La invasión de Sicilia — Operación Husky — fue el mayor desembarco anfibio de la SGM hasta Normandía y el primer asalto aliado sobre territorio europeo del Eje. El 10 de julio de 1943, casi 180.000 soldados británicos, estadounidenses y canadienses desembarcaron en las costas de la isla italiana en una operación que cambió el curso de la guerra en el Mediterráneo. En 38 días de combates, los aliados conquistaron Sicilia, precipitaron la caída de Mussolini y abrieron la puerta a la invasión de la Italia continental. Pero la campaña estuvo marcada también por la rivalidad entre los generales aliados y por el fracaso en impedir la evacuación de las tropas del Eje, que escaparon a través del estrecho de Mesina para combatir otro día.

Soldados de la 51.ª División Highland desembarcando de lanchas de desembarco en las costas de Sicilia, 10 de julio de 1943
Soldados de la 51.ª División Highland descargan suministros desde lanchas de desembarco en la costa siciliana, 10 de julio de 1943. Lt. C.H. Parnall, Royal Navy / Imperial War Museum · Dominio público

Antecedentes: de Túnez a Sicilia

La decisión de invadir Sicilia se tomó en la conferencia de Casablanca en enero de 1943, cuando Churchill convenció a Roosevelt de que el siguiente paso tras la victoria en Túnez debía ser atacar lo que llamaba "el vientre blando de Europa". Los estadounidenses habrían preferido concentrarse en el desembarco en Francia, pero aceptaron la lógica de emplear las fuerzas ya desplegadas en el Mediterráneo.

La preparación fue enorme. El general Eisenhower coordinó una operación que involucraba a miles de barcos, cientos de aviones de transporte y fuerzas procedentes de puertos repartidos por todo el norte de África. La Operación Mincemeat — uno de los engaños más ingeniosos de la guerra, que consistió en dejar flotar un cadáver con documentos falsos frente a las costas españolas — convenció a los alemanes de que el verdadero objetivo aliado eran Cerdeña y Grecia, no Sicilia.

Las fuerzas enfrentadas

Los aliados

La fuerza de invasión se organizó en dos ejércitos. El 7.º Ejército estadounidense, al mando del general Patton , desembarcaría en el sector occidental de la costa sur de Sicilia, entre Licata y Scoglitti. El 8.º Ejército británico, al mando del general Bernard Montgomery, lo haría en el sector oriental, entre el cabo Passero y Siracusa.

En total, los aliados desplegaron casi 180.000 soldados en la primera oleada, transportados en más de 3.000 barcos y lanchas de desembarco. La cobertura aérea la proporcionaban más de 4.000 aviones operando desde bases en Túnez, Malta y Pantelleria. Además, la operación incluía el mayor asalto aerotransportado realizado hasta entonces: la 82.ª División Aerotransportada estadounidense y la 1.ª División Aerotransportada británica saltarían detrás de las playas para asegurar puentes y nudos de comunicaciones.

Las defensas del Eje

Sicilia estaba defendida por el 6.º Ejército italiano del general Alfredo Guzzoni, con unas 200.000 tropas italianas repartidas en divisiones costeras de escasa calidad combativa y dos divisiones móviles — la Livorno y la Acorazada Hermann Göring, esta última alemana —. Las divisiones costeras italianas estaban formadas en su mayoría por soldados sicilianos con poca motivación para combatir por un régimen fascista que no les había dado más que pobreza.

Las verdaderas fuerzas de choque eran las dos divisiones alemanas: la Hermann Göring, con sus tanques Tiger I , y la 15.ª División Panzergranaderos, que llegaría como refuerzo. Los alemanes desconfiaban de sus aliados italianos y tenían planes de contingencia para asumir el control de la defensa si Italia se derrumbaba.

El desembarco: 10 de julio de 1943

La noche del 9 al 10 de julio, una tormenta azotó el Mediterráneo central con vientos de fuerza seis que levantaron olas de dos metros. Muchos comandantes aliados temieron que la operación tuviera que ser aplazada, pero Eisenhower decidió seguir adelante. La tormenta, paradójicamente, favoreció a los atacantes: los defensores italianos, convencidos de que ninguna flota desembarcaría con ese tiempo, relajaron su vigilancia.

La operación aerotransportada fue un desastre parcial. Los fuertes vientos dispersaron a los paracaidistas estadounidenses de la 82.ª División por toda el sureste de Sicilia. En lugar de concentrarse en sus objetivos, los hombres del coronel James Gavin aterrizaron en grupos de diez o veinte, a veces a kilómetros de sus zonas de salto. Los planeadores británicos sufrieron un destino aún peor: muchos cayeron al mar cuando los pilotos de los remolcadores los soltaron demasiado pronto, y 69 hombres se ahogaron.

Sin embargo, la dispersión de los paracaidistas tuvo un efecto inesperadamente beneficioso. Cientos de pequeños grupos de soldados aerotransportados cortaron carreteras, emboscaron patrullas y sembraron la confusión en toda la retaguardia enemiga. Los italianos creyeron que estaban siendo atacados por fuerzas mucho mayores de las que realmente había.

Los desembarcos anfibios comenzaron a las 2:45 de la madrugada del 10 de julio. En el sector británico, la resistencia fue mínima y las tropas avanzaron rápidamente hacia Siracusa, que cayó el mismo día. En el sector estadounidense, los desembarcos en Gela enfrentaron una situación más peligrosa: la División Hermann Göring lanzó un contraataque blindado que llegó hasta las playas, siendo detenido únicamente por el fuego directo de los destructores de la marina estadounidense, que disparaban a quemarropa contra los tanques alemanes.

