La Batalla de Keren fue el enfrentamiento más duro y decisivo de la campaña de África Oriental durante la SGM. Entre el 5 de febrero y el 1 de abril de 1941, fuerzas británicas y de la Commonwealth se enfrentaron a las tropas italianas en las escarpadas montañas de Eritrea, a más de 1.400 metros de altitud. Durante 53 días de intensos combates, los atacantes tuvieron que abrirse paso por desfiladeros estrechos, crestas fortificadas y posiciones defensivas casi inexpugnables. La victoria aliada en Keren selló el destino del África Oriental Italiana y marcó el principio del fin del imperio colonial de Mussolini en el continente africano.

Cañón de campaña indio disparando durante la Batalla de Keren, Eritrea, 1941
Artillería india en acción durante el asedio de Keren. Este cañón disparaba aproximadamente 24.000 proyectiles al día. Library of Congress · Dominio público

El África Oriental Italiana: un imperio amenazado

Cuando Italia entró en la SGM en junio de 1940, poseía un vasto imperio colonial en el Cuerno de África conocido como África Oriental Italiana (AOI). Este territorio, forjado tras la invasión de Etiopía en 1935-1936, comprendía Eritrea, Somalia italiana y la propia Etiopía, y estaba gobernado por el virrey Amadeo de Saboya, duque de Aosta. Con aproximadamente 300.000 soldados entre tropas metropolitanas y coloniales, el AOI representaba una amenaza potencial para las posiciones británicas en Sudán, Kenia y la estratégica ruta del canal de Suez.

Sin embargo, la posición italiana era más vulnerable de lo que parecía. El AOI estaba geográficamente aislado de la metrópoli, ya que el control británico del Mediterráneo y del canal de Suez impedía cualquier refuerzo o suministro significativo. Las tropas italianas dependían de los recursos locales y de las reservas acumuladas antes de la guerra, que se agotaban rápidamente. A pesar de su superioridad numérica, las fuerzas del duque de Aosta carecían de repuestos, munición moderna y apoyo aéreo adecuado.

La campaña británica en África Oriental

A principios de 1941, el mando británico decidió lanzar una ofensiva coordinada para eliminar la presencia italiana en el Cuerno de África. El plan contemplaba un ataque en dos direcciones principales: desde Sudán hacia Eritrea, bajo el mando del teniente general William Platt, y desde Kenia hacia Somalia y Etiopía, dirigido por el teniente general Alan Cunningham. Paralelamente, fuerzas irregulares lideradas por Orde Wingate y el emperador Haile Selassie penetrarían en Etiopía para fomentar la rebelión contra la ocupación italiana.

La , que había supuesto un triunfo aplastante en el norte de África contra los italianos, sirvió de inspiración para la campaña en el este. El éxito británico en Libia demostró que las fuerzas italianas, pese a su número, podían ser derrotadas con rapidez y determinación.

Platt disponía de la 4.a y la 5.a división de infantería india, junto con brigadas sudanesas y una pequeña fuerza de la Francia Libre. Estas unidades, compuestas por soldados de diversas nacionalidades y etnias del Imperio británico, se habían endurecido en combates previos en la frontera sudanesa y conocían las dificultades del terreno africano.

La fortaleza natural de Keren

Keren era la llave de Eritrea. Esta ciudad de montaña, situada a 1.400 metros de altitud en la carretera principal entre Agordat y Asmara, estaba protegida por una formidable barrera natural de crestas escarpadas y desfiladeros profundos. La única vía de acceso practicable para vehículos era el desfiladero de Dongolaas, un paso estrecho flanqueado por alturas dominantes que los italianos habían fortificado meticulosamente.

Las defensas italianas se extendían a lo largo de un arco de montañas que incluía posiciones clave como el monte Sanchil, el monte Dologorodoc, la colina Cameron, la colina Briggs y el Fuerte Dologorodoc. Cada una de estas elevaciones había sido convertida en una posición defensiva con bunkers, trincheras, alambradas y campos de minas. Los italianos habían volado un puente ferroviario y bloqueado el desfiladero de Dongolaas con enormes rocas y escombros, haciendo imposible el paso de vehículos blindados.

