Entre diciembre de 1940 y febrero de 1941, un ejército británico de apenas 30.000 hombres llevó a cabo una de las ofensivas más devastadoras de la SGM. Lo que comenzó como una incursión de cinco días se convirtió en una campaña que recorrió más de 800 kilómetros a lo largo de la costa libia, destruyó diez divisiones italianas, capturó 130.000 prisioneros y demostró que los ejércitos del Eje podían ser aplastados en campo abierto. La Operación Compass fue, proporcionalmente, una de las victorias más decisivas de toda la guerra.

Tanque Matilda II del 7.º Regimiento Real de Tanques en el desierto occidental durante la Operación Compass, diciembre de 1940
Un Matilda II del 7.º Regimiento Real de Tanques avanza por el desierto occidental durante la Operación Compass, 19 de diciembre de 1940 Imperial War Museums · Dominio público

El avance italiano: la reluctante marcha de Graziani

Cuando Italia entró en la guerra en junio de 1940, Mussolini soñaba con un imperio mediterráneo. En el norte de África, el mariscal Rodolfo Graziani comandaba el 10.º Ejército italiano en Libia, con más de 200.000 soldados frente a las escasas fuerzas británicas del general Archibald Wavell en Egipto. La superioridad numérica era abrumadora, pero Graziani carecía de entusiasmo por la ofensiva.

Presionado insistentemente por Mussolini, Graziani cruzó finalmente la frontera egipcia el 13 de septiembre de 1940. Su avance fue extremadamente cauteloso: en cuatro días recorrió apenas 100 kilómetros hasta Sidi Barrani, donde se detuvo y estableció una cadena de campamentos fortificados dispersos por el desierto. Las posiciones italianas estaban mal coordinadas entre sí, separadas por grandes distancias y sin apoyo mutuo. Graziani no tenía intención de avanzar más y dedicó los siguientes tres meses a construir defensas y esperar refuerzos.

Esta pasividad fue exactamente lo que los británicos necesitaban. Mientras los italianos se atrincheraban, Wavell y su subordinado, el teniente general Richard O'Connor, planeaban un golpe audaz que cambiaría el curso de la guerra en el Mediterráneo.

El plan de Wavell y O'Connor

El general Wavell, comandante en jefe de las fuerzas británicas en Oriente Medio, concibió inicialmente la operación como una incursión de cinco días: un ataque sorpresa contra los campamentos italianos en Sidi Barrani, seguido de una retirada rápida. No era una ofensiva de conquista, sino un raid a gran escala para desestabilizar al enemigo.

La fuerza de ataque era la Western Desert Force de O'Connor, compuesta por la 7.ª División Acorazada —los célebres «Ratas del Desierto»— y la 4.ª División de Infantería india. En total, unos 30.000 hombres y 275 tanques contra los aproximadamente 150.000 soldados italianos desplegados entre Sidi Barrani y la frontera libia.

O'Connor identificó la debilidad clave de las posiciones enemigas: los campamentos fortificados italianos estaban separados por huecos de hasta 25 kilómetros, sin capacidad de reforzarse mutuamente. Su plan era penetrar por esos huecos y atacar los campamentos uno por uno desde la retaguardia, impidiendo cualquier reacción coordinada.

La batalla de Sidi Barrani

El 9 de diciembre de 1940, la Operación Compass comenzó con un movimiento nocturno a través del desierto. La infantería india atacó los campamentos de Nibeiwa y Tummar desde el oeste —la dirección que los italianos menos esperaban— mientras la 7.ª Acorazada cortaba las rutas de escape hacia el oeste.

El asalto a Nibeiwa fue devastador. Los tanques Matilda II del 7.º Regimiento Real de Tanques atravesaron las defensas italianas como si no existieran. El blindaje de 78 mm del Matilda era prácticamente inmune a los cañones contracarro italianos, que disparaban proyectiles de 47 mm incapaces de penetrarlo. Los tanquistas británicos avanzaban con impunidad mientras la infantería india limpiaba los campamentos.

En 48 horas, todos los campamentos de Sidi Barrani habían caído. Los italianos perdieron cuatro divisiones completas y 38.000 hombres fueron capturados. El éxito fue tan rotundo que Wavell autorizó a O'Connor a continuar el avance hacia Libia, transformando la incursión de cinco días en una ofensiva en toda regla.

La conquista de Cirenaica

Bardia: la primera fortaleza libia

Tras cruzar la frontera, O'Connor se enfrentó a la fortaleza de Bardia, defendida por 45.000 soldados italianos del general Bergonzoli —apodado «Barba Eléctrica»— tras un perímetro de 29 kilómetros de trincheras y alambre de espino. La 6.ª División australiana, que había relevado a la 4.ª india, asaltó Bardia el 3 de enero de 1941 con apoyo de los Matilda II.

La guarnición se rindió en tres días. Los australianos capturaron 40.000 prisioneros, 462 cañones y 129 tanques. Las pérdidas aliadas fueron mínimas: 130 muertos y 326 heridos. La desproporción entre las bajas de ambos bandos ilustraba la superioridad táctica y tecnológica británica.

Tobruk: el puerto estratégico

El siguiente objetivo era Tobruk , el puerto más importante de Cirenaica oriental. El 21 de enero, los australianos lanzaron un asalto similar al de Bardia, con los Matilda abriendo brechas en el perímetro defensivo. Tobruk cayó en un solo día, con 25.000 prisioneros más para los aliados. La captura del puerto proporcionó a O'Connor una base logística vital para continuar el avance hacia el oeste.

