El desembarco en Salerno, nombre en clave Operación Avalanche, fue la primera gran operación anfibia aliada en la Europa continental durante la SGM. El 9 de septiembre de 1943, el 5.º Ejército estadounidense del general Mark Clark desembarcó en el golfo de Salerno, al sur de Nápoles, con el objetivo de establecer una cabeza de playa desde la que avanzar hacia la capital del sur de Italia. Lo que debía ser una operación facilitada por el armisticio italiano se convirtió en una de las batallas más desesperadas de la guerra, cuando las divisiones alemanas contraatacaron con tal ferocidad que estuvieron a punto de arrojar a los aliados al mar. Solo la intervención masiva de la artillería naval, los refuerzos aerotransportados y la tenacidad de las tropas en tierra impidieron un desastre que habría retrasado meses la campaña en Italia.

El contexto: de Sicilia al armisticio italiano
La Operación Avalanche fue la continuación lógica de la invasión de Sicilia , completada en agosto de 1943. La conquista de la isla había provocado la caída de Mussolini el 25 de julio y la apertura de negociaciones secretas entre el nuevo gobierno italiano del mariscal Pietro Badoglio y los aliados. Mientras las conversaciones avanzaban, los planificadores aliados diseñaron una triple operación para invadir la península: la Operación Baytown, un cruce del estrecho de Mesina por el 8.º Ejército de Montgomery; la Operación Slapstick, un desembarco oportunista en Tarento; y Avalanche, el asalto principal en Salerno.
El general Eisenhower, comandante supremo aliado en el Mediterráneo, eligió Salerno por varias razones. Era el punto más septentrional al que podían llegar los cazas aliados operando desde Sicilia, lo que garantizaba cobertura aérea. El golfo ofrecía playas amplias y adecuadas para un desembarco masivo. Y Nápoles — con su gran puerto, indispensable para sostener una campaña terrestre prolongada — quedaba a solo 50 kilómetros al norte.
Sin embargo, Salerno también presentaba desventajas evidentes. Las montañas que rodeaban el golfo formaban un anfiteatro natural que ofrecía a los defensores posiciones dominantes. El río Sele dividía la zona de desembarco en dos sectores separados por un hueco de casi diez kilómetros, creando una brecha peligrosa entre las fuerzas británicas al norte y las estadounidenses al sur. Y los alemanes, que llevaban semanas observando los preparativos aliados, sabían perfectamente que Salerno era el objetivo más probable.
El armisticio y la reacción alemana
El 8 de septiembre de 1943, pocas horas antes del desembarco, Eisenhower anunció públicamente el armisticio con Italia. La noticia provocó euforia entre las tropas aliadas embarcadas, que creyeron que encontrarían poca resistencia. Fue un error de apreciación grave. El mariscal Albert Kesselring , comandante alemán en Italia, había previsto la defección italiana y tenía planes preparados — la Operación Achse — para desarmar las fuerzas italianas y ocupar sus posiciones defensivas.
En cuestión de horas, los alemanes desarmaron a las guarniciones italianas en toda la península y se apoderaron de los puntos estratégicos. La 16.ª División Panzer del general Rudolf Sieckenius, desplegada precisamente en la zona de Salerno, se atrincheró en las alturas que dominaban las playas. Lejos de debilitar las defensas alemanas, el armisticio las reforzó: Kesselring ya no tenía que preocuparse por aliados italianos poco fiables y podía concentrar todas sus fuerzas contra el desembarco.
El asalto: 9 de septiembre de 1943
A las 03:30 de la madrugada del 9 de septiembre, las primeras oleadas del 5.º Ejército tocaron las playas del golfo de Salerno. La fuerza de desembarco se dividía en dos cuerpos principales: el X Cuerpo británico del teniente general Richard McCreery al norte, con las divisiones 46.ª y 56.ª de infantería y un contingente de comandos, desembarcando en los sectores de Uncle y Sugar entre Salerno y Vietri sul Mare; y el VI Cuerpo estadounidense del general de división Ernest Dawley al sur, con la 36.ª División de Infantería de Texas y la 45.ª División, tocando tierra en las playas de Paestum, frente a los templos griegos.