El general Nicolangelo Carnimeo comandaba la guarnición de Keren, que reunía a algunas de las mejores unidades del ejército italiano en África Oriental. Entre ellas destacaban los Granaderos de Saboya, batallones de Alpini veteranos de la guerra de Etiopía, los Bersaglieri y numerosos batallones de Ascaris eritreos, tropas coloniales que conocían el terreno a la perfección y combatían con notable determinación. En total, los defensores sumaban unos 23.000 hombres respaldados por artillería bien emplazada en las alturas.

Primera fase: los asaltos iniciales (5-14 de febrero)

Las fuerzas de Platt llegaron ante Keren el 5 de febrero de 1941, tras haber capturado Agordat y Barentu en rápida sucesión. Inicialmente, el mando británico esperaba que el impulso de su avance bastara para romper las defensas italianas antes de que pudieran consolidarse. Esta esperanza resultó ser un grave error de cálculo.

Los primeros intentos de asalto se concentraron en el monte Sanchil y las alturas que flanqueaban el desfiladero de Dongolaas. La 4.a división india, bajo el mando del mayor general Noel Beresford-Peirse, lanzó ataques frontales contra las posiciones italianas en las crestas, pero el terreno hacía casi imposible cualquier progreso. Los atacantes debían escalar pendientes empinadas bajo fuego directo de ametralladoras y morteros, sin cobertura vegetal ni posibilidad de flanqueo.

El batallón Cameron Highlanders, junto con el Rajputana Rifles, protagonizó algunos de los combates más encarnizados de esta fase. En la colina que posteriormente llevaría el nombre de Cameron Ridge, los escoceses conquistaron y perdieron la posición en repetidas ocasiones durante jornadas de lucha cuerpo a cuerpo. Los contraataques italianos, ejecutados con agresividad por los Granaderos de Saboya y los Alpini, recuperaban cada noche lo que los británicos ganaban durante el día.

El estancamiento: semanas de desgaste

Tras el fracaso de los asaltos iniciales, Platt se vio obligado a replantear su estrategia. La batalla se transformó en un prolongado asedio de posiciones, con combates diarios por crestas y picos que cambiaban de manos una y otra vez. Las condiciones para ambos bandos eran extremas: calor sofocante durante el día, frío intenso por la noche, escasez de agua en las posiciones elevadas y la constante amenaza de la artillería enemiga.

La artillería británica e india desempeñó un papel crucial durante esta fase de desgaste. Los cañones aliados bombardeaban sistemáticamente las posiciones italianas en las crestas, intentando debilitar las defensas antes de cada nuevo asalto de infantería. Sin embargo, los italianos habían excavado sus posiciones en la roca viva, lo que las hacía extraordinariamente resistentes al fuego artillero.

Los Ascaris eritreos demostraron ser adversarios formidables. Estos soldados coloniales, reclutados entre las comunidades de las tierras altas de Eritrea, combatían con un valor y una tenacidad que sorprendieron a los atacantes. Su conocimiento del terreno montañoso les otorgaba una ventaja significativa, y sus contraataques nocturnos causaban bajas constantes entre las filas británicas e indias.

Durante las semanas de estancamiento, la RAF mantuvo una presión constante sobre las posiciones italianas y sus líneas de suministro. Aunque la superioridad aérea británica era indiscutible, los bombardeos tenían un efecto limitado contra las fortificaciones excavadas en la montaña. No obstante, los ataques aéreos contribuyeron a deteriorar la moral italiana y dificultaron el movimiento de refuerzos y suministros.

El asalto decisivo: la toma de Fuerte Dologorodoc

A mediados de marzo, Platt preparó un asalto final coordinado que debía romper definitivamente las defensas italianas. El plan se centraba en la captura del Fuerte Dologorodoc y las alturas adyacentes, posiciones clave que dominaban el desfiladero de Dongolaas y cuya caída dejaría la ruta hacia Asmara abierta.

El ataque comenzó el 15 de marzo con un intenso bombardeo artillero y aéreo que duró varias horas. La 5.a división india, bajo el mando del mayor general Lewis Heath, lideró el asalto principal contra Fuerte Dologorodoc, mientras la 4.a división atacaba las posiciones de monte Sanchil y Cameron Ridge para fijar a los defensores y evitar refuerzos.

Los combates por Fuerte Dologorodoc fueron de una violencia extraordinaria. Las tropas indias y británicas tuvieron que escalar las laderas bajo un fuego devastador, conquistando bunker tras bunker en luchas a bayoneta y granada. Los Granaderos de Saboya defendieron sus posiciones con una determinación feroz, lanzando contraataques repetidos que amenazaron con desalojar a los atacantes en varias ocasiones.

