ser expulsados.
Imphal: el cerco invertido
En Imphal, Slim ejecutó su plan magistralmente. Permitió que los japoneses rodearan la ciudad, pero mantuvo a sus fuerzas abastecidas por aire mientras los japoneses, que habían planeado alimentarse con las provisiones capturadas al enemigo, se quedaban sin suministros en las montañas. La ofensiva japonesa se estrelló contra defensas preparadas, contraataques coordinados y un muro de fuego aéreo.
A medida que pasaban las semanas, la situación japonesa se volvió desesperada. Sin alimentos, sin munición y sin medicinas, los soldados de Mutaguchi morían por miles de hambre, malaria y disentería. Las líneas de suministro japonesas, que atravesaban montañas cubiertas de jungla, se colapsaron por completo. Los soldados comían hierba, raíces y la carne de los caballos y mulas que morían en los senderos.
La ofensiva fue cancelada oficialmente el 22 de junio de 1944. Los japoneses se retiraron dejando atrás un rastro de cadáveres que los supervivientes llamaron "la carretera de los huesos blancos". De los 85.000 soldados que habían cruzado la frontera, más de 53.000 murieron — la mayoría no por las armas aliadas, sino por el hambre y las enfermedades. Fue la mayor derrota terrestre en la historia del ejército japonés.
La reconquista: 1944-1945
Tras la victoria de Imphal-Kohima, el 14.º Ejército de Slim lanzó la contraofensiva que reconquistaría Birmania. La campaña fue una obra maestra de maniobra en condiciones extremas. Slim cruzó el río Chindwin con su ejército y descendió hacia el centro de Birmania, engañando a los japoneses sobre la dirección de su avance principal.
La batalla de Meiktila-Mandalay en marzo de 1945 fue el golpe decisivo. Mientras una fuerza atacaba Mandalay frontalmente para atraer la atención japonesa, Slim envió un cuerpo blindado en un movimiento envolvente de 300 kilómetros a través de territorio enemigo para capturar Meiktila, el principal centro logístico japonés en Birmania central. Cuando los japoneses descubrieron la maniobra, ya era demasiado tarde. La pérdida de Meiktila desorganizó todo el sistema de defensa japonés en Birmania.
Mandalay cayó el 20 de marzo de 1945. El avance aliado continuó hacia el sur a una velocidad extraordinaria, impulsado por la necesidad de capturar Rangún antes de que el monzón cortara las comunicaciones. El 3 de mayo, las tropas del 14.º Ejército entraron en Rangún — que los japoneses habían evacuado el día anterior — completando la reconquista de Birmania.
El coste humano
La campaña de Birmania fue devastadora para todos los bandos. Los japoneses sufrieron unas 185.000 bajas entre muertos y heridos — una cifra que incluye decenas de miles de muertos por enfermedades tropicales. Las fuerzas aliadas perdieron más de 71.000 hombres entre muertos, heridos y desaparecidos, de los cuales una proporción enorme correspondió al ejército indio británico.
Las enfermedades fueron el enemigo más letal del teatro. La malaria, la disentería, el tifus y otras enfermedades tropicales causaron más bajas que las armas enemigas en ambos bandos. En los peores momentos, por cada soldado evacuado por heridas de combate, 120 eran evacuados por enfermedad. Solo cuando se generalizó el uso de la atabrina como profiláctico antimalárico y se impusieron medidas sanitarias estrictas, la proporción comenzó a mejorar.
A estas cifras hay que sumar el sufrimiento de los prisioneros de guerra. Miles de soldados aliados capturados durante la caída de Birmania en 1942 fueron empleados como mano de obra esclava en la construcción del ferrocarril de Birmania-Siam , donde las condiciones de trabajo forzado, la desnutrición y las enfermedades mataron a más de 12.000 prisioneros aliados y a decenas de miles de trabajadores forzados asiáticos.
Legado de la guerra olvidada
La campaña de Birmania fue, por sus dimensiones y su duración, una de las grandes campañas de la SGM, pero nunca recibió la atención que merecía. Los soldados que combatieron allí — especialmente los del 14.º Ejército — se sintieron ignorados por la prensa, por el público y por sus propios gobiernos, que priorizaban los frentes europeo y del Pacífico central.
Sin embargo, la campaña tuvo consecuencias históricas profundas. La derrota japonesa en Imphal-Kohima, combinada con la destrucción de la aviación naval japonesa en el mar de Filipinas ese mismo verano de 1944, marcó el punto de inflexión definitivo en el teatro asiático. Japón pasó de la ofensiva a la defensiva en todos los frentes y no recuperó jamás la iniciativa.
Para la India, la campaña de Birmania fue un catalizador de la independencia. Cientos de miles de soldados indios combatieron en Birmania bajo bandera británica, demostrando una capacidad militar que reforzó las demandas de autogobierno. El Ejército Nacional Indio de Subhas Chandra Bose, que combatió junto a los japoneses en Imphal con la esperanza de liberar a la India del dominio británico, fue derrotado militarmente pero su causa anticolonial resonó en toda la India.
El general Slim es hoy considerado uno de los mejores comandantes de la SGM, un líder que transformó un ejército derrotado en una fuerza victoriosa con recursos limitados, en el teatro más inhóspito de la guerra y contra un enemigo que no se rendía. Su campaña de reconquista de Birmania en 1944-1945 es estudiada en las academias militares como un modelo de maniobra, logística y liderazgo en condiciones extremas. La guerra olvidada merece ser recordada.