Beda Fomm: el golpe definitivo

Con los restos del 10.º Ejército italiano retirándose hacia el sur de Bengasi, O'Connor ejecutó su maniobra más audaz. Mientras la infantería australiana perseguía a los italianos por la carretera costera, envió a la 7.ª Acorazada por un atajo a través del desierto interior para cortarles la retirada en Beda Fomm.

El 5 de febrero de 1941, una pequeña fuerza británica de apenas 3.000 hombres se interpuso en la carretera costera al sur de Bengasi. Durante dos días, los italianos intentaron romper el bloqueo con ataques desesperados, lanzando oleadas de tanques M13/40 contra las posiciones británicas. Pero cada ataque fue rechazado. El 7 de febrero, el general Bergonzoli se rindió con los 20.000 hombres que le quedaban.

La guerra del desierto: desafíos técnicos y logísticos

Combatir en el desierto occidental presentaba retos únicos que definieron la Operación Compass. Las temperaturas oscilaban entre el calor abrasador del día y el frío intenso de la noche. La arena se infiltraba en los motores, obstruía las armas y reducía la vida útil de los vehículos. El agua era un recurso tan crítico como la munición.

La logística fue el factor limitante de toda la campaña. A medida que los británicos avanzaban, sus líneas de suministro se estiraban peligrosamente desde Egipto. Los camiones debían recorrer cientos de kilómetros por pistas de arena, consumiendo combustible que a su vez necesitaba ser transportado. Cada kilómetro ganado hacía la siguiente victoria más difícil de sostener.

La superioridad aérea jugó un papel importante. La Royal Air Force dominó los cielos con sus Hurricane y Blenheim, hostigando las columnas italianas en retirada y protegiendo los flancos del avance británico. La Regia Aeronautica italiana, aunque combativa, carecía de los aparatos modernos necesarios para disputar el control del aire.

El balance: una victoria aplastante

En apenas dos meses, la Operación Compass produjo resultados extraordinarios. El ejército de O'Connor avanzó más de 800 kilómetros, destruyó el 10.º Ejército italiano y capturó aproximadamente 130.000 prisioneros, 845 cañones y 380 tanques. Las bajas británicas y de la Commonwealth fueron notablemente reducidas: 500 muertos, 1.373 heridos y 55 desaparecidos.

La proporción de prisioneros capturados fue tan enorme que se convirtió en un problema logístico en sí mismo. Las célebres palabras atribuidas a un oficial británico resumían la situación: «Nos lloverán prisioneros de guerra hasta que no sepamos qué hacer con ellos». Los campos de prisioneros en Egipto se llenaron hasta desbordar.

El final prematuro: Grecia y la llegada de Rommel

O'Connor estaba preparado para continuar hasta Trípoli y expulsar a Italia del norte de África por completo. Sus tropas habían alcanzado El Agheila, la puerta de entrada a Tripolitania, y la resistencia italiana era prácticamente inexistente. La conquista total de Libia parecía cuestión de semanas.

Pero Winston Churchill tomó una decisión que alteraría radicalmente el curso de la guerra en el Mediterráneo. Preocupado por la amenaza alemana sobre Grecia, ordenó desviar las mejores unidades de O'Connor —incluyendo la 7.ª Acorazada y varias divisiones de infantería— para una expedición al continente europeo. La Western Desert Force quedó reducida a una fuerza esquelética incapaz de mantener sus conquistas.

Simultáneamente, Adolf Hitler decidió rescatar a su aliado italiano enviando al norte de África al general Erwin Rommel con el recién formado Afrika Korps. Rommel llegó a Trípoli el 12 de febrero de 1941 y, con su característica agresividad, lanzó una contraofensiva el 31 de marzo que recuperó en pocas semanas casi todo el territorio perdido por los italianos. O'Connor fue capturado por los alemanes en abril.

La decisión de desviar fuerzas a Grecia —donde la campaña acabó en desastre— sigue siendo una de las más debatidas de la estrategia aliada. Muchos historiadores consideran que completar la conquista de Libia habría sido más beneficioso que la fallida intervención en los Balcanes.

Legado de la Operación Compass

La Operación Compass demostró varios principios que definirían la guerra en el desierto durante los años siguientes. La velocidad, la maniobra y la iniciativa podían compensar una inferioridad numérica abrumadora. La importancia del blindaje y la tecnología sobre la masa de infantería quedó patente en cada enfrentamiento.

Para Italia, Compass fue una humillación que expuso las graves carencias de su ejército: equipamiento obsoleto, falta de liderazgo agresivo, problemas de moral y una doctrina militar inadecuada para la guerra moderna. Estas debilidades perseguirían a las fuerzas italianas durante el resto del conflicto.

Para Gran Bretaña, fue un momento de orgullo en una época oscura. Mientras las ciudades británicas soportaban el Blitz y la amenaza de invasión, las victorias en el desierto demostraron que el Eje podía ser derrotado. Compass sentó las bases de la larga campaña norteafricana que culminaría en El Alamein y la eventual expulsión del Eje del continente africano en 1943.

La campaña también reveló la importancia estratégica del Mediterráneo y el norte de África en el contexto global de la SGM. El control de esta región era esencial para mantener las rutas marítimas hacia el canal de Suez, el petróleo de Oriente Medio y las comunicaciones con el Imperio británico. Lo que comenzó como una incursión de cinco días acabó determinando el futuro del teatro mediterráneo durante los tres años siguientes.