La batalla del Cabo Matapán, librada el 28 y 29 de marzo de 1941

El acorazado HMS Warspite durante la batalla del Cabo Matapán
El HMS Warspite, buque insignia del almirante Cunningham en la batalla del Cabo Matapán A. Wallington / IWM · Dominio público
frente a la costa sur del Peloponeso, fue la mayor victoria naval británica en el Mediterráneo durante la SGM. La Royal Navy, al mando del almirante Andrew Cunningham, emboscó a una fuerza naval italiana en la oscuridad de la noche y hundió tres cruceros pesados y dos destructores sin sufrir prácticamente bajas. La derrota marcó el fin de las ambiciones italianas de disputar el dominio naval británico en el Mediterráneo oriental.

El contexto: el Mediterráneo en 1941

En la primavera de 1941, el Mediterráneo era un teatro de operaciones crucial. Gran Bretaña dependía de sus bases en Egipto, Malta y Gibraltar para mantener el control de la ruta marítima hacia el Canal de Suez y el petróleo de Oriente Medio. Italia, con una flota considerable, amenazaba estas líneas de comunicación desde sus bases en el sur de Italia y el Dodecaneso.

La situación se había complicado con la decisión de enviar tropas británicas a Grecia para resistir la inminente invasión alemana. Los convoyes de tropas que cruzaban el Mediterráneo oriental eran vulnerables, y Alemania presionó a Italia para que usara su flota para interrumpirlos.

La Regia Marina sale al mar

El almirante Angelo Iachino, al mando de la flota italiana, zarpó de varios puertos italianos con una fuerza formidable: el acorazado Vittorio Veneto (uno de los más modernos del mundo), 6 cruceros pesados, 2 cruceros ligeros y 13 destructores. Su misión era atacar los convoyes aliados al sur de Creta.

Lo que Iachino no sabía era que los británicos habían descifrado los códigos italianos y conocían sus planes. Ultra, el programa de descifrado de las comunicaciones del Eje basado en Enigma , proporcionó a Cunningham información precisa sobre los movimientos italianos.

La trampa de Cunningham

El almirante Cunningham, basado en Alejandría, puso en marcha una cuidadosa decepción. Para no alertar a los espías italianos en el puerto, pasó la tarde del 27 de marzo jugando ostentosamente al golf con su maleta de viaje visible, como si no tuviera planes de salir al mar. Al anochecer, embarcó discretamente en su buque insignia, el acorazado HMS Warspite, y zarpó con tres acorazados, un portaaviones (HMS Formidable) y escoltas.

Simultáneamente, una fuerza de cruceros ligeros al mando del vicealmirante Pridham-Wippell fue enviada como cebo para atraer a los italianos hacia la flota principal.

El combate diurno (28 de marzo)

La mañana del 28 de marzo, los cruceros de Pridham-Wippell avistaron a la flota italiana al sur de Creta. Los cruceros pesados italianos, con sus cañones de 203 mm, superaban ampliamente a los cruceros ligeros británicos, y durante varias horas se desarrolló una persecución en la que los británicos se retiraban hacia el sureste, arrastrando a los italianos hacia Cunningham.

El Vittorio Veneto intervino brevemente, disparando sus cañones de 381 mm contra los cruceros británicos, que esquivaron los proyectiles gracias a cortinas de humo y maniobras evasivas. Por la tarde, aviones torpederos Swordfish del HMS Formidable —biplanos de aspecto anticuado pero letales— atacaron al Vittorio Veneto, alcanzándolo con un torpedo que dañó su propulsión.

Un segundo ataque aéreo al anochecer impactó con un torpedo en el crucero pesado Pola, que quedó inmóvil. Iachino, desconociendo la proximidad de los acorazados británicos, envió a los cruceros Zara y Fiume con destructores a remolcar al Pola.

La masacre nocturna (28-29 de marzo)

Lo que siguió fue una de las acciones navales más devastadoras de la guerra. Los acorazados de Cunningham, equipados con radar —una tecnología que los italianos no tenían—, detectaron a los cruceros italianos en la oscuridad total a menos de 4.000 metros.

A las 22:25, los proyectores se encendieron y los acorazados Warspite, Valiant y Barham abrieron fuego a quemarropa con sus cañones de 381 mm contra los cruceros italianos, que no habían detectado a los británicos. El Fiume fue destrozado por las primeras salvas y se hundió en minutos. El Zara, alcanzado por múltiples impactos de 381 mm, quedó en llamas y fue hundido por torpedos de los destructores. El Pola, indefenso, fue abordado, evacuado y hundido.

Los destructores italianos Alfieri y Carducci también fueron hundidos en la confusión. Los italianos no pudieron responder: sus cañones estaban orientados hacia el otro lado, sus tripulaciones sorprendidas y sus buques carentes de radar.

Bajas

Las pérdidas italianas fueron severas: 3 cruceros pesados (Zara, Fiume y Pola), 2 destructores y 2.303 muertos. El Vittorio Veneto logró escapar con sus daños, pero la pérdida de tres cruceros modernos era un golpe del que la Regia Marina tardó en recuperarse.

Las bajas británicas fueron mínimas: un avión torpedero derribado (3 tripulantes muertos). Ningún buque británico fue dañado. La disparidad era aplastante.

Consecuencias

La derrota del Cabo Matapán tuvo consecuencias profundas. La Regia Marina, traumatizada por la emboscada nocturna, se volvió extremadamente cautelosa. Mussolini se quejó de que sus almirantes habían perdido el espíritu combativo, pero la realidad era que los italianos no podían competir con la tecnología británica de radar y la inteligencia Ultra.

La flota italiana no volvió a intentar una operación ofensiva importante en el Mediterráneo oriental. Esto permitió a los británicos evacuar sus tropas de Grecia y Creta en las semanas siguientes, y mantener los convoyes a Egipto relativamente seguros.

Legado

Matapán fue un ejemplo clásico de cómo la inteligencia y la tecnología pueden decidir una batalla antes de que se dispare un solo tiro. Sin Ultra para revelar los planes italianos y sin radar para ver en la oscuridad, Cunningham nunca habría podido tender su emboscada. La batalla demostró que la guerra naval moderna se ganaba tanto en las salas de criptoanálisis como en los puentes de mando.