La campaña de Túnez fue el acto final de la guerra en el norte de África y el escenario donde el ejército estadounidense recibió su bautismo de fuego contra la Wehrmacht. Entre noviembre de 1942 y mayo de 1943, las fuerzas aliadas que habían desembarcado en el Magreb con la Operación Antorcha convergieron con el 8.º Ejército británico que avanzaba desde Egipto tras la victoria en El Alamein para atrapar entre dos fuegos a los ejércitos del Eje en Túnez. La campaña incluyó la humillante derrota estadounidense en el paso de Kasserine, la contraofensiva aliada que invirtió la situación y, finalmente, la rendición de más de 250.000 soldados alemanes e italianos — una catástrofe comparable en escala a Stalingrado.

La carrera por Túnez: noviembre-diciembre de 1942
El 8 de noviembre de 1942, las fuerzas aliadas desembarcaron en Marruecos y Argelia con la Operación Antorcha. El objetivo estratégico era avanzar hacia el este para capturar Túnez antes de que los alemanes pudieran enviar refuerzos. Si lo conseguían, el Afrika Korps de Rommel , que retrocedía desde Libia perseguido por el 8.º Ejército de Montgomery, quedaría atrapado sin escapatoria.
Pero Hitler reaccionó con rapidez. En cuestión de días, la Luftwaffe comenzó a transportar tropas alemanas e italianas a Túnez desde Sicilia, apenas 150 kilómetros de mar. El general Walther Nehring organizó una cabeza de puente en torno a Túnez y Bizerta que se expandía mientras los aliados aún negociaban con las autoridades francesas de Vichy en Argelia.
Las fuerzas aliadas que avanzaban desde Argelia — una mezcla improvisada de británicos, estadounidenses y franceses bajo el mando del teniente general Kenneth Anderson — llegaron a las puertas de Túnez a finales de noviembre, pero carecían de la fuerza para tomar la ciudad. Los contraataques alemanes, apoyados por los nuevos tanques Tiger I que aparecían por primera vez en el frente africano, detuvieron el avance aliado y lo empujaron hacia atrás. Las lluvias torrenciales del invierno tunecino convirtieron los campos de aviación en barrizales y paralizaron las operaciones. La carrera por Túnez se había perdido.
Para enero de 1943, el frente se estabilizó a lo largo de una línea que discurría por las montañas del Atlas tunecino, desde el cabo Serrat en el norte hasta el Chott el-Jerid en el sur. Los alemanes, bajo el mando del general Jürgen von Arnim — que sustituiría a Nehring al frente del 5.º Ejército Panzer —, controlaban el tercio oriental de Túnez. Los aliados ocupaban el resto, pero sus fuerzas estaban dispersas, mal coordinadas y, en el caso de los estadounidenses, peligrosamente inexpertas.
Kasserine: el despertar americano
El paso de Kasserine fue el peor desastre del ejército estadounidense en la SGM antes de la batalla de las Ardenas. En febrero de 1943, Rommel — que había llegado a Túnez tras su retirada desde Libia — y Von Arnim lanzaron una ofensiva combinada contra las posiciones estadounidenses en el centro de Túnez.
El 14 de febrero, las divisiones alemanas atacaron el paso de Faïd, arrollando a la inexperta 1.ª División Acorazada estadounidense. Los tanques Panzer IV y los nuevos Tiger I se enfrentaron a los M3 Lee y los Stuart americanos, blindados que estaban completamente superados en blindaje y potencia de fuego. Los tripulantes americanos descubrieron con horror que sus cañones de 37 mm rebotaban contra el blindaje frontal de los Panzer sin causar daño.
El 19 de febrero, Rommel lanzó el golpe principal a través del paso de Kasserine. Las fuerzas estadounidenses se desbandaron. Unidades enteras abandonaron sus posiciones sin combatir. Los oficiales perdieron contacto con sus tropas. Los suministros y el equipamiento se abandonaron en la huida. En pocos días, los alemanes avanzaron más de 80 kilómetros, amenazando con romper todo el frente aliado en Túnez.
La crisis provocó cambios drásticos. El general Eisenhower , comandante supremo aliado en el norte de África, reconoció que el II Cuerpo estadounidense necesitaba un liderazgo más agresivo. Relevó a su comandante y puso al frente al general George Patton , cuya personalidad combativa transformó la moral y la disciplina de las tropas americanas en cuestión de semanas.
Rommel, sin embargo, no pudo explotar su victoria. Su avance se estrelló contra las defensas británicas y la artillería aliada en Thala y Sbiba. Sin refuerzos ni suministros suficientes — Von Arnim había retenido parte de las tropas que Rommel necesitaba —, el Zorro del Desierto tuvo que retirarse. Kasserine había sido una lección brutal pero necesaria: el ejército estadounidense aprendió en una semana más sobre la guerra moderna de lo que habría aprendido en meses de maniobras.
La batalla de la línea Mareth: marzo de 1943
Mientras los americanos se recuperaban de Kasserine en el centro de Túnez, el 8.º Ejército de Montgomery avanzaba desde Libia hacia el sureste tunecino. Los alemanes e italianos se habían atrincherado en la línea Mareth, una cadena de fortificaciones construidas originalmente por los franceses contra una posible invasión italiana desde Libia.
Montgomery lanzó su ataque contra la línea Mareth el 20 de marzo de 1943. El asalto frontal fue rechazado por la tenaz defensa alemana, pero un movimiento de flanqueo del cuerpo neozelandés, que rodeó la línea Mareth por el interior del desierto en una marcha de 200 kilómetros, obligó a los alemanes a retirarse para evitar el cerco. La línea Mareth cayó el 28 de marzo, y las fuerzas del Eje se retiraron hacia el norte, estrechando cada vez más el territorio que controlaban.