La batalla alcanzó su punto culminante entre el 25 y el 27 de marzo. Tras días de combate ininterrumpido, las fuerzas de la Commonwealth lograron finalmente consolidar su control sobre Fuerte Dologorodoc y las alturas dominantes. Con estas posiciones perdidas, la defensa italiana del desfiladero se hizo insostenible.

La caída de Keren y sus consecuencias

El 1 de abril de 1941, los ingenieros británicos consiguieron despejar el desfiladero de Dongolaas de los escombros y obstáculos, permitiendo el paso de vehículos blindados y artillería pesada. La guarnición italiana, agotada tras 53 días de combate y sin posibilidad de recibir refuerzos, abandonó Keren y se retiró hacia Asmara.

Las bajas de la batalla reflejan su intensidad. Las fuerzas británicas y de la Commonwealth sufrieron aproximadamente 4.000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos. Las pérdidas italianas se estiman en unos 3.000 muertos y heridos, además de varios miles de prisioneros capturados durante la retirada.

La caída de Keren abrió el camino hacia Asmara, que fue ocupada el 1 de abril, y el vital puerto de Masaua, que cayó el 8 de abril. Con la pérdida de Eritrea, el duque de Aosta se retiró hacia el sur con las fuerzas que le quedaban, estableciendo una última posición defensiva en Amba Alagi, una fortaleza montañosa en Etiopía. Platt avanzó desde el norte mientras Cunningham presionaba desde el sur, y el 19 de mayo de 1941 el duque de Aosta se rindió con honores militares.

Significado estratégico de la batalla

La Batalla de Keren fue decisiva para la eliminación del imperio colonial italiano en África. Con la derrota en el Cuerno de África, Italia perdió un territorio de más de un millón de kilómetros cuadrados y cientos de miles de soldados, recursos que Mussolini no podía permitirse perder en un momento en que la guerra en el norte de África ya exigía todos los medios disponibles.

La victoria en Keren también tuvo consecuencias estratégicas más amplias. La neutralización de la amenaza italiana sobre el Mar Rojo permitió a los Aliados declarar esta vía marítima como zona no beligerante, facilitando enormemente el tráfico de suministros estadounidenses hacia Egipto y Oriente Medio. Esta decisión, tomada en abril de 1941, fue fundamental para sostener el esfuerzo bélico británico en el norte de África .

Además, la campaña de África Oriental liberó tropas experimentadas de la Commonwealth que fueron transferidas a otros teatros de operaciones. La 4.a división india, curtida en los combates de Keren, sería posteriormente desplegada en el desierto occidental y en Italia, donde su experiencia en combate de montaña resultó invaluable. El general William Slim , que sirvió brevemente en la campaña de Eritrea, aplicaría más tarde las lecciones aprendidas en su brillante campaña de Birmania.

Legado de la Batalla de Keren

La Batalla de Keren ocupa un lugar singular en la historia militar de la SGM. Fue una de las pocas batallas de montaña puras del conflicto, donde la tecnología blindada resultó prácticamente inútil y la victoria dependió enteramente del coraje y la resistencia de la infantería. Los veteranos de Keren la comparaban frecuentemente con las batallas de la Primera Guerra Mundial por la naturaleza de los combates: asaltos frontales contra posiciones fortificadas, combate cuerpo a cuerpo en trincheras y un desgaste constante que ponía a prueba los límites de la resistencia humana.

El cementerio de guerra de Keren, mantenido por la Commonwealth War Graves Commission, alberga las tumbas de 440 soldados británicos, indios, sudaneses y de otras nacionalidades que cayeron en la batalla. Es un recordatorio silencioso de la diversidad del esfuerzo bélico aliado y del sacrificio de soldados procedentes de todos los rincones del Imperio británico.

La campaña de África Oriental, y Keren en particular, también merece atención por el papel de las tropas coloniales en ambos bandos. Los Ascaris eritreos que lucharon por Italia y los soldados indios, sudaneses y de África Occidental que combatieron por Gran Bretaña compartían una experiencia común: combatir y morir en una guerra entre potencias europeas, lejos de sus hogares, en nombre de imperios que les concedían pocos derechos. Esta paradoja, inherente a toda la SGM, resulta especialmente visible en batallas como Keren, donde la inmensa mayoría de los combatientes de ambos bandos procedían de territorios colonizados.