Mark Clark había tomado la controvertida decisión de prescindir del bombardeo naval previo para mantener la sorpresa. La sorpresa, sin embargo, ya no existía. Cuando los primeros botes de desembarco se acercaron a la orilla, una voz amplificada desde las alturas les recibió en inglés: "Come in and give up. We have you covered" ("Vengan y ríndanse. Los tenemos cubiertos"). Acto seguido, los alemanes abrieron fuego con todo lo que tenían.
En el sector británico, los comandos y la 46.ª División lograron avances iniciales significativos, capturando Salerno y los pasos de montaña hacia Nápoles. Pero la 56.ª División se vio frenada en la llanura costera por el fuego cruzado de la artillería y los tanques alemanes. En el sector estadounidense, la 36.ª División sufrió bajas terribles en las playas de Paestum. Los tanques Panzer IV de la 16.ª Panzer contraatacaron repetidamente a lo largo del primer día, llegando en algunos puntos hasta la misma línea de costa. Solo el fuego de los destructores aliados, que se acercaron peligrosamente a la orilla para disparar con sus cañones de 127 mm, impidió que los blindados alemanes arrollaran a la infantería.
La crisis: el contraataque alemán del 12-14 de septiembre
Los primeros días fueron difíciles, pero lo peor estaba por llegar. Kesselring, con la eficiencia característica de la maquinaria militar alemana, concentró rápidamente refuerzos en Salerno. La 29.ª División Panzergranaderos, la 26.ª Panzer y elementos de la División Hermann Göring convergieron sobre el golfo. Para el 12 de septiembre, los alemanes habían reunido fuerzas suficientes para lanzar un contraataque masivo dirigido exactamente contra el punto más vulnerable de la cabeza de playa: la brecha del río Sele entre los sectores británico y estadounidense.
El 13 de septiembre fue el día más crítico de toda la operación. Las columnas blindadas alemanas penetraron profundamente en la brecha del Sele, llegando a menos de dos kilómetros de la playa. La cabeza de playa estuvo a punto de ser partida en dos. Clark, en un momento de pánico que luego negaría, consideró reembarcar el VI Cuerpo y trasladarlo al sector británico — una maniobra que habría sido catastrófica bajo el fuego enemigo.
Lo que salvó la situación fue una combinación de factores. La artillería naval aliada jugó un papel decisivo: los acorazados HMS Warspite y USS Valiant, junto con los cruceros y destructores de la flota, bombardearon las concentraciones alemanas con un volumen de fuego devastador. El Warspite, con sus cañones de 381 mm, podía lanzar proyectiles de casi una tonelada a más de 20 kilómetros, destruyendo columnas blindadas enteras. En total, la flota aliada disparó más de 11.000 proyectiles navales durante la crisis.
Simultáneamente, se lanzaron refuerzos aerotransportados de emergencia. La noche del 13 al 14 de septiembre, 1.300 paracaidistas de la 82.ª División Aerotransportada estadounidense saltaron directamente sobre la cabeza de playa, seguidos por un segundo lanzamiento de 2.100 hombres la noche siguiente. La llegada de estos veteranos — que habían combatido en Sicilia — reforzó las líneas en el momento más crítico.
La artillería de campaña aliada también fue fundamental. Los artilleros del 5.º Ejército concentraron el fuego de todos los calibres disponibles en los corredores de avance alemanes, creando cortinas de fuego que frenaron las columnas blindadas. Los cazabombarderos aliados, operando desde Sicilia a pesar de la distancia, atacaron las líneas de suministro alemanas durante las horas de luz.
McCreery, Dawley y el liderazgo aliado
El desempeño de los comandantes de cuerpo fue desigual. El teniente general McCreery, al mando del X Cuerpo británico, dirigió sus fuerzas con competencia. Sus divisiones mantuvieron sus posiciones y realizaron contraataques locales que contribuyeron a estabilizar la línea. McCreery, veterano del norte de África, comprendía la importancia de mantener la cohesión defensiva y no ceder terreno innecesariamente.
El general Dawley, al mando del VI Cuerpo estadounidense, tuvo un desempeño mucho más cuestionable. Clark lo consideró lento y carente de iniciativa durante la crisis. Cuando el contraataque alemán amenazó con partir la cabeza de playa, Dawley pareció incapaz de coordinar una respuesta efectiva. Tras la estabilización de la situación, Clark lo relevó del mando el 20 de septiembre — una decisión que Eisenhower respaldó sin reservas. Dawley fue reemplazado por el general John Lucas, quien irónicamente tendría un destino similar pocos meses después en Anzio.