Rommel, enfermo y agotado, había abandonado Túnez el 9 de marzo, volando a Alemania sin regresar jamás a África. Hitler le había negado permiso para evacuar sus tropas, insistiendo en que Túnez debía defenderse hasta el final. El mando del Grupo de Ejércitos África recayó en Von Arnim, que sabía que la situación era desesperada pero carecía de la autoridad para ordenar una evacuación.
El cerco se cierra: abril de 1943
En abril de 1943, las fuerzas del Eje en Túnez estaban acorraladas en un perímetro cada vez más reducido alrededor de Túnez y Bizerta. Los aliados presionaban desde tres direcciones: el 8.º Ejército de Montgomery desde el sur, el Primer Ejército británico desde el oeste y el II Cuerpo estadounidense — ahora bajo el mando del general Omar Bradley, sucesor de Patton — desde el noroeste.
Los problemas de suministro del Eje eran ya insolubles. La aviación y la marina aliadas habían convertido el canal de Sicilia en un cementerio de barcos y aviones de transporte. Los intentos de enviar suministros por mar eran interceptados sistemáticamente. Los aviones de transporte Junkers Ju 52 eran derribados en cantidades crecientes. En abril, los aliados lanzaron la Operación Flax, una campaña aérea que destruyó decenas de aviones de transporte alemanes sobre el Mediterráneo. El puente aéreo se colapsó.
Las tropas del Eje combatían con munición racionada, combustible insuficiente y sin posibilidad de recibir reemplazos. Los tanques se quedaban sin gasolina. La artillería limitaba sus disparos. Los soldados, muchos de ellos veteranos del África Korps que habían combatido en el desierto desde 1941, sabían que el final se acercaba.
La ofensiva final: mayo de 1943
El 6 de mayo de 1943, los aliados lanzaron la ofensiva definitiva. Tras un bombardeo artillero masivo, las divisiones británicas del V Cuerpo rompieron las líneas alemanas en el valle del Medjerda y avanzaron hacia Túnez. Simultáneamente, los estadounidenses atacaron hacia Bizerta. La resistencia alemana, aunque feroz en algunos puntos, se desmoronó ante la abrumadora superioridad aliada en hombres, blindados y aviación.
El 7 de mayo, las tropas británicas entraron en Túnez y los estadounidenses en Bizerta. El avance fue tan rápido que los alemanes no tuvieron tiempo de organizar una defensa urbana ni de destruir las instalaciones portuarias. La captura simultánea de las dos ciudades principales partió en dos lo que quedaba del ejército del Eje.
En los días siguientes, la resistencia se desintegró. Unidades enteras se rendían en masa. Generales alemanes e italianos enviaban emisarios con banderas blancas. Columnas interminables de prisioneros marchaban hacia los campos de concentración aliados — una imagen que recordaba a Stalingrado, donde la rendición del 6.º Ejército alemán había tenido lugar apenas tres meses antes.
El 13 de mayo de 1943, el general Von Arnim se rindió junto con los restos del Grupo de Ejércitos África. Más de 250.000 soldados alemanes e italianos fueron capturados, incluyendo la práctica totalidad de la guarnición. Hitler había prohibido la evacuación hasta el último momento, repitiendo en África el mismo error que en Stalingrado: sacrificar un ejército entero por una cuestión de prestigio.
Balance y consecuencias
La campaña de Túnez costó a los aliados unas 76.000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos — unos 10.000 muertos norteamericanos y 23.000 británicos y franceses. Las pérdidas del Eje fueron catastróficas: además de los 250.000 prisioneros, se estiman entre 30.000 y 40.000 muertos durante toda la campaña. La pérdida de un cuarto de millón de soldados veteranos — muchos de ellos tropas de élite del África Korps — fue un golpe del que la Wehrmacht nunca se recuperó en el Mediterráneo.
La victoria en Túnez tuvo consecuencias estratégicas inmediatas. El control del norte de África abrió el Mediterráneo a la navegación aliada, acortando las rutas de suministro hacia Oriente Medio y el Lejano Oriente. La costa tunecina se convirtió en la plataforma de lanzamiento para la invasión de Sicilia en julio de 1943, el siguiente paso en la estrategia aliada de atacar lo que Churchill llamaba "el vientre blando de Europa".
Para el ejército estadounidense, Túnez fue una escuela de guerra acelerada. Las lecciones de Kasserine — la necesidad de concentrar las fuerzas, la importancia de la coordinación entre armas, la superioridad de los tanques alemanes — se incorporaron rápidamente a la doctrina y al entrenamiento. Los soldados que habían huido en Kasserine en febrero combatían con eficacia en mayo. Patton, Bradley y Eisenhower emergieron de la campaña como los líderes que conducirían al ejército estadounidense hasta Berlín.
Para Mussolini , la pérdida de las colonias italianas en África fue un desastre político que aceleró su caída. Sin el imperio africano, la Italia fascista perdía su razón de ser como potencia mediterránea. Dos meses después de la rendición en Túnez, los aliados invadieron Sicilia, y en septiembre Italia capitulaba.
La campaña de Túnez cerró un capítulo de la SGM que había comenzado con la declaración de guerra de Mussolini en junio de 1940. Tres años de combates en los desiertos y las montañas del norte de África habían terminado con la victoria total de los aliados. El próximo escenario sería Europa.