La carrera por Mesina: la rivalidad Patton-Montgomery

Una vez aseguradas las cabezas de playa, comenzó una de las rivalidades más célebres de la guerra. El plan original asignaba a Montgomery el avance principal por la costa oriental hacia Mesina — la puerta de salida de Sicilia hacia Italia continental —, mientras que Patton debía proteger su flanco occidental en un papel secundario.

Montgomery avanzó hacia el norte a lo largo de la costa oriental, pero se topó con una resistencia alemana feroz en la llanura de Catania, al pie del Etna. Los paracaidistas alemanes del 1.er Regimiento Paracaidista defendieron sus posiciones con una tenacidad que detuvo al 8.º Ejército durante semanas. Montgomery pidió —y obtuvo— que una de las carreteras asignadas a Patton fuera transferida a su sector, una decisión que enfureció al general americano.

Patton, relegado a un papel secundario que consideraba indigno, decidió crear su propio protagonismo. Giró su ejército hacia el noroeste, capturó Palermo el 22 de julio en un avance relámpago y luego giró hacia el este a lo largo de la costa norte, compitiendo directamente con Montgomery en una carrera hacia Mesina. Patton utilizó una serie de desembarcos anfibios — pequeños saltos costeros que flanqueaban las posiciones defensivas alemanas — para acelerar su avance.

La rivalidad entre ambos generales fue buena para el ego de cada uno pero mala para la estrategia. Mientras competían por llegar primero a Mesina, ninguno de los dos se concentró en cortar las rutas de evacuación del Eje a través del estrecho. Cuando Patton entró en Mesina el 17 de agosto — horas antes que los británicos —, la ciudad estaba vacía. Los alemanes ya se habían ido.

La evacuación del Eje

La mayor mancha de la campaña siciliana fue la exitosa evacuación de las fuerzas del Eje. Entre el 11 y el 17 de agosto, los alemanes organizaron una retirada magistral a través del estrecho de Mesina — apenas tres kilómetros de agua — bajo el fuego de la artillería aliada y los ataques aéreos.

En seis noches, más de 39.000 soldados alemanes con 9.600 vehículos, 47 tanques, 94 cañones y 17.000 toneladas de suministros cruzaron a Calabria. Los italianos evacuaron a otros 62.000 hombres. Las baterías antiaéreas alemanas crearon un corredor de fuego tan denso sobre el estrecho que la aviación aliada no pudo interrumpir el tráfico de ferries.

La evacuación fue un fracaso aliado que tendría consecuencias graves. Las tropas alemanas evacuadas de Sicilia — tropas veteranas con su equipamiento intacto — combatirían ferozmente en Monte Cassino y en Anzio, prolongando la campaña de Italia durante casi dos años.

La caída de Mussolini

La invasión de Sicilia tuvo una consecuencia política que superó en importancia a cualquier resultado militar: la caída de Mussolini. El 24 de julio, mientras los aliados avanzaban por Sicilia, el Gran Consejo Fascista votó una moción de censura contra el Duce. Al día siguiente, el rey Víctor Manuel III destituyó a Mussolini y ordenó su arresto. Italia comenzó negociaciones secretas de armisticio con los aliados que culminarían en la rendición del 8 de septiembre de 1943.

Hitler , furioso por la traición italiana, ordenó reforzar la presencia alemana en Italia y preparó planes para desarmar al ejército italiano y ocupar el país. La caída de Mussolini, lejos de simplificar la situación, la complicó: los aliados se encontrarían combatiendo en Italia no contra un aliado débil, sino directamente contra la Wehrmacht.

Balance y significado

La campaña de Sicilia duró 38 días y costó a los aliados unas 24.000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos — 2.237 muertos estadounidenses y 2.721 británicos. Las pérdidas del Eje fueron mucho mayores: unos 29.000 alemanes y 140.000 italianos entre muertos, heridos y prisioneros, aunque la cifra italiana incluye a decenas de miles que simplemente desertaron o se rindieron sin combatir.

Sicilia demostró que los aliados podían ejecutar operaciones anfibias a gran escala contra costas defendidas, una lección que se aplicaría un año después en Normandía. También reveló deficiencias graves — la debacle aerotransportada, la falta de coordinación entre ejércitos y la incapacidad para cercar al enemigo — que se corrigieron parcialmente antes del Día D.

Para Italia, Sicilia fue el principio del fin. La invasión de la isla demostró que el régimen fascista era incapaz de defender su propio territorio y aceleró un proceso de desintegración política que culminó en la caída de Mussolini, el armisticio y la guerra civil entre fascistas e italianos leales al rey. Sicilia abrió la puerta a una campaña en Italia que duraría hasta mayo de 1945 y que costaría cientos de miles de vidas en ambos bandos.

La conquista de Sicilia también proporcionó a los aliados aeródromos desde los que sus bombarderos podían alcanzar el sur de Alemania y los Balcanes, ampliando significativamente la campaña de bombardeo estratégico. El Mediterráneo quedó abierto a la navegación aliada, reduciendo la duración de los convoyes hacia Oriente Medio y liberando tonelaje de transporte para la acumulación de fuerzas en Gran Bretaña de cara a la invasión de Francia.