Mark Clark, por su parte, mostró tanto sus fortalezas como sus debilidades. Su presencia constante en primera línea inspiró a las tropas, pero su decisión de suprimir el bombardeo naval previo y su momento de vacilación al considerar la retirada revelaron un comandante que operaba al límite de sus capacidades en una situación que lo superaba.
La unión con el 8.º Ejército y la toma de Nápoles
Mientras la batalla se libraba en Salerno, el 8.º Ejército de Montgomery avanzaba lentamente desde Calabria por el sur de la península. Montgomery, con su habitual cautela, progresó a un ritmo exasperante para Clark, que necesitaba desesperadamente la presión del 8.º Ejército sobre la retaguardia alemana. Las demoliciones alemanas en las carreteras y puentes de la escarpada geografía calabresa ralentizaron aún más el avance.
Finalmente, el 16 de septiembre, las patrullas avanzadas del 8.º Ejército establecieron contacto con el 5.º Ejército en Vallo della Lucania. La unión de ambos ejércitos significó el fin de la crisis. Los alemanes, enfrentados ahora a una fuerza combinada muy superior y sin posibilidades de refuerzo inmediato, iniciaron una retirada ordenada hacia el norte.
Kesselring, reconociendo que no podía destruir la cabeza de playa, optó por una estrategia de retardo. Sus fuerzas se replegaron combatiendo por cada colina y cada río, destruyendo puentes, minando carreteras y preparando nuevas líneas defensivas. Nápoles cayó el 1 de octubre de 1943, pero los alemanes habían saboteado tan concienzudamente el puerto que tardó semanas en volver a ser operativo.
Salerno en el contexto de las operaciones anfibias aliadas
El desembarco en Salerno ofreció lecciones cruciales que influyeron directamente en la planificación de operaciones anfibias posteriores, especialmente la invasión de Normandía en junio de 1944. La decisión de Clark de prescindir del bombardeo naval previo fue ampliamente criticada y nunca se repitió: en Normandía, la flota aliada bombardeó las defensas costeras durante horas antes del asalto.
La brecha del río Sele entre los dos cuerpos demostró el peligro de dejar huecos en la línea de desembarco. En Normandía, las cinco playas se planificaron para que las fuerzas pudieran unirse rápidamente en un frente continuo. La importancia del apoyo naval de fuego directo — que literalmente salvó la cabeza de playa — quedó grabada en la doctrina aliada.
Comparado con otros desembarcos de la guerra, Salerno fue significativamente más difícil que la invasión de Sicilia, donde la resistencia fue menor, pero menos mortífero que Anzio, donde las tropas quedaron atrapadas durante cuatro meses. Las bajas aliadas en Salerno ascendieron a unos 12.500 hombres entre muertos, heridos y desaparecidos — un precio alto, pero inferior al que habría supuesto un fracaso.
El legado del desembarco en Salerno
Salerno fue una victoria aliada obtenida por un margen estrecho. La operación demostró tanto la capacidad aliada para ejecutar desembarcos anfibios complejos como los peligros de subestimar la capacidad de respuesta alemana. Kesselring y la 16.ª División Panzer demostraron que un ejército bien dirigido podía reaccionar con una velocidad letal incluso ante una sorpresa estratégica como el armisticio italiano.
La batalla abrió la puerta a la larga y sangrienta campaña de Italia, que se prolongaría hasta mayo de 1945. Nápoles proporcionó a los aliados el puerto que necesitaban, pero el avance hacia el norte se estancó repetidamente ante las sucesivas líneas defensivas alemanas — la Línea Volturno, la Línea Barbara, la Línea Bernhard y, finalmente, la Línea Gustav frente a Monte Cassino.
Para los soldados que combatieron en las playas de Salerno — los infantes de la 36.ª de Texas que resistieron los contraataques blindados en Paestum, los comandos británicos que tomaron los pasos de montaña sobre Vietri, los marineros que acercaron sus destructores a la costa bajo el fuego enemigo para apoyar a la infantería — la batalla fue una experiencia forjada en el caos, el miedo y la determinación. Salerno demostró que la invasión de Europa no sería fácil, pero también que